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Colaboradores: EN MI OPINIÓN. Don José
EN MI OPINIÓN. Don José Por André Aberasturi No era normal que además de los tabloides a todo color anunciando las rebajas del hiper, la publicidad de un fontanero a su disposición las 24 horas del día y de una pegatina con el teléfono en rojo de una empresa que arreglaba toda clase de vídeos y televisores en 48 horas, José Plácido de Arimatea López tuviera en el buzón algún sobre más que el de la Caja de Ahorros y el del Banco Hipotecario cada seis meses. Porque a José Plácido de Arimatea López no le escribía nunca nadie. Ni a él ni a su señora que desde que era una adolescente se ponía roja como una sandía cada vez que alguien que no fuera del entorno se dirigía a ella. La verdad es que José Plácido de Arimatea López llevaba una vida tranquila: tenía un puesto fijo , un suegro al que seguía tratando de usted y dos hijos -el y ella- que no daban ningún problema. Por eso, cuando aquella mañana vio aquel sobre en su buzón, volvió a leer el nombre del destinatario, no fuera que le hubiesen confundido¨Sr. D. José Plácido de Arimatea López. Era él; era su nombre y la dirección de su casa y hasta el número y la letra de su piso. Se la guardó en el bolsillo y corrió con cierto disimulo para que no se le escapara el autobús que le depositaría en la boca del metro que le llevaría hasta el barrio en el que tenía su trabajo en una centenaria compañía de seguros y reaseguros. Después de saludar con un buenos días a todos, sacó la carta y abrió el sobre con un cierto cuidado. Era de una multinacional de tarjetas de créditos y le ofrecían la oportunidad de suscribirse en el plazo de un mes sin tener que pagar la cuota de entrada. Firmaba la carta nada menos que el director general para Europa de la famosa multinacional. El problema es que su nombre aparecía en todas partes. De entrada el presidente para Europa de la multinacional se dirigía a él llamándole estimado señor Arimatea López y a continuación mostraba su extrañeza porque, una vez consultados sus archivos, se habían dado cuenta de que no era titular de un lujo -al de la tarjeta- únicamente reservado para gentes como usted, señor de Arimatea. A José Plácido aquello le dio como un escalofrío; ¿cómo demonios se había enterado el director general para Europa de que él existía y, encima, no era titular de su tarjeta? Siguió con la carta en la que se le iban enumerando las ventajas de ser titulara de la misma y a la vez los asombros de que aun no estuviera como tal en sus archivos. Con nuestra tarjeta -le decía el director general para Europa- podrá salir los fines de semana, sin necesidad de llevar dinero encima, a descansar o hacer turismo tras unas jornadas de estresante trabajo. También se preguntaba el director general para Europa cómo era posible que alguien que no para de hacer viajes de negocios como es su caso, señor, de Arimatea López siga aun sin utilizar las ventajas de nuestro exclusivo club. Lo que sin duda don José Plácido ignoraba -y por eso se lo aclaraba en la carta el director general- es que, además , tenía la posibilidad de sacara dinero en efectivo en una red de cajeros que cubrían prácticamente todo el mundo. Y una cosa más, señor de Arimatea, los recibos de sus gastos se los podemos mandar a su domicilio o directamente a su despacho. Lo malo de José Plácido de Arimatea es que no tenía despacho, solo mesa de auxiliar. Tampoco hacía viajes de negocios a pesar de que habría aprendido inglés por correspondencia y en cuanto a los fines de semana, la verdad es que alguna vez se iban a la sierra u se hacía una paellita. No. No era el hombre que creía el director general para Europa; quizás lo hubiera podido ser si lo críos hubieran tardado más en llegar, si en la empresa hubieran valorado sus esfuerzos para aprender inglés por correspondencia y si la vida, en general, no se hubiera empeñado en ir siempre en dirección contraria a la suya. Pero ¿cómo explicarle todas esas cosas al director general para Europa que había tenido la amabilidad de confundirlo con un triunfador? Rellenó cuidadosamente las casillas de la solicitud y esperó pacientemente a que llegara su tarjeta. Hoy don José Plácido de Arimatea López lleva una de esas carteras de bolsillo que de pronto se despliegan y son como una acordeón rota en la que van apareciendo todas las tarjetas de crédito que en el mercado hay. Desde que recibió la primera, se sucedieron las cartas de todos los directores generales para Europa de todas las multinacionales y José Plácido de Arimatea López es hoy titular de cuantas existen. Apenas si usa la de la Caja de Ahorros y su señora la de los grandes almacenes, pero cada año paga religiosamente el alquiler de las otras por unos servicios que nunca solicita. En el fondo es un dinero que no le duele porque cuando se pone chungo, cuando la soledad gris se le apodera y cae en la cuenta de que la vida son los otros y que los boleros de los Panchos mienten más que cantan, entonces José Plácido de Arimatea López saca de un cajón secreto todas las cartas que todos los directores generales para Europa le han escrito, despliega su cartera acordeón y sonríe y llora dulcemente hasta que le avisan de que es hora de cenar.
