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EL PASADO DE LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN: La I+D a través del tiempo
La I+D a través del tiempo J. A. Martín Pereda Catedrático del departamento de Tecnología Fotónica de la ETSITM UNO DE LOS preceptos básicos que se ha de seguir siempre que uno se sienta ante el teclado para escribir algo es el de que solo se debe escribir de aquello de lo que se sabe o de lo que se ha pensado durante un tiempo razonable. Lo que se cree saber, puede ser solo parcial o incluso no ajustarse del todo a la realidad. Lo que se ha dejado divagar por la mente durante algún tiempo, es posible que solo haya sido pensado en el subconsciente. Es por ello que mis líneas sobre la l+D en el campo de la Telecomunicaciones en los últimos veinte años van a estar guiadas únicamente por mi personal visión y no por lo que pueda extraer de lecturas o comentarios ajenos. Con toda seguridad será una visión parcial que a muchos les podrá parecer sesgada. Pero prefiero hacerlo así que no irrumpir en terrenos que me son poco familiares y realizar afirmaciones que, en pocas semanas, me obliguen a echarme atrás por su falta de veracidad. De lo anterior se deriva la razón del enfoque que voy a adoptar. Este enfoque parte de un hecho fundamental: que, por mi trayectoria personal, conozco algo de lo que ha sido la I+D en la Universidad española, que tengo algunas ideas de lo que ha sido la política de l+D llevada a cabo por las diferentes Administraciones y que sé muy poco de poco más. No conozco a fondo lo que han sido las acciones, exitosas o fallidas, de la iniciativa privada; no sé nada de qué criterios han guiado a las empresas, públicas o privadas, en ese terreno en los últimos años. Y, finalmente, soy un completo ignorante en lo que se refiere a cómo se ha generado, si se ha generado, una base de I+D en entornos alejados de los que yo me he movido. Tengo, como es lógico, algunas ideas de todo ello, sé cómo se han desarrollado algunas cosas, pero como he escrito al empezar estar líneas, de lo que no se sabe con fundamento, mejor es no hablar. En consecuencia, me centraré en aquello que he vivido y dejaré para otra ocasión las improvisaciones o las tareas de búsqueda en todo lo que me ha sido ajeno. Etapas en la evolución de la I+D en los últimos veinte años (1) Cualquier división en bloques temporales que se haga resulta, casi siempre, arbitraria. A pesar de ello, y con ánimo de clarificar mi exposición, creo obligado hacer un esbozo de taxonomía temporal. Las cinco etapas en las que he divido la evolución de la l+D que voy a tratar son absolutamente personales; algunos podrán poner otros años o pensar en un número diferente de etapas. Da igual. Creo que la idea global que encierran es válida en todos los casos. Las fases que he planteado son las siguientes: l) Etapa previa a 1970, 2) de 1970 a 1980, 3) de ]980 a 1985, 4) de 1985 a 1990, y 5) de 1990 a nuestros días. Cada una de ellas presenta unas características muy diferentes y, por tanto, parece obligado su estudio de forma independiente. Solo veremos aquí sus puntos mas significativos. Aunque queda fuera del margen que en estas páginas se está considerando, creo que es necesario presentar algunas características de la primera ya que pienso que determinaron ciertas formas de trabajo posterior. Etapa previa a 1970, o de los grandes beneficios que puede reportar una educación deficiente. La situación general existente durante la década de los sesenta, y sin entrar en épocas anteriores, podría resumirse en los siguientes hechos: * La mayor parte de los Centros en los que se impartían enseñanzas de Ingeniería, y más en concreto en el de Telecomunicación, se caracterizaban por una ausencia casi total de dedicaciones exclusivas entre su profesorado. * La mayor parte de los docentes mantenían una dedicación preferente, en su actividad diaria, a trabajos ajenos a las tareas universitarias. Dependiendo de las ramas, esta actividad se desarrollaba bien en la Administración pública o bien en la empresa, tanto pública como privada. * A pesar de lo anterior, las relaciones que mantenían los centros de enseñanza con la industria eran prácticamente nulas. * En bastantes casos se daba la circunstancia paradójica de que la materia que impartía en las