Dentro del auge que ha experimentado en los últimos años la aparición de las nuevas tecnologías de la información, y que han popularizado la utilización del sufijo “E” para referirse a todas aquellas actividades relacionadas con las mismas (desde la más global, “e-business”, hasta otras más específicas como “ecommerce”, “e-procurement”, “epeople”, “e-law”, etc.), el “e-learning” ha figurado, casi desde un principio, como una de las aplicaciones de dichas tecnologías más inmediata y más rentable. Ello es debido, principalmente, a que desde la popularización de los ordenadores personales, primero en el trabajo y luego en el hogar, se han venido utilizando los mismos como medio que contribuyera (total o parcialmente) a la formación de las personas. Así, términos como EAO (Enseñanza Asistida por Ordenador), CBT (Computer Based Training) o VDI (Video Disco Interactivo) son de uso común, especialmente entre los profesionales de la formación, desde mucho antes a la irrupción de Internet. Es más, desde los primeros sistemas surgidos a finales de los 80 a la actualidad, la evolución que ha sufrido esta modalidad de formación ha sido impresionante, tanto desde el punto de vista tecnológico (de pantallas en blanco y negro y solo con caracteres a la incorporación de multimedia) como formativo (de cursos que eran meros “pasa-pantallas” a la posibilidad de incorporar interacción con el sistema). Así, en este caso la aparición de Internet simplemente ha supuesto un paso más del proceso, incorporando las ventajas de su tecnología a los patrones de formación asistida por ordenador ya existentes. Además, esto nos permite considerar al “e-learning” no como una “burbuja” más de las surgidas al calor del boom de Internet, sino como una herramienta, ya contrastada, al servicio de los profesionales de la formación. Todo esto nos lleva a afirmar que a la hora de abordar un proyecto de “e-learning”, bien como potenciales formadores que empleen esta tecnología, bien como potenciales alumnos, que vayan a formarse mediante la misma, los principales aspectos a considerar no deben ser los tecnológicos, sino los formativos. Aunque aparentemente obvia, esta afirmación no es baladí, ya que es habitual que tanto “oferentes” como “demandantes” de e-learning se centren más en los aspectos purae- learning: algo más que tecnología Joaquín García-Tapial Arregui Director de Programas EOI lu Estrategia y gestión BIT 138 ABR.-MAY. 74 2003 A la hora de abordar un proyecto de “e-learning”, como potenciales formadores o como potenciales alumnos, los principales aspectos a considerar no deben ser los tecnológicos, sino los formativos.mente tecnológicos de la herramienta, y dejen de lado o minimicen los aspectos metodológicos. Y no olvidemos que el principal objetivo siempre será el aprendizaje del alumno, la adquisición por parte de éste de conocimientos, capacidades, habilidades e, incluso, actitudes. Por todo ello, a la hora de hablar de “E-learning”, y desde un punto de vista formativo, las ventajas e inconvenientes y los factores críticos de éxito no difieren mucho de los que se plantean a la hora de hablar de la formación asistida por ordenador o, yendo más lejos, la formación a distancia. No obstante, si que hay una serie de puntos en los que el uso de Internet permite potenciar las virtudes de la EAO y disminuir sus inconvenientes. Por un lado, podemos enseñar al alumno no sólo cómo hacer las cosas sino dónde encontrar más información sobre los aspectos de su interés. Esto supone un incremento de su capacidad de autoaprendizaje y, por tanto, produce un efecto multiplicador sobre el proceso. Por otro, la interacción entre los distintos participantes en un curso o evento formativo permite que estos compartan experiencias, posibilidad que la EAO tradicional no daba, lo que indudablemente contribuye a enriquecer el aprendizaje. Además, la posibilidad de combinar comunicación síncrona y asíncrona con el formador facilita enormemente el seguimiento del curso por parte del alumno que, por un lado, puedo interactuar y debatir con formador y compañeros en tiempo real (síncrona) y, por otro, siempre ve resueltas sus dudas y comentarios, ya que puede “exponer” las mismas en un lugar visible para el resto de compañeros o solamente para el profesor (asíncrona). Finalmente, y como uno de los principales aspectos a cuidar a la hora de diseñar un programa de “elearning”, es vital el no reducir el mismo a la venta de un curso a distancia ya “empaquetado”, en el que todos los contenidos se distribuyen al alumno al comienzo y se le exigen unos “resultados” al final, obviando los elementos de interacción que hemos mencionado y dejando plena libertad al alumno para que marque el ritmo del curso, factor extremadamente peligroso en programas de larga duración. En definitiva, no olvidemos nunca que estamos ante una herramienta para la formación y no simplemente ante una nueva tecnología.