30 oct 2015
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Colaboradores: EN MI OPINIÓN. Virtualidades
EN MI OPINIÓN. Virtualidades Por Moncho Alpuente Gracias al vertiginoso progreso de las telecomunicaciones, al espectacular avance de la tecnología audiovisual, los redactores de los periódicos ya no tienen que arriesgarse a pisar las calles para ir a la busca de la noticia, exponiéndose a ser atropellados por un coche, aporreados por un guardia excesivamente entregado a su labor como para ir pidiendo carnets de prensa, o arrollados por una multitud reivindicativa y exaltada. Existe una amplia gama de "tams-tams" que cada día retransmiten con mayor velocidad y nitidez los eventos que acaecen en la aldea global. Hasta los más subdesarrollados y paupérrimos colectivos tienen su corralito delimitado en Internet donde clamar por sus derechos, siempre que paguen la cuota correspondiente, su peaje a las compañías que gestionan, administran y controlan las autopistas de la información. La realidad cada vez es más virtual y menos realidad, lo que ofrece insospechadas comodidades a los comunicadores conectados a una sofisticada red de electrodos que les transmiten las más mínimas vibraciones que se producen en cualquier punto del entramado. Tan múltiples y variados son los estímulos, tal es el cúmulo de informaciones que se perciben sin más necesidad que conectar la pantalla que abandonar el terminal para ir a buscar personalmente más información puede considerarse como afición morbosa y escasamente productiva pues con las informaciones que cotidianamente desembocan en las redacciones de los medios a través de ordenadores, faxes, teléfonos, satélites y demás artilugios, se podrían elaborar no uno sino decenas de periódicos y centenas de programas informativos de radio o televisión. El menú diario satisface a todos los gustos, ni los más selectos catadores podrían distinguir entre una guerra en Ruanda o en Nigeria, una hambruna en Burundi o en Somalia, entre un muerto afgano y uno checheno. En la cocina global y caníbal de los hipermercados de la información, las grandes agencias y los poderosos canales televisivos, se confecciona la dieta de los consumidores de noticias atendiendo a sus menores peculiaridades. Los perdedores de guerras olvidadas que nunca aparecen en la carta, los sufridores de genocidios poco fotogénicos no tienen nada que hacer sino se suscriben a Internet o secuestran a fotogénicos no tienen nada que hacer sino se suscriben a Internet o secuestran a un corresponsal de la CNN para que difunda sus batallas cotidianas. Lo mismo puede decirse de esa otra realidad más doméstica y cotidiana. En el mundo del futuro uno trabará contacto con su vecino de al lado a través de la pantalla del ordenador, hacerlo de otra manera sería faltar al protocolo y a las buenas costumbres. Encerrados en casa pero conectados a todas las terminales posibles, los ciudadanos virtuales vivirán en una perpetua alucinación, una alucinación tan realista que les hará ver como alucinaciones fantasmales los fragmentos de realidad que contemplen desde su ventana si alguna vez miran a través de ella y como reales los personajes bidimensionales formados en sus pantallas. Ante este panorama los responsables del menú virtual, los cocineros de las parrillas televisivas y los camareros de los medios de comunicación deberían hacer un esfuerzo por presentarnos un panorama más confortador, un mundo menos cruel, una alucinación más optimista. Puestos a construir un mundo imaginario no les constaría nada imaginárselo de otra manera, completar el puzzle