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EL MOMENTO ACTUAL DE LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN: Gestión de la tecnología: una asignatura pendiente
Gestión de la tecnología: una asignatura pendiente Fernando Sáez Vacas Catedrático del Departamento de Ingeniería de Sistemas Telemáticos (E.T.S.I.T.M.) El teléfono y el ordenador, o la fuerza de la tecnología Tenemos que reflexionar sobre los ritmos de implantación de nuestras tecnologías y sobre nuestro papel de ingenieros y extraer algunas conclusiones. Veamos, por ejemplo, el binomio teléfono-ordenador. El teléfono se inventó oficialmente hace ahora justamente 120 años, mientras que el ordenador personal nació hace sólo veinte. No trato de compararlos, sino de evocarlos ahora como artefactos de la tecnología hogareña, de la vida de todos los días. Lo sorprendente es que a pesar de que el ordenador personal es muchísimo más complejo que el teléfono, su ritmo de penetración también es mayor, de 2.5 a 3 veces más rápido en algunos países desarrollados. Las cosas que se pueden hacer con un ordenador personal y un teléfono funcionando juntos escapan a lo que cualquiera de nosotros puede ser capaz de aprender en toda su vida. De todas maneras, este ejemplo es sólo una metáfora del poder de la tecnología y de su velocidad de cambio, que alcanza cotas casi inimaginables en el cruce sinérgico de las telecomunicaciones y la informática, lo que hoy conocemos como tecnologías de la información y de la comunicación. Nos interesa recapacitar un poco en la siguiente cuestión esencial: el poder de la tecnología reside sobre todo en que crea un espacio virtual nuevo, consistente en una multiplicidad desbordante de aplicaciones posibles y de oportunidades, no en la velocidad de sus dispositivos electrónicos o en su ancho de banda. El poder de la tecnología reside en que cambia (puede cambiar) el mundo, la red de actividades sociales, nuestras vidas. Desde este perspectiva, resulta especialmente perturbadora la que se ha llamado "paradoja de la productividad de la tecnología de la información", que todos nuestros ingenieros deberían conocer. La pregunta que se hacen en los EEUU es, cómo es que habiéndose incrementado desde 1970 en dos órdenes de magnitud la potencia de esta tecnología implantada en su economía, su productividad se ha estancado (cuando no disminuido), especialmente en el sector de servicios. Tal vez podríamos plantearnos nosotros esta misma pregunta. Aprender a aplicar la tecnología Ya se ve que hay un excedente de poder tecnológico y un déficit de saber cómo aplicarlo a las estructuras económicas y sociales. Nadie podrá decir que este déficit es imputable sólamente a los ingenieros, ahí están los economistas, los empresarios, los médicos, los funcionarios, los fabricantes, los directivos de las empresas, para preocuparse de incorporar la tecnología a sus asuntos y negocios, si quieren estar actualizados y ser eficaces. Hay quien piensa incluso que el ingeniero no debe implicarse en decisiones que no sean intrínsecamente tecnológicas. Es un debate apasionante, pero improductivo. Hoy, la tecnología nos toca a todos, aunque no seamos ingenieros o técnicos, por lo tanto hay que revisar el papel, y naturalmente la formación, de todos los profesionales. Al hablar de formación es inevitable hablar de la formación de los ingenieros de telecomunicación, que es la tarea fundamental del que suscribe, en la Escuela de Madrid. Escribo a título estrictamente personal. Mi opinión es que el ingeniero que formamos es como un pingüino, hábil y competente en el agua (la tecnología), pero patoso en tierra (aplicación de la tecnología a las estructuras económicas y sociales). Otra metáfora, sin duda. Hasta ahora, es un enfoque que ha dado buenos resultados. Nuestros ingenieros han ocupado satisfactoriamente los puestos más técnicos y siguen razonablemente bien los endiablados progresos de la tecnología. Sin embargo, los fenómenos detectados, seguramente duraderos, de impacto social de la tecnología, sobreabundancia tecnológica e ineficacia aplicativa, nos hacen preguntarnos si no hay ahí un gran territorio profesional para el que los estamos preparando escasamente. Repaso mentalmente algunas de las asignaturas de nuestros planes de estudio y me ratifico en la idea de que practicamos un modelo de máxima focalización en potenciar el conocimiento detallado de la tecnología y de mínimo despliegue tanto de la problemática de aplicación como de su metodología. Por lo demás, ésta no es una tendencia exclusiva, ocurre en las mejores universidades del mundo, que tienen dificultades para adaptarse a los cambios y a las necesidades sociales. Numerosas observaciones y estudios internacionales lo corroboran, aunque no es éste el lugar para lucirse apelando a referencias bibliográficas. Es de perogrullo que se necesita mayor cantidad de técnicos altamente cualificados para integrar la tecnología en aplicaciones útiles e innovadoras que para crearla, pero la universidad no responde en esa sintonía. En España, y por lo que concierne a los ingenieros de telecomunicación, los estudios sociológicos de nuestro Colegio muestran que sus puestos de trabajo se extienden y diversifican históricamente desde una fase inicial centrada en las grandes empresas de los sectores típicamente tecnológicos hacia todo el tejido económico. Esta realidad social debería contribuir, junto con los argumentos anteriores, a hacernos meditar sobre la conveniencia de introducir -sin renunciar a nuestras fortalezas- algunos reajustes en nuestro modelo educativo actual. La tecnología, como recurso Particularmente, creo que con los planes de estudio actuales tales reajustes son viables, sobre todo ahora que tenemos una oferta mayor de materias y más grados de libertad de elección por parte de los estudiantes, aunque no se me oculta que en muchos casos tales reajustes implicarían cierta remodelación de los contenidos de algunas asignaturas. Decir que la tecnología es un medio y no un fin nos parece a todos un tópico, pero otra cosa muy diferente es estar mentalizado y entrenado para comprender y vivir la tecnología de esta manera, para diseñarla e integrarla en una realidad mayor, que es la organización tecnosocial llamada empresa. Sin duda, esto se aprende con la experiencia, ¡pero a qué coste! Por desgracia para nuestra economía, muchas empresas están técnica y culturalmente muy atrasadas en lo que se refiere a los actuales paradigmas de acción relacionados con la tecnología de la información. La tecnología es potencialmente un recurso de primera magnitud en la empresa moderna, pero sus directivos por lo general no son capaces de extraer de ella las claves correspondientes y el ingeniero está enseñado sólo para manejarla en forma descontextualizada. Hay un conjunto creciente de roles en las empresas relacionados con estas tecnologías que tendríamos que abordar en la enseñanza, por lo menos en cuanto a sus bases conceptuales: interlocucionar entre la alta dirección y los técnicos; definir estrategias corporativas y determinar productos y servicios basados en la tecnología; coordinar proyectos complejos; diseñar sistemas de información; establecer prácticas de selección y evaluación de tecnologías; asesorar a la dirección en materia tecnológica, etc. Se trataría fundamentalmente de abrir las expectativas y los procesos mentales de nuestros estudiantes al espacio de acción profesional que representan estos roles. El nuevo plan de estudios de la Escuela de Teleco-Madrid introduce como novedad un paso en la dirección de enseñar tales bases. Me refiero a lo que llamamos una intensificación de Gestión de la Tecnología, de 30 créditos (300 horas). Si no me equivoco, ésta es la primera vez en España que una materia así se programa dentro de unos estudios regulares de grado. Estoy convencido de que, junto con los reajustes antes señalados, esta intensificación constituye una aportación concreta en el camino que se está sugiriendo en este artículo. Lo cierto, sin embargo, es que tal intensificación vive todavía en un estado de papel. Su vida real empieza teóricamente en el curso 1998-99. Ahora hay que definirla en el detalle específico de sus asignaturas y dotarla de los recursos necesarios. El esfuerzo de implantación del nuevo plan de estudios absorbe muchos recursos, lo que algunos compañeros ven como un obstáculo serio a la implantación inmediata de estas materias de Gestión de la Tecnología. Otros la conciben como una Gestión de las Telecomunicaciones, que, dada la tendencia a una convergencia imparable de las tecnologías de la información y a su aplicación integrada, se me antoja una visión restringida. En cualquier caso, lo que tendríamos que debatir a fondo es su conveniencia y su oportunidad. Sería interesante saber qué piensan al respecto nuestros compañeros que están ahí fuera, en las empresas, en el ejercicio de esta profesión.
