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EL MOMENTO ACTUAL DE LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN: La innovación en la España de las telecomunicaciones
La innovación en la España de las telecomunicaciones Juan Mulet Meliá Director General de COTEC EL DISCURSO que habitualmente se aplica para describir la situación global de la innovación en España no es válido para nuestro sector. Existe en él una tradición de I+D empresarial desconocida en la mayoría de los sectores españoles y sus indicadores estadísticos, aunque menos brillantes, no están alarmantemente alejados de los que presentan los países más avanzados. La reciente encuesta del Círculo de Empresarios sobre innovación en las grandes empresas españolas, revela que cerca del 5% de la cifra de ventas del sector se dedica a financiar I+D, siendo el porcentaje sectorial más alto, con dos puntos por encima del que le sigue. Esta misma conclusión se repite en la estadística sobre actividades de investigación científica y desarrollo tecnológico del INE, que se refiere al conjunto nacional y según la cual el 7% del valor añadido del sector se dedica a I+D. Especialmente las grandes empresas industriales de telecomunicación, que se fueron estableciendo en el país desde que se inició a nivel nacional el servicio telefónico, han sido origen de spin-off, hecho muy poco frecuente en la industria española y causa real de la tradición de la I+D empresarial de nuestro sector. Esta es la razón de que tenga el mayor número de investigadores empresariales, el 25% del total del país y el 19% del total de las personas dedicadas a I+D, ocupando también el primer lugar. El mundo académico, desde finales de los años sesenta, ha tenido una actividad investigadora también inusual en España. Fue el que mayores ayudas obtuvo de Plan Nacional de I+D en 1994, adjudicándose un 20% del presupuesto total, y también el que mayor financiación consiguió en el finalizado III Programa Marco de la Comisión de la Unión Europea, al ser destinatario del 42% de las cantidades recibidas por España. A pesar de todo ello, nuestra posición no puede ser optimista, porque nuestro sector es enormemente exigente en tecnología y es habitual que los países desarrollados consideren su I+D prioritaria y le dediquen importantes recursos, que llegan a superar en ordenes de magnitud a los nuestros. Continuando en esta línea de pesimismo, por el momento nada parece indicar que nuestra posición relativa mundial lleve tendencia a mejorar. La globalización de la economía favorece la concentración de la capacidad de generación de tecnología en centros de excelencia y la lucha para que las filiales españolas de los grupos mundiales retengan su capacidad está siendo muy dura, una realidad que exige la preparación de excelentes profesionales por parte del sistema educativo y una especial atención de los responsables de nuestras políticas científicas, tecnológicas e industriales. No menos preocupante es la continua reducción de empresas industriales netamente españolas dedicadas a telecomunicación, sólo compensada por las creadas en el sector informático, cuyo valor añadido y generación de empleo altamente cualificado son proporcionalmente altos, pero cuyo efecto sobre las cifras absolutas de puestos de trabajo no resulta significativo. De cualquier modo, nada hace pensar que nuestro sector no continuará siendo uno de los más exigentes en I+D y que de la eficacia de esta actividad dependerá la salud de la empresa. Para ello, además de un alto dominio de las tecnologías y de su evolución será más importante que nunca la gestión de la tecnología de la empresa y de sus propios procesos de innovación. Puede sorprender la insistencia de los expertos en la necesidad de una verdadera integración de la tecnología en la estrategia de la empresa, incluso cuando se refieren a sectores intensivos en tecnología. Los estudios empíricos demuestran que Japón es el país que aplica con mayor disciplina este principio, pero que sólo ocurre en un 75% de sus grandes empresas. Para Estados Unidos el valor de este indicador es sólo el 50% y, curiosamente, es algo más alto para las grandes empresas europeas. Las vías recomendadas para conseguir éxito en este empeño son la asignación de responsabilidades tecnológicas a los más altos niveles jerárquicos, la existencia de una planificación integrada y una cartera de pedidos de I+D en consonancia con las necesidades de los clientes. También muchos estudios han detectado la necesidad de que los más altos directivos se impliquen más en la definición y seguimiento de la estrategia tecnológica de sus empresas para que estas medidas sean realmente tomadas. El otro gran camino para obtener ventajas de la tecnología resulta ser la potenciación de la generación interna de tecnología mediante el aprovechamiento de fuentes externas. Para poderlo conseguir son necesarias tanto una más estrecha relación con la investigación académica como frecuentes alianzas con clientes y suministradores. Una capacidad propia para gestionar estas relaciones siempre difíciles, es imprescindible si se quiere poder tener una intensa dedicación interna a las tecnologías decisivas para el negocio. Como es evidente, en esta vía de mejora de la competitividad tiene una gran responsabilidad nuestro colectivo, que deberá estar preparado no sólo para tomar estas altas responsabilidades sino también para extender en el seno de las empresas una verdadera cultura de lo tecnológico. Todavía más, la etapa que vive la telecomunicación está creando una nueva necesidad de I+D, no siempre bien entendida, la de crear una forma eficaz de concebir y materializar nuevos servicios. Las técnicas de gestión de la I+D se centraron desde los inicios de esta disciplina en el desarrollo de productos físicos, que debían ser fabricados en factorías y que realizaban sus funciones ayudados por los hombres que eran formados para utilizarlos. Ahora, la concepción y materialización de nuevos servicios es un nuevo reto, ya que se trata de hacer realidad nuevas máquinas cuya misión es ayudar al hombre en su vida diaria. No cabrá especializar al operario, como se ha venido haciendo hasta ahora. El nuevo servicio se deberá adelantar a las necesidades de la persona a la que sirve y no esperar a ser manipulado. La interdisciplinariedad de las tecnologías que harán posible estos nuevos sistemas es seguramente una característica trascendente, que afecta a la gestión de la I+D, especialmente a las técnicas de dirección personal, que son las que tienen, sin duda, más importancia en la práctica. Las técnicas de soporte a la especificación deberán ser modificadas para dar más énfasis a la predicción de las necesidades de los futuros clientes. Las recientes aplicaciones de la técnica QFD abrieron un camino prometedor, pero veremos pronto otras aportaciones. Desde la sistematización de las reuniones de revisión de proyectos, pocas novedades han sido puestas al servicio de los gestores de I+D, y, sin embargo, el seguimiento y la evaluación de proyectos será más difícil, en la medida en que las prestaciones esperadas de los desarrollos se vayan haciendo menos visibles y menos objetivizables. Sería de desear que las técnicas de gestión de tecnología de la empresa evolucionaran en los próximos años, en los que sin duda nuestra profesión se enfrentará también a nuevos retos tecnológicos, que no desmerecerán de los que hemos afrontado en estos últimos quince años.