aulas un determinado profesor era completamente ajena a las tareas que ese mismo profesor ejercía en su actividad profesional. * Como derivado de todo ello, muy difícilmente podía hablarse de la "escuela" creada por un determinado profesor o denominarle "maestro" en el sentido exacto de la palabra. * Existía en todos los Centros un predominio absoluto de la docencia (con minúsculas) sobre la investigación (fuera del tipo que fuera). De hecho ésta era algo prácticamente ignorado. No hacía falta el "tolerarla", como se hacía en algunos otros entornos, porque en éstos que estamos tratando aquí apenas se tenía constancia de que existiera. * En la mayor parte de las Escuelas había una carencia casi completa de laboratorios, tanto docentes como de investigación. * Eran casi nulos, o de muy baja calidad, los textos de cualquier materia que existían en castellano. Los que existían se remontaban a varias generaciones atrás o no tenían apenas nada que ver con los que estaban vigentes en otras partes del mundo. * Los casos de docentes que hubieran tenido algún complemento de estudios en el extranjero eran contados. Su formación se reducía a la que habían adquirido en sus tiempos de estudiante y a la que hubieran podido adquirir, posteriormente, en su vida profesional. * En el exterior, en otros países, se estaba produciendo un espectacular avance de las hoy denominadas Nuevas Tecnologías, que en ese momento estaban iniciando su andadura. * La industria nacional, aunque en fuerte desarrollado con respecto a anteriores décadas, no se había incorporado de forma activa en el proceso ya mencionado de generación de nuevas técnicas. Las empresas no contaban con la más mínima infraestructura de l+D y, lo que es peor, entre sus planes a corto o medio plazo no existía apenas interés en ello. Las consecuencias que se derivaron de todo ello fueron, entre otras, las siguientes: * Salida a realizar estudios de postgrado en el extranjero, principalmente en los últimos sesenta, de un número significativo de estudiantes. Estos se encontraban, por lo general, entre los mas aventajados de cada promoción. La elección de las líneas posibles de trabajo, así como los centros seleccionados, no eran función de ninguna política preconcebida, sino simplemente el reflejo de las inquietudes personales o del simple azar. * De una forma un tanto espontánea, la tendencia que se dio entre los mismos, y quizás como reacción, fue la de estudiar temas más orientados hacia el segmento básico-aplicado de lo que hubiera sido normal en estudiantes convencionales de Ingeniería de Telecomunicación. Este hecho dio la oportunidad de establecer contacto con los más recientes descubrimientos de la Física y la Tecnología que se estaban llevando a cabo en los centros a los que se habían dirigido. Etapa de 1970 a 1980, o de las indirectas ventajas de un sector industrial poco atractivo. Pasados los años de estancia en el extranjero, y en un intervalo no superior a cinco años, fueron produciéndose una serie de hechos realmente significativos para los centros dedicados a la Ingeniería de Telecomunicación. Entre ellos podemos destacar: * Vuelta casi completa a España de los becarios que habían salido a estudiar en el extranjero. * Incorporación masiva de estos en puestos docentes de sus Centros de origen. * Inicio de un fuerte incremento en el número de alumnos que se matriculaban en la Escuelas de Ingeniería y creación de otras nuevas. * Significativo aumento en el número de plazas de profesores necesarios en todas las Universidades y en todos los niveles de la docencia. * Creación de un relativamente alto número de grupos de I+D en las Escuelas, con temas conexos a los desarrollados por los exbecarios durante su estancia fuera de España. * Desarrollo en la Universidad de temas de investigación más atractivos que los que se estaban desarrollando en ese momento en las empresas. Esto dio lugar, conjuntamente con lo apuntado anteriormente, a que un gran número de los alumnos mas aventajados, al terminar sus estudios, permanecieran en la Universidad continuando su formación de postgrado e incorporándose a tareas docentes. * Inicio interno de reforma de los programas de estudio en algunos centros mediante métodos no demasiado ortodoxos. Dada la dificultad de oficializar los cambios, los nombres de