30 oct 2015
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EL MOMENTO ACTUAL DE LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN: Telecomunicaciones: un negocio con nuevas formas de actuar
Telecomunicaciones: un negocio con nuevas formas de actuar Ignacio Santillana Director General comercial de Telefónica Internacional EL SECTOR MUNDIAL de las telecomunicaciones se caracteriza en los últimos años por su dinamismo y los continuos cambios en sus componentes principales, mercados, productos, servicios e intervinientes. Sin duda, es uno de los sectores que está jugando un papel clave en el desarrollo económico y es pieza fundamental para la modernidad de las sociedades. Una sociedad sin un sector de telecomunicaciones avanzado no es moderna ni dispone de la infraestructura idónea para crecer apropiadamente. La mejor caracterización es considerarlo como un sector en cambio progresivo producido por los avances tecnológicos, la desregulación y liberalización de los mercados y la apuesta por la gestión privada. Los avances tecnológicos están produciendo alteraciones en los servicios que se prestan, en la forma de ofrecerlos y en la composición de los propios oferentes. Estas modificaciones tecnológicas están conduciendo a una clara convergencia de ramas de actividad que antes mantenían desarrollo segmentados y no siempre eran parte del núcleo central. El sector tiende a la convergencia de las telecomunicaciones, la informática, la información y el entretenimiento, en base a medios considerados tradicionales para las comunicaciones y ofreciendo conjuntos completos de servicios Las demandas en función del cliente, los cambios regulatorios y la estructuración del mercado están promoviendo formas de actuación más flexibles, dirigidas a la lucha por el mercado y sus diferentes segmentos, la eficiencia y el liderazgo competitivo en un marcos globalizado. En la prestación de los servicios se actúa en el mercado con una oferta múltiple, global e interdependiente a través de una gestión integrada de los distintos servicios bajo el principio de lucha por el cliente en un esquema de alta sensibilidd por los resultados económicos. Es decir, es un negocio nuevo con componentes básicos y modernos, en donde la demanda es múltiple y también lo debe ser la oferta. La caracterización de nueva forma de hacer el negocio viene determinada por la ruptura del marco tradicional de actuación. Se pasa de lo local a lo global, del monopolio doméstico a la competencia (nacional e internacional), de la regulación a la creciente desregulación y mayor liberalización. En paralelo, el sector, que venía preocupándose de forma especial por lo básico, lo técnico (la red), las tarifas y la universalidad del servicio se decanta a dar atención prioritaria a los servicos en plural, a la magnitud y generación de tráfico y a la conquista y fidelización del cliente. La mayor atención a éste último, "el nuevo rey", es un cambio sustancial que marca la línea divisoria entre lo moderno y lo tradicional. Este cambio en el enfoque del negocio, ha impactado en las estrategias fundamentales de las empresas prestadoras de servicios de telecomunicaciónes. Se observa una tendencia a la prestación más amplia de servicios -telecomunicaciones, información, entretenimiento, informática, etc.- en un ámbito de coaliciones (alianzas, acuerdos temporales, etc.), de empresas de distintas ramas de actividad y con miras a mercados de mayor tamaño nacionales y/o internacionales. A este reto están respondiendo las empresas del sector (telefónicas, informáticas, de información y entretenimiento) alterando el modelo de producción y de prestación de los servicios, definiendo un servicio global "multimedia", ofreciéndolo al cliente de forma segmentada, según su capacidad de uso, y sensibilizados de forma especial por la rentabilidad y la generación de valor para el propietario o accionista. Este último es también el rey al que mira el gestor. Para ser exitoso en este nuevo escenario, el conductor del nuevo negocio debe pensar en las fortalezas y debilidades de las empresas. Entre las fortalezas, merecen destacarse las buenas perspectivas de crecimiento del sector, diferenciándolo por líneas de negocio (mejor en lo internacional, móvil, entretenimiento y sistemas de información). Entre las debilidades, hay que resaltar la dificultad de ofrecer individualmente los diferentes servicios que se están demandando, la dificultad de ofrecer todos los servicios y la exigencia de un tamaño apropiado para ofrecerlos eficazmente. En consecuencia, priorizar los servicios en función de los clientes, aunar esfuerzos entre empresas complementarias para el srvicio global, mirar más allá de lo básico y lo nacional y ver los efectos combinados de estos parámetros en los resultados económicos y en el valor de la acción son elementos cruciales en la búsqueda de un espacio y éxito en el mercado del multimedia. Todo ello tiene incertidumbres técnicas, de negocio, de mercado... El impulso de la oferta por un lado y el gusto del consumidor por otro, pueden forzar un cierto desorden. Se precisa una nueva forma de hacer el negocio bajo una actitud gerencial distinta, en donde el conocimiento del cliente, el arriesgar y predecir el futuro son piezas claves. Aparece para el gestor el dilema financiero clásico entre invertir para el corto o para el largo plazo. Aquellos gestores en el sector, que preparen las empresas e inviertan para el fuiuro sufrirán en sus ganancias a corto plazo. Estas pérdidas relativas de ganancias a corto plazo hay que compararlas con la probabilidad, cargado por definición de incertidumbre, de obtener ganancias compensatorias a largo plazo. El mercado financiero penaliza el pensamiento a largo plazo, pero el mundo de las telecomunicaciones es sin duda de largo alcance. El futuro negocio de las telecomunicaciones es para aquellos que lo ven hoy. Aquí está el reto para el gestor: mantener solvente lo de hoy, viendo lo del mañana. Este mañana es distinto. Requiere más y mejores servicios, nuevo ámbito de actuación y preocupación por el gran desconocido ("el cliente del futuro") en un entorno con mayor sensibilidad económica del usuario y del propietario.
