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Privatizaciones.
ECONOMIA PARA PRINCIPIANTES PRIVATIZACIONES NO ES DE ANTES DE AYER LA DESCONFIANZA DE LOS MULTIPLES GOBIERNOS (NACIONALES, AUTONOMICOS, MUNICIPALES...) EN SU PROPIA EFICIENCIA PARA SATISFACER LAS NECESIDADES DE SUS CIUDADANOS Y QUE RECURRAN A LA INICIATIVA PRIVADA PARA LLEVARLAS A BUEN PUERTO. ISABEL DE CASTILLA Y FERNANDO DE ARAGON CONTRATARON A COLON PARA LLEVAR A BUEN PUERTO UN TRABAJO QUE CAMBIO EL MUNDO Y, AUNQUE NO PODRIA LLAMARSE ESTRICTAMENTE PRIVATIZACION, CONTIENE SUS ELEMENTOS FUNDAMENTALES. REPASEMOS CONCEPTOS ¿ Que es privatizar ? Hasta recientemente, se entendía como lo contrario de racionalización, que es la adquisición, expropiación y gestión de empresas por los estados. En la actualidad el concepto se ha ampliado y comprende el paso, en la realización de tareas necesarias para la comunidad, de la esfera pública a la privada. Es llevar la desconfianza en la eficacia de los gobernantes a la práctica, favoreciendo y permitiendo que las realicen instituciones privadas, como el mercado, la familia u organizaciones de voluntarios. ¿ Por qué privatizar ? La "venta" de la privatización incluye numerosos argumentos. Los más sutiles afirman que es una manera ideal de tener empresas eficientes en sectores importantes del tejido industrial, que al mejorar su productividad actúan de motor del conjunto del entramado En las naciones en desarrollo es un método para expandir y potenciar los mercados bursátiles con la entrada de inversores extranjeros. Pero, en un porcentaje superior al 90%, se utilizan para obtener dinero fresco y contante que disminuya los déficit públicos, utilizados en nuestro área económica como criterio de convergencia con la Unión Europea. Así en España, desde 1988 año en el que el Gobierno decidió empezar las privatizaciones, han ~sido las salvavidas de las cuentas de la Dirección General de Patrimonio del Estado, entidad que gestiona las participaciones estatales en empresas. Las ventas ya han supuesto ingresos de 1,3 billones, siendo las más significativas las dos de la eléctrica Endesa ( 33% de la compañía por 220 800 millones ), Argentaría ( 49% por 306.000 millones ), Repsol ( 80% por 575.000 millones, ahora esta en marcha una Oferta Publica de Venta de Acciones - OPV por el 20% restante ). El valor de las participaciones en poder del Patrimonio se estima alcanzan los 2 billones de pesetas. ¿ Cómo se realiza ? Suelen realizarse preferentemente mediante ofertas públicas a las que los interesados acuden demandando un determinado número de acciones. Pero las ofertas suelen tener truco y se trocean en diferentes tramos. En la OPV de Telefónica del pasado mes de septiembre las asignaciones definitivas se muestran en el cuadro adjunto. En la columna encabezada con Sob se recoge la sobredemanda, es decir el cociente entre las acciones demandas por los inversores y las ofertadas por la compañía. Debe destacarse la alta demanda, es decir alto interés de participación, en el tramo minorista interior y la baja en el tramo internacional. Aún admitiendo que las ofertan se "inflan" para conseguir el número de acciones deseado, dada la casi seguridad de tener que acudir al prorrateo, no habría sido necesaria el capital internacional para vender las acciones deseadas. ¿ Quién gana ? Según los afiliados al World Baln"s Internacional Finance Corp., una entidad sospechosa de parcialidad, el 67% de los compañías que han ayudado a privatizar han conseguido rentabilidades superiores en el 29% a su situación anterior. Ganan, también, los inversores que reciben acciones a precios atractivos y con descuentos de compañías interesantes. ¿ Quién pierde? No todas las privatizaciones han sido exitosas. El ejemplo más conocido y catastrófico es la privatización de las compañías de agua inglesas, donde una familia ha pasado de pagar 150 libras/año a 250, 400 y en algún caso 800. Pierde el Estado, todos los ciudadanos, el patrimonio acumulado. Si los ingresos recibidos por la venta no son adecuadamente empleados y son dedicados a tapar agujeros provocados por razones de todos conocidas, el resultado será nefasto. La privatización de empresas rentables, que por otro lado son las únicas que pueden "venderse", no "regalarse", disminuye la cantidad de ingresos por dividendos que el Estado percibe anualmente y por lo tanto o disminuye sus gastos o nos aumentan los impuestos. Los ciudadanos a los que no se le dan las acciones que demandan cuando su gobierno está vendiendo algo que les pertenece, asignando tramos reservados para inversores que no han contribuido a la construcción de la compañía y a los que solamente se les debería permitir acceder a su accionariado cuando esta demanda interna estuviera agotada. No olvidemos los casos en que la privatización provoca despidos masivos por el deseo de los nuevos propietarios de aumentar de la manera más sencilla y a corto plazo los beneficios. Nº Acciones % Sob. Tramo Español 53.128.192 52,8 Minorista General 38.150.000 37,9 8,1 Grupo Telefónica 7.200.000 7,2 Institucional 7.778.192 7,7 3,3 Tramo Internacional 47.128.192 47,2 1,7
30 oct 2015
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Economía en Red. La economía transformada por las TIC
Economía en Red La economía transformada por las TIC -------------------------------------------------------------------------------- La relación entre cambios técnicos y economía tiene una historia larga y relativamente repititiva. Tras la obra de Schumpeter se admite que las grandes innovaciones desencadenan movimientos económicos importantes P ero es difícil reconocer con certeza los signos de la llegada de una de esas fases de cambio. De aquí que cada vez que una nueva tecnología prometedora aparece en el horizonte, las opiniones oscilan entre las de quienes declaran que por más que la técnica progrese la economía se comporta siempre según las mismas leyes, y las de aquellos que piensan que una mutación total se avecina mañana mismo. Las telecomunicaciones y la informática están particularmente sometidas a los discursos extremos. Son tecnologías complejas que evolucionan con extraordinaria rapidez, rodeadas de un halo casi mágico para los no iniciados. Pero a la vez se muestran accesibles y próximas, imprescindibles ya en la vida cotidiana, lo que les confiere un impacto social simbólico y significativo. Esta doble imagen las ha situado en primera línea de expectativas y, paradójicamente, también de temores, provenientes en buena medida de exageraciones e incluso de manipulaciones. Su integración en lo que denominamos tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) ha hecho que asistamos a un resurgimiento del discurso tecnooptimista, ligado especialmente a la popularidad e incidencia de la explosión de Internet. Desbordando los medios especializados, las TIC acceden a la tribuna pública por primera vez como protagonistas, acaparando titulares de prensa que anuncian cambios fabulosos y el advenimiento de una nueva era. ¿Inducirán las TIC efectos sobre la economía en la medida de las enormes esperanzas que se suscitan? Su potencial transformador es indudable. Sin embargo ¿es suficiente para crear una dinámica nueva capaz de marcar una discontinuidad histórica respecto de la base socioeconómica anterior? No sin que el conocimiento disponible se concrete en aplicaciones trascendentes para los modos de producción y distribución dentro de un contexto cultural e institucional propicio a su adopción y propagación. Entonces, la siguiente pregunta que ha de plantearse es: ¿se dan esas circunstancias adicionales capaces de convertir la acción en revolución? Sin necesidad de recurrir a argumentos grandilocuentes, nos parece que sí por tres razones: Las nuevas capacidades del sistema son formidables, tratando datos, voz e imagen integradamente y ofreciendo facilidades extremas al usuario para su manejo. Su difusión está alcanzando un ámbito casi mundial. Aunque es particularmente intensa en las economías más poderosas del planeta (claro está, los medios dependen decisivamente del grado de desarrollo), la mayor parte de los Estados han apostado por el impulso de las TIC mediante programas de apoyo