con piezas más armónicas, inventar una quimera más amable, un universo menos hostil. Si no lo hacen quizás es porque temen perder clientela, porque saben que la audiencia necesita su dosis cotidiana de crímenes y aberraciones virtuales para conformarse en su infortunio personal y reconfortarse con el recuento de los males ajenos, que precisa autovoncencerse para no salir de su encierro más que lo imprescindible, con los ojos cerrados para no enfrentarse a los fantasmas de carne y hueso que viven en los resquicios de la realidad, en los ángulos muertos donde no llegan los ojos electrónicos. Ectoplasmas solo tolerables cuando se dejan atrapar desprevenidos fuera de sus madrigueras por las cámaras que los exhiben a modo de advertencia, caterva de monstruos que acechan a los insensatos que se atreven a sentir y palpar la realidad sin recurrir a intermediarios telemáticos.
30 oct 2015
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Colaboradores: EN MI OPINIÓN. Tecnologías de la información: el cambio del paradigma
EN MI OPINIÓN. Tecnologías de la información: el cambio del paradigma Por Ignacio del Castillo Cervantes La globalización de los clientes empresariales -que exigen cada vez mayor cobertura en todo el mundo, con los mismos estándares de calidad-; la liberalización de los mercados locales y por tanto la entrada de nuevos operadores en el negocio; y la privatización de gran número de operadoras de telecomunicaciones tradicionales en los países emergentes, está transformando el sector de las telecomunicaciones más rápido que en cualquier otra época de su corta historia. Este conjunto de transformaciones producidas por causas económicas, políticas y regulatorias se ha visto acelerado además por los avances tecnológicos en microelectrónica, optoelectrónica y en la tecnología de compresión digital. Este cúmulo de circunstancias ha transformado un mercado de telecomunicaciones en que cada compañía se ocupaba de su mercado local, en una carrera desenfrenada por situarse en condiciones adecuadas para competir en todo el mundo en un mercado global. Además, las compañías se ven sometidas a la presión añadida de que los precios, y por tanto, los márgenes, se reducen ante la entrada de la competencia en sus mercados de origen. Ante un mercado global, en el que es necesario tener una presencia planetaria para poder servir a los clientes multinacionales, todas las compañías que existen actualmente son demasiado pequeñas para poder competir con garantías. Todas pues, tienen que acometer el proceso de diluir su identidad en otro grupo mayor, ya sea mediante alianzas, fusiones o adquisiciones. No hacerlo ahora o en los próximos años significa quedar reducida a ser una operadora local, que sea el distribuidor para su mercado de los servicios internacionales de un grupo global. EEUU, la revolución La reforma de las telecomunicaciones de EEUU producida por su nueva ley, permitirá que todas las compañías existentes puedan competir en todos los segmentos de mercado y áreas geográficas. Y está impulsando decididamente el movimiento de fusión entre empresas. Hasta 1995, todas las empresas se ocupaban exclusivamente de sus mercados asignados, ya fueran de segmento de negocio o de área geográfica. Ahora se han levantado todas las barreras y como consecuencia se asistirá a un proceso de todas contra todas. Pero se encuentran con muchos problemas ya que ninguna está preparada para dar un servicio global. Las baby bell carecen de la infraestructura y la experiencia para dar servicios de larga distancia. Están acostumbradas al suelo, pero les