las asignaturas llegaron a veces a no tener ninguna relación con el contenido que se impartía en las mismas. Gracias a esto pudieron introducirse nuevos conceptos y nuevas tecnologías sin necesidad de esperar los tiempos y las pautas reglamentadas por la legislación vigente. * Inicio de la creación de laboratorios de I+D en las Escuelas Técnicas. Establecimiento de los primeros laboratorios docentes con un cierto nivel. * Establecimiento de una fuerte relación, de tipo personal, entre los grupos activos de las Universidades Politécnicas y las empresas de sus respectivos sectores. Esto fue debido a la coincidencia generacional, en puestos de una cierta responsabilidad de ambos entornos, de antiguos compañeros de carrera. Este hecho se dio, preferentemente, en las áreas en las que se estaban iniciando actividades relacionadas con algún tipo de tecnología emergente. * Comienzo de una cierta ebullición en algunas empresas para desarrollar tecnologías que se intuían claves para un próximo futuro. * Gran influencia del contacto con Fundaciones, bien de carácter específico y estrechamente unidas a una determinada titulación, o bien de carácter general. Este hecho constituyó la primera forma de gestión ágil de fondos en la Universidad, factor indispensable para cualquier posible relación contractual entre las industrias y los grupos universitarios. Etapa de 1980 a 1985, o de los problemas derivados de la consolidación de las estructuras. Esta fase, ya de asentamiento, se caracterizó por los siguientes factores: * Los grupos y las estructuras que se crearon en la etapa anterior logran ya una cierta consolidación. * Se incrementa la relación entre los anteriores grupos y las empresas de sus respectivos sectores notablemente. * En paralelo con lo anterior, y de una forma quizás no demasiado establecida, se inician actividades con remuneración externa al personal universitario. * El número de estudiantes que continúa sus estudios en el extranjero desciende de una forma drástica, reduciéndose a muy contados casos. * Se inicia, por el contrario, un fuerte incremento del número de Tesis Doctorales realizadas en los propios Centros. * Por necesidades derivadas de las oposiciones/concursos a plazas estables de profesorado se incrementa el número de artículos publicados en revistas extranjeras de prestigio. Este factor, en años anteriores, había sido casi ignorado en las Escuelas de Ingeniería, salvo en muy contados grupos. * El sector industrial inicia, en los segmentos relacionados con las tecnologías emergentes, una muy fuerte alza y una fuerte demanda de titulados superiores. * Dadas las fuertes relaciones que se estaban desarrollando entre los grupos de las carreras técnicas y las industrias del sector, los temas de I+D que se llevan a cabo comienzan un leve alejamiento del segmento básico profundizándose más en el segmento aplicado. * Se inicia una cierta cooperación internacional, principalmente en proyectos COST y en algunos programas de la entonces denominada CEE. Dada la no integración en ese momento de nuestro país en las instituciones europeas, la participación de los grupos españoles había de hacerse como subcontratados de empresas extranjeras. Los grupos más punteros consideraron que esta situación era mucho más atractiva, para su actividad profesional, que la de cooperar únicamente con empresas españolas, dado el bajo nivel tecnológico de muchas de ellas. * Con el modelo de las Fundaciones ya existentes, algunas Universidades inician la creación de Fundaciones propias. Etapa de 1985 a 1990, o de la crisis larvada de desarrollo merced a una educación eficiente y un sector industrial atractivo. Las consecuencias del proceso que se había ido gestando en los años anteriores no tardaron en surtir efecto. Paradójicamente, los resultados fueron parcialmente distintos a los que podían haberse previsto en un principio. Los más señalados, entre otros, fueron los siguientes: * Aparición de una muy fuerte demanda de titulados superiores, por parte de las industrias de algunos sectores en desarrollo, con salarios más elevados que los que podían obtenerse en escalones equivalentes de la Universidad. * Al mismo tiempo, los temas que se desarrollan en las empresas dejan de estar ya alejados de los últimos avances en las diferentes técnicas. * Como