decidido o, cuando menos, eliminando posibles trabas. El reformado marco regulatorio facilita que las nuevas tecnologías se expandan rápidamente sin estar encorsetadas por normas fijas ni sometidas a las estrategias de los monopolios. En realidad, el impacto decisivo de las TIC sobre la economía, tanto a nivel micro como macroeconómico, comienza a ser ya visible. La combinación de los factores aludidos está acelerando el proceso, que se hará progresivamente más patente. Para poner en pie el paradigma naciente, las TIC cuentan con un aliado con el que interrelacionan y se retroalimentan. La globalización es el segundo gran motor de cambio de la economía en el fin de siglo. Globalización originada en buena parte por la evolución de las telecomunicaciones: sin unos intercambios de información más rápidos, seguros y baratos no habrían sido posibles las modernas concepciones industriales ni la internacionalización de los servicios. La confluencia de ambas fuerzas está en camino de dar forma al nuevo modelo, presentado bajo la etiqueta de "Nueva economía" o de "Economía en red". Algunas de las transformaciones que han llegado o llegarán con la economía en red son conocidas, pues han atraído la atención de manera especial. Quizá la más estudiada sea la dependencia del empleo con las TIC, su evolución esperada y la variación de las condiciones laborales, en particular la incidencia del teletrabajo. Pero las TIC alcanzan todos los dominios de actividad y promueven el cambio organizativo; sin tenerlas en cuenta, va a ser imposible comprender el sistema económico y operar en él. Por ello, si hacemos un repaso de los conceptos básicos en torno a los que se articula cualquier manual de economía general vemos que, en mayor o menor medida, todos están sometidos a esta influencia. Esto no significa que el cuerpo de teoría económica construido en los últimos dos siglos y medio sea inválido y que sea preciso "inventar" uno nuevo. Aunque sí implica que algunos modelos deban ser replanteados, introduciendo otras variables que expliquen mejor las relaciones observadas y permitan predecir resultados más ajustados a la nueva realidad. Así, el mecanismo de mercado, y por tanto el modelo de determinación de los precios relativos utilizando el esquema basado en la oferta y la demanda, mantiene toda su vigencia. Ni siquiera las profecías más radicales o futuristas que el auge (real o esperado) del comercio electrónico está generando recientemente rompen la lógica del sistema teórico. Lo que no quiere decir que todo siga igual: en este análisis son parámetros decisivos la información que poseen y las condiciones en las que interaccionan oferentes y demandantes, factores que en el futuro (cómo no, tratándose de tecnologías de la información y de la comunicación) van a ser muy diferentes de los habituales hoy. Otro ejemplo: la contabilidad nacional no dejará de utilizarse como herramienta fundamental del análisis económico pero su estructura actual no es la más adecuada para ofrecer una imagen enfocada de la economía. La lista de novedades no acaba aquí, es mucho más larga: la consideración de la inversión inmaterial, la financiación de la actividad económica con mercados de capital globalmente integrados, la reorganización estructural de las empresas, el dinero y los nuevos modos de pago, la persistencia o atenuación de los ciclos económicos, el papel que el Estado asume... En los próximos números nos plantearemos como objetivo estudiar separadamente la influencia de las TIC en cada uno de los grandes bloques de la economía. No es la intención de los autores dar una visión exhaustiva de los fenómenos considerados, algo casi imposible a causa de la velocidad con la que se modifican y la multiplicidad de variables y facetas que presenta su análisis. Tampoco desean efectuar ningún juicio de valor sobre las evoluciones que se van a presentar, cuyas consecuencias sociales podrían ser más significativas que las económicas. Su única ambición es la de aportar un complemento "actualizador" a los discursos de economía "tradicionales" que sirva de partida para el conocimiento y comprensión del modelo de economía en red al que nos acercamos -------------------------------------------------------------------------------- Michel Berne Ingeniero civil Doctor en Ciencias Económicas Institut National des Télécommunications (INT, Francia), Département Sciencies de Gestion [email protected] Ingeniero de Telecomunicación Licenciado en Ciencias Económicas y Licenciado en DErecho. Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), Departamento de Economía Aplicada e Historia Económica
30 oct 2015
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Economía en Red: La influencia de las TIC en la evolución de los mercados
Economía en Red La influencia de las TIC en la evolución de los mercados -------------------------------------------------------------------------------- Tras la caída de la mayor parte de los regímenes de economía planificada, la economía de mercado es, sin discusión, el modelo dominante en prácticamente todo el mundo Con unos Estados cada vez menos intervencionistas, el mercado es el mecanismo que resuelve la organización de la producción, la determinación de los precios y, por consiguiente, la distribución de la renta. La estructura de cada mercado depende del grado de competencia, que puede oscilar entre el monopolio y la competencia perfecta. Ésta última es una representación idealizada en que la interacción de la oferta y la demanda generadas por un gran número de actores determina unos precios y cantidades intercambiadas que optimizan la eficiencia en el uso de los recursos. Por ello económicamente (quizá no siempre socialmente) se considera deseable un aumento de los niveles de competencia. Como en tantos aspectos de la economía, también aquí el progreso y difusión de las TIC tiene algo que decir, encarnando el comercio electrónico la manifestación "más espectacular" de esa influencia. El análisis superficial de los tecnoconvencidos nos anuncia las ventajas cercanas de una competencia casi perfecta: con todas las ofertas al alcance de cualquiera con sólo un clic de ratón (o con la ayuda de un infatigable agente inteligente) se crean mercados globales en los que existen numerosos compradores y vendedores que manejan la misma información. La realidad es más polifacética. Es indudable que las TIC favorecen la competencia pero, a la vez, permiten reforzar estrategias contrarias. Tanto es así que a priori parece arriesgado decidir cuál de las dos corrientes será la que prevalezca. Probablemente no exista una respuesta única y en cada mercado concreto los efectos sean diferentes. Justificamos nuestro punto de vista. Hacia una competencia perfecta La competencia depende del número de intervinientes, del conocimiento del mercado que éstos tengan y de la movilidad de los recursos. Por lo que hace referencia al primer requisito, las tecnologías de la comunicación vuelven los mercados globales, abriéndolos a la participación de un elevado número de oferentes y demandantes. Las empresas crean nuevos métodos (o mejoran los existentes) con que llegar a los clientes. Recíprocamente, los demandantes han visto incrementadas sus posibilidades de elección. Respecto a la segunda condición, las tecnologías de la información han reducido radicalmente el coste asociado al conocimiento de las condiciones del mercado. Tanto para compradores como para vendedores resulta más fácil comparar los productos y averiguar las circunstancias en que se están realizando los intercambios. Por último, las exigencias iniciales para entrar en el mercado se reducen. Con respecto al comercio tradicional, el comercio electrónico disminuye las inversiones necesarias en locales, excedentes, personal de venta, publicidad... La teoría económica nos dice que el resultado inmediato de una competencia ampliada es la disminución de los precios o el aumento de la cantidad ofrecida. El fenómeno se amplifica por la disminución de los costes de transacción y por la mayor eficacia interna en la gestión y organización de las empresas. Las perspectivas apuntadas serían, por este lado, placenteras para los compradores, y