30 oct 2015
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EL MOMENTO ACTUAL DE LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN: La numeración de los servicios de telecomunicaciones para la etapa de liberación
La numeración de los servicios de telecomunicaciones para la etapa de liberación Valentín Sanz Caja Director General de Telecomunicaciones LA GRADUAL introducción de la tecnología digital en las redes de Telecomunicaciones, está conduciendo a la aparición de un número creciente de nuevos servicios que se ofrecen al público y que exigen una identificación de los abonados que se suscriben. Ya ahora, el número de abonos ha crecido significativamente en el entorno del servicio telefónico ya existente. Es frecuente la demanda de segundas o terceras líneas solicitadas por muchos usuarios, ciudadanos y empresas, que las utilizan para conectar distintos terminales (fax, modem, ordenador, etc.). Crece el número de abonados a los sistemas de radiomensajería, a la telefonía móvil automática, a las redes de cable, etc. Cada vez es mayor la oferta de servicios globales identificados por códigos cortos, ofrecidos a la sociedad de manera gratuita o mediante pago. La atención a todas estas necesidades se está haciendo cada vez más compleja, e irá en aumento conforme vaya siendo más sensible la competencia en los mercados de las Telecomunicaciones. Para que ésta sea más efectiva, es preciso disponer de sistemas de numeración adecuados, asignados a cada operador y a los distintos servicios sobre una base objetiva, transparente y no discriminatoria. Así y, aunque la mayoría de los ciudadanos no se hayan detenido a pensarlo nunca, los números telefónicos se están convirtiendo en un recurso importante y escaso, como las frecuencias o los derechos de paso, que si bien no sufren desgaste por su utilización, deben ser administrados de manera racional por las fuertes repercusiones que ello conlleva. El futuro de la numeración telefónica en España En España, los acontecimientos se han venido desarrollando de forma similar, y han transcurrido ya muchos años de utilización del Plan de Numeración actualmente vigente. Por eso ahora, a la vista de los proyectos en curso y las perspectivas previstas de cara a la próxima liberalización plena, hay que acometer su ampliación dado el crecimiento en cantidad de líneas, nuevos servicios, así como la transformación del mercado con la aparición de la competencia. La numeración se está convirtiendo en un factor clave en el desarrollo de la competencia, con unos planteamientos que, a veces desbordan los límites estrictos de las Telecomunicaciones, por afectar a operadores en competencia y a usuarios de distintos servicios. Debido a este proceso de crecimiento, los esquemas nacionales de numeración adoptados en su día, con el paso del tiempo se van quedando inservibles, y necesitan ser reformados para hacer frente a las nuevas necesidades surgidas del crecimiento y de los cambios del mercado. Es una situación normal, por lo general. Algo de todo esto ha sucedido también en España. En la situación actual de las Telecomunicaciones en nuestro país, ha habido necesidad de tener en cuenta, entre otros, los siguientes condicionantes previos, a la hora de analizar las posibles ampliaciones de la capacidad actual de numeración mediante en un nuevo Plan Nacional: - Reducción del impacto en la sociedad, en los usuarios, debido a que el número telefónico constituye un elemento de identificación esencial tanto para las personas como para las empresas y entidades, y su modificación implica costes, pérdida de oportunidades comerciales y molestias. Por ello la modificación no se ha limitado simplemente al sistema de marcación. Todo ello sin olvidar la repercusión económica para los operadores, que son los que tienen que modificar, entre otras cosas, las centrales de conmutación para que la red de telecomunicaciones acepte los nuevos números. - Aportación de capacidad de numeración suficiente en un horizonte temporal de largo plazo. Aquí aparece el compromiso entre minimizar la longitud de los números y maximizar el tiempo de vigencia del Nuevo Plan de Numeración. - Flexibilizar los tipos de números posibles, de forma que se permita acomodar la numeración a nuevos servicios, números cortos, entrada de nuevos operadores, etc. - Cumplir las normas comunitarias y de la UIT aplicables, lo cual obliga, por ejemplo, a modificar el acceso internacional a 00 y la llamada a servicios de emergencia a 112. - Definir las estrategias y técnicas de gestión de la numeración, para garantizar aspectos tales como el acceso igualitario, el control y la eficiencia en las asignaciones, etc. - Establecer soluciones para permitir la portabilidad de números entre operadores, con objeto de eliminar esta barrera al cambio de operador por parte del usuario. Procede insistir en que otros muchos países han modificado recientemente sus planes de numeración, lo están haciendo en la actualidad o lo van a acometer en el futuro cercano. No es una situación habitual ni deseable, pero sí a veces necesaria, y encajable dentro de la normalidad. En el Reino Unido han cambiado recientemente, manejando ya diez cifras. En Francia, dentro del mes de octubre de 1996 cambian también a diez cifras. En España se han establecido ya las líneas generales del Nuevo Plan Nacional de Numeración, actualmente en fase de desarrollo dentro de la DGTel, que se implantará a nivel nacional tras una primera fase en la provincia de Zaragoza, y se están definiendo los detalles de su contenido. Sus principales características son las siguientes: - Plan cerrado a nuevo dígitos, lo cual proporciona una capacidad teórica máxima de 1000 millones de números. Este espacio total se segmenta según servicios, permitiendo cierta asociación entre el número marcado y el costo esperado de la comunicación. Tal espacio de numeración se ha considerado suficiente para hacer frente a la situación previsible en el sector en los próximos años, con varios operadores de redes y servicios, de cable, de móviles, etc. - Minimización de los inconvenientes ocasionados a los usuarios por el cambio de números. Además, se permitirá la marcación paralela (vigencia simultánea de ambos Planes) durante la etapa inicial del nuevo Plan. - Conservación en el número, en la medida de lo posible, de la información geográfica, para facilitar a los usuarios las indicaciones correspondiente a la tarificación aplicable. - Selección por el usuario, y de forma sencilla, del operador de larga distancia a través del cual desea cursar la llamada. - Capacidad suficiente para acomodar servicios tales como telefonía básica, RDSI, telefonía móvil, telefonía personal, servicios de red inteligente, números cortos, etc., integrando en condiciones igualitarias los servicios proporcionados por los nuevos operadores. - Previsión de un sistema sencillo de ampliación en el futuro, reservando la capacidad adecuada para ello. Aunque no es específico del Plan de Numeración, serán adoptadas las previsiones oportunas para que los números puedan ser portables entre operadores. Esta característica, que está disponible en el Reino Unido desde hace poco tiempo (con severas limitaciones por el momento), implica un determinado grado de modernización en las redes de los diferentes operadores y, además, la creación y mantenimiento de una compleja base de datos para el intercambio de la información específica relacionada con la portabilidad. La concepción de este Plan de Numeración para largo plazo, pretende establecer condiciones análogas en los códigos a asignar a los distintos operadores, una vía de gran importancia para la promoción de la competencia. Por otra parte, puede tener lugar una posterior actuación de la Comisión responsable de los arbitrajes, en los casos de conflicto. El nuevo Plan, lógicamente estará armonizado con el del entorno europeo previsto en la Sociedad de la Información, incluidos por tanto los servicios on line multimedia, tipo Internet. En su diseño se ha procurado minimizar el coste total del cambio, ofreciendo en el futuro alternativas de elección a los afectados, y proporcionando un acceso fácil a los usuarios. Es en estos momentos obvio que el recurso limitado de la numeración telefónica, debe ser gestionado por una entidad independiente de los operadores. Tanto la Dirección General de Telecomunicaciones como la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones tienen cada una su papel a desempeñar en el proceso. La primera estableciendo las políticas, estudiando los aspectos técnicos y gestionando los recursos y la segunda, vigilando el cumplimiento y ejerciendo la función de arbitraje. Asimismo, la creación de foros de discusión de los aspectos de numeración, con la participación de las partes interesadas, es necesaria para la adecuada incorporación de todos los intereses al debate. En resumen, tal y como ocurre por ejemplo con las matrículas de los automóviles, no es impensable que cada cierto tiempo tengamos que asistir a cambios en la numeración telefónica. Puede pensarse que una causa importante es la relativa baja potencia que presenta conceptualmente un sistema de encaminamiento telefónico, basado en números, diseñado a principios de siglo. Es decir, alfabeto reducido, ausencia de caracteres de control, etc. Algo de esto hay, evidentemente, pero el gigantesco parque de centrales de conmutación que forman parte de la Red telefónica mundial entiende y maneja este concepto y establece una llamada en tiempos increíblemente reducidos. Conviene recordar también que hasta los conceptos de direccionamiento recientes, establecidos en los años setenta, como por ejemplo el de Internet, presentan también problemas para los usuarios, y será preciso modificarlos en el futuro. Es deber de la Administración que las repercusiones de todo el proceso sean mínimas, y las ventajas obtenidas, tanto por los usuarios como por el sector de las Telecomunicaciones sean máximas.