consecuencia de lo anterior, se inicia una gran escasez de incorporación de alumnos graduados, de nivel medio alto, a las Universidades Politécnicas para desarrollar estudios de postgrado. Los problemas de retención en los Centros de incluso parte del estamento docente se agudizan. * El número de colaboraciones entre los grupos universitarios y las empresas se incrementa considerablemente. La base de esta colaboración deja de estar ya centrada en bases puramente científico-técnicas y pasa a tener una fuerte componente económica. * Derivado de lo anterior se empieza a producir el hecho del relativo estancamiento técnico de algunos grupos merced al objetivo básico de obtener rendimientos a corto plazo. * La estructura departamental da lugar a una cierta pérdida del concepto de servicio al Centro en el que se encuentran enclavados dichos Departamentos y se fomenta la noción de entorno autosuficiente e incluso de pequeños subgrupos dentro de otros más amplios. * Se acentúa una preponderancia acusada de la tareas de I+D, principalmente de Desarrollo, sobre las de Docencia en la mayor parte de los grupos dedicados por completo a la Universidad. * En paralelo con lo anterior, se inicia una reducción acusada de los laboratorios de carácter exclusivamente docente en favor de los de I+D. * Las Universidades inician la creación de estructuras de gestión, destinadas únicamente a favorecer las relaciones con la empresa. Y si esto ocurría en la Universidad, en la Administración del Estado se iniciaba un nuevo camino que habría de marcar, de forma inexorable, las condiciones de contorno de la l+D en España para los próximos años. En 1986 se promulgaba la "Ley de Fomento y Coordinación de la Investigación Científica y Técnica" y en 1988 iniciaba sus pasos el "Primer Plan Nacional de Investigación Científica y Desarrollo Tecnológico". Dentro de él, uno de sus Programas Nacionales, el de "Tecnologías de la Información y las Comunicaciones" aparecía con el objetivo claro de fomentar este sector en nuestro país. La presencia en él de segmentos destinados a centros de investigación, tanto públicos como privados, y de otros dirigidos preferentemente a empresas del sector y que se englobaban bajo el epígrafe de "Proyectos Concertados" (herencia de los anteriores "Planes Concertados" de la extinta CAICYT), así como la aparición de líneas prioritarias para temas concretos, marcó una estrategia totalmente diferente a la seguida hasta entonces. Al mismo tiempo nacía una nueva política de actuación del Gobierno con respecto a la I+D. Esta pasaba a convertirse en objetivo fundamental de una de sus líneas prioritarias, hecho que no había ocurrido nunca con anterioridad en nuestro país. Las consecuencias de todo ello fueron, entre otras, las siguientes: * Fijación de una serie de líneas prioritarias en las que los grupos competitivos podían tener unas ciertas garantías de recibir financiación. Las convocatorias para la presentación de proyectos pasaron a tener un carácter anual, frente a la aperiodicidad previa. * Creación de laboratorios de I+D con equipamientos, tanto materiales como humanos, que alcanzaban en algunos casos a los de los países más desarrollados. * Configuración de acciones claras para el fomento de la colaboración entre la Universidad y la Industria. * Fuerte incremento del número de becas en sectores estratégicos. * Impulso de la movilidad pre y postdoctoral hacia centros extranjeros. * Intento de coordinación entre los distintos departamentos ministeriales con actividades en I+D, así como con las Comunidades Autónomas que impulsasen también acciones de este tipo. * Fomento de la participación en programas europeos Etapa de 1.990 a la actualidad, o de cómo las circunstancias exteriores pueden modificar el resultado global. Si la política estatal y de las comunidades autónomas, así como la que emanaba de la Unión Europea, implicaba una tendencia al asentamiento de un cuerpo coherente en torno a la I+D, la realidad social empezó a marcar una dirección que se alejaba de los presupuestos iniciales. Frente al objetivo fundamental de que las acciones realizadas en los últimos años deberían servir para impulsar los contactos entre la Universidad y la Industria y que, gracias al avance conseguido por aquella, ésta pudiera también adquirir un impulso