mucho más inquietantes para algunos productores cuyas ganancias correrían el riesgo de diluirse ante una competencia "demasiado" perfecta. Hacia una competencia imperfecta En condiciones de competencia perfecta las empresas no tienen ningún control sobre el precio. Por ello prefieren situaciones que les permitan un cierto poder de mercado que se traduce, en última instancia, en unos beneficios "extraordinarios" superiores a los obtenidos con competencia perfecta (considerados "ordinarios"). Las barreras de entrada cierran parcial o totalmente el mercado a nuevos rivales y dejan en situación ventajosa a las compañías ya implantadas. Pueden ser "naturales" (lo que no significa inmutables, recuérdese la evolución del concepto del monopolio natural en las telecomunicaciones) o creadas por las propias empresas, ahora reforzadas con la ayuda inestimable de las TIC. En efecto, la competencia no se resume en un problema de precio, salvo que los productos sean absolutamente homogéneos. Los productores disponen de las tácticas de diferenciación del producto vendido (imagen de marca) y de estrategias de fidelización del cliente. Las vías para una masiva y más eficaz publicidad se han multiplicado. El conocimiento íntimo del comportamiento del comprador es un activo que se aprovecha y transmite, abriendo fórmulas de individualizar la oferta. El web permite refinar todos estos métodos considerablemente (a veces casi inadvertidamente, considérense las cookies). De la eficacia de estos procedimientos es prueba el uso creciente de la discriminación de precios. El objetivo es aproximar el precio a la capacidad para pagar del cliente, lo que es un privilegio de aquellos productores que, aparte de otras condiciones, mantienen un cierto control monopolístico sobre su mercado. Con esta intención, el comercio a través de Internet está poniendo en práctica iniciativas para obtener el mayor partido posible de algunas ventas, sobre todo subastas. Y pronto, al lado de la intensificación de estas estrategias clásicas, se constatarán otras que intentan imitar más o menos hábilmente el comportamiento de un vendedor en el mercado: mecanismos de variación de precios en función de la demanda, "regateos" con un ciber-vendedor, etc. Tampoco es cierto que las oportunidades en la red, supuesto paradigma de igualdad, vayan a ser las mismas para todos. La primacía de unos pocos portales canalizadores del acceso, y auténticos "embudos" de la demanda hacia sus empresas asociadas, aparece como una primera amenaza. Además, es también posible que se manifieste un "efecto podio" que dé a los mejores, o a los más rápidos, un dominio muy importante en su mercado. Las ventajas tomadas inicialmente (recuérdese Amazon en el caso de las librerías) pueden ser muy difíciles de contestar por los rivales. Bienes, servicios e intangibles Como adelantamos, no creemos que se pueda llegar a conclusiones con validez absoluta. Los nuevos escenarios se están aún desplegando y los resultados a los que se llegue no serán iguales en todos los casos. Generalizando, la situación de mercados globales y abiertos es menos novedosa para las mercancías, pues su comercio ha crecido sin cesar históricamente. Sin embargo, el aumento del número potencial de clientes destapa oportunidades inéditas, especialmente para negocios especializados de nicho. La necesidad de distribución física (pese a la caída de costes motivada por la paralela revolución del transporte) sigue siendo un límite para la extensión del mercado de algunos bienes. Diferente es el caso de los servicios. Tradicionalmente muy poco sometidos a la competencia externa por sus características de inmediatez e individualidad, sólo el progreso de las TIC ha permitido que se ofrezcan a distancia. No obstante, esto no es cierto parta todos los servicios y, por otra parte, muchos de ellos están todavía muy protegidos por obstáculos de tipo legal y cultural. Pero la gran revolución ha llegado en los mercados de los cada vez más frecuentes bienes electrónicos, que pueden ser reproducidos con facilidad y distribuidos en línea (sin posibilidad, por tanto, de ser detenidos ni cargados con impuestos en las aduanas). Desde el punto de vista de la teoría microeconómica esto significa que el coste marginal (la telecarga) ha pasado a ser casi nulo. El coste total es prácticamente el de producción de la primera unidad y la determinación del precio enlaza con el más amplio problema de la protección de los derechos de autor. Los intermediarios El último punto que consideraremos se refiere a los intermediarios comerciales. Muchos consideran que, en el futuro, no habrá otro mediador que una pantalla. Nosotros creemos que la irrupción del comercio electrónico no implica la desaparición de la intermediación. Por el contrario, es probable que aumente (en función de las ganancias esperadas frente a más bajos costes de transacción) aunque redefinida. Los intermediarios tradicionales han de ofrecer valor añadido a la simple disposición del bien. De nuevo, el precio no es el único parámetro sino que se han de considerar otros como la calidad del servicio y el contacto personal. La logística asociada a las entregas y a la distribución será un factor decisivo para atraer y mantener clientes; las empresas de venta por correspondencia poseen una experiencia que les será muy útil. Al lado de éstos, aparecen nuevos intermediarios que se pueden clasificar en dos grandes categorías: de una parte los que permiten la relación de vendedores y compradores (agentes inteligentes de todo tipo, portales, "concentradores" de la oferta, etc.), de otra los que permiten el buen desarrollo de la venta (pagos electrónicos, organismos de certificación). -------------------------------------------------------------------------------- Michel Berne Ingeniero civil Doctor en Ciencias Económicas Institut National des Télécommunications (INT, Francia), Département Sciencies de Gestion [email protected] Ingeniero de Telecomunicación Licenciado en Ciencias Económicas y Licenciado en Derecho. Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), Departamento de Economía Aplicada e Historia Económica [email protected]
30 oct 2015
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Economía en Red: La apremiante revisión de estadísticas e indicadores económicos
Economía en Red La apremiante revisión de estadísticas e indicadores económicos -------------------------------------------------------------------------------- La paradoja no es banal: ¿cómo podemos informarnos del progreso de la Sociedad de la Información? El conocimiento de la evolución de la realidad económica de un país es requisito indispensable para que los diferentes agentes tomen sus decisiones. De esta información depende la capacidad de las autoridades para influir en la economía, la de las empresas para orientar su negocio e incluso la de los particulares para ajustar sus niveles de consumo e inversión. La preocupación por la medición de la economía no es moderna; en diferentes momentos históricos se realizaron censos de población y encuestas agrarias o del tráfico comercial. Pero la creación de un marco coherente de descripción de la actividad de un país (lo que se puede considerar la génesis de las estadísticas contemporáneas) comenzó en la época en la que se asistía al gran cambio producido por la industrialización. Respondiendo a aquellas circunstancias, el tratamiento de los datos estaba dirigido por unas ideas fundamentales que aún hoy dominan: la operación básica es la transformación de materias primas en productos acabados (por supuesto tangibles) puestos a disposición de los consumidores la división del trabajo y de las operaciones se produce entre agentes económicos bien diferenciados: la industria sólo produce bienes industriales, los hogares sólo consumen, etc. se otorga importancia esencial a la industria frente a los servicios el ámbito nacional es el adecuado para la descripción de la economía y de la política económica Este marco conceptual comenzó a resentirse con el rápido desarrollo de los servicios en las últimas décadas. Los problemas se han agravado a medida que las funciones de los agentes se entrelazaban, que los servicios