30 oct 2015
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EL MOMENTO ACTUAL DE LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN: Tecnologías de la información, tecnologías de la innovación
Tecnologías de la información, tecnologías de la innovación Eduardo Olier Presidente de SEDISI HABLAR de la situación actual de algo tan complejo como las tecnologías de la información, y dar una visión que se salga de los tópicos tradicionales no resulta tarea sencilla. Es desde luego posible hacer un paseo por lo que ha sucedido en los últimos 20 años -coincidiendo con la efemérides que celebramos con el número 100 de la revista BIT-, y llegar, quizás, a la obvia conclusión de que las tecnologías de la información han transformado profundamente nuestra industria, nuestra economía y, sin lugar a dudas, nuestra sociedad; y que a buen seguro incidirán más profundamente en esos cambios en el futuro. A partir de aquí, será más o menos fácil -dependiendo de la imaginación de cada uno- deducir dónde estamos y hacia dónde, presumiblemente, vamos. Sin embargo, es tanto lo que esta sucediendo en el mundo de las tecnologías de la información en nuestros días, que se hace sumamente difícil no ya predecir, sino entender donde estamos. O como refiere un artículo de IEEE Spectrum del último mes de julio: "No sabemos lo que estamos haciendo y, lo que es peor: nadie lo sabe". O lo que viene a ser lo mismo, trayendo a nuestro caso tecnológico lo que decía un famoso político de la extinta UCD al respecto de aquel momento político: "La confusión es tal que ya no sabemos si somos de los nuestros". Siendo totalmente sincero, he de decir que, después de permanecer algunas décadas muy cercano a las incidencias, digamos ""claves", de este sector, me encuentro entre esa inmensa mayoría que fue incapaz de predecir la tremenda explosión de Internet; y encuentro igualmente dificultades para avanzar si este proceso continuará creciendo al mismo ritmo, o incluso si está en este preciso momento gestándose un fenómeno tecnológico parecido. Como, igualmente, me resulta muy complicado avanzar si la Ley de Moore seguirá siendo la norma de la industria de semiconductores para los próximos años, o si el PC " tonto" acabará implantándose masivamente. Si algo se ha demostrado en estos últimos 20 años, es que el mundo de la tecnologías de la información, incluyendo allí telecomunicaciones, informática y contenidos, aún incidiendo como lo hace en todas las actividades de la vida y de la sociedad, resulta impredecible en su evolución, no ya en períodos anuales sino, me atrevería decir que mensuales. Y dar una respuesta a todas las incógnitas que nos presenta actualmente ese complicado mundo, se parece bastante a contestar al Sombrerero de la famosa merienda de locos cuando le pregunta a Alicia en qué se parece un cuervo a una mesa de escribir. A lo que Alicia, a requerimiento de la Liebre de Marzo que andaba presente, contesta que: "... después de todo viene a ser la misma cosa ¿no?". Leyendo las últimas tendencias, todo parece que una de las claves fundamentales está en lo digital. El mundo, de pronto, es digital: la sociedad lo es, y se diría que todos nosotros también. Sin embargo, los sistemas electrónicos digitales tienen más de 50 años de vida, y los primeros ordenadores digitales de los años 40 no difieren mucho en su arquitectura con los de hoy, al menos desde el punto de vista conceptual. Por no decir que el sistema binario -los bits-, base del lenguaje máquina, es un invento considerablemente más antiguo. Y, yendo más adelante en el tiempo, los PCs de hace 15 anos siguen manteniendo idéntica estructura que los de hoy y, hoy, no parece haber ningún invento revolucionario en ciernes a este respecto. ¿Qué es, por contra, lo que subyace en ese proceso de cambio constante e imparable que apreciamos al hablar de tecnologías de la información, o para ser más específicos en este caso, de ordenadores?. Desde luego, no lo son conceptos novedosos tales como ciberespacio o realidad virtual. A este respecto, incluso! cuando William Gibson acuñaba estos términos en su libro Neuromancer en 1984, hacía años que había desaparecido Norbert Wlener, inventor de la Cibernética a finales de los 40. Lo que, sin embargo, parece que subyace detrás de estas tecnologías es la innovación. De todas !as actividades humanas, y desde su inicio, el sector de las tecnologías de la información está de manera casi constante dominado por un permanente fenómeno innovador que permea todas sus actividades, desde la tecnología, ya sea el hardware o el software, hasta otras, como pudieran ser las comerciales o las de producción. No se trata tanto de nuevos inventos como tales, sino de nuevos conceptos aplicados a elementos ya existentes. Esto es: innovación. Cuando se mira a IBM en sus años de éxito, y se analizan los sistemas estrella basados en las arquitecturas 360 o 370, se comprueba cómo, bajo un mismo concepto -digital, por supuesto- existe un permanente cambio innovador. Permítaseme que en una revista de ingenieros haga un pequeño apunte técnico: desde 1965, con la misma arquitectura basada en el modelo 360/50 y partiendo de un ciclo de tiempo de CPU de 500 ns y un almacenamiento de 256 Kbytes, llega IBM, 20 años después (1986), al sistema 3090/400 con un ciclo de CPU de 18,5 ns y memoria de 128 Mbytes, habiendo "innovado" en el camino -dentro de la misma arquitectura tecnológica- una enormidad de sistemas y conceptos: memoria virtual, encaminamiento entrada/salida, etc., etc. Y es la propia IBM, la que, basándose en tecnologías existentes, comercializa en el año 80 el PC, que llegará desgraciadamente para ella a ser el "elemento" digital causante de gran parte sus problemas actuales. PC, cuya tecnología, innova hoy en ciclos menores de 6 meses. Paralelamente, cuando se profundiza algo en el "éxito Microsoft" no deja de sorprender, de la misma manera, un permanente y brillante camino innovador; combinando eso sí, por una lado, conceptos tecnológicos que datan de los primeros años 70, y por otro, nuevas y más eficaces ideas en las técnicas comerciales y de marketing. O, volviendo al principio, cuando se quiere entender el fenómeno Internet, causa asombro que su breve historia sea la historia del concepto "World Wide Web" desarrollado -prácticamente antes de ayer- en el CERN por Tim Betners-Lee usando tecnología de software bien conocida desde hace bastantes años. Es decir, otro resultado de la innovación. En las telecomunicaciones se diría que pasa otro tanto. ¿Que es sino un delirio innovador lo que subyace en la idea de llenar nuestro espacio sideral con miles de satélites para servir de sistemas de comunicación de elementos móviles o incluso de Internet?. No siendo, como dije antes, capaz de aventurar el futuro particular de cada uno, si que parece que Globalstar, Iridium, Odyssey, o el último concepto de Bill Gates y Craig McCaw, Teledesic, serán uno u otro una próxima realidad, permitiendo comunicaciones de voz, datos o imágenes -fijas o móviles- en cualquier parte del planeta. Aparentemente, se diría que se está "inventado" algún nuevo concepto tecnológico en los satélites de comunicaciones, y lo que realmente sucede es un proceso innovador del que no está ajena la búsqueda de nuevos mercados desde las sociedades de comunicación -los media-. De ahí toda esta "batalla" en que están inmersos desde hace dos años más o menos los Time Warner, Disney, etc. en EEUU, o más próximos en Europa, grupos como Kirch. Todos ellos en procesos de fusiones o alianzas con compañías operadoras de telecomunicaciones, e incluso en algunos casos con compañías informáticas. Se sería injusto, e incluso se le podría tomar a uno por inexacto, sino se añadieran a lo anterior las evidentes realidades que representan las nuevas tecnologías que, tanto en informática como en telecomunicaciones, se han desarrollado en estos últimos 20 años. Centrales inteligentes -digitales- de conmutación, lenguajes de 4ª Generación, más rápidos procesadores, etc. en el campo de la tecnología, y nuevas técnicas en los sistemas de producción, así como nuevos productos, en el campo más empresarial -si se permite el concepto- son realidades demasiado evidentes como para no tenerlas en cuenta. Además, unos profesionales más formados y un mundo económicamente más empequeñecido -o global, como se suele decir- gracias a las tecnologías de la información son, sin duda, aspectos que configuran el entorno donde nos movemos. Sin embargo, es urgente ver que la innovación no es patrimonio de ningún Estado o grupo, y en consecuencia, cualquier país con suficiente capacidad en sus profesionales y suficiente voluntad en las instituciones y empresas puede jugar un papel relevante dentro de las tecnologías de la información España tiene profesionales muy preparados en estas tecnologías -sólo falta quizás "saberlo ve~", y un impulso convencido desde la propia sociedad-. Entre todos, profesionales, empresas y poderes públicos podemos hacer que nuestro país juegue en el futuro un papel importante en este campo, donde capacidad tecnológica es sinónimo de capacidad de innovación. Desde luego puede ser un proyecto ilusionante para muchos. Para ello bastaría dar un ligero giro a los conceptos y revisar las "formas de hacer". Lewis Carroll nos lo dejó escrito con la respuesta del Grifo de la Cuadrilla de la Langosta a Alicia: "¿Sabes por qué son blancas las pescadillas?". "Pues porque sirven para darle brillo a los zapatos y a las botas, por lo blancas que son". Es cuestión de aplicar la tecnología innovadoramente.