significativo desarrollando productos competitivos a nivel internacional, la realidad se tornó otra. El segmento industrial inició una crisis al principio de los noventa de la que aún no se ha recuperado. Las nuevas políticas en telecomunicaciones y su repercusión en todos los sectores han marcado los últimos años. Los grupos universitarios y los de otros centros públicos de l+D han mantenido la tendencia de elevar su nivel científico-técnico hasta alcanzar cotas internacionales. Hoy es ya muy común ver ponencias españolas en las principales conferencias y artículos en las mejores revistas. Y no los firman solo profesores de las Universidades teóricamente más potentes, sino que la mayoría de las repartidas por el Estado están embarcadas en este juego. Un recién doctorado de estos días no entendería la situación de hace veinte años. Siguen quejándose de las carencias que notan, pero son carencias muy comunes a las que pueden expresar sus compañeros de casi cualquier país de la UE. En cuatro lustros se ha pasado del casi vacío a una realidad que no es, sin duda, virtual. Pero el objetivo inicial que antes comentaba, el de llevar a la industria el nivel académico, está aun por consolidar. A él tendrán que dedicarse los próximos años y ese deberá ser el nuevo objetivo prioritario. Conclusiones precipitadas Estos veinte años de I+D no podrán ser designados con el conocido título "Del cero al infinito", pero sí podrían serlo con "Del epsilon al millón". Los centros académicos y sus componentes poseen una situación inimaginable en 1976. Pero los pronósticos que se tenía al final de los ochenta eran mejores. El crecimiento se ha ido atenuando según nos hemos ido acercando al fin del milenio y la industria no ha seguido la pauta que se esperaba. Pero este tema, sus posibles causas y sus deseadas soluciones, no son para ser tratadas aquí. Pasemos página y tratemos de escribir un capítulo nuevo. (1) Algunas de las ideas aquí expuestas fueron presentadas previamente en la ponencia "Génesis y Evolución posterior de la Investigación Innovadora en la Universidades Politécnicas", dentro del curso "La Innovación Tecnológica en la España de los años 90", impartido en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (Santander. Julio, 1989), y aparecieron publicadas en Economía Industrial, 268, 85-91, Julio-Agosto (1989).
30 oct 2015
Artículo BIT
EL PASADO DE LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN: El BIT y la administración
El BIT y la administración Javier Nadal Ariño CIEN NUMEROS y dieciocho años de existencia no dan seguramente para entrar en el libro Guiness pero creo que para todos los que participaron en la gestación y parto del primer número de BIT en aquel lejano año de 1978, alcanzar estas cotas les parecería, en aquel momento, algo totalmente onírico. Este número extraordinario creo que debe ser sobre todo un homenaje para aquellos compañeros. Todavía conservo aquel número. Tenía pocas páginas pero mucha intención. Incluso hoy sorprende aquella portada de color amarillo por la actualidad de sus titulares. Vean si no estos dos ejemplos "El Paro: Cáncer profesional" y "TVE ¿Empresa Privada?". Pero lo que me llama más la atención es una frase, escrita en letra pequeña, y que pasa casi inadvertida. Recuerden, "BIT" en letras muy grandes, debajo en menor tamaño su traducción "Boletín Informativo de Telecomunicación" y debajo de esto en caracteres aún menores: "Organo de la AEIT y del COIT". Hasta aquí todo es normal, pero a continuación los responsables de la revista añadían entre paréntesis" (De contenido técnico y profesional)", cosa que evidentemente se ajustaba solo en parte a la realidad. ¿Por qué esta manifestación? Parece que los editores tenían que hacer algunos equilibrios en la cuerda floja de la Ley de Prensa, por aquel entonces aún vigente. Pero el hecho de que aquellos titulares llamen la atención por su actualidad no quiere decir que todas las cosas sigan en el mismo punto. La mayoría de las cosas han evolucionado. Y mucho. Si hay un terreno en el que la diferencia es bien marcada es en el asunto que los responsables del BIT me han asignado como tema de esta breve nota: la Administración. Desde el principio ha sido este un asunto que suscitó la máxima preocupación de BIT y por ende del Colegio, de la Asociación