ligados a la información (demasiado inmateriales para poder contarlos) pasaban a constituir una parte importante y creciente de la producción, y que los procesos productivos se internacionalizaban. Qué decir hoy con las TIC desempeñando un papel determinante en la marcha de unas economías abiertas. Y como la contabilidad nacional y los indicadores económicos siguen casi inalterados, la diferencia entre la imagen de la economía que nos dan y la que, creemos, es la real, sigue creciendo. Las TIC en las estadísticas actuales Los sistemas estadísticos nacionales se organizan de acuerdo a una nomenclatura estricta que clasifica la actividad económica en ramas y sectores estancos. Cada elemento unitario está en una "caja" y sólo en una, lo que hace la agregación de los diferentes elementos muy simple siempre que se permanezca en la lógica inicial de construcción del sistema. En España, el Plan Estadístico Nacional 1997-2000 establece una lista de 26 sectores o temas, uno de los cuales es "Transporte y actividades conexas, comunicaciones". A su vez este sector se subdivide en 21 operaciones estadísticas, pero sólo una no se dedica al transporte de viajeros y mercancías: se trata de la "Encuesta de servicios postales y de telecomunicaciones". Ahora que la convergencia es palabra faro en nuestro sector, olvidamos que de siempre las telecomunicaciones han convergido a efectos estadísticos... ¡con Correos! Se trata sin duda de una consecuencia del concepto tradicional de las PTT, pese a que en nuestro país la situación fuera diferente. Si profundizamos aún más y consultamos esta Encuesta observamos que los servicios postales están tratados con preferencia. Y descubrimos que al télex (45 nuevas solicitudes y 1.373 renuncias de abono para un total de 3.568 usuarios en la última Encuesta publicada, que contiene datos de 1997) se le dedican casi el mismo número de tablas que a todo el resto de telecomunicaciones "vivas". Además, la periodicidad de la recogida de información es "irregular" y la desagregación es "nacional", lo que indica que no existen estadísticas para niveles territoriales inferiores a todo el país. En el sector "Otros servicios empresariales, personales y comunitarios" se encuadran la "Encuesta de servicios informáticos" y la "Encuesta de servicios audiovisuales", ambas también insuficientes. La produccción de "Material electrónico" y la de "Máquinas de oficina y equipos informáticos" son dos de los 78 apartados de la "Encuesta industrial de productos". Una reforma necesaria Si la estructura estadística actual ya no permite que las nuevas realidades económicas sean evidentes, la emergencia de la Economía en red la volverá totalmente obsoleta. La buena labor (junto a algún que otro "ejercicio de adivinación") que realizan diversas asociaciones, órganos de la Administración y agentes privados publicando cifras relacionadas con las nuevas tecnologías no basta. Se necesita la visión global de toda la economía que nos dan las estadísticas nacionales pero, claro está, enfocada. Es preciso, pues, desde este momento: crear nuevas agrupaciones que hagan patente la situación de la economía moderna detallar la definición de los servicios buscar soluciones para trazar la frontera inversión-consumo, difuminada ante el incremento de las inversiones inmateriales El resultado final debe adoptar compromisos en aquellas exigencias difíciles de satisfacer a un mismo tiempo: precisión frente a rapidez, ante la aparición de tendencias que se desarrollan con rapidez; exhaustividad frente a confidencialidad, en dominios donde existen actores dominantes poco deseosos de ver sus cifras publicadas; calidad frente a coste de obtención. El precio que habrá que pagar es el de una ruptura en las series cronológicas (salvo costosa duplicidad). Un ejemplo: el Índice de precios de consumo Dedicamos por último una atención particular al que es, sin duda, uno de los indicadores económicos de mayor relevancia. La definición de un índice de precios supone la existencia de una "cesta de la compra" de bienes y servicios de los que se recogen regularmente los precios. En España, está compuesta por 471 artículos divididos en 8 rúbricas; la de Transportes incluye el apartado "Correos y comunicaciones". Aquí identificamos diferentes problemas: aparte de la necesidad de adaptar más velozmente los elementos elegidos a las variaciones del consumo, las hipótesis de estabilidad son seriamente puestas en duda. En efecto, la estructura de la cesta y las ponderaciones (el peso que se otorga a cada grupo de consumo) son fijas durante el periodo de vigencia del Sistema de Índices. Aparte de que algunos grandes apartados son muy poco descriptivos, en la actualidad el Índice tiene base 1992 lo que significa que se remite a la Encuesta de Presupuestos Familiares que finalizó el 31 de marzo de 1991. Hágase un poco de memoria para comparar la parte del presupuesto que se dedicaba a las TIC hace más de ocho años con la de ahora... Por otro lado, la consideración de las variaciones de calidad es muy difícil para los productos que se modifican rápidamente, como en el caso de la informática. Construir un índice de precios de los ordenadores, por ejemplo, es tarea ardua, puesto que las bases de cálculo de mejora de la calidad son múltiples. Ya en 1996, en EE.UU., algunos observadores suscitaron una controversia al opinar que la inflación real es menor que la oficial pues ésta subestima el alza de calidad del conjunto de productos seleccionado. En el futuro, el comercio electrónico hará más difícil el seguimiento del panel de consumo por varias razones: los circuitos de distribución se internacionalizan, se puede comprar cómodamente en el extranjero, y por tanto los precios se vuelven más difíciles de conocer; al mismo tiempo, si la persistencia de precios fijos está puesta en duda por el desarrollo de subastas o de otros mecanismos de adaptación de los precios a la demanda, resultará muy complicado determinar unos valores medios. Si hoy se averiguan los precios en tiendas, quizá será necesario atacar el problema al revés y descubrir de aquí en adelante lo efectivamente pagado por los consumidores, con todas las dificultades asociadas a este procedimiento. -------------------------------------------------------------------------------- Michel Berne Ingeniero civil Doctor en Ciencias Económicas Institut National des Télécommunications (INT, Francia), Département Sciencies de Gestion [email protected] Ingeniero de Telecomunicación Licenciado en Ciencias Económicas y Licenciado en Derecho. Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), Departamento de Economía Aplicada e Historia Económica [email protected]
30 oct 2015
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Economía en Red: Nueva economía, nuevo trabajo
Economía en Red Nueva economía, nuevo trabajo -------------------------------------------------------------------------------- Si el interés suscitado fuera un indicativo válido de la influencia recibida, el trabajo debería ser, sin duda, el aspecto más novedoso de la Nueva Economía El trabajo es desde luego un factor de producción, pero, ante todo, es una actividad humana. En tanto que factor de producción, el precio es una variable básica en su utilización. En tanto que fenómeno con múltiples dimensiones sociales, se han de garantizar las condiciones en que se presta y, de manera fundamental, se debe respetar su dignidad. Es esto lo que explica la insuficiencia de los cálculos de rentabilidad que le conciernen y la riqueza de la interacción entre trabajo y TIC. La deslocalización y la flexibilización del trabajo El progreso de las TIC, combinado con una paralela revolución en el transporte de mercancías, está entre las principales causas que han conducido a la globalización de la economía. La disponibilidad en prácticamente cualquier parte del mundo de comunicaciones rápidas, y con calidad y coste razonables, ha permitido la internacionalización de los servicios y la deslocalización de los procesos productivos. Una consecuencia inmediata es la posibilidad de "importar" trabajo. Y no se trata sólo de poderosas multinacionales: empresas de talla media también buscan las mismas ventajas. La