30 oct 2015
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EL MOMENTO ACTUAL DE LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN: El futuro de las telecomunicaciones en España desde la U.E
El futuro de las telecomunicaciones en España desde la U.E Marcelino Oreja Comisario de la Unión Europea DESDE una estricta perspectiva comunitaria habría que señalar en primer lugar, que el análisis acerca de la evolución y los cambios habidos en el sector de las telecomunicaciones europeas y españolas tiene necesariamente que ser hecho a la luz de la puesta en marcha de la Sociedad de la Información en Europa y en España. La Sociedad de la Información; una propuesta y un objetivo global La propuesta base acerca de la construcción de la Sociedad de la Información en Europa, como instrumento para mejorar la productividad y crear empleo, se hizo en el Informe Delors, fue concretada en el Informe Bangemann, y sus principios básicos fueron asumidos por la Comisión y los Estados Miembros en la Cumbre de Corfú. Posteriormente, la Comisión Europea, sus Estados miembros, los tradicionales y los nuevos operadores de telecomunicaciones, los agentes sociales, el G-7, la European Round Table, el Congreso de los Estados Unidos, entre otros, se han revelado particularmente activos perfilando y concretando en los dos últimos años: - profundos cambios en la regulación; - una nueva dinámica empresarial presidida por la competencia, - las alianzas globales de operadores de telecomunicaciones, entre sí, y con grupos multimedia, - la inclusión de las telecomunicaciones en los acuerdos del GATT, - ...etc. Por todo ello, podemos afirmar que la puesta en marcha de la Sociedad de la Información alcanza una dimensión global que va bastante más allá de nuestras fronteras comunitarias. Principales obstáculos que dificultaban la construcción de la Sociedad de la Información en Europa y en España No obstante, si queremos hacer una reflexión euro-española sobre esta cuestión, hemos de partir del análisis de los numerosos Informes (Delors, Bangemann, Al Gore, ERT, G-7...), y la traducción de sus recomendaciones a la realidad española. Así, todas las fuentes están de acuerdo en que los obstáculos detectados podrían resumirse en cinco grupos: - un marco regulatorio presidido básicamente por monopolios nacionales, poco o nada abiertos a la competencia - el alto precio de algunos servicios de telecomunicaciones, como las llamadas internacionales y el alquiler de circuitos - la falta manifiesta de interoperabilidad entre terminales, redes y servicios de los distintos Estados miembros - las obligaciones de carácter esencialmente político (servicio universal, I+D, ordenación territorial) impuestas a los operadores de telecomunicaciones - la insuficiencia de una masa crítica de demanda que haga inicialmente rentables las aplicaciones de la Sociedad de la Información (telemedicina, teleenseñanza, teletrabajo, etc.) Respuesta euro-española Toda respuesta es siempre mejorable, pero en principio se puede afirmar, que las telecomunicaciones españolas están respondiendo con una proyección global al reto que desde la Comisión Europea está siendo planteada. En primer lugar, es necesario destacar el carácter internacional y global que el principal operador español, Telefónica de España, ha adquirido durante los últimos años, tanto en su política de implantación hispano-americana (Argentina, Chile, Perú, Venezuela, Colombia, Puerto Rico y Méjico), como en su estrategia de alianzas UNISOURCE (Telia, Swiss PTT, KP Nederland) y UNIWORLD (Unisource-AT&T). En este sentido, el sector de las telecomunicaciones en España como han hecho sus homólogos francés, alemán, o inglés, busca su complementariedad, con objeto de jugar un papel destacado dentro del concierto mundial. En segundo lugar, en la medida en que es posible establecer un "ranking" de estados miembros de la UE comparando legislaciones tan complejas como las relativas a los servicios de telecomunicaciones, en este momento, podríamos decir que el grado de liberalización alcanzado, en servicios e infraestructuras se sitúa por encima de la media de los países como Inglaterra, Suecia o Finlandia. A ello ha contribuido la habilitación de Retevisión como segundo operador de infraestructuras, así como las posibilidades que en este sentido se dan a los operadores de CATV. En los próximos meses, de acuerdo con la Directiva de Plena Competencia recientemente aprobada por la Comisión, la regulación en España debe avanzar un poco más en el campo de liberalización de las infraestructuras alternativas pertenecientes a las compañías de servicio público (eléctricas y ferrocarriles). Bien es verdad, que quedan algunos asuntos por cerrar: - la renuncia a la prórroga de cinco años para el mantenimiento del monopolio en los servicios de voz, anunciada en el otoño de 1994 por el gobierno español, deberá ser definitiva y oficialmente ratificada ante los órganos correspondientes de la Comisión Europea, por el nuevo gobierno salido de las elecciones generales del pasado 3 de marzo. - asímismo está todavía pendiente el requerimiento de la Comisión al gobierno español por el asunto de la subasta del concurso de la telefonía móvil. No obstante ello, éste servicio tanto en su versión analógica como digital (GSM), se ha revelado, durante los últimos meses de 1995, como el paradigma de las ventajas de la competencia para los usuarios españoles. Han bajado extraordinariamente los precios, lo que ha permitido que por primera vez en España, se hayan vendido más líneas de teléfonos móviles que fijas. Al mismo tiempo, el segundo operador Airtel está consiguiendo aproximadamente la tercera parte del mercado GSM. En tercer lugar, si bien en España, las llamadas locales son las más baratas de Europa, aún teniendo en cuenta la importante reducción del precio de las internacionales, y de los servicios de RDSI, de hace unos meses, las tarifas españolas de larga distancia siguen manteniéndose un poco por encima de la media europea. Por tanto hay que seguir insistiendo en el objetivo de abaratar el precio de las llamadas internacionales y de los circuitos alquilados, si bien parece razonable que dicho objetivo sea alcanzado en la perspectiva de un mayor equilibrio de tarifas. En cuarto lugar, respecto a los instrumentos que posibiliten la puesta en marcha de la Sociedad de la Información en España hay que señalar dos importantes grupos de iniciativas: - el esfuerzo hecho por Comunidades Autónomas como Galicia, Aragón, Baleares y Valencia, tanto en la aplicación de nuevas tecnologías de radio-comunicación para resolver los problemas de extensión del servicio universal (Xunta de Galicia), como la realización de aplicaciones avanzadas en los campos de la tele-enseñanza, la teleadministración, la telemedicina, etc., en parte financiadas por la UE - la puesta en servicio, del sistema InfoVía, primera "autovía" de la Información española, que a un mínimo costo, y con un método de acceso fácil y simple, permite la interconexión de cualquier ordenador doméstico o de empresa con cualquier proveedor de servicio de información. Este sistema está considerado como una auténtica innovación, en la puesta en marcha de la Sociedad de la Información en Europa. En quinto y último lugar, habría que señalar el gran esfuerzo realizado en la extensión del servicio universal en España. En los últimos diez años se han instalado más teléfonos que en toda la historia anterior, lo que ha permitido conseguir el acceso al servicio telefónico en las mismas condiciones económicas y de tiempo, en cualquier parte del territorio nacional. A modo de resumen, podríamos decir que aunque queda mucho por hacer y hay que superar algunos problemas derivados de la cultura monopolista anterior, las telecomunicaciones españolas están en sintonía no sólo con la perspectiva de desarrollo de las telecomunicaciones europea, sino que se encuentran en disposición de desarrollar un papel importante en el concierto y el mercado global de las telecomunicaciones.