30 oct 2015
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EL MOMENTO ACTUAL DE LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN: Entender mejor a la empresa: nuestra asignatura pendiente
Entender mejor a la empresa: nuestra asignatura pendiente Juan Soto HACE MAS de diez años publiqué en la Revista Bit un artículo titulado "Las multinacionales, una necesidad y una oportunidad". Eran tiempos en los que, a pesar de los intensos esfuerzos del primer gobierno socialista, todavía se detectaba en nuestra profesión un profundo escepticismo a la inversión industrial de origen extranjero. Como consecuencia, quizás, del interesado españolismo con que nuestras mentes fueron alimentadas desde muy temprana edad, así como del recelo que la izquierda ideológica había sentido siempre hacia las grandes compañías, muchas personas de buena voluntad sentían una sincera preocupación por el hecho de que, en una empresa multinacional de origen extranjero, las últimas decisiones no se tomaban sobre nuestro suelo. El inconsciente nacionalismo que teñía su juicio se trasladaba a los más altos ejecutivos de las empresas y transnacionales, a los que se modelizaba tomando decisiones empresariales que, en caso de conflicto, siempre tendían a ser muestras de un patriotismo ejemplar. Mi experiencia personal me inclinaba a no participar de tal visión, al mismo tiempo que a asumir la imprescindibilidad de la inversión extranjera en cualquier proceso de desarrollo relevante de la industria electrónica en España. Participaba de la idea, tan brillantemente defendida por Reich en su libro "El trabajo de las naciones", de que una nación no es ni su capital, ni su tecnología; de que una nación es su gente y de que el valor añadido en la generación del producto industrial suele proporcionar mucha mayor riqueza que la posesión de los medios de producción. Sobre todo si el valor añadido se incorpora en tareas de definición y diseño de productos y procesos, de gestión de las relaciones, cada día más profundas y complejas con proveedores de la industria auxiliar y con distribuidores de los productos finales, o de dirección e ingeniería de operaciones fabriles basadas en los modernos conceptos de calidad total.La década de los ochenta finalizó en España con un tejido industrial electrónico que ya no se limitaba, como había siempre sido la norma, a la industria de las telecomunicaciones. La industria electrónica de consumo y defensa y la de fabricación de semiconductores y de hardware informático contaba con ejemplos varios y muy dignos de actividad local. Sumados a un sector industrial de telecomunicaciones, en plena expansión, después de un largo penoso ajuste, componían un escenario que permitía abrigar una cierta esperanza de que nuestro país podría llegara final de siglo con un sector industrial electrónico que no desentonase tan adversamente del nivel medio de desarrollo alcanzado por el resto de la industria española. La inesperada ay dramática crisis del sector informático de comienzos de los noventa, unida a una desafortunada gestión de la economía española en la legislatura 1989/93, dejaron su profunda huella en el sector de electrónica profesional. La mayoría de las operaciones de fabricación de equipos informáticos desaparecieron. El sector de la electrónica de defensa y el de las telecomunicaciones se mantuvieron pero, en la mayoría de los casos, sólo después de masivos ajustes de su capacidad y de su empleo. Los costes de esos cierres o de esos ajustes son de tal proporción en relación a lo ocurrido en otros países de nuestro entorno que no han podido pasar inadvertidos en los cuarteles generales de las empresas multinacionales que necesitan iniciar o ampliar su presencia industrial en Europa. Por otra parte, los problemas heredados de la legislatura 89-93 son tan graves que los gobiernos que se han sucedido desde entonces dedican casi toda su atención a resolver aquellos que imposibilitarían la incorporación de España a la Unión Monetaria en 1999. La importancia de ese objetivo hace aparecer como irrelevantes otros que en tiempos de menor anormalidad captarían la atención de la sociedad. De cara al Tratado de Maastricht, el país ha suspendido por curso. Sin embargo, está decidido a quedarse estudiando toda la noche del 97 e intentar aprobar el examen de primavera del 98. Esa angustia por recuperar el tiempo perdido, antes de que la historia nos pase factura de nuevo, es muy evidente desde fuera de nuestras fronteras. Podremos provocar respeto pero, no atracción. Respecto a otras alternativas, en estos momentos no parece que seamos necesarios ni que constituyamos una oportunidad para nadie que, en el sector electrónico, esté eligiendo una plataforma europea para instalar una nueva actividad industrial. En contraste con nuestro decreciente atractivo, el Reino Unido e Irlanda, han sabido y podido captar la práctica totalidad de las nuevas inversiones electrónicas procedentes de los EE.UU. y del Pacífico Asiático en los últimos veinticuatro meses. Debido al carácter verdaderamente global de la industria electrónica, a la necesidad de que cualquier planta de fabricación electrónica sea mayoritariamente exportadora, y al alto valor con relación a su peso de los componentes y equipos electrónicos, cualquier nueva inversión electrónica destinada a Europa puede elegir con casi total libertad su localización final. Esta libertad de elección es tan excepcional, comparada con la disponible en muchos otros sectores industriales, que se puede concluir que la distribución de los destinos finales de esas inversiones son un claro reflejo de la atracción relativa del ecosistema empresarial de cada país comunitario. Nuestro país debería sentirse profundamente insatisfecho por los resultados conseguidos estos últimos años. Esta falta de atractivo español es, en cierto modo, el precio que muchos ingenieros de telecomunicación de este país están pagando por formar parte de una sociedad rígida y temerosa. Una rigidez excesiva nos pasa su factura reduciendo significativamente las oportunidades de realización de nuestros profesionales en potenciales instalaciones como las de Hewlett-Packard en San Cugat o las de Lucent en Tres Cantos. Nuestros profesionales están bien preparados para competir, pero su circunstancia nacional no les es favorable en estos momentos. En términos generales, nuestra sociedad sobrevalora todavía el objetivo de seguridad y rehúye el ejercicio de la libre iniciativa, por temor al riesgo que le es inherente. Esta actitud es una lógica consecuencia de un largo pasado en el que las naturales dificultades para la supervivencia en amplias zonas de la península, por un lado, y el carácter controlador y represivo de las clases dirigentes de nuestra sociedad, por otro, convertían en una experiencia prácticamente suicida la toma de cualquier iniciativa. Sin embargo, en las actuales circunstancias, supone un gran error aceptar que nuestra memoria histórica siga hipotecando nuestra imaginación. El gran avance conseguido en el nivel medio de educación de las jóvenes generaciones españolas y la evidente europeización de nuestra visión de vida permiten dar un paso importante en la liberalización del entorno en el que se desarrolla la actividad de la empresa en España. La salud del ecosistema empresarial condiciona de tal forma el nivel de bienestar de una sociedad que resulta sorprendente que sean los empresarios los únicos que públicamente promocionan y defienden a la empresa. Los profesionales, en particular, vemos limitadas nuestras posibilidades de realización y desarrollo por la calidad y cantidad de empresas entre las que podamos optar para trabajar. Sería pues esperado que fuéramos los profesionales quienes apoyásemos toda iniciativa que facilite