carrera por el ahorro en los costes de producción encierra la amenaza de degenerar en una nivelación por lo bajo de salarios y derechos sociales; frente al temor a la pérdida de sus empleos, los trabajadores pueden verse obligados a aceptar condiciones precarias. Afortunadamente, un menor coste laboral no es la única razón para decidir el traslado de una actividad: la cualificación local, la proximidad cultural o lingüística, el clima para los negocios y la situación socio-política general del país son también parámetros importantes. La dispersión de tareas productivas es, quizá, el fenómeno "de portada". Menos llamativo pero más importante es el hecho de que la organización de casi cualquier empresa está progresiva y ampliamente afectada por las TIC, que profundizan en los procesos de automatización y flexibilizan todo su funcionamiento. Esta flexibilidad alcanza a las competencias y las jerarquías, redefinidas hacia estructuras más "planas" como consecuencia de los cambios radicales en los circuitos de información y en las formas de relación. El teletrabajo La definición del teletrabajo no es única. Existen varias modalidades que se podrían considerar como tal: – los teleservicios (fuera de la relación salarial) – el trabajo en equipo y en red, en diferentes sedes – el teletrabajo en sentido estricto (a domicilio, en telecentro o nómada; a tiempo completo o parcial) El teletrabajo supone una alternativa y no una variación respecto al concepto tradicional. Por ello revoluciona prácticamente todas las condiciones de la relación laboral: – La organización del trabajo (el grado de división, las relaciones y jerarquías) se replantea. Se hace necesario codificar totalmente los procedimientos de coordinación teniendo en cuenta, además, que, cuanto más especializadas son las tareas, mayor es la necesidad de proximidad y de sincronización. – A distancia es difícil vigilar algo más que el resultado, por lo que los métodos de control al uso, que abarcan no sólo lo realmente logrado sino también el proceso, han de dar paso a otros centrados en objetivos. – Salvo la remuneración, el resto de incentivos (como la posibilidad de hacer carrera en el interior de la empresa) están muy ligados a la presencia física. Ciertamente, la proximidad de los jefes tiene una fuerte influencia: lejos de los ojos, lejos del corazón... – La empresa como lugar de socialización (cultura de empresa, relaciones personales, representación de los asalariados) depende básicamente de una unidad de lugar. En consecuencia, si bien algunos de los fundamentos de la estructura actual sabrán acomodarse con el teletrabajo, e incluso serán reordenados y mejorados, otros son ampliamente incompatibles con su desarrollo. La barrera puede ser tal que los trabajadores no tengan interés en aceptarlo, salvo que les sea impuesto por circunstancias particulares (traslado o dispersión de la empresa) o por presiones exteriores (congestión urbana por ejemplo). Por lo que se refiere a la modalidad de colaboración esporádica y externa a la propia empresa, se constituye generalmente bajo la forma de subcontrata, lo que suscita no pocas dudas sobre su buen acuerdo con el ordenamiento jurídico: control de las condiciones de trabajo (horarios, cálculo de las cotizaciones), protección social, regulación de los conflictos entre subcontratante y subcontratista... Pese a todo, su desarrollo no ofrece ninguna duda, como una corriente más en el crecimiento del trabajo independiente. Las consecuencias de este proceso son numerosas y van más allá de una mera alteración en la actividad laboral. Así, es evidente que la llegada del teletrabajo (sea del tipo que sea) tendrá efectos sobre la demanda de servicios de telecomunicación y también (aunque quizá no sean tan radicales como algunos plantean) sobre la organización del espacio en general y de las tramas urbanas en particular. Por último se puede intuir la dificultad futura para elaborar las estadísticas de empleo y de paro: si se puede ser contratado en cualquier parte (o en más de un lugar a la vez), será complicado mantener los indicadores actuales de trabajo "nacional". ¿Hacia un aumento del empleo? Las TIC inducen la creación de empleo: – directamente, por las nuevas colocaciones ofrecidas por el sector; – indirectamente, en otras muchas actividades, a través de un aumento de la productividad que se traduce en bajadas de precios o en incremento de la producción; en los dos casos, la demanda crece y el empleo sube. Por otro lado, hay desaparición de empleos: – directamente, a causa de la invasión de nuevas tecnologías (lo que se conoce como "paro tecnológico"); – indirectamente, contribuyendo a los fenómenos de deslocalización y de competencia internacional que afectan a multitud de sectores económicos. ¿La creación de empleo será superior a la destrucción? Aunque ciertos estudios son muy optimistas, el resultado a largo plazo no está claro. En primer lugar, existe toda una serie de situaciones intermedias que se podrían llamar de adaptación y que no se corresponden con verdaderos empleos creados o desaparecidos (pese a que así aparezcan en los recuentos), sino a una especie de reciclaje temporal. Por otra parte, al evaluar los efectos indirectos hay un acuerdo general en la incidencia positiva de las TIC sobre la productividad, pero no en la medida cuantitativa de este impacto. No hay que olvidar que en las últimas décadas la división del trabajo en procesos en cadena (el taylorismo) ha sido una de las fuentes principales de aumento de la productividad mientras que el teletrabajo es fundamentalmente un modelo de trabajo individual. En cualquier caso, algo sí es seguro: los nuevos empleos asociados a las TIC requieren importantes conocimientos específicos, mientras que por el contrario el paro tecnológico afecta sobre todo a los puestos menos cualificados. El teletrabajo, por su lado, exige una mínima familiaridad con las nuevas tecnologías. Y es evidente que la educación continua asegura la versatilidad con que responder a las adaptaciones requeridas. La formación se revela, entonces, como el desafío fundamental para guiar la transición hacia el trabajo de la Sociedad de la Información. -------------------------------------------------------------------------------- Michel Berne Ingeniero civil Doctor en Ciencias Económicas Institut National des Télécommunications (INT, Francia), Département Sciencies de Gestion [email protected] Ingeniero de Telecomunicación Licenciado en Ciencias Económicas y Licenciado en Derecho. Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), Departamento de Economía Aplicada e Historia Económica [email protected]
30 oct 2015
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Economía en Red: De financiación de empresas, Bolsas y otras maravillas
Economía en Red De financiación de empresas, Bolsas y otras maravillas -------------------------------------------------------------------------------- ¿Quién, en las últimas semanas, se ha resistido a comentar las asombrosas noticias sobre las nuevas vedettes de las Bolsas? Una primera versión de este artículo estaba ya esbozada hace unos meses. Mientras que entonces datos y ejemplos provenían de publicaciones especializadas, la tarea es hoy mucho más fácil. Basta con dar un repaso al puñado de recortes de prensa acumulado en los últimos tiempos. El fenómeno Terra ha sido en nuestro país el aldabonazo que ha despertado el interés informativo, y se puede decir que popular, por las “empresas del futuro”. Lo sucedido en España no es un caso excepcional. Dos ejemplos: en Italia, y prácticamente en las mismas fechas, la salida a Bolsa de una compañía dedicada a aplicaciones informáticas para la banca batía de largo la marca de Terra provocando similar estupefacción; del Reino Unido, un poco como curiosidad aunque no deje de tener su trascendencia, nos ha llegado la noticia de que la mismísima Reina ha invertido en una sociedad relacionada con Internet. Quizá no son más que anécdotas pero anécdotas indicativas de que en muchos aspectos la transición a la Nueva Economía va a ser más breve de lo que se podía predecir. Los movimientos de capital En determinados servicios, aquellos en los