30 oct 2015
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EL MOMENTO ACTUAL DE LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN: PYMEspaña o la Insula Barataria
PYMEspaña o la Insula Barataria José Fabián Plaza Vicesecretario AEIT PUES SEPAN vuesas mercedes, ante todo, que lo que el vulgo llama "pymes" no es engendro que parió hechicera amiga de aquelarres sino vellorí de cortesanos, pues de fino y cultivado por la boca lo es más que cita latiniparla. Item más que encontrándome yo en situación de "pyme", disculpe vuesa merced por mentarle otra vez la palabreja, siéntome muchas veces cuan ciego socorrido por todos y bien mirado no pasamos de perro de tal ciego según el ayuno al que nos someten. Juzgue vuesa merced este pequeño relato como cosa curiosa. Habiendo leido y oido, que bien tenemos voceros para tal fin, que se habian tomado medidas para poner a disposición de pequeñas industrias créditos generosos para sus buenos fines, determinamos tomar parte del festín, dado que a los grandes banquetes no solemos estar convidados. Después de toda una mañana de andaduras que, por más gracia nos tocara funcionario proporcional a nuestros pecados (entienda vuesa merced desconocimiento por descoordinación y no mala fé, que nunca hemos de dudar de ella). Siendo además el día lluvioso, para más enojo de la manceba encargada del trabajo, topó al fin con alguien informado, que, amén de sacarnos de ignorancia, nos metió en asombro pues ni en el recuento de cristianos viejos se vieran tales demandas de sangre y condición: - No existir en toda la industria un solo varón, sino todo mujeres (de cualquier condición) - En caso contrario, todos los miembros menores de 30 años - Alguna industria mixta con los anteriores, que se estudiaría, aunque parecía quedar constancia que en este caso poco convendría iniciar trámites y pláticas. Desconocemos las demás modalidades, programas, etc, que pudieran existir, pero de éste ya sabemos algo. Aseguro a vuesa merced que la moza encargada de la gestión no es corta de entendederas y, por la hora, no creo que se diera al vino tan de mañana. Sería injusto y, aún más, media verdad, que es peor que mentira bellaca, no citar iniciativas excelente, nacidas en el seno de nuestro sector o gremio, tanto desde la corte como desde asociaciones y grupos. Pero no es ls misericordia limosnera beneficio para nadie, que de subvenciones hemos maltrecho nuestro reino, esta Insula Barataria o Pymespaña. Y es hasta odioso oir la palabreja como bálsamo de enfermo calenturiento cuando el mal es más profundo y serio. Yo, Señor, soy una pyme. Gran lástima. Dicen que creamos puestos de trabajo (vive Dios que sí, veinte en un año) pero no industria fuerte capaz de competir con el luterano. Y ya vemos a esa industria, después de engordar en todos los banquetes cortesanos, siendo la mayoría de base foránea, ahora compite en adelgazamiento con galgo corredor. No son menester las limosnas, que son gran dispendio, sino el poder cantar misa tanto el obispo como el párroco. Pero cómo hacerlo, si de entrada nos dejan en la antesala diciendo: "Pues si este trabajo público, que es de muchos dineros, la emprende Don Nuño, aunque saliera mal, por ser Grande de España, tengo yo mi honra y mi cabeza a cubierto. Fállemos pues sobre seguro". O también esta otra lindeza, más propia de majadero relajado que de prudente servidor de haciendas de todos: "Pues si trato con pequeño y plebeyo, le he de vigilar con tiento, gastando maravedíes en ello. Por más que no está el presupuesto diligente, si trato con grande y noble, puedo fiarme convencido". Gran cosa esta: que el grande, además, utiliza al pequeño para los trabajos finales, que son a la postre casi todos, pues es mejor dejar variable un gasto que comprometer hacienda en el empeño que sirva, además, para nuevas iniciativas e industrias, que llaman a eso "tejido industrial". Y lo que se teje es un grande que queda solo con el nombre, el escudo y el sello; "para qué más, si lo que vale es el poder de hacerlo". Mientras el pequeño, que de precario dicen tiene al artesano trabajador, cuenta con él como su único activo, a expensar de poder cederlo. Y entonces viene el alarde de genio: "ayudemos, pues, a las ´pymes´, que son cosa beneficiosa para el Reino, por empleo y sustento a todo el vulgo, que, según los números, se aplican a ello". Y no ha de terminar aqui esta prosilla sin mentar a vuesa merced el espectáculo al que asistimos en nuestro gremio. Mientras el luterano, decidiendo las industrias y financiando los bancos nos toma cada vez más el pescado, aquí suele ser el ajeno al gremio, con dineros y fanfarrias, el que guisa el caldo con prestacia y ruido. Aseguran, perdóneles vuesa merced su ignorancia, que de poner dineros, licencias, bulas y privilegios, se crea valor e industría. No se diera con alquimista que de tosca fragua pretende obtener lo que el luterano labra con fina gubia. Y no contentos con la hazaña de unos, otros compran torneos televisados a precio de mil insulas y heredades, mientras que los demás pretenden poner puerta y cerrojo a la mar océana, provocando virages de la propia nao capitana. Piense vuesa merced si el diablo ensayara tal hazaña: que el futuro sectorial dependa de los goles de Zarra. Como quiera que somos dados a navegar en la crítica sin aportar otros vientos, ahí van algunos consejos, algunos tan reiterados ya que no sé si ponerlos: - Que los asuntos públicos pesen menos en la hacienda total del Reino, dado que como quiera que la dificultad en mudar propósito a la hora de repartir trabajos y encargos es patente, más por peso de sello y nombre que por buena liz y oficio, siendo, además, pesada carga ésta para todos. Si no se hiciese, entonces rogamos se nos acoja a todos en el único templo, con mesa y pluma para cada cristiano dispuesto a trabajar, pues ¿por qué luchar por un poco en el mercado libre, si a todo lo demás tenemos derecho?. Sea como fuere, siempre que de gastona pase a austera nos vendrá bien a todos. - Que la corte, escribientes y corregidores intervengan tal como hacen los foráneos. Tómese las Indias Occidentales como ejemplo, que bien pueden ser imitados. - Que lo genoveses y demás gente de dineros dejen de ser algebristas de voluntades desconcertas, o más bien, alquimistas improvisados. El valor lo crea la industria y el oficio y no el brillo de muchas monedas juntas. - Que la gente de farándula concierte circos amén de ser acemilero cuando quiera, pero por esto último tendrá en consideración si hay agua para tanta mula parda. - Que no se nombre más a las pymes, siendo la palabra desterrada, hasta que sea más conocida su naturaleza por lo que hace que por lo que se "la ayuda". Si en buena liz, gana festín y banquete, sea enhorabuena. Si no, pues a dedicarse a otras cosas, que muchas debe haber. Dios guarde a vuesa merced de aprendices al oficio, alguaciles financieros, grupos multimedia, alianzas globales, genoveses lerdos, escribientes ramplones y, en general, de todo lampiño de ideas, pelón de ingenio, barbero de iniciativas y poltronero comodón. Dado en la Villa y Corte de Madrid, en el mes de Septiembre del año de Nuestro Señor de 1996.