y, me atrevería a decir, de todo el colectivo. Se puede rastrear a lo largo del tiempo esta realidad. Al hablar de Administración el BIT se ha referido al menos a tres ámbitos de preocupación diferentes: el frente industrial, el genuinamente de servicios y el académico-investigador. En los tres ámbitos las cosas han cambiado muy positivamente y algún mérito tienen en ello las aportaciones del BIT y lo que representan. Me voy a referir a los dos primeros. En el tiempo, la primera Administración que estuvo en el punto de mira fue la de industria, como se correspondía con un colectivo de ingenieros de un sector con fronteras en expansión. Hasta entonces el campo de actuación profesional se había limitado a Telefónica, Telégrafos, RENFE y unas pocas (verdaderamente pocas) empresas suministradoras. La segunda mitad de los setenta marcó el despegue de otras muchas actividades desarrolladas en nuevos territorios (Informática, control numérico, telemedicina, etc.) y en muchas ocasiones en nuevas empresas pequeñas o medianas. La reivindicación de disponer de un interlocutor específico en el área industrial culminó con la creación de la Dirección General de Electrónica e Informática y sobre todo con la participación en el debate que alumbraría el PEIN. Durante años se ha venido considerando cosa normal la existencia de un PEIN, pero hay que recordar los sudores que costó el primero. Pero, sin duda, donde más esfuerzo se invirtió a lo largo de los años fue en la necesidad de disponer en España de una Administración de las telecomunicaciones. Eramos un caso único en Europa y queríamos ser como los demás también en esta materia. Claro que "los demás" disponían de unos "envidiados" organismos públicos que encarnaban las tareas jurisdiccionales de la Administración al mismo tiempo que operaban (entonces decíamos que "explotaban") el servicio. ¿Alguien le pondría el cascabel de empresa pública a la CTNE? La verdad es que aquella CTNE, aún siendo privada, era lo suficientemente pública como para que el Gobierno la considerase sistemáticamente como un excelente instrumento de política fiscal en su vertiente recaudadora, olvidando al mismo tiempo otros aspectos que se suponían mucho más sustantivos, desde el ángulo de lo público. Lo cierto es que si bien desde el punto de vista del servicio propiamente dicho, las prestaciones de la CTNE no desmerecían en absoluto de las que se podían disfrutar en los países en que existían PTT"s, había sin embargo una diferencia importante: en estos países las funciones reguladora y explotadora se confundían (lo que está siendo un problema difícil de resolver para ellos), pero en España la función reguladora simplemente no existía. Y este fue un importante caballo de batalla que tuvo su reflejo permanente en esta revista. Desde aquellos tiempos en que el Colegio se escandalizaba porque en toda la Administración del Estado solo había 26 Ingenieros de Telecomunicación hasta los tiempos actuales, el cambio ha sido enorme. Es cierto que la reivindicación se articulaba siempre alrededor de la necesidad de que crear un Ministerio de Telecomunicaciones y que esto todavía no se ha logrado, pero no es menos cierto que hoy las políticas des este sector forman parte de los asuntos candentes que figuran en las principales páginas de los diarios y que preocupan a la opinión pública. Y no es menos cierto que finalmente se ha logrado que un buen número de compañeros, de profesionalidad bien probada, hayan puesto en pie una Administración como los tiempos modernos requieren y hayan contribuido a desarrollar planes tan largamente reivindicados como el Satélite español o tan necesarios como la rápida cobertura de la Televisión Privada, entre otros muchos. Pero afortunadamente la vida no es estática y mucho menos en este sector. Con independencia de las valoraciones que cada cual pueda realizar de lo que se está llevando a cabo, no hay duda que nuestra actividad sigue ganando cuota de PIB y sigue siendo (cada vez más) motor de la economía. Nuevas instituciones se están abriendo paso en el panorama administrativo que van a poder crecer sobre un terreno ya fertilizado. El futuro no está adscrito en las estrellas y en su configuración los "telecos" tendrán que trabajar muy estrechamente con juristas y economistas. Que nadie se duerma.