que lo han hecho posible las condiciones jurídicas y técnicas (de forma destacada el progreso de las TIC), la apertura a la competencia internacional ha supuesto una auténtica revolución. Entre ellos, el mercado de los servicios financieros ha sido radicalmente transformado. Las transferencias de capital son mundiales, instantáneas y de cuantía creciente. La mayoría de las actividades financieras se concentran en un pequeño número de plazas que se pasan el relevo a lo largo de las veinticuatro horas del día, dejando a los mercados periféricos una relevancia reducida. No cabe duda de que la confianza siempre ha sido una variable clave. Pero su importancia es hoy extrema. En un mundo virtual de predicciones, los agentes descuentan anticipadamente declaraciones, indicios y sospechas. La aceleración de los flujos provoca bruscos cambios de tendencia realimentados por el comportamiento de los programas que gestionan las transacciones, optimizados casi todos para actuar de forma similar. Esta situación configura un ambiente inestable, pero el aislamiento contra estas reacciones globales no es posible; toda barrera sería ilusoria. Esta ausencia de barreras supone, sin embargo, una ventaja para las empresas, y es que las opciones a las que pueden recurrir para obtener fondos se han multiplicado. La financiación del sector de las TIC La magnitud de las inversiones era considerada una barrera de entrada en el sector de las telecomunicaciones. Evidentemente esto ya no es defendible aunque paradójicamente las necesidades financieras son, si cabe, aun mayores. Ya sea en los procesos de privatización, en la actuación de los operadores surgidos tras la introducción de competencia o en la apuesta por nuevos negocios u opciones tecnológicas incipientes, las cantidades que se manejan son colosales. Las condiciones no son muy diferentes en la informática o el audiovisual, ni en general para las empresas que se ocupan de dar forma y contenido a Internet. Y todo ello potenciado por las operaciones de concentración intra e inter sectores que se anuncian con profusión. ¿Cómo es posible afrontar unos proyectos tan ambiciosos en entornos cambiantes en los que subyacen un sinnúmero de incertidumbres tanto tecnológicas como económicas o reglamentarias? La respuesta tiene mucho que ver con el cambio profundo y acelerado en la percepción de cuáles serán las claves del futuro de la economía. A principios de los noventa no era infrecuente oír voces que dudaban del éxito de demasiadas privatizaciones simultáneas y preveían una “necesaria” bajada del precio cuando el dinero disponible para el sector se hubiera agotado en las compras más atractivas. No sólo no ha sido así sino que hoy tanto los grandes gestores del ahorro como los pequeños inversores individuales están ávidos de cualquier acción vinculada a las TIC. Como además quienes están apostando por estos valores logran suculentas e inmediatas ganancias, la acogida de las próximas colocaciones se promete clamorosa. Aunque convendría no olvidar que una parte importante de esas subidas es debida precisamente a la escasez de acciones de este tipo de compañías, la capacidad para atraer recursos de todo proyecto que tenga visos de arañar una parte del negocio futuro parece asegurada. Nuevos Mercados en Nuevas Bolsas La capitalización creada por las empresas del sector de las TIC es impresionante y representa un porcentaje continuamente creciente del total bursátil. El desembarco de estos valores en los índices selectivos de los diferentes mercados marca la confirmación de su pujanza y la consolidación de su credibilidad. Paradigma de los nuevos tiempos es lo ocurrido en octubre pasado cuando se incorporaron al índice Dow Jones las cotizaciones de Microsoft e Intel desbancando a empresas tan emblemáticas de la era industrial como Chevron (petróleo), Goodyear (neumáticos), Sears (grandes almacenes y venta por correo) y Union Carbide (química). Las bendiciones actuales no deben ocultar que estos valores han sido siempre considerados, no sin razón, peligrosos y volátiles. Con dificultades para adaptarse a los mercados tradicionales, su introducción en Bolsa ha requerido una flexibilización de los rigurosos criterios al uso, lo que se produjo mucho antes en Estados Unidos que en Europa. El Nasdaq, mercado financiero especializado en el capital-riesgo de la Bolsa de Nueva York, inició su andadura en 1971 permitiendo desde entonces que los fondos privados lleguen a las innovadoras empresas nacientes. Así, mientras que casi la mitad de las sociedades que se estrenaron en Wall Street en 1999 eran “empresas Internet” y el dinero a ellas destinado se ha multiplicado por cinco respecto al año anterior, en Europa se sigue recurriendo en buena medida al subsidio para fomentar la inversión y la puesta en marcha de proyectos tecnológicos. En efecto, las Bolsas europeas han tardado demasiado en conceder a los inversores la oportunidad de asumir mayores riesgos. El Easdaq, primera réplica al Nasdaq, se estrenó en Bruselas el 30 de septiembre de 1996. Posteriormente se han creado, entre otros, el Nouveau Marché de París, el Nuovo Mercato de Milán o el alemán Neuer Market. El Ministerio de Economía y Hacienda de España ha aprobado a final de año la creación del “Nuevo Mercado”, en el que cotizarán las “empresas tecnológicas” con alto potencial de crecimiento pero también de incertidumbre. Aunque la legislación anterior ya contemplaba que algunas compañías que no cumplieran todos los requisitos podían cotizar, los criterios de lanzamiento en este mercado son más laxos. Por ejemplo, la premisa de obtención de beneficios podrá obviarse si la empresa se compromete a informar sobre la evolución esperada del resultado en los ejercicios venideros. Especulación, expectativas, esperanzas Las cotizaciones de ciertas empresas dejan ciertamente atónito si se comparan con su cuenta de resultados. ¿Es justificado comenzar a sentir cierto vértigo? Desde luego, un analista tradicional, preocupado por el dividendo, encontraría muy poco razonable que una compañía con escasos recursos propios, facturación aún modesta y pérdidas sistemáticas incluso a medio plazo alcance un valor en el mercado muy superior al de saneadas empresas tradicionales. La razón de tal contradicción es que los parámetros que comienzan a usarse para tasar las sociedades no tienen mucho que ver con los clásicos. No importa el beneficio actual ni saber en qué cuantía será repartido sino que se valoran promesas de rentabilidad a largo plazo, expectativas. Expectativas de acertar con la empresa que transcurrido un tiempo se hará con una porción de la tarta, proporcionando entonces fabulosas ganancias. Aun admitiendo lo anterior, creemos que en muchos casos hay sobreestimación, lo que podría degenerar en fragilidad del sistema. Parte de estos incrementos prodigiosos son debidos a una burbuja especulativa y en algún momento sufrirán severas correcciones. Sólo algunas de estas empresas van a dominar sus mercados en el futuro y muchas no sobrevivirán. No se debería pasar tampoco por alto que cinco de los casi 5.000 títulos que cotizan en el Nasdaq aglutinan una tercera parte de los intercambios. El brillo de las estrellas puede impedirnos ver las zonas de sombra. Sin embargo, los inversores parecen tener una fe ciega en todo lo relacionado con las TIC, esté o no respaldado por un plan coherente. En ocasiones, el modelo de negocio es precisamente salir a Bolsa y conseguir los recursos para poder crecer. Pero nadie puede estar seguro de quién será el triunfador dentro de unos años y, por tanto, se apuesta por todo para no quedar fuera de nada. La consigna es tomar posiciones en el sector; el precio parece un problema secundario. Y es que nadie quiere dar la espalda al futuro. -------------------------------------------------------------------------------- Michel Berne Ingeniero civil Doctor en Ciencias Económicas Institut National des Télécommunications (INT, Francia), Département Sciencies de Gestion [email protected] Ingeniero de Telecomunicación Licenciado en Ciencias Económicas y Licenciado en Derecho. Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), Departamento de Economía Aplicada e Historia Económica [email protected]