30 oct 2015
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EL MOMENTO ACTUAL DE LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN: Galicia, un lugar común en el ciberespacio
Galicia, un lugar común en el ciberespacio Jesús Pérez Varela Junta de Galicia DESDE la creación, en 1991, de la Secretaría Xeral de Comunicación, la Xunta de Galicia viene desarrollando un esfuerzo económico y tecnológico sin precedentes para situar a la Comunidad gallega en la vanguardia de las tecnologías de la información, un empeño político recientemente reafirmado con la creación de una Consejería de Cultura y Comunicación, a la que corresponde impulsar y coordinar horizontalmente todas las políticas relativas a lo que se viene denominando hipersector de la información (informática, telecomunicaciones, audiovisual e industrias culturales). El esfuerzo ha rendido ya notorios frutos, desde la universalización del servicio telefónico básico -alcanzada en 1994, al mismo tiempo que la cobertura total de la telefonía móvil- a la puesta en marcha de una red de comunicaciones móviles por el sistema Trunking al servicio de la Comunidad Autónoma, soportada en la infraestructura de centros reemisores que difunden las señales de la televisión y la radio autonómicas, sin olvidar la digitalización de las distintas redes, en proceso muy avanzado respecto al resto de España. Pero, hay un hito especialmente destacado en esta carrera en la que está embarcada Galicia por no perder el tren del futuro. Galicia cuenta, desde el pasado mes de febrero, con la primera "superautopista" autonómica de la información. Se trata de una red de banda ancha, que por primera vez en España y posiblemente también en Europa, combina fibra óptica con radioenlaces digitales, empleando los más avanzados sistemas de transporte y conmutación SDH y ATM. Con una capacidad de 155 megabyts por segundo (un ancho de banda 30.000 veces superior al de la RDSI), enlaza los siete campus universitarios gallegos entre sí, con los centros de que dispone en Galicia el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, el Parque Tecnológico, los principales hospitales y el Centro de Supercomputación de Galicia, que cuenta con uno de los equipos más potentes de Europa para el cálculo intensivo. Hoy por hoy es una potente red de ciencia y tecnología, conectada a la Red Iris y al servicio de los proyectos regionales de I+D, pero en el futuro, dadas sus potencialidades, sin duda se abrirá a otros usos, como sucedió en su día con la hoy popularísima Internet. "La tecnología puede hacerlo casi todo; lo que se necesita es imaginación", afirmaba recientemente Craig Mundie, el vicepresidente de Microsoft Corporation, a propósito del mundo que nos aguarda a quienes viviremos en todo su apogeo la sociedad de la información. Imaginar es intuir, adelantarse a cada nuevo reto, en definitiva, ir por delante. Galicia está yendo por delante en la búsqueda de soluciones para desafíos tan notables como supone la implantación del cable en hábitats, como el gallego, altamente dispersos. En breve pondremos en marcha en Santiago de Compostela una experiencia piloto de "cable sin cable", un sistema de televisión interactiva vía radio, adaptando a Galicia y con técnicos gallegos, la tecnología americana denominada con las siglas LMDS. Partiendo de la base de que "cablear" toda la geografía gallega es económicamente inviable, se trata de encontrar la fórmula que evite que, simplemente por vivir en zona rural, buena parte de los gallegos se vean privados de las muchas oportunidades de acceso a la formación, la cultura, el trabajo y hasta a la salud que comportan las nuevas tecnologías de la información. Galicia tiene que aprovechar la oportunidad que ahora se le brinda para resarcirse de los perjuicios que le acarreó haber llegado tarde a los grandes cambios que trajo aparejados la revolución industrial. Quedar ahora descolgados del proceso que conduce a la sociedad de la información y del conocimiento, a la sociedad digital, puede condenarnos a una forma de atraso cuya severidad es imposible siquiera vislumbrar aún. En la Xunta estamos convencidos de que los avances en materia de telecomunicaciones y la progresiva implantación de los llamados Servicios Avanzados, además de relativizar la condición periférica de Galicia, haciendo más abierta y competitiva su economía, también contribuirán a la vertebración territorial y social. Las nuevas tecnologías harán posible que todos los gallegos, los de ciudad y los de aldea, incluso los de la diáspora -miles y miles de paisanos nuestros desperdigados por todos los confines del planeta- se incorporen de lleno a la modernidad y puedan participar en esa apasionante tarea colectiva que es hacer de la Galicia del siglo XXI un lugar común en el ciberespacio.
30 oct 2015
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EL MOMENTO ACTUAL DE LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN: Las tecnologías de la información y el derecho
Las tecnologías de la información y el derecho Tomás de la Quadra-Salcedo Presidente de ADETI Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III NO ES POSIBLE concebir ninguna actividad o realidad humana sin que exista una decisión colectiva sobre su estatuto y regulación; una decisión por la que se sepa cuales son los derechos y deberes de los ciudadanos respecto de ellas. Esa decisión en forma de ley, de costumbre o de jurisprudencia no es otra cosa que el derecho y si el mismo goza de esa omnipresencia en todo lo que es humano no es por decisión de los especialistas en ese arte, sino porque responde a una necesidad intrínseca de la organización de social. A esa necesidad de formalizar el estatuto de las cosas y de las actividades humanas, no podían sustraerse las nuevas tecnologías, ni desde luego las vinculadas con la información. Nadie pone en cuestión la necesidad de una regulación por el derecho de estas tecnologías, ni siquiera los que se reclaman de una ideología ultraliberal. Más bien lo que ocurre en el momento actual es que lo que se echa de menos es que las regulaciones existentes en casi todos los países, por no decir en todos, no ofrecen las garantías de certeza y de seguridad jurídica que les serían exigibles. Este es un rasgo que conviene subrayar desde el principio: el derecho no parece estar hoy a la altura de las circunstancias, puesto que no satisface la primera necesidad que de él se espera: la seguridad jurídica, la certidumbre de los límites de lo que se puede hacer o no y en qué condiciones; la certidumbre, también, de que el régimen jurídico que discipline estas actividades está llamado a tener una cierta permanencia; la certidumbre de que las lagunas de la ley o sus insuficiencias y oscuridades -por otra parte siempre inevitables en todo lo que es humano- serán las menores posibles y se moveran dentro de un margen tolerable y admisible. Hoy resulta difícil no reconocer que las regulaciones de casi todos los países más desarrollados, no reúnen estas características, sino que más bien destilan un aroma de inseguridad. Ello ocurre incluso en los países que se proponen como modelos del nuevo espíritu liberalizador: Estados Unidos y el Reino Unido. La reciente nueva ley de las telecomunicaciones de aquel país es prácticamente imposible de ejecutar en tanto no se dicten sus normas de desarrollo; con la particularidad de que el margen de interpretación que a las mismas se les abre es tan amplio que no pueden generar un sentimiento de confianza en los inversores llamados a implantar las tecnologías de la información hasta no saber cual será el modelo definitivo que va a ser concretado en las normas de desarrollo. En el caso del Reino Unido, precursor en Europa de la liberalización de las Telecomunicaciones, se empieza a dudar por demasiados expertos de si el modelo de un duopolio que inicialmente se ensayó, aunque luego se abriese más la competencia, es un buen modelo. También se duda si las trabas puestas al operador dominante son negativas para el desarrollo tecnológico de la industria de las telecomunicaciones y representan un frenazo artificial en las necesidades de investigación y desarrollo que es una de las exigencias a que ningún país puede renunciar ni obstaculizar. Este rasgo de incertidumbre de la nueva regulación de las telecomunicaciones no es achacable, sin embargo, a la impericia o incompetencia del legislador respectivo de cada país- sería mucha casualidad que en ningún sitio exista un legislador competente- sino a muchas circunstancias de entre las que se pueden destacar especialmente dos. Por un lado debe destacarse la propia evolución de las tecnologías de la información y sus constantes descubrimientos y mejoras que no dejan de asombrarnos cada mes o cada día pues el ciclo de evolución de estas mejoras es tan rápido que su impacto en la opinión pública y en los expertos o en los interesados en las tecnologías de la información se mide ya por cortos periodos de tiempo. Por otro, las dinámicas que han puesto en marcha las tendencias liberalizadoras y de instauración de la libre competencia. Evolución tecnológica Empezando por la primera circunstancia, la de la rapidez de la evolución tecnológica y los nuevos descubrimientos y mejoras a que nos estamos acostumbrando -o mal acostumbrando- no podemos sino congratularnos de la misma y de los beneficios que ha de reportar a la humanidad. El problema es que si el ritmo de evolución tecnológica es tan rápido ocurrirá que del mismo se beneficiará la humanidad en las personas de nuestros bisnietos, puesto que hasta esas fechas no existirá un inversor que se atreva a invertir su capital en unas tecnologías, que pueden quedar desfasadas en poco tiempo y que sin embargo pueden exigir fuertes inversiones que solo se recuperaran si existe una cierta seguridad de permanencia en la utilidad del servicio que procuran. Al