el nacimiento, desarrollo y multiplicación de la especie-empresa en nuestro territorio, y, muy en particular, la "competitividad legislativa" frente a nuestros colegas comunitarios en todas las variables que impulsen la fortaleza de nuestras empresas. La empresa no se encuentra todavía a gusto en España. Durante mucho tiempo ha visto su nombre usado para dignificar meros negocios, se ha sentido sobreprotegida y por ello infradesarrollada, ha sido con frecuencia presa fácil de algunos malos empresarios que la han expoliado o utilizado para defraudar sus obligaciones fiscales, y de trabajadores desesperados que le exigen que siempre acierte, que garantice a todo trance sus puestos de trabajo, e inevitablemente la convierten en el chivo expiatorio de sus aspiraciones a una imposible seguridad. En los países de la Comunidad Europea, los procesos de solidaridad se producen principalmente a nivel de nación-estado. Es la ciudadanía soberana la que elige por mayoría el nivel de distribución solidaria que desea y, por ello, deben ser los ciudadanos, accionistas, trabajadores y consumidores, los responsables de su financiación. La empresa no vota, sino que es objeto permanente de voto por parte de los demandantes en el mercado global, expuesta a un continuo proceso de selección darwinista. No es prudente ni conveniente utilizarla abusivamente para la satisfacción de las justas aspiraciones de cohesión social de los ciudadanos. Es perfectamente compatible la competitividad empresarial y la solidaridad social pero delimitando con claridad los campos de juego. La sociedad debe tratar a la empresa como un instrumento privilegiado, origen de su nivel de bienestar. Sobre todo a las empresas industriales que no necesitan la proximidad geográfica a sus mercados finales. Los conflictos provocados por el atractivo fiscal recientemente introducido por algunos gobiernos autonómicos, históricamente muy sensibles a la criticidad del papel que la empresa juega en el desarrollo de la sociedad, deben ser reconducidos desde una visión voluntariamente compartida de que ése es uno de los caminos a seguir recorriendo para hacer más competitivamente atractivo nuestro ecosistema empresarial. Igualmente, profundizar en la clarificación de la responsabilidad de la empresa con relación a la estabilidad de su empleo permitiría reducir sus incertidumbres al campo de juego del mercado global en plena competencia, ya de por sí repleto de riesgos y desafíos. Como el hombre, al empresa es ella y sus circunstancias. Optimizar sus circunstancias para aumentar su fertilidad y su longevidad sólo beneficia a la sociedad. Salud social y empresarial son casi la misma cosa.
30 oct 2015
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EL MOMENTO ACTUAL DE LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN: La importancia de las nuevas T.I.
La importancia de las nuevas T.I. Antoni Subirá i Claus Consejero de Industria de la Generalitat EN LAS PUERTAS del siglo XXI, ya nadie se atreve a discutir que estamos entrando en una nueva era marcada por los avances tecnológicos en el campo de la electrónica y las telecomunicaciones. En lo que se refiere a las esferas tecnológicas y de infraestructuras, los servicios de telecomunicaciones se han configurado como un elemento clave en el progreso tecnológico y de modernización productiva de los países avanzados. Sin embargo, es difícil conocer cuál será el alcance de los cambios que estos avances pueden llegar a ejercer sobre nuestra sociedad, pero en cualquier caso, no es arriesgado asegurar que estamos en las puertas de una revolución que puede ser comparable a la revolución industrial del siglo pasado. Sobre la importancia que está alcanzando el sector de las telecomunicaciones, tan sólo tres apuntes: en primer lugar las inversiones de 10,5 billones de pesetas que prevé el informe Bangemann en el contexto europeo y en el horizonte 1999; por otra parte el hecho de que desde 1991 las inversiones empresariales en los Estados Unidos de América en informática y equipos de telecomunicaciones superan a las de la maquinaria industrial, minera y agrícola; y finalmente el crecimiento exponencial del número de usuarios de Internet. A nivel español, cabe señalar que si la contribución española al PNB europeo es del 9%, el mercado español de telecomunicaciones sólo alcanza al 6% del europeo y el de la informática se queda en tan sólo el 3%. Por ello es de esperar un crecimiento más importante de estos sectores que el de la media europea para poder llegar a un nivel equivalente. Aunque de momento todavía son muchos los que asocian los servicios de telecomunicaciones al ocio y más concretamente a la televisión por cable, otros servicios avanzados como por ejemplo la telemedicina, la teleenseñanza, el teletrabajo, la telecompra, la videoconferencia o los servicios empresariales serán los que tendrán más impacto tanto sobre la calidad de vida como sobre la economía productiva. Además, algunas aplicaciones relacionadas con el ocio, como por ejemplo el vídeo a la carta, han encontrado más dificultades tecnológicas de las que se habían previsto en un principio y es posible que su comercialización sea incluso posterior a la de algunos de los servicios mencionados anteriormente. Pensemos un momento en el impacto de tan sólo dos de estos servicios avanzados. Con la teleenseñanza se crearán campus virtuales con lo cual se abrirá la posibilidad de realizar estudios universitarios a muchas personas que hasta ahora por uno u otro motivo no podían trasladarse de una forma permanente a la ciudad donde se impartían. De este servicio disponemos en Catalunya de una experiencia, la Universitat Oberta de Catalunya, que, después de los primeros años de funcionamiento ha resultado un éxito importante. Por otra parte la deslocalización de los puestos de trabajo como consecuencia de la implantación del teletrabajo puede llegar a convertir muchas segundas residencias en primeras residencias, con el consiguiente efecto dinamizador de comarcas interiores. Centrándonos en el mundo empresarial, las nuevas tecnologías y servicios de la información constituyen un referente básico en las actuaciones de los diferentes agentes económicos, para los que el acceso a la información se ha convertido en un nuevo, y muy importante, factor de competitividad y que por tanto han de adaptarse a la utilización de las nuevas herramientas de una forma cada vez más eficiente. Por ello es fundamental que los responsables de las empresas sean conscientes del valor estratégico de las nuevas tecnologías de la información y sean capaces de utilizarlo para conseguir una ventaja sobre sus competidores. En efecto, la utilización adecuada de las telecomunicaciones conlleva una reducción de costes y del tiempo necesario para llevar a cabo los procesos o transacciones más comunes en el mundo de la empresa. Un estudio realizado recientemente por el Departamento de Industria, Comercio y Turismo de la Generalitat de Catalunya ha puesto de relieve que un 75% de las empresas establecidas en Catalunya utilizan algún tipo de herramienta telemática. La previsión es que esta cifra abarque en pocos años la práctica totalidad de las empresas y que las redes de telecomunicaciones soporten todos los intercambios de documentos o de datos entre las empresas y sus clientes y proveedores. En este mismo sentido, hoy en día ya son muchas las empresas que utilizan Internet para dar a conocer sus productos o como fuente de información. En un escenario de este tipo, la disponibilidad de acceso a una red de telecomunicaciones de banda ancha será tan decisivo para decidir la implantación de una empresa como lo puede ser hoy en día la disponibilidad de infraestructuras energéticas o viarias adecuadas. En este