30 oct 2015
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Economía en Red: dinero y sistemas de pago electrónicos
Economía en Red dinero y sistemas de pago electrónicos -------------------------------------------------------------------------------- Los conceptos no cambian. Pero sí la forma de entenderlos y manejarlos. También aquellos aparentemente tan inmutables como los referidos al dinero El dinero intangible hoy Son tres las modalidades que el "dinero de plástico" tiene en la actualidad: – mecanismos de acceso con seguridad a las cuentas bancarias – mecanismos de post-pago, que ofrecen al comprador un crédito de un montante limitado – "depósitos de efectivo", como los monederos electrónicos, que se vacían con las compras pero pueden recargarse periódicamente Y tres son las funciones fundamentales que lleva a cabo el dinero: – unidad de cuenta, en la que se miden los precios de bienes y servicios – medio de cambio, aceptado para realizar los pagos en las transacciones evitando el trueque – reserva o depósito de valor, pues es una forma esencial de mantener riqueza Frente a la situación de dominio del dinero "tangible", la difusión de los sistemas de pago electrónico no ha cambiado la manera en que se cumple la primera de estas funciones pero sí que afecta, claramente, a la segunda y, en menor medida, a la última. En efecto, el uso del dinero electrónico como medio de pago aumenta gradualmente, disminuyendo la necesidad de efectivo y volviendo el dinero "invisible". Esto a su vez repercute en el carácter de depósito de valor, pues la razón por la que se mantiene parte de la riqueza en efectivo en vez de invertirla en activos rentables es la posibilidad de obtener en el acto cualquier mercancía. La facilidad para pagar con tarjeta (que incluso puede conceder un crédito inmediato) rebaja, evidentemente, la demanda de numerario. En cualquier caso, todos estos mecanismos son gestionados por bancos u organismos emisores de tarjetas y están estrechamente controlados por las autoridades monetarias, tanto en lo que se refiere a las normas (seguridad, "programas propietarios") como a su incidencia en las políticas monetarias. Se dirigen, además, hacia transacciones de cuantía suficientemente elevada como para que el coste asociado a la seguridad sea aceptable. ... y en un futuro próximo ¿Cuáles son las novedades que se prevén? Es obvio afirmar que la utilización del dinero electrónico progresará bastante más allá de su situación actual. Pero el avance fundamental no es cuantitativo sino cualitativo. Así, uno de los retos pendientes es su extensión a las pequeñas compras para lo que es necesaria la aceptación por vendedores y consumidores de los monederos electrónicos. Monederos que en el futuro, como el resto de tarjetas físicas, serán espiritualizados en una clave asociada a algún dispositivo tal como el teléfono móvil. Pero sobre todo es la irrupción del comercio electrónico la que implica nuevas condiciones: multiplicación de los actores que participan en los intercambios, utilización de redes en principio inseguras, predominio de operaciones de importe pequeño y que, además, con frecuencia son transnacionales. Y nadie está dispuesto a parar sus estrategias esperando una respuesta unívoca que calme todas las inquietudes. Los "cibervendedores", para desarrollar sus negocios, tienen interés en la creación e impulso de nuevos mecanismos, con tal que sean capaces de inspirar confianza a sus clientes, asegurando la seguridad y la facilidad de las compras. Hay por tanto un riesgo de disgregación del sistema. Esta disgregación está hoy de algún modo presente con la desigual aceptación de las tarjetas bancarias. Pero este fenómeno se amplificará en los pagos en Internet. Los sistemas paralelos al "circuito oficial" no son difíciles de poner en pie. Llevado al límite, esto podría afectar incluso a la primera de las funciones que asignábamos al dinero (la de unidad de cuenta). Aunque su importancia no debería ir mucho más allá de la anécdota es posible inventar un dinero, como lo muestran algunas experiencias de grupos de particulares europeos (que utilizan su propio dinero para intercambiar, por ejemplo, servicios domésticos), ahora trasvasadas a la red. Cualidades básicas como la universalidad, la estabilidad y la seguridad no están garantizadas en el desarrollo anárquico de medios de pago electrónicos en competencia. Se haría necesaria entonces una reglamentación que obligara a los diferentes actores a respetar exigencias mínimas de control y de fiabilidad, lo que evidentemente es tarea tan ardua como todas las relacionadas con el establecimiento de una regulación global. Incidencia en la política monetaria Los bancos centrales ponen en circulación el dinero legal, billetes y monedas, cantidad que luego es multiplicada por la actividad de los intermediarios financieros que crean dinero bancario cuando prestan sus excedentes (depósitos recibidos menos la parte asignada a reservas). Sin embargo, las autoridades monetarias tienen mecanismos para controlar los márgenes de fluctuación de la cantidad total de dinero de acuerdo a las directrices de política monetaria que deseen seguir. Ese control de la oferta monetaria se vuelve complicado con el desarrollo de los servicios en red porque no es aventurado predecir que en breve cualquier comprador podrá obtener instantáneamente créditos de un banco extranjero o de un agente independiente. La propia definición de la oferta monetaria (las partidas que en ella se incluyen) necesitará una revisión. Análogas perturbaciones recaerán sobre la velocidad de circulación del dinero (dada por indicadores de tipo Producto Nacional Bruto dividido por la Oferta monetaria): la aceleración de las transacciones debería conducir a su aumento, pero se trata de una hipótesis por verificar. La reacción de los bancos Finalmente, el impacto sobre los bancos será también (está comenzando a ser) muy importante. La competencia internacional obligará a los establecimientos bancarios a modificar sus comportamientos; el incremento de operaciones en línea o a distancia alterará su papel de intermediación, sus márgenes y por tanto, su rentabilidad. Se arriesgan asimismo a perder lazos privilegiados con sus clientes, a los que resultará mucho más fácil servirse de varios agentes financieros al mismo tiempo. Todas estas novedades, en fin, podrían sugerir objeciones sobre su capacidad para financiar la economía. Pero los bancos no son impotentes frente a esta evolución. Son parte involucrada en el desarrollo de los nuevos sistemas de pago y participan en acuerdos sobre normas comunes. También están entre los primeros en beneficiarse de las ganancias de productividad que las TIC conllevan. Y además es la banca tradicional quien controla el desarrollo de la banca virtual, que comienza a dar el salto adelante. En una primera etapa, los bancos han estado presentes en Internet de una manera cautelosa, casi esperando acontecimientos. En general, el nuevo canal se ha venido considerando una parte complementaria del negocio fundamental desarrollado en la red de oficinas y se ha dirigido a unos clientes con unas características concretas. Pero ya comienzan a observarse los primeros movimientos serios hacia una nueva estrategia más ambiciosa. Entre ellos, diversas alianzas con empresas de las TIC. Alianzas que suman valor y potencialidades y, a la vez, evitan supuestas rivalidades pues no es descabellado imaginar que aquellos que tienen la llave del comercio en red decidieran añadir valor ocupándose también de organizar las transacciones. -------------------------------------------------------------------------------- Michel Berne Ingeniero civil Doctor en Ciencias Económicas Institut National des Télécommunications (INT, Francia), Département Sciencies de Gestion [email protected] Ingeniero de Telecomunicación Licenciado en Ciencias Económicas y Licenciado en Derecho. Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), Departamento de Economía Aplicada e Historia Económica [email protected]
30 oct 2015
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Economía en Red: ¿Por la senda del crecimiento sostenido?