ciudadano que necesita cambiar de coche no se le ocurre esperar lo más posible hasta que se produzca una mejora tecnológica notable; en cambio el que tiene que cambiar de ordenador o de software -si ya tiene aquel- sí se ha enfrentado a la duda sobre la conveniencia de esperar al próximo descubrimiento que se anuncia o comprar de inmediato; y lo mismo ocurre si hablamos de televisión digital o de otras tecnologías de la información que empiezan a hacerse comunes en nuestra sociedad. Ello si no hablamos de la espera a la bajada de precios relacionada no sólo con la competencia y con la ampliación del mercado de demandantes de estas nuevas tecnologías, sino con el abaratamiento de costes derivado de los nuevos descubrimientos. Al comprador actual, en la disyuntiva de comprar el producto existente o el que se anuncia como mejor y revolucionario, le puede pasar lo que se atribuye a la burra de Buridan, que llegó a la cuadra tan hambrienta y sedienta que puesta entre la alfalfa y el agua se murió de inanición al ser incapaz de decidir si empezaba por la comida o por la bebida. Pero como el consumidor es inteligente lo que hará no será tanto dejar de comprar aquello que necesita imperiosamente, sino retrasar sus decisiones en todo lo que no sea estrictamente vital para él o su actividad; con ello traspasará el problema de la muerte por inanición al empresario que no colocará sus productos en el tiempo previsto. En definitiva el éxito de la investigación y el desarrollo tecnológico puede hace morir de éxito las propias tecnologías brillantemente descubiertas pues nadie se atrevería a ponerlas en práctica si teme que pueden ser superadas con tanta rapidez que impidan la recuperación de la inversión. La segunda circunstancia que puede explicar el desconcierto en el que parece estar sumida la regulación de estas tecnologías es la del propio proceso de liberalización y regulación en el que están embarcados la mayoría de los países. Dos razones básicas pueden explicar la preferencia actual por un sistema liberalizado y regulado que sustituya al modelo de monopolios o servicios públicos que en el campo de las telecomunicaciones ha sido la norma en casi todos los países. Abaratar los costes La primera es la de la incapacidad para enfrentarse a los retos de la competencia en este sector en un escenario mundial en el que para competir la capacidad de innovación y por tanto de investigación es inversamente proporcional al tamaño de las empresas: sólo las empresas grandes -por tanto las que actúan en mercados grandes- serán capaces de dedicar las cantidades necesarias en I+D que es la condición necesaria para poder estar presentes a medio y largo plazo con garantías de éxito en un mercado globalizado. En esa perspectiva la compartimentación nacional de mercados que suponían los monopolios constituía un serio handicap a la pretensión de estar presente en ese futuro mercado mundial de las Telecomunicaciones. Este defecto estructural de la organización bajo el régimen de monopolios lo vio muy bien la Comunidad económica europea en su libro verde sobre las Telecomunicaciones de 1987. La segunda razón que explica la preferencia actual por la liberalización tiene que ver con los posibles abusos de posición dominante a que puede conducir la situación de monopolio, así como la falta de estímulo por mejorar la eficiencia y abaratar los costes en una actividad en la que se tienen cautivos a los demandantes de servicios y en la que, por tanto, la mejora en la calidad y coste de los servicios no es determinante del aumento en la demanda de estos. Todas estas razones son perfectamente válidas y plausibles y por ello explican las tendencias liberalizadoras actuales. El problema es sin embargo que los servicios públicos no se instauraron en términos generales para beneficio de los concesionarios o titulares del derecho exclusivo a prestar la actividad, sino porque había que atender necesidades de interés general o público que no podían dejarse a la dinámica del mercado (por ejemplo que el teléfono sea accesible en igualdad de condiciones en cualquier parte del territorio y sin costes excesivos de forma que todos los sectores sociales puedan tener acceso a ellos con relativa facilidad). Y esas necesidades siguen subsistiendo básicamente, si acaso incrementadas por el dato de que la propia evolución cultural hace que lo que ayer parecía un lujo (la electricidad que sustituía a la leña y al carbón para producir energía y calor) hoy sea ya un artículo de primera necesidad y lo que hoy puede parecer todavía un producto sofisticado (como las telecomunicaciones por cable de fibra óptica) muy pronto ha de ser considerado como una necesidad vital de la que nadie puede ser privado. Pues bien en un sistema de servicio público se sabía como se atendían esas necesidades (en realidad mediante subvenciones cruzadas desde los usuarios con mas rentas a los usuarios con menos rentas o prescindiendo del coste territorial de los servicios -llevar el teléfono a un hogar de una aldea rural tiene distinto coste que llevarlo a un piso de una gran ciudad- distribuyendo su coste entre todos los usuarios sin tomar en consideración los costes en cada punto territorial). En un sistema de mercado, en cambio, el criterio de la rentabilidad y el criterio de la libertad de elección del segmento territorial o de actividad en que se quiere operar hacen imposible la atención a estas necesidades de interés general con las reglas del mercado puro. Obligaciones de servicio universal En eso consiste, al menos en parte, la regulación: en establecer normas y mecanismos en un sistema de mercado que garanticen que la obligaciones de "servicio universal", que se reconoce que deben subsistir en un contexto liberalizado, queden cubiertas frente a la dinámica propia del mercado que las dejaría abandonadas. Pero esas normas y mecanismos no son fáciles de establecer ni de controlar su cumplimiento; e introducen multitud de problemas difíciles de resolver como el de saber quién tiene que cubrir esas obligaciones de servicio universal (¿todos los que operan en esa actividad o alguno de ellos?) y como se pagan (¿por los presupuestos del Estado o por los usuarios de los servicios que prestan todas las empresas? ¿y cómo se distribuye en este último supuesto entre todas ellas?). La regulación consiste además en resolver un grave problema que presentan estos servicios que en términos económicos se consideran en red: el de que estos servicios tiene una tendencia natural al monopolio porque se prestan a costes decrecientes o a beneficios crecientes ( cuantos más usuarios menos coste por usuario o lo que es lo mismo más beneficio para la empresa). La regulación pretende evitar que esta tendencia al monopolio se consume, especialmente tratando de que las empresas dominantes no abusen de su posición para impedir la aparición de nuevas empresas que les hagan la competencia. De nuevo aquí aparecen mecanismos, reglas y organismos de regulación que han de tratar de que funcione bajo reglas naturales de mercado, una actividad que tiene tendencia, también natural, a no actuar de esa forma. Todo ello dota a la regulación de un margen de discrecionalidad y artificiosidad, que parece ir en contra de la sencillez de un mercado que a veces se presenta como el estado natural, como el estado de naturaleza, de la economía; que no debería necesitar de intervenciones y artificios. Las necesidades de interés general y la tendencia al monopolio o al oligopolio hacen, sin embargo, indispensables tales intervenciones y regulaciones, ello no significa sin embargo que tales regulaciones sean claras y seguras para todos los intervinientes, pues al menos en la fase de implantación del nuevo marco liberalizado no todo son reglas sino actuaciones del organismo regulador (en nuestro país la Comisión del Mercado Nacional de las Telecomunicaciones) que sobre ser un mecanismo nuevo en nuestra tradición jurídica tiene, además, que dar respuesta a problemas también nuevos que no pueden tener respuesta en las normas y que exigen una actuación rápida, si quiere ser eficaz; ello puede poner en cuestión la seguridad jurídica de los operadores en el sector. Barreras del mercado mundial Otro problema que se deja sentir cada día de forma más acuciante es la necesidad de definir un marco internacional de reglas de juego y un árbitro del mismo nivel. La Comunidad que trataba de romper las barreras que se oponían a la creación de un mercado mundial de las telecomunicaciones en el que la industria y las empresas europeas en general pudieran competir con las americanas y las japonesas, está poniendo el acento en la creación de una auténtica competencia en el interior de cada país de la Comunidad. Para ello se trata de favorecer a los nuevos entrantes en los respectivos mercados nacionales, estableciendo restricciones a los operadores dominantes que son los monopolistas del pasado; así al operador dominante británico en telefonía y transmisión de datos se le impidió prestar, a través de sus redes, servicios de televisión; lo que en cambio se les permitía a los nuevos entrantes junto con los demás servicios de telecomunicaciones, para favorecer su desarrollo e implantación en condiciones más semejantes reservándoles ese mercado de la televisión. Esa política no ha impedido que los nuevos entrantes sigan teniendo una cuota mínima de mercado respecto del dominante y en cambio ha producido dos efectos sobre cuyo alcance y significado conviene reflexionar: El primero desincentivar el esfuerzo del operador dominante en investigación, desarrollo y experimentación en ese nuevo servicio de televisión por cable, siendo así que es probablemente el operador británico que por tamaño y experiencia estaba en la mejores condiciones para hacerlo. El segundo la entrada a través de alianzas de todo tipo de operadores