falta el techo. Mientras, las empresas de larga distancia están en una posición más débil. Los clientes residenciales están en poder de sus competidoras la bells y las inversiones para acceder a ellos son multimillonarias. Tienen el techo, pero les falta el suelo. Una de las formas de conseguirlo además de alianzas con algunas compañías bell o con empresas de televisión por cable, es el segmento de la tecnología celular, donde ATT o Sprint han conseguido licencias en importantes mercados que les permitirán contar con clientes directos. El sector del cable, fuertemente endeudado, no dispone de los recursos necesarios para acometer las inversiones necesarias para competir con las operadoras tradicionales. Con este panorama, las fusiones se imponen. Europa: dos y medio En las telecomunicaciones europeas se han formado ya tres grandes grupos de empresas -más bien dos y medio, si considerados los problemas que está soportando Unisource debido a las dificultades de Telefónica para entrar en su capital-, aunque cada uno de ellos tiene una conexión con EEUU. El primer grupo está creado por la británica BT, aliada con MCI en EEUU. El segundo gran grupo, Global One, está formado por France Telecom, Deutsche Telekom y la norteamericana Sprint. Los dos grupos europeos mantienen conjuntamente un 20% de Sprint. Unisource es el tercero en discordia. Se trata de una especie de operadora formada por cuatro compañías europeas: Telia, de Suecia; Swiss Telecom, de Suiza; KPN, de Holanda y Telefónica de España. Al igual que Concert, o que Global One, Unisource es por el momento una compañía de nicho, ya que sólo opera en los mercados de servicios de valor añadido como la transmisión de datos y las redes corporativas virtuales, prestando servicios de voz y datos en grupo cerrado. Sin embargo, todos estos grupos suponen la semilla de tres grandes megaoperadores que se establecerán a partir de 1998, cuando se liberalice totalmente los servicios y la infraestructura de telecomunicaciones en Europa. Entonces, cada uno de las tres grandes alianzas intentará penetrar en el mercado local de origen de las otras. Pero no lo harán en solitario. Se aliarán a empresas de servicios públicos y grandes bancos, con amplias carteras de clientes. El dilema Internet La irrupción del fenómeno Internet ha supuesto un vuelco en el ya de por sí acelerado sector de las telecomunicaciones. Despreciado en un principio, cuando las operadoras de telecomunicaciones han querido reaccionar, a partir de 1994 y 1995, ha sido demasiado tarde. Internet está fuera de control de las grandes operadoras de telecomunicaciones y crece desaforadamente al ritmo del 10 por ciento mensual. Si este ritmo imposible se mantuviera, en el año 2005 habría más abonados a Internet que población en el mundo. Desde hace algún tiempo las grandes operadoras están apostando por proporcionar acceso a Internet como método de aumentar el tráfico por línea. Pero Internet puede suponer una gran amenaza, ya que puede proporcionar tráfico de voz internacional a coste de llamada local e independientemente de la distancia. Este fenómeno seguirá presionando a la baja los precios de las llamadas internacionales, el segmento de mercado más sensible a la competencia. Y a medio plazo producirá una revolución en las tarifas de telecomunicaciones que dejarán de depender de la distancia y del tiempo y pasarán a estar referenciadas a la capacidad de transmisión. Esto, a su vez, obligará a las operadoras tradicionales a reducir estrictamente sus costes de inversión y personal y acometer dolorosos programas de reconversión.