30 oct 2015
Artículo BIT
EL PASADO DE LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN: Reciente historia de la enseñanza en el sector
Reciente historia de la enseñanza en el sector Vicente Ortega Director General de Universidades e Investigación de la Comunidad Autónoma de Madrid Veinte años no es nada. Analizar la evolución de las enseñanzas de la Ingeniería de Telecomunicación en los últimos 20 años despierta en mi un aluvión de recuerdos y de sentimientos agridulces, pues es un largo período de mi vida profesional dedicada exclusivamente a la Universidad habiendo sido además una de las personas protagonistas en los cambios que se han producido, razón por la cual supongo que me han pedido esta visión retrospectiva. La parte dulce es la comprobación de que el balance entre las principales magnitudes que caracterizan la evolución es positivo, lo cual compensa el esfuerzo realizado; lo agrio va asociado, por un lado, a que el período casi coincide con mi número de "trienios" y recordar significa la búsqueda del tiempo perdido; y, por otro lado, que ha costado demasiado tiempo y esfuerzo modificar un sistema dotado de una gran inercia como es el universitario. El análisis que sigue resultará necesariamente parcial, no tanto en algunos datos a los que inevitablemente tendré que referirme como a las apreciaciones que haga sobre los resultados. En todo caso, a lo largo de estos veinte años he escrito varios artículos y documentos, algunos de los cuales están en pasados números del BIT, que sirven de referencia para contrastar las predicciones con los resultados. Quién de joven no corre... La enseñanza de la Ingeniería de Telecomunicación forma parte de la enseñanza Universitaria y por los tanto varios aspectos de su evolución marchan en paralelo con la general del sistema universitario y si algo sobresaliente ha caracterizado a éste en el período analizado ha sido el fuerte crecimiento. En 1976 el número de Universidades en España no llegaba a 30 incluyendo las cuatro pontificias. Actualmente hay 56, de las cuales 10 son privadas. La cifra de estudiantes matriculados era inferior a 500.000 y este año, 1996, supera 1.500.000. El crecimiento del número de graduados y del número de profesores corre parejo con los incrementos anteriores y también creció la financiación aunque siempre por debajo de las necesidades reales. Todas las áreas de la enseñanza, salvo el caso de las Humanidades, han crecido, pero han sido las Enseñanzas Técnicas las que han experimentado el mayor incremento. Así de los aproximadamente 700.000 estudiantes matriculados en las universidades españolas en 1982 solo 86.000 lo eran en el área de Enseñanzas Técnicas, es decir, algo más de un 12% del total , mientras que en el año 95 esta proporción se ha elevado al 25% y podría haber llegado al 30% de no ser por la saturación de la oferta de plazas que da lugar al fenómeno bien conocido de que las escuelas de ingeniería cuelgan el cartel de "no hay plazas" en la convocatoria de junio resultante de la correspondiente selectividad. Centrándonos ya en el sector de la Ingeniería de Telecomunicación puedo avanzar una conclusión que los enamorados de la estadística pondrán comprobar: esta carrera, junto con la Informática y la Ingeniería Industrial, ha sido la que mayor crecimiento ha tenido en el período analizado. Así se ha pasado de 2 centros -Escuelas de Madrid y Barcelona- a 16, distribuidas en 11 de las 17 Comunidades Autónomas, siendo Madrid con 5 centros - 3 públicos y 2 privados - la Comunidad con mayor concentración. En el año 1976 el número de estudiantes matriculados era de 5.080 con un centro, Madrid, tremendamente masificado. En el curso 95-96 esta cifra, aún provisional, rondará los 15.000, y crecerá hasta los 18.000 en los próximos años dado que alguno de los centros de reciente creación aun no tienen implantados todos los cursos. Obsérvese que si el crecimiento de la matricula hubiera seguido la proporción del número de centros tendría que haber más de 30.000 estudiantes matriculados. Este hecho tiene una faceta positiva dado que el crecimiento se regula mediante los mecanismos de oferta limitada de plazas al tiempo que la demanda se reparte y disminuye la masificación en algunos centros. ¿Cuando, cómo y porqué se produce este incremento?. Quién desee estudiar con más detalle el proceso puede consultar el informe de FUNDESCO [1] y la ponencia del XXXI Congreso de la FITCE celebrado en Granada [2]. A grandes rasgos podemos señalar lo siguiente: Hasta 1985 solo se impartían enseñanzas de Ingeniería de Telecomunicación en las escuelas de Madrid y Barcelona graduándose alrededor de 275 ingenieros. Por entonces y como consecuencia del crecimiento del mercado de equipos y de servicios de telecomunicación, electrónica