estadounidenses en el mercado británico. Si eso fuera así resultaría a la postre que la capacidad de mejora y experimentación de las compañías con tamaño adecuado en cada país, no pueden ejercerla en su país y tendrían que adquirirla fuera, donde tampoco podrían desplegar toda su capacidad, empeñados como estarían en introducirse y asentarse en un mercado en un país distinto lo que consumiría buena parte de sus esfuerzos. El problema sería aún mas grave si esa política de reequilibrio entre los dominantes y los nuevos entrantes no se practicara de la misma forma en todos los países de la Comunidad. En realidad ello deja de ser una hipótesis: el operador dominante en el Reino Unido tiene la limitación señalada en su país que no existe, o al menos no de la misma forma en todos los países de la Comunidad. La reflexión debe llevarse también al plano extracomunitario, pues es urgente saber si las empresas de países terceros (Japón y Estados Unidos sustancialmente), estas sí con tamaño adecuado por tener mercados más amplios en sus países respectivos, tienen en su país las limitaciones que los dominantes pero de tamaño similar encuentran en cada uno de los países comunitarios. El problema no puede eludirse con la afirmación de que la libertad de movimiento de capitales hace inútil hablar de empresas nacionales o comunitarias, en un mundo donde el capital se mueve a velocidad de vértigo transformado en "bits" de comunicación; pues ningún país puede ser insensible, ni tampoco la Comunidad, al hecho de que esos movimientos de capital pueden dejar empobrecido en el corto y medio plazo a un país, que tiene que pechar, sin embargo, con los problemas sociales que, de inmediato, le plantearán sus habitantes que no encontrarán la misma facilidad que el capital para moverse en el mercado mundial de trabajo. Competencia perfecta Las incertidumbres jurídicas son sin duda pasajeras y producto de estar aprendiendo a desenvolverse en un nuevo sistema que será preciso poner a punto y que desde luego puede reportar grandes beneficios. El problema sin embargo es saber si algunos elementos de la política de liberalización, en términos generales bien concebida, pueden ser sin embargo perjudiciales para una industria y unas empresas europeas, en cuanto que más que prepararlas para competir en un mercado mundial les pudiera estar limitando para ello en beneficio de competidores de terceros países. La disyuntiva es si es más lógico insistir tanto en la competencia perfecta dentro de cada país, tomado por separado, esforzandose en proteger a los nuevos entrantes en cada uno de ellos con limitaciones a los dominantes (pensando que son, o deseando que sean tal vez, empresarios nuevos y bisoños a los que hay que defender y animar), o por el contrario si es más lógico abandonar ese escenario de cada país y fijarse más bien en la competencia en el ámbito de la Comunidad pensando que los nuevos entrantes en cada país serán normalmente los operadores dominantes ya existentes en los demás países, que por tanto no necesitan de una especial protección (salvo las medidas generales de acceso a la red existente y transparencia en las tarifas de acceso) pues tienen tamaño suficiente para defenderse por sí solos al abrir mercado en un país distinto del suyo de origen. Esa disyuntiva debería ser respondida desde las instancias comunitarias con plena conciencia de su trascendencia y de que constituye el elemento clave de su política con su correlativo reflejo jurídico en las Directivas comunitarias. Al lado de la respuesta a esa disyuntiva las incertidumbres jurídicas de la liberalización revisten menos importancia, pues sin minimizarlas, en absoluto, se comprende que las mismas serán sin duda superables y tolerables habida cuenta de los beneficios que de la liberalización se esperan y de que son el producto de la aplicación de técnicas nuevas que el paso del tiempo ira aclarando, aunque sin perder de vista los efectos perniciosos que una prolongación excesiva de esa situación de incertidumbre puede conllevar. Hacer una política que sitúe a las empresas europeas en condiciones de competir en el escenario mundial es, en cambio, el nudo gordiano de la política de telecomunicaciones que afecta a su instrumentación jurídica. El acierto en esas decisiones básicas y la rápida culminación del marco jurídico de la regulación en un contexto liberalizado son los retos decisivos de los próximos meses en el plano europeo.
30 oct 2015
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EL MOMENTO ACTUAL DE LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN: Fomentar la I+D en telecomunicaciones
Fomentar la I+D en telecomunicaciones Elisa Robles Fraga Directora General de Tecnología y Seguridad Industrial. Ministerio de Industria y Energía. EN LAS ULTIMAS décadas se han intensificado las consideraciones sobre las características de la sociedad que emergerá de las transformaciones que están produciéndose en un agitado y acelerado fin de siglo. Buena parte de estas apreciaciones están centradas en el papel que la información y las tecnologías vinculadas con su tratamiento desempeñan en la articulación de las nuevas estructuras sociales, económicas y productivas. Sin duda alguna, el sector de las telecomunicaciones es uno de los más "apasionantes" en el panorama reciente del mundo económico. Es un sector con un peso muy importante, y creciente, dentro de la economía, en un contexto como el actual de globalización e integración cada vez mayores a nivel mundial. Las cuestiones de interés que suscita el desarrollo del sector no se limitan a los aspectos tecnológicos o a su significación económica, sino que en buena medida afectan también a la organización de la sociedad y a sus diferentes actores. Es decir, el sector está teniendo fuertes consecuencias a nivel social y económico y es ya un hecho que la información se está convirtiendo en un factor clave de la producción. Según datos del último informe de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), el sector de telecomunicaciones de los años 90 se está comportando como la mayor y más diversificada de la historia. La buena salud de la industria de las telecomunicaciones es más evidente si lo comparamos con otros sectores de actividad económica; y no hay razones para pensar que esto no seguirá siendo así en los próximos años. Respecto al mercado español, el comportamiento en los últimos años no ha sido paralelo al del resto del mundo, debido fundamentalmente al descenso de las inversiones de los operadores en equipos de telecomunicación. La producción y el empleo siguieron estrechamente el comportamiento de la demanda. Las variables más positivas han sido la exportación, que se ha multiplicado por 10 en la ultima década y el esfuerzo de I+D. La industria de telecomunicaciones se ha consolidado como uno de los primeros sectores por esfuerzo en I+D en España. Estos aspectos positivos son, a mi juicio, muy importantes. Además, se ha producido algo que merece la pena resaltar, las repercusiones que está teniendo y tendrá sobre la industria. Me refiero a la proyección internacional de Telefónica, que ha conseguido una posición importante en los mercados de Iberoamérica, lo cual ha supuesto un gran paso en la internacionalización de Telefónica y de las empresas industriales relacionadas con ella. Desde mi perspectiva del Ministerio de Industria y Energía quisiera incidir en determinados aspectos que considero importantes en el ámbito de la industria de las telecomunicaciones. Es necesario potenciar el desarrollo de un sector industrial de telecomunicaciones nacional y el protagonismo debe corresponder ineludiblemente al sector privado. Entre las actuaciones públicas a desarrollar se encuentra el fomento de la capacidad tecnológica del sector, que puede implicar ayudas puntuales a las empresas españolas, con las limitaciones impuestas,lógicamente, por las normas del derecho de competencia. En el marco de estas actuaciones públicas, se tomarán en consideración, entre otros, los siguientes criterios: - 1º, la creación de empleo, objetivo prioritario del Gobierno y que deberá recibir una atención adecuada en este sector. - 2º, el incremento del valor añadido en el sector. - 3º, la internacionalización, en sus diferentes versiones de proyección al exterior: acuerdos con otros países, alianzas, inversiones, distribución y comercialización. - 4º, la formación en sentido amplio; y por último - 5º, el fomento de la I+D. Las empresas españolas del sector han realizado un esfuerzo muy significativo en exportación, internacionalización y en desarrollo tecnológico. A pesar de lo cual el gasto en I+D de las empresas españolas está muy por debajo de lo deseable y es algo sobre lo que deben reflexionar las empresas y los poderes públicos. En este sentido, el Ministerio de Industria y Energía se propone apoyar decididamente estos aspectos. El Ministerio de Industria y Energía está elaborando una iniciativa que recogerá todas las acciones e iniciativas del Ministerio relacionadas con la tecnología, la calidad y seguridad industrial, que recibirá el nombre de Iniciativa ATYCA. ATYCA se articulará en torno a dos grandes programas: En primer lugar, un Programa de Fomento de la Tecnología Industrial, que incluirá acciones de promoción de áreas tecnológicas multisectoriales, así como actividades horizontales en el terreno de las infraestructuras, la formación, el diseño industrial y el impulso de los servicios de apoyo a la innovación empresarial. Las telecomunicaciones serán una línea de actuación preferente dentro de este Programa. En segundo lugar, un Programa de Seguridad y Calidad Industrial, orientado a implantar sistemas de gestión de calidad en las empresas, promoviendo la mismo tiempo la certificación y el ecoetiquetado como pasaporte que facilite las exportaciones de productos industriales españoles.
30 oct 2015
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EL MOMENTO ACTUAL DE LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN: Nuevos perfiles en el negocio de las telecomunicaciones
Nuevos perfiles en el negocio de las telecomunicaciones Francisco Ros Presidente de Unisource LAS TELECOMUNICACIONES han dejado de ser servicio público, o, al menos, sólo servicio público, y se han transformado, fundamentalmente, en negocio. Fabuloso negocio para algunos, muy pocos, buscadores de licencias y oportunidades de corto plazo, razonable negocio para otros: empresas con deseos de permanencia y enfocadas al largo plazo. Las telecomunicaciones, además, han ganado en envergadura al anexionarse, en su crecimiento, una parte tanto de las tecnologías y negocios informáticos como de los negocios de contenidos. La resultante es un reformado macrosector con enorme potencionalidad y galopante competencia. En este nuevo contexto los entes gubernamentales responsables del servicio se transforman en empresas y los abonados se convierten en clientes. Cliente, es la palabra mágica. De desconsiderar al abonado se pasa a mimar al cliente y disputárselo. Surge la competencia y el sector inicia una irreversible y total transformación. Se estrechan los márgenes, se amplia enormemente la gama de servicios, mejora la calidad, desaparecen gran parte de las barreras y los acuerdos institucionales comienza a transformarse en relaciones comerciales Realmente, estamos ante la conformación de un nuevo sector, con nuevas reglas, nueva regulación y hasta, incluso, algunos nuevos actores. En este nuevo contexto también cambian, lógicamente, las necesidades de perfiles profesionales que las empresas de telecomunicaciones tradicionalmente demandan y es sobre este punto sobre el que me gustaría hacer algunas breves reflexiones, coincidiendo con la celebración que merece el aniversaro del órgano de expresión de la asociaciación, por excelencia, de los profesioneales del ramo. El sistema universitario español ha generado, a través de las escuelas de telecomunicación y, más recientemente, de las de informática, profesionales de alto nivel técnico que han servido con sobrada dignidad y baremos internacionalmente reconocidos a las necesidades del sector en nuestro país. Las aportaciones técnicas en áreas como la transmisión de datos, las comunicaciones por satélite o los cables submarinos, por citar solo algunas, están ahí para evidenciarlo. La calidad de algunas parcelas de nuestra investigación y desarrollo, aglutinada en torno a las más prominentes escuelas de telecomunicación y al centro de I+D de Telefónica, es comparable a las de los mejores grupos europeos. Las bases técnicas sobre las que se asientan las empresas del sector en España son sólidas y, generalmente, bien construídas, tal como se ha podido comprobar cuando ha habido necesidad de exportar esa experiencia a empresas de otros países con ocasión, por ejemplo, de la expansión internacional de Telefónica. Todo lo anterior, con ser un extraordinario pilar y una base necesaria, ha dejado ya de ser suficiente. Además de esos magníficos profesionales el sistema debe empezar a producir ingenieros y licenciados con más mentalidad comercial, expertos para los que desarrollar un nuevo servicio con atractivo y facilidad de uso para los clientes o encontrar un diseño de infraestructuras o de encaminamiento de tráfico que reduzca los costes, constituya un reto de similar o de mayor categoría que el hallazgo de un nuevo protocolo que reduzca los errores de transmisión o comprima más la información. Las empresas de telecomunicación necesitan nuevos perfiles profesionales con sensibilidad hacia el cliente, hacia la integración y empaquetamiento de nuevos servicios que atraigan el interés de los individuos y fomenten el uso de la red, o hacia el desarrollo de nuevas aplicaciones que hagan llegar las telecomunicaciones a sectores que ahora no las usan, salvo para lo que estrictamente es la comunicacioón telefónica tradicional, y que les permitirían resolver problemas de gestión y aumentar las eficiencias de sus negocios. Hay que desarrollar multitud de aplicaciones para sectores industriales y profesionales, como, por ejemplo, el sector educativo, pero concebidos como productos comerciales, en precio, calidad y sencillez, y no solo como logros técnicos. La interactividad que las nuevas redes, como Internet, ofrecen a la imaginación de profesionales sólidos y creativos es enorme y aún no suficientemente explotada desde el punto de vista comercial. En las telecomunicaciones actuales los precios los fijará, cada vez más, el mercado y serán, cada vez menos, el resultado de la estructura de costes actual de las operadores. En estas circunstancias es imprescindible reducir los costes de manera significativa y cambiar su estructura, para lo cual se requiere un conocimiento sólido de las posibilidades que ofrece la tecnología en cuanto a empaquetamiento de información, gestión flexible y automatizada de las redes para aumentar su caudal y reducir sus servidumbres y, a la vez, la consecución de acuerdos comerciales con otros operadores que abaraten los costes de la distribución internacional del tráfico. Asimismo en las telecomunicaciones actuales los clientes demandan, cada vez más, servicios de carácter internacional que es preciso ofrecer mediante una fuerte presencia en otros países y las oportunas alianzas con otros operadores. Todo ello requiere de una adecuada capacidad de negociación y del diseño o adopción de unas plataformas comunes o compatibles que garanticen la continuidad y ausencia de fisuras en los servicios. Para ello se requieren profesionales que unan a su sólida formación técnica, un conocimiento de idiomas y entendimiento de otras culturas, a la vez que una cierta base comercial y legal que permita la desenvoltura requerida en las mencionadas circunstancias. En definitiva, nos encontramos conviviendo con el mayor cambio que las telecomunicaciones hayan experimentado jamás, y probablemente con uno de los mayores cambios sufridos por cualquier sector industrial en tiempos recientes, y los profesionales tienen que adaptarse a las nuevas circunstancias y ofrecer los nuevos perfiles que el renovado sector demanda. Existen las bases para ello, tanto por la calidad de la formación técnica de nuestro sistema como por el incentivo que supone el papel de privilegio que Telefónica ocupa en la vanguardia de la conformación del nuevo sector. Solo se necesita un pequeño empuje. La oportunidad lo merece.
30 oct 2015