30 oct 2015
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Colaboradores: EN MI OPINIÓN. El fin y los medios
EN MI OPINIÓN. El fin y los medios Por Fermín Bocos La ciencia y sus aplicaciones técnicas están cambiando nuestro viejo mundo para bien de cuantos en él vivimos, pero me temo que el precio a pagar por la forma actual de concebir esta manifestación del Progreso va ser muy elevado. Sobre todo en mella del que a mi juicio es el mejor de cuantos frutos cabe esperar del pensamiento humano. Me refiero al sentido común. Digo esto porque desde que se generalizó el consumo de productos informáticos crece a su sombra toda una teoría acerca de la importancia de estos procedimientos como esencia de los días que están por venir. En ese sentido la propaganda de los fabricantes de este tipo de ingenios ha llegado a cuajar con tanta fuerza que hay quien poco menos que ha llegado a identificar el futuro desarrollo de la Humanidad con el que pueda derivarse de la propia evolución en los diseños y capacidades de estas máquinas con entrañas de silicio. Un ejemplo de pasión con desmesura por lo que entraña la vanguardia de cuanto nos ofrece la moderna tecnología electrónica aplicada a la comunicación vendría a ser el reciente -aunque muy implantado- culto al denominado sistema "Internet", iglesia ya de ámbito y feligresía planetaria. No negaré, sería una estupidez, que como procedimiento de archivo, procesamiento y comunicación a distancia de datos, imágenes o noticias, el sistema "Internet" es de una utilidad manifiesta; es una herramienta que puede acortar alguno de los tramos por los que circula una idea, un conjunto de ellas o la simple o compleja transcripción de un informe. Se trata, qué duda cabe, de un instrumento de gran ayuda para los más diversos profesionales especializados en todo tipo de saberes. Dicho esto, hay que apresurarse a escribir que ni sirve para todo -es incapaz, por ejemplo, de pensar y, no digamos, crear o, simplemente, soñar- y tampoco es imprescindible para que la vida siga girando alrededor de las viejas y eternas preguntas que acompañan al ser humano desde el alba de sus días. Lo digo así para atajar cuanto antes, para salir al paso de cuanto en el entorno de "Internet" se perfila como moderna idolatría. Mi experiencia en la redacción de periódicos o emisoras de radio y televisión me dice que una vez instalados los equipos informáticos diseñados para cubrir todas las operaciones que reclama la puesta sobre el papel de una noticia o su traslado al oyente a través del micrófono o la cámara, al final, el teclado no resuelve nada por sí solo. La pantalla puede convertirse en un almacén de daros, incorporar un diccionario, dividirse para que las palabras aparezcan traducidas a una, dos, tres, o, en el futuro, todas las lenguas conocidas -vivas o muertas-; lo que se quiera y más. Casi todo menos alumbrar una sola idea propia; un simple pensamiento capaz de delatar el ser. Por eso, confío en que siempre será necesario, imprescindible, el respirar irremplazable del ser humano. Progreso sí, cuanto más mejor, pero a la medida del hombre; siempre a escala suya, para que siga siendo la medida de todas las cosas como querían los clásicos. Sería imperdonable que por imprudencia o falta de escrúpulos, los medios puedan acabar primando sobre los fines. De ser así, habría que concluir que entre las posibles definiciones de "Internet", una podría rimar con estupidez.
30 oct 2015
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Colaboradores: EN MI OPINIÓN. Éranse una vez las telecos y un país
EN MI OPINIÓN. Éranse una vez las telecos y un país Por José Manuel Burgueño Como en las películas americanas de los años cincuenta, los periodistas que cubrían la rueda de prensa que desvelaría el nombre del adjudicatario de la segunda licencia de telefonía móvil, se levantaron en busca del teléfono más cercano tan pronto se dio a conocer el nuevo operador para avisar rápidamente a la redacción de que parasen las máquinas. Eran alrededor de las seis y media de la tarde del primer aniversario de la intervención de uno de los mayores bancos del país, un día de los Inocentes también. Lo avanzado de la hora -en términos de la elaboración de un diario- habría justificado la inusitada escena, totalmente anacrónica, pero habría algo más. En varias redacciones ya estaba todo preparado para salir con el nombre de Cometa-SRM, la oferta encabezada por BBV-Vodafone. Se daba por hecho dadas las buenas relaciones que existían entonces entre este banco y el Gobierno de González, a lo que se añadía una posible compensación después del desaire que habían sufrido en la adjudicación de Banesto. Pero no fue Cometa-SRM, sino Airtel-Reditel-Sistelcom, el otro consorcio liderado por los bancos Santander y Central Hispano y el operador norteamericano AirTouch el que, para sorpresa general, se llevó la licencia. El Santander, que había tomado el liderazgo del sector financiero al incorporar Banesto a su estructura, se hacía así con las riendas del servicio estrella de las telecomunicaciones en España. El ministro responsable de las telecomunicaciones, a la sazón José Borrell, conocía bien la trascendencia de la decisión que reposaba totalmente sobre sus espaldas. Pero es muy posible que ni siquiera él hubiese calibrado en su globalidad las consecuencias que iban a derivarse de este histórico momento. El primer concurso de liberalización de cierto interés, el del radiobúsqueda, se resolvió fácilmente (tres licencias para tres ofertas) -eso sí, después de una primera convocatoria declarada sorprendentemente desierta-, sin la presencia del Santander. En el segundo gran concurso ya no cabía una decisión salomónica. La adjudicación de la segunda licencia de GSM a Airtel fue probablemente el punto en el que se abrió la brecha definitiva en el sector financiero y en general económico en España con la creación de dos grandes polos enfrentados. En un ejercicio de empresa-ficción habría preguntarse qué habría pasado si la segunda licencia de telefonía móvil digital hubiera recaído -como en aquel momento parecía lógico- sobre Cometa SRM. En primer lugar, y lo más evidente, es que el operador que estaría haciendo ahora la competencia a Telefónica Móviles se llamaría Cometa. Su socio tecnológico sería también de habla inglesa, pero de procedencia británica en lugar de estadounidense: Vodafone, acompañado de los alemanes de DeTeMobil y los suecos de Convick. Sólo coincidiría de los actuales socios el grupo Endesa, que, tan hábilmente como extraño fue que se le permitiese, había puesto el pie en las dos ofertas, en una directamente y en la otra a través de Fecsa. Entonces, BBV y la Caixa, acomodados en el operador de móvil, seguro que no habrían planteado la formación del núcleo duro de Telefónica, que quizá se hubiese formado con las entidades financieras de la oferta -en nuestro relato- perdedora, Airtel. Así, Santander y Central Hispano probablemente ocuparían en estos momentos los puestos del banco vasco y la caja catalana en Telefónica, con la incógnita que este planteamiento abre respecto a la relación entablada con anterioridad entre el Santander y BT, que ya provocó un terremoto en el consejo de la operadora española. ¿Habrían roto en ese caso Santander y BT? Es posible. Continuamos. ¿Qué Cableuropa se habría creado? ¿Estarían BBV y la Caixa, como ahora están Santander y BCH? ¿Estaría Iberdrola -que, también con seguridad, no habría planteado alianza alguna con Telefónica- en lugar de Unión Fenosa? Endesa estaría, como lo está en la actualidad. Seguramente se habría complicado la creación de Cablevisión con Canal Plus (grupo en el que participa el BBV, que estaría en la operadora móvil rival) y facilitado una alianza de Telefónica con Antena 3 Televisión, en cuyo capital están presentes Santander, Central Hispano y Endesa). Las alteraciones en el mapa económico y empresarial español no terminarían aquí. La creación de los dos polos (duopolio lo empiezan a llamar) bancarios se ha afianzado en el sector energético, en el que BBV y la Caixa se han reforzado en Repsol mientras el Santander y el Central Hispano lo han hecho en Endesa, y ésta ha entrado junto con Unión Fenosa y el BCH en Cepsa. El entramado se completa con la consolidación del banco que preside José María Amusátegui y la eléctrica pública que encabeza Feliciano Fuster en Unión Fenosa, y la entrada del Santander en Sevillana, compañía asociada al grupo Endesa. De haber sido Cometa el adjudicatario, ¿se habría hecho fuerte el BBV -ya presente tradicionalmente en Repsol- también en Endesa? ¿Habría entrado la Caixa en el grupo eléctrico público? ¿Y el Santander? Muy probablemente habría "limitado" su capacidad inversora en Telefónica para coger el timón en la operadora. De bisagra continuaría ejerciendo muy probablemente la Corporación Argentaria -presente en Telefónica y también en Endesa-, que ha asumido por ahora un papel indefinido y de muy difícil equilibrio. El mundo al revés. Por lo menos buena parte de la economía del país. Operaciones que han movido en conjunto cientos de millones habrían creado un entramado empresarial y financiero, en definitiva un mapa económico, bien distinto al que tenemos en la actualidad. Puede que la varita mágica no estuviese únicamente en la mano de Borrell, aquel 28 de diciembre de 1983. Hablando de lo que pudiera haber sido, siempre es posible introducir elementos intermedios completamente inesperados. Pero sería injusto restarle un gramo de trascendencia a una decisión polémica que, probablemente, con otros criterios singularmente técnicos, económicos y sociales -diferentes estudios de mercado, distintos perfiles de usuario, etc.- también podría haber sido la contraria.
30 oct 2015
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Colaboradores: EN MI OPINIÓN. La exigencia de la tecnología
EN MI OPINIÓN. La exigencia de la tecnología Por Arcadi Espada Comprendo perfectamente que la tecnología no goce de buena fama entre los escritores. Ellos argumentan todo tipo de rutinas estéticas para justificar su desconfianza. Algunas son muy conmovedoras todavía escucho la descripción del vahído en que pareció caer recientemente un escritor de fama cuando con el ordenador estropeado acudió al cajón, sacó pluma y papel y aquel roce -el roce de la escritura manual- casi lo mata. Otros se desentienden del fenómeno tecnológico con el pretexto de que la velocidad de su pensamiento casa exactamente con la velocidad de su mano garabateando. Otros arguyen ritos, recuerdos, la inexorable herencia de la sangre azul y un montón de simplezas más. El objetivo es siempre el mismo: espolvorear con arcano y leyenda el proceso de creación de la escritura, oficio de una durísima sencillez, y escurrir el bulto cuanto más mejor. Porque contra lo que pueda parecer a primera vista la tecnología no ha venido a mejorar la calidad de vida de los escritores, ni siquiera a facilitar su tarea. Creo que por el contrario la tecnología ha endurecido ese oficio. Lo ha hecho mucho más exigente. Cohibido por el espacio, apenas puedo dar un ejemplo. Pero creo que bastará evocar la rapidez en los movimientos de texto que permite un ordenador, su capacidad para apurar sin trauma la corrección hasta el infinito, la implacable facilidad que despliega para localizar imperfecciones léxicas, sintácticas y estilísticas. Todo eso obliga a una claridad, exactitud y belleza muy superiores a lo que era convencional en la época de las tablillas de arcilla. Y hablo del procesador de textos, al fin y al cabo pura chatarra tecnológica: el camino de perfección se hace mucho más exigente observando lo que se avecina. Por lo tanto, si algunos escritores insisten en el miriñaque no es coquetería o excentricidad. Rechazando, con un énfasis que ronda la hechicería, el beneficio de la tecnología aplicada a la escritura no defienden nada más que su perfecto derecho a jugar en la segunda división. Y recuerdan, en su divina inanidad, el caso de todos aquellos que sentados frente a la última y más sofisticada maravilla tecnológica comprueban con sorprendido desaliento cómo, a pesar del gasto, la máquina sigue muda, en espera del input fundamental del talento.
30 oct 2015
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Colaboradores: EN MI OPINIÓN.¿Todavía un largo camino?
EN MI OPINIÓN.¿Todavía un largo camino? Por José F. Beaumont El paraíso prometido desde hace al menos diez años para tener acceso a los nuevos servicios todavía no ha llegado. ¿Dónde están aquellos logros tecnológicos como la banda ancha que desde el punto de vista de las telecomunicaciones auguraban un nuevo mundo de comunicación total? Se podrá tener acceso a señales de voz, datos e imágenes instantáneas, además de alta definición, desde cualquier lugar del mundo..., se nos decía. La tecnología ha venido y sólo los especialistas saben cómo ha sido. La realidad, es, por lo tanto, diferente a la anunciada. Los analistas de estadísticas y prospecciones dicen ahora que habrá que esperar entre cinco y quince años para que los nuevos servicios multimedia logren penetrar en los hogares. Todo está en el aire. Todo es futuro a pesar de que el desarrollo tecnológico se encarga de demostrarnos que los aparatos se convierten en objetos de arqueología de un día para otro. Vivimos la etapa del culto a las nuevas tecnologías de la comunicación que son la resultante de los vectores de telecomunicaciones, informática y vídeo. Vivimos también la etapa de las empresas -grandes alianzas para el desarrollo multimedia- que comienzan a dedicar enormes inversiones para el asentamiento de las redes y las primeras pruebas de servicios. Vivimos también la fiebre de Internet, la locura del ciberespacio. Pero no es tanto el oro como aparentemente reluce en los medios. Los profesionales técnicos del sector de las telecomunicaciones están de moda y probablemente tienen mucho que decir en esta etapa inestable de construcción de un nuevo sistema de comuniaciones. Pero han de tener cuidado para no creerse que son los únicos protagonistas de la historia. También hemos de ser críticos con lo que decimos quienes nos dedicamos a informar sobre estas cosas en los medios. Muchas veces damos por hechas cosas que están por venir apoyándonos en que ya las hemos visto en el laboratorio o en una importante exposición mundial. La hora de la verdad -la hora del consumidor- todavía no ha llegado, pero se acerca. Por eso, a todos los que se desenvuelven de una u otra forma en esta actividad de las telecomunicaciones, les conviene estar alerta. El problema es saber en qué consiste exactamente "estar alerta".
30 oct 2015
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Colaboradores: EN MI OPINIÓN. Están locos
EN MI OPINIÓN. Están locos Por Juan José Millás En el avión, a mi lado, iba un sujeto joven con traje azul, corbata amarilla, mandíbula cuadrada y un teléfono móvil a través del que daba órdenes compulsivamente. Eran las ocho de la mañana, y antes de que el aparato despegara había sacado de la cama a medio Madrid. No contento con eso, una vez que alcanzamos la altura de crucero comenzó a despertar a Barcelona, a donde nos dirigíamos. Cuando la azafata nos ofreció un café, yo ya estaba hecho polvo, a pesar de haber tomado un Pharmaton Complex antes de desplazarme al aeropuerto. Él, sin embargo, continuaba despertando gente con un entusiasmo aterrador. A las ocho y media telefoneó a su casa y preguntó si su hijo seguía con fiebre. Debieron de decirle que sí porque ordenó que le pusieran al pequeño un supositorio, y a él, un fax (no aclaró si por el mismo sitio) con las instrucciones del médico. Después de esta llamada se quedó mustio y dejó de telefonear. De todos modos, permaneció con el aparato en la mano derecha, cerca de las ingles, manoseándolo con el gesto distraído con el que los bebés se tocan el sexo recién descubierto. En esto, se dio cuenta de que le miraba y se puso rojo, como si le hubiera sorprendido haciendo algo feo. Cuando llegamos a Barcelona y se vio en los pasillos del terminal, volvió a excitarse con la visión de las instalaciones aeroportuarias y recuperó la rigidez vertebral anterior. Antes de alcanzar la salida había realizado tres llamadas amenazadoras comunicando que se dirigía a la reunión. Yo no llegue a pisar la calle: tome el primer avión de vuelta y regresé al lado de un ejecutivo catalán que se disponía a conquistar Madrid con un móvil oscuro colocado entre las ingles, a modo de sexo inalámbrico. Cuando llegué a casa me metí en la cama con una novela, y hasta hoy. Están todos locos
30 oct 2015