Economía en Red ¿Por la senda del crecimiento sostenido? -------------------------------------------------------------------------------- En algo sí estamos de acuerdo todos los que intentamos ejercer de aprendices de adivino del futuro económico: la absoluta dependencia de ese futuro respecto de las TIC TIC y desarrollo Que el crecimiento y la prosperidad económicos pasan necesariamente por explotar el potencial de las TIC ya casi nadie se atreve a ponerlo en duda. Intentar demostrarlo sería insistir en los argumentos previos con que justificamos la existencia de una sección llamada Economía en Red. La condición clave de las telecomunicaciones o de la informática fue ya constatada hace algún tiempo. Son clásicos, por ejemplo, los estudios que correlacionan extensión de la red telefónica y desarrollo. Lo que sí es nuevo es la asunción de tan indiscutible papel protagonista. No es sólo que el peso relativo del sector de las TIC aumente progresivamente, con cifras de crecimiento que superan claramente a la media del producto nacional. Es que, lejos de radicar su valor en ser una rama destacada de la economía, son tecnologías portadoras de un cambio que se difunde por todas partes, alterando los modos de actuar y producir hasta el punto de convertirlas en indispensables. Por ello, las inversiones en nuevas tecnologías tienen un efecto multiplicador sobre el crecimiento global. Tal influencia es difícilmente cuantificable en el estado actual de las estadísticas económicas aunque no es infrecuente que se aventuren medidas de su contribución. Se alegan efectos directos y otros relativos como los aumentos de productividad inducidos. Los que comparten las teorías del "crecimiento endógeno" hablan incluso de impulso de la evolución económica de largo plazo a través de rendimientos crecientes y externalidades positivas; con estas consideraciones su impacto sería todavía más acusado pero a la vez casi inconmensurable. Un ciclo dependiente de las nuevas tecnologías Si la salud económica se vuelve dependiente del crecimiento de las TIC, se puede pensar que éstas le transmitirán sus características y que, por consiguiente, los ciclos generales dependerán de sus fluctuaciones, tomando el relevo como locomotora de la economía de la construcción o del automóvil. Y como, especialmente en la informática, los precios bajan continuamente, la inmediata aseveración de los tecnooptimismas es que la inflación pronto será un problema del pasado. Corolario: una economía sin inflación permitirá un crecimiento estable y continuado. El mensaje se apuntala con cada comunicación de datos de la economía puntera en el tránsito a la Nueva economía, la estadounidense, que batió marcas en el último trimestre de 1999 para completar un decenio de constante expansión no conocido desde la feliz década de los sesenta. ¿Eso quiere decir que el modelo de crecimiento basado en las TIC será un modelo sin recesiones? Efectivamente, los niveles de utilización de algunos servicios de telecomunicación (en especial el teléfono) son históricamente estables o crecientes. En particular, el poder antioscilante de las TIC se basaría en el empuje del consumo final de los hogares (que se ven "obligados" a abonarse a la telefonía móvil, a la televisión de pago, a un proveedor de acceso a Internet...), ya que representa una fracción fundamental del PIB y es especialmente estable a nivel agregado. Sin embargo, no en todos los casos es así. Los semiconductores, por ejemplo, sufren altibajos muy acusados que se corresponden con las diferentes fases del desarrollo de cada generación de productos y que se propagan a las compras de bienes de equipo. De hecho, se intenta escapar de la parte descendente de los ciclos acelerando el proceso de obsolescencia técnica de equipos y programas. Nótese que la diferencia con el ciclo económico tradicional es muy importante: las mutaciones tecnológicas decisivas no son naturales, exteriores al sistema económico; vienen del interior del sistema, son queridas y a veces forzadas. Los razonamientos tecnooptimistas no toman tampoco en consideración la voluntad de los clientes, que tienen al menos la posibilidad de posponer sus compras, ni la aparición de fenómenos imprevistos, como lo demuestra el ejemplo del "efecto 2000". Tampoco el comportamiento de montaña rusa de las empresas del sector en las últimas sesiones bursátiles parece el mejor ejemplo de estabilidad. Además, lo que es aún más importante: primacía no significa exclusividad. El resto de factores que los economistas han venido apuntando como responsables de las movimientos cíclicos no han desaparecido de repente y, claro está, mantienen su influencia. La conclusión más razonable es, por tanto, que no estamos ciertamente inmunes a la aparición de inestabilidades susceptibles de precipitar las economías hacia la recesión e incluso hacia la crisis. TIC y subdesarrollo Suele sucedernos a los que vivimos entre los "privilegiados" que olvidamos la existencia del lado oscuro. Todas las afirmaciones ampulosas esconden su reverso. Estando conectados se nos prometen oportunidades fantásticas de negocio y de progreso. Ya, pero... ¿si no se está y no hay el menor indicio de que se vaya a estar? La amenaza no es sólo para los olvidados por la fortuna que aún hoy tienen en sus territorios densidades telefónicas inferiores a uno, sino también (en otra magnitud, cierto) para las zonas "no rentables" de los países prósperos. La introducción de competencia en el sector de las telecomunicaciones parece la fórmula mágica para que las infraestructuras de telecomunicaciones se desarrollen por doquier. Pero, dadas las diferentes realidades y necesidades de los más pobres, ¿también ellos serán tocados (bendecidos) por la mano invisible del mercado? ¿La exportación sin adaptación de los modelos de reforma válidos para los países desarrollados dará los mismos resultados? ¿Cuáles son los incentivos para invertir allí? La necesidad de encontrar la vía para incorporarse al progreso (y el fracaso en lograrlo) es una constante en muchas regiones. Pero su situación es ahora, si cabe, más acuciante. En una economía global y relacionada, los agujeros de la red no serán más que eso, puro vacío. Además, el crecimiento económico es sólo una parte de lo que se entiende por desarrollo. Y el riesgo se extiende a la pérdida de las oportunidades educativas o sanitarias que la Sociedad de la Información nos anuncia. En resumen, la división entre los bautizados info-ricos y los info-pobres parece que pueda ahondar aún más las ya abismales diferencias. Diversos organismos internacionales reconocen la gravedad de las deficiencias en el acceso a la tecnología, que se mezclan con la falta de formación para sacar partido de la disponible. La Oficina de las Naciones Unidas para el Desarrollo nos ha mostrado cómo las infraestructuras de comunicación son tan indispensables como las carreteras. El Banco Mundial ha puesto el acento sobre el crecimiento de la competitividad de los países menos avanzados que posibilitaría el comercio electrónico... Pero todo esto ya lo sabíamos. Lo que no tenemos tan claro es cuáles son las respuestas que se están dando para combatir esta situación. -------------------------------------------------------------------------------- Michel Berne Ingeniero civil Doctor en Ciencias Económicas Institut National des Télécommunications (INT, Francia), Département Sciencies de Gestion [email protected] Ingeniero de Telecomunicación Licenciado en Ciencias Económicas y Licenciado en Derecho. Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), Departamento de Economía Aplicada e Historia Económica [email protected]
30 oct 2015