entorno, la política de la Generalitat de Catalunya en materia de telecomunicaciones se asienta sobre los siguientes cuatro objetivos básicos: * Garantizar la existencia de unas infraestructuras de servicios de telecomunicaciones en línea con las de los países más avanzados, tanto en capacidad como en costes y calidad, para garantizar la competitividad del conjunto del tejido socioeconómico catalán. * Aprovechar al máximo las oportunidades que aparecerán con el crecimiento de las telecomunicaciones para desarrollar en Catalunya un nuevo sector industrial específico competitivo y un marco del I+D idóneo en todos los aspectos relacionados con las telecomunicaciones: infraestructuras, contenidos, servicios, etc. * Introducir los mecanismos necesarios para garantizar que las redes de telecomunicaciones se conviertan en un elemento integrador del territorio, propiciando el reequilibrio territorial. * Asegurar la presencia de la lengua y cultura catalanas en los servicios y contenidos. En este sentido la Generalitat de Catalunya ha firmado un acuerdo con las dos asociaciones municipalistas de Catalunya, que agrupan la inmensa mayoría de los municipios catalanes, para asegurar que todo el territorio catalán disponga lo antes posible de unas redes de telecomunicaciones avanzadas en la línea con las de nuestros competidores más directos. Este acuerdo ha dado sus primeros frutos positivos al constituirse unas demarcaciones que agrupan prácticamente 800 municipios con cerca del 98% de la población total de Catalunya, y haberse elaborado unos pliegos de condiciones para los concursos de segundos operadores de telecomunicaciones por cable que han de permitir que en un período razonable de tiempo la práctica totalidad del territorio catalán tenga acceso a los servicios avanzados de telecomunicaciones. Por otra parte la Generalitat de Catalunya hizo públicas recientemente una serie de diez medidas que recogen cuál debería ser, a nuestro parecer, el marco general idóneo para conseguir los objetivos reseñados anteriormente, y que aunque ya han sido difundidos en diversas ocasiones, paso a enumerar de nuevo: 1. Realizar lo más pronto posible los concursos para la prestación del servicio de telecomunicaciones por cable. 2. El Reglamento de la Ley de Telecomunicaciones por Cable ha de ser un elemento de dinamización del sector. 3. Liberalizar el uso de todas las infraestructuras susceptibles de soportar el transporte de telecomunicaciones. 4. Regular la interconexión de las redes de distintos operadores y la numeración. 5. Crear el agente regulador de los mercados de telecomunicaciones. 6. Establecer mecanismos de compensación interterritorial eficaces y no inhibidores. 7. Presentar en el Parlamento un nuevo proyecto de Ley de Ordenación de las Telecomunicaciones. 8. Privatizar totalmente Telefónica de España, S.A. 9. Favorecer la aparición de nuevos operadores integrales. 10. Estudiar un trato fiscal incentivador a las inversiones de las empresas en telecomunicaciones y en informática. Sin duda alguna, en los últimos meses hemos avanzado en la dirección correcta, pero todavía nos queda mucho trabajo por realizar para asegurarnos de que somos capaces de aprovechar íntegramente los retos que impondrá la nueva sociedad de la información.
30 oct 2015
Artículo BIT
EL MOMENTO ACTUAL DE LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN: Las telecomunicaciones motor en la economía del nuevo milenio
Las telecomunicaciones motor en la economía del nuevo milenio Pedro de Torres Presidente de RETEVISION EN PRIMER LUGAR, mi felicitación a los responsables de la revista BIT por estos 100 números de una publicación que es punto de referencia obligado para todos aquellos a quienes nos interesa el sector de las telecomunicaciones. Un sector, aun a riesgo de repetirse hay que decirlo, que está llamado a convertirse en uno de los principales motores de la sociedad futura, una sociedad donde la información desempeñará, ya lo hace actualmente, el papel protagonista del desarrollo económico y de la generación de empleo y de riqueza. La revolución de este final de milenio es la revolución de la información y, por tanto de su transporte, de las telecomunicaciones. Su alta capacidad de influencia como se ha dicho hasta la saciedad es equivalente, "mutatis mutandi", a la que tuvieron antes el ferrocarril o el barco de vapor, que cambiaron las sociedades occidentales en la segunda mitad del siglo XIX y principios del presente. La revolución en el comercio mundial e interno, ampliando y universalizando los mercados, permitió una mejor asignación de los recursos a nivel global, dando lugar a una reducción de los precios de muchos bienes y provocando aumentos de productividad. Un impacto equivalente está teniendo y, sobre todo, va a tener el desarrollo de las telecomunicaciones en competencia. El abaratamiento del transporte de la información --no es otra la función realizada por las telecomunicaciones--, en conjunción con la Informática y el Audiovisual, contribuirá a configurar la Sociedad de la Información que se está instaurando. La revolución que esto significa es enorme, especialmente cuando la tendencia, impulsada por las nuevas tecnologías, apunta a reducir drásticamente el coste por la distancia. Para un país como España, periférico respecto a su mercado natural europeo, esta tendencia es fundamental: los costes de ser periférico se reducen, tienden a eliminarse. Los efectos de este proceso sobre la localización de las inversiones y sobre la competitividad de los sectores productivos nacionales serán extraordinariamente positivos. La apuesta por la liberalización de las telecomunicaciones es, sin duda, una de las grandes apuestas de la política española. El proceso de liberalización emprendido hasta la fecha ha sido arduo y complejo. Las telecomunicaciones han estado situadas en la órbita de los llamados "monopolios naturales" desde la década de los años veinte. Los avances tecnológicos, la globalización de la economía y, sobre todo, el peso creciente de las comunicaciones en la mejora de la competitividad de las economías nacionales han contribuido a que las medidas de introducción de competencia hayan ido generalizándose, no sin una fuerte oposición por parte de los operadores dominantes. Todavía actualmente el servicio de telefonía básica es prestado en régimen de monopolio en 13 de los 15 estados miembros de la Unión Europea. Tan sólo el Reino Unido y Suecia cuentan con más de un operador de telefonía básica. España ha ocupado hasta hace poco tiempo el furgón de cola del proceso de liberalización de las telecomunicaciones en Europa, en relación con los grandes estados miembros. Sin embargo, una medida, el Real Decreto Ley 6196, ha modificado sustancialmente nuestra posición, colocándonos en la cabeza de los países comprometidos con la liberalización, no como un fin en sí mismo, sino como condición imprescindible para el desarrollo de la nueva Sociedad de la Información. Con el horizonte puesto en la competencia plena del sector, el Gobierno ha definido un escenario de introducción progresiva de estas medidas. Una de las herramientas principales que el Decreto Ley contempla para este fin es la creación del segundo operador de telecomunicaciones, un modelo que el propio Colegio de Ingenieros de Telecomunicación estudió y aportó como solución hace ya varios años, como el medio idóneo de agrupación de infraestructuras y capital español previo a la liberalización completa del sector. El sector de las telecomunicaciones es un sector basado en redes, y en sistemas de este tipo una simple apertura del mercado no garantiza la existencia de competencia efectiva. Para un nuevo operador de telefonía básica, prácticamente todas las llamadas terminan en la red del primer operador, por lo que si no se le impone al operador principal, por ejemplo, unas condiciones aceptables de interconexión, la viabilidad económica del nuevo competidor es prácticamente nula. La importancia de la regulación es vital para la existencia de competencia efectiva y, por ello, el Gobierno ha decidido, junto a la constitución del segundo operador, la creación de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones, nuevo órgano regulador sobre el que recaerá la responsabilidad de arbitrar las relaciones entre operadores. Al contrario de lo que ocurre en casi el resto de los sectores, los competidores en telecomunicaciones tienen necesariamente que colaborar, algo que está prohibido normalmente por las reglas de la competencia. La creación del Segundo Operador, como ya he señalado, constituye una solución táctica y, por lo tanto, susceptible de debate y discusión. Creo que no es relevante el número de competidores que exista en una primera etapa, sino garantizar que se dé verdaderamente competencia en el sector. El ejemplo de la telefonía móvil digital en nuestro país es un caso paradigmático de esta realidad. En menos de un año, España ha pasado de ocupar los lugares más bajos del ranking europeo de penetración de este servicio a situarse como el país con mayor crecimiento interanual, (175%). Y esta situación se ha debido fundamentalmente a la aparición de un segundo operador de GSM, AIRTEL, que ha dinamizado el mercado y ha provocado la respuesta del operador principal. La existencia de dos operadores en telefonía móvil digital demuestra que es un modelo válido para la introducción de competencia efectiva en el mercado de las telecomunicaciones. Un modelo que aporta ventajas y beneficios para el sector, para los clientes y para el conjunto de la economía: - Producirá una mejora de la calidad de los servicios disponibles, la aparición de otros nuevos y una reducción de tarifas para los clientes finales. Generará también un efecto de estímulo sobre el operador actual. - Permitirá optimizar y rentabilizar las inversiones en infraestructuras públicas existentes, encauzándolas en un proyecto de enorme futuro, poniéndolas en el mercado rápidamente. - Facilitará la agrupación, en torno a este nuevo operador, de capital financiero, tecnológico y humano español con interés en las telecomunicaciones. - Favorecerá el desarrollo del sector, garantizando una opción diferente de la del primer operador para las empresas de valor añadido, y un nuevo mercado para la industria de telecomunicaciones radicada en España. El proceso de construcción del Segundo Operador toma como punto de partida al Ente Público RETEVISION, que desarrolla ya una importante actividad en servicios de telecomunicaciones, principalmente audiovisuales, a través de una red propia presente en toda España. La ruptura de un monopolio que se ha ejercido durante los últimos 70 años es una tarea administrativamente complicada. A ello estamos dedicando nuestro esfuerzo en los últimos meses. Primero, en la constitución de una sociedad anónima a la que transferir los activos y licencias en posesión del Ente Público, que se configura como un tenedor de acciones de la sociedad y que, además, conserva la licencia de difusión de Televisión, aunque la actividad la subcontratará con la sociedad anónima. Hemos avanzando en 13 identificación y valoración del negocio futuro, para lo cual contamos con el apoyo de empresas colaboradoras expertas. No partimos de cero, ya que el año pasado se realizó el mismo ejercicio con un banco de negocios y con una empresa consultora. El siguiente paso es la convocatoria del concurso de privatización de RETEVISION, S.A., que culmine en el lanzamiento del operador alternativo español, y que ese inicio de actividad se realice en un marco normativo lo más clarificado posible. Hemos iniciado uno de los proyectos empresariales más atractivos y ambiciosos que caben actualmente en el sector y vamos a empeñar todo nuestro esfuerzo en que la empresa llegue a buen fin. Queremos aportar nuestro conocimiento y medios para que, con la colaboración de otros muchos profesionales y empresas, construyamos un operador alternativo que contribuya a la modernización de la economía española. Respetamos a nuestro competidor y reconocemos su labor, dentro y fuera de nuestras fronteras. Sabemos que está notablemente mejor situado que otros operadores extranjeros para el reto de la liberalización. Por esta razón, queremos vertebrar un proyecto empresarial sólido y eficaz, que aporte una competencia dura, pero leal, y que redunde en una mejora de los servicios en el horizonte del nuevo milenio.
30 oct 2015
Artículo BIT
EL MOMENTO ACTUAL DE LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN: Una perspectiva industrial
Una perspectiva industrial Eugenio Vela Vicepresidente y Consejero Delegado de AMPER EN LA ACTUALIDAD, en el desarrollo de la denominada sociedad de la información se dan cita las principales fuerzas actuantes de nuestro tiempo, tanto tecnológicas como económicas y, naturalmente, políticas. Se puede hablar con rigor de los albores de una "era de la información" porque realmente se están construyendo los cimientos de un nuevo estilo de vida que va a afectar hondamente a la actividad económica y social de los países y va a suponer un mundo crecientemente globalizado e interrelacionado, donde la información, fluyendo con enorme rapidez, actuará como motor del cambio, determinando una sociedad dinámica e interactiva, en términos nunca conocidos hasta ahora. Como es bien sabido, la nueva situación tiene su origen en el vertiginoso desarrollo de las tecnologías de la información, resultado de la convergencia de la informática y las telecomunicaciones, sobre la base común de una tecnología microelectrónica que permite una creciente miniaturización e integración de componentes y una multiplicación exponencial de las capacidades de cálculo y de almacenamiento de datos. Desde la doble perspectiva de las telecomunicaciones y de la industria dentro de ellas, lo primero que destaca es la relevancia del mercado mundial de equipos de telecomunicación, que en 1996 supondrá unos 120 miles de millones de dólares, casi el 20% del mercado mundial de telecomunicaciones. Dentro de aquéllos, aproximadamente un tercio corresponde a conmutación, otro tercio a terminales y el resto conjuntamente a transmisión, cables y otros. La industria mundial de equipos de telecomunicación vive una época de cambio como consecuencia de las profundas modificaciones tecnológicas, regulatorias y de mercado que está experimentando el sector en su conjunto. Inmersa en un presente convulso y enfrentada a unos desafíos de enorme envergadura, la situación actual de la industria de equipos de telecomunicación permite identificar algunos rasgos definitorios, que se exponen a continuación. En primer lugar, hay que destacar la elevada concentración de los mercados, ya que los operadores pertenecientes a los siete principales países (USA, Japón, Alemania, Francia, Gran Bretaña y España) representan el 75% del mercado mundial. En segundo lugar, el grado de concentración de la industria es muy elevado, ya que los diez primeros grupos industriales del mundo, pertenecientes a sólo seis países, controlan dos tercios del mercado mundial de equipos. Por otra parte, la liberalización de los mercados, con la progresiva y universal rotura de los monopolios de las operadoras nacionales está provocando la quiebra del modelo tradicional de vinculación entre la industria y la operadora de cada país. Esto implica la progresiva internacionalización de la industria, aunque persistan todavía sólidos lazos estratégicos con la operadora local, que se tratan de mantener sin dejar por ello de intentar la conquista