e informática se detectó un grave desajuste entre la demanda de titulados superiores y la oferta de graduados universitarios. En el estudio del profesor M. Castells [3] se fijaba una demanda de 21.250 titulados superiores en tecnologías de la información y el nº 43 de BIT se cifraba la demanda de ingenieros de Telecomunicación para el período 1986-90 en 4.000 frente a una oferta de 1.830. Fueran esta cifras más o menos ajustada lo cierto es que en la segunda década de los ochenta hubo un fuerte déficit de graduados en Ingeniería de Telecomunicación. La difusión de estos estudios, la paulatina asunción de competencias universitarias por las Comunidades Autónomas y el crecimiento de las Universidades hizo que los estudios citados fueran objeto de atención y que empezaran a crearse centros e impartir las correspondientes carreras. La sociedad generó la demanda, la profesión la estudió y la difundió y el sistema universitario respondió ... ¡cinco años más tarde! justo cuando se entraba en un período de recesión de la demanda debida a la crisis industrial. Renovarse es vivir. Aunque tarde, el sistema universitario reaccionó a la demanda social en cuanto al número de graduados y no cabe pensar ya que en el futuro se produzca el problema del déficit de ingenieros que tan agudo fue en buena parte de la década de los ochenta. La oferta estará previsiblemente por encima de la demanda y el que exista desempleo en mayor o menos medida dependerá principalmente del desarrollo del sector industrial y de servicios. Dejando a un lado la cantidad podemos preguntarnos por la adecuación de la formación de los titulados a las demandas de la sociedad; por la calidad de los ingenieros graduados en las universidades, por la evolución del tipo de enseñanzas en el período analizado. Sin duda al tratarse de factores cualitativos las apreciaciones que se hagan serán variadas y al haber muchos centros, cada uno con su historia y sus circunstancias, la calidad será también distinta. Pero creo que en un aspecto importante, tal como la evolución y adaptación de las enseñanzas, el sistema universitario del sector de la Ingeniería de Telecomunicación ha sido uno de los más anticipados y más innovadores del conjunto de las ingenierías y que estos han sido factores que también han influido en la apreciación social de los ingenieros de Telecomunicación Tengo encima de mi mesa un fascículo rescatado del baúl de los recuerdos que se titula: "Mesa redonda sobre un nuevo plan de estudios de Ingeniería de Telecomunicación", fechado el 5 de abril de 1976, que, editado por la Asociación Española de Ingenieros de Telecomunicación y el Departamento de Publicaciones de la Escuela de Ingenieros de Telecomunicación de Madrid, recoge diez ponencias de otros tantos profesores y profesionales presentados en unas jornadas de reflexión y debate sobre lo que muy pronto sería el plan de estudios conocido como plan 64-M. Hasta este año el plan de estudios era el 64, plan derivado de la compresión a 5 años del antiguo plan 57. Era un plan muy generalista poco o nada especializado, rígido, con fuerte carga lectiva teórica y demasiadas materias básicas , troncales diríamos hoy, no propias del ámbito del sector de las tecnologías de la información. Sirva como botón de muestra el que solo había una asignatura de ordenadores en el último curso de carrera. Aprovechando una simple reestructuración de las enseñanzas de ingeniería en la Universidad Politécnica de Madrid para pasar de 5 a 6 cursos de duración de las carreras la Escuela de Madrid realizó un cambio sustancial introduciendo áreas de especialidad en tres ámbitos: Electrónica, Informática y Telecomunicaciones; dando más importancia a la formación práctica en laboratorios, introduciendo flexibilidad y optatividad en el curriculum y, gracias a la disminución de horas lectivas en los últimos cursos, acreditar el trabajo de los estudiantes vía Proyecto Fin de Carrera en los grupos de I + D y en los proyectos de colaboración con las empresas. Esta apuesta de innovación resultaría años más tarde muy acertada y el perfil de los graduados en los años ochenta resultó bastante aceptado por las Empresas y compitió con ventaja en algunas áreas donde otras titulaciones también peleaban en el mercado. No quedó ahí parada la evolución y en 1982 se acomete una reestructuración parcial, dando entrada a nuevas áreas de conocimiento que irrumpian con fuerza en el sector y se puso en marcha, en la Escuela de Madrid, el plan 64-M2. En el año 1987, el Ministerio de Educación y Ciencia a través del Consejo de Universidades acometió la reforma de las enseñanzas universitarias mediante un pretendido proceso de modernización y adecuación a las demandas de la sociedad. A través de mi participación activa en el proