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EL MOMENTO ACTUAL DE LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN: La innovación en la España de las telecomunicaciones
La innovación en la España de las telecomunicaciones Juan Mulet Meliá Director General de COTEC EL DISCURSO que habitualmente se aplica para describir la situación global de la innovación en España no es válido para nuestro sector. Existe en él una tradición de I+D empresarial desconocida en la mayoría de los sectores españoles y sus indicadores estadísticos, aunque menos brillantes, no están alarmantemente alejados de los que presentan los países más avanzados. La reciente encuesta del Círculo de Empresarios sobre innovación en las grandes empresas españolas, revela que cerca del 5% de la cifra de ventas del sector se dedica a financiar I+D, siendo el porcentaje sectorial más alto, con dos puntos por encima del que le sigue. Esta misma conclusión se repite en la estadística sobre actividades de investigación científica y desarrollo tecnológico del INE, que se refiere al conjunto nacional y según la cual el 7% del valor añadido del sector se dedica a I+D. Especialmente las grandes empresas industriales de telecomunicación, que se fueron estableciendo en el país desde que se inició a nivel nacional el servicio telefónico, han sido origen de spin-off, hecho muy poco frecuente en la industria española y causa real de la tradición de la I+D empresarial de nuestro sector. Esta es la razón de que tenga el mayor número de investigadores empresariales, el 25% del total del país y el 19% del total de las personas dedicadas a I+D, ocupando también el primer lugar. El mundo académico, desde finales de los años sesenta, ha tenido una actividad investigadora también inusual en España. Fue el que mayores ayudas obtuvo de Plan Nacional de I+D en 1994, adjudicándose un 20% del presupuesto total, y también el que mayor financiación consiguió en el finalizado III Programa Marco de la Comisión de la Unión Europea, al ser destinatario del 42% de las cantidades recibidas por España. A pesar de todo ello, nuestra posición no puede ser optimista, porque nuestro sector es enormemente exigente en tecnología y es habitual que los países desarrollados consideren su I+D prioritaria y le dediquen importantes recursos, que llegan a superar en ordenes de magnitud a los nuestros. Continuando en esta línea de pesimismo, por el momento nada parece indicar que nuestra posición relativa mundial lleve tendencia a mejorar. La globalización de la economía favorece la concentración de la capacidad de generación de tecnología en centros de excelencia y la lucha para que las filiales españolas de los grupos mundiales retengan su capacidad está siendo muy dura, una realidad que exige la preparación de excelentes profesionales por parte del sistema educativo y una especial atención de los responsables de nuestras políticas científicas, tecnológicas e industriales. No menos preocupante es la continua reducción de empresas industriales netamente españolas dedicadas a telecomunicación, sólo compensada por las creadas en el sector informático, cuyo valor añadido y generación de empleo altamente cualificado son proporcionalmente altos, pero cuyo efecto sobre las cifras absolutas de puestos de trabajo no resulta significativo. De cualquier modo, nada hace pensar que nuestro sector no continuará siendo uno de los más exigentes en I+D y que de la eficacia de esta actividad dependerá la salud de la empresa. Para ello, además de un alto dominio de las tecnologías y de su evolución será más importante que nunca la gestión de la tecnología de la empresa y de sus propios procesos de innovación. Puede sorprender la insistencia de los expertos en la necesidad de una verdadera integración de la tecnología en la estrategia de la empresa, incluso cuando se refieren a sectores intensivos en tecnología. Los estudios empíricos demuestran que Japón es el país que aplica con mayor disciplina este principio, pero que sólo ocurre en un 75% de sus grandes empresas. Para Estados Unidos el valor de este indicador es sólo el 50% y, curiosamente, es algo más alto para las grandes empresas europeas. Las vías recomendadas para conseguir éxito en este empeño son la asignación de responsabilidades tecnológicas a los más altos niveles jerárquicos, la existencia de una planificación integrada y una cartera de pedidos de I+D en consonancia con las necesidades de los clientes. También muchos estudios han detectado la necesidad de que los más altos directivos se impliquen más en la definición y seguimiento de la estrategia tecnológica de sus empresas para que estas medidas sean realmente tomadas. El otro gran camino para obtener ventajas de la tecnología resulta ser la potenciación de la generación interna de tecnología mediante el aprovechamiento de fuentes externas. Para poderlo conseguir son necesarias tanto una más estrecha relación con la investigación académica como frecuentes alianzas con clientes y suministradores. Una capacidad propia para gestionar estas relaciones siempre difíciles, es imprescindible si se quiere poder tener una intensa dedicación interna a las tecnologías decisivas para el negocio. Como es evidente, en esta vía de mejora de la competitividad tiene una gran responsabilidad nuestro colectivo, que deberá estar preparado no sólo para tomar estas altas responsabilidades sino también para extender en el seno de las empresas una verdadera cultura de lo tecnológico. Todavía más, la etapa que vive la telecomunicación está creando una nueva necesidad de I+D, no siempre bien entendida, la de crear una forma eficaz de concebir y materializar nuevos servicios. Las técnicas de gestión de la I+D se centraron desde los inicios de esta disciplina en el desarrollo de productos físicos, que debían ser fabricados en factorías y que realizaban sus funciones ayudados por los hombres que eran formados para utilizarlos. Ahora, la concepción y materialización de nuevos servicios es un nuevo reto, ya que se trata de hacer realidad nuevas máquinas cuya misión es ayudar al hombre en su vida diaria. No cabrá especializar al operario, como se ha venido haciendo hasta ahora. El nuevo servicio se deberá adelantar a las necesidades de la persona a la que sirve y no esperar a ser manipulado. La interdisciplinariedad de las tecnologías que harán posible estos nuevos sistemas es seguramente una característica trascendente, que afecta a la gestión de la I+D, especialmente a las técnicas de dirección personal, que son las que tienen, sin duda, más importancia en la práctica. Las técnicas de soporte a la especificación deberán ser modificadas para dar más énfasis a la predicción de las necesidades de los futuros clientes. Las recientes aplicaciones de la técnica QFD abrieron un camino prometedor, pero veremos pronto otras aportaciones. Desde la sistematización de las reuniones de revisión de proyectos, pocas novedades han sido puestas al servicio de los gestores de I+D, y, sin embargo, el seguimiento y la evaluación de proyectos será más difícil, en la medida en que las prestaciones esperadas de los desarrollos se vayan haciendo menos visibles y menos objetivizables. Sería de desear que las técnicas de gestión de tecnología de la empresa evolucionaran en los próximos años, en los que sin duda nuestra profesión se enfrentará también a nuevos retos tecnológicos, que no desmerecerán de los que hemos afrontado en estos últimos quince años.
30 oct 2015