de otros nuevos. La liberalización en los mercados de servicios y la incipiente competencia entre operadoras está provocando una fuerte presión hacia la reducción de costes de equipos y sistemas, lo que trae consigo la búsqueda de economías de escala y de localización, con fuertes derivaciones hacia la automatización y la globalización de los mercados. La convergencia digital es otra de las cuestiones clave para la industria. Se trata no sólo de la tendencia hacia productos "todo digital" sino que la inevitable convergencia entre los sectores del ocio, los medios de comunicación y las tecnologías de la información y las comunicaciones (lo que se empieza a llamar macrosector EMC, por sus iniciales inglesas de Entertainment, Media & Communications) conlleva drásticas modificaciones de la industria. Desde la necesidad de suministrar no sólo equipos sino también instalación, mantenimiento, operación y, en ocasiones, financiación, hasta nuevas formas de cooperación entre fabricantes para definir estándares, asegurar la compatibilidad y abordar nuevos desarrollos tecnológicos. Esta convergencia lleva consigo desplazamientos súbitos de la cadena de valor, como la que en los últimos tiempos se está produciendo de los equipos a las operadoras, de éstas a los productores de contenidos, y de éstos a los actores protagonistas de eventos de gran repercusión social (como artistas o deportistas, protagonistas de actos, campeonatos y olimpíadas). La vertiginosa evolución tecnológica es, quizá, uno de los rasgos más destacados de la industria de telecomunicación actual, que transforma los procesos de gestión, inversión y decisión empresariales. En cortísimo espacio de tiempo se desarrollan tecnologías, productos y sistemas nuevos de consumo masivo (como la telefonía móvil, la televisión digital e Internet, por citar algunos de los más populares), al tiempo que desaparecen o se hibernan otros. La rapidez del cambio conlleva una revolución en los procesos tradicionales de l+D cuya mejor expresión es quizá el lema de Bert C. Roberts, Presidente de la operadora norteamericana MCI: "correr como locos, cambiando constantemente de dirección"). La evolución tecnológica ligada a la incertidumbre en cuanto al momento de maduración de los mercados (cuyo ejemplo arquetípico en la España actual es la pugna entre la TV por satélite y el cable), determina un panorama inversor extraordinariamente incierto. A la estabilidad histórica del mundo tradicional de las operadoras ha seguido una gran incertidumbre en cuanto a las elecciones tecnológicas y la maduración de los mercados, que aumenta grandemente el riesgo de los proyectos, dificultando los procesos de inversión. Otros rasgos definitorios de la sociedad del futuro que repercutirán sobre la industria de telecomunicaciones son las tendencias hacia equipos sin hilos ("wireless"), la desaparición del dinero en metálico ("cash-less") por la inmediata introducción del monedero electrónico y la progresiva orientación de la distribución hacia el canal doméstico y la personalización, con la convergencia entre equipos de telecomunicación (terminales) y de electrónica de consumo (PC"s y aparatos de vídeo y televisión). En España, y según datos de ANIEL, el mercado español de equipos de telecomunicación ascendía a 286.325 Mpts., con un continuado aumento desde 1992 pero sin todavía recuperar el nivel de 1990. Las importaciones suponían la mitad del mercado interior, con unas exportaciones de dimensión equivalente en continuado ascenso desde 1990, debido a la expansión internacional de Telefónica. El sector, que ocupa a 16.000 personas, era uno de los de mayor ventaja comparativa y más intensivo en l+D (el 12% de los ingresos) de la industria española. Las industrias más importantes son filiales de multinacionales (Alcatel, Ericsson, Lucent, Siemens, ...), con la notable excepción de AMPER. Es de destacar también que algunas de las más relevantes multinacionales tienen una presencia industrial no proporcionada a la dimensión comercial de sus actividades en España. Otro hecho relevante es que muchas de estas multinacionales gestionan desde España sus actividades en Latinoamérica, reconociendo la importancia del Grupo TELEFONICA en todo el subcontinente. En el inmediato futuro es previsible la continuidad de un sostenido aumento del mercado, especialmente en servicios, debido tanto al crecimiento de actividades actuales (telefonía móvil, comunicación de datos, etc.) como al auge de otras nuevas y, en particular, de la TV por satélite y del cable. Es de esperar que las empresas españolas, tanto de capital nacional como extranjero, sepan captar para nuestro país la base industrial correspondiente al inmenso negocio comercial que representan estas nuevas actividades y se recuperen las reducidas participaciones pasadas, en particular en negocios como la televisión de pago y la telefonía móvil.
30 oct 2015
Artículo BIT
EL MOMENTO ACTUAL DE LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN: Cauces nuevos para la Ingeniería
Cauces nuevos para la Ingeniería José María Vázquez Quintana Presidente de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones EN ESPAÑA estamos convocados a un futuro de las telecomunicaciones prácticamente idéntico al de los demás países de la Unión Europea, y a plazo ya muy corto. La especificidad española, tantos años mantenida, se ha acabado y para bien. Y no es que estuviera peor nuestra situación institucional que la de otros países, con Telefónica como operador separado de la Administración, pero el futuro es mejor. Últimamente habíamos perdido impulso en el desarrollo de nuestros servicios, y la industria ha padecido quizá más de lo normal en la mayoría de los países europeos. Cierto que, donde y cuando los operadores de servicios progresaban más rápidamente hacia ese futuro, mayor fue el impacto negativo sobre la industria que tradicionalmente se le asociaba. Como rasgo propio, nos queda el tránsito desde nuestra situación actual hasta ese modelo común próximo, un modelo de liberalización avanzada en la prestación de los servicios. Hay más fe puesta en las virtudes de la liberalización plena que experiencia contrastada. Hay, eso sí, experiencia de los inhibidores asociados a situaciones de monopolio, y por ello se rompe el cauce antiguo, ya suficiente. Pero los cauces nuevos aún tienen que adquirir perfiles más definidos de los que podemos predecir con seguridad ahora. Siento decirlo en este número especial de BIT, tan joven, pero no es el mejor momento para la tecnología que tanto nos gusta a los ingenieros, no para los ingenieros a los que guste la tecnología. El impulso inmediato pasará por la creación empresarial, por la imaginación comercial y por la regulación de las actividades en competencia. Para nosotros es mejor hoy poner a punto empresas robustas, bien plantadas en el mercado, capaces de hacer valer su capacidad de decisión; apoyarlo con la creación de servicios avanzados en cuanto a las modalidades de comercialización, pero incluyendo también la más imaginativa apuesta por la creación de contenidos y prestaciones; y desarrollar un buen arbitraje sabiendo que el terreno de juego estará abierto a todos y que las reglas son nuevas para todos. No quiero desanimar a los vocacionados para la ingeniería de corte más tradicional y tecnológico. De ellos será una buena parte del futuro. Pero sí quisiera animar a los que puedan sentir el tirón de las nuevas demandas. No son necesariamente específicas de nuestra profesión, pero no hay nada en nuestra profesión que nos estorbe para contribuir como el mejor. Me gustaría reconocer, en el próximo BIT 200, que los ingenieros de telecomunicación estuvimos a la altura de la ocasión única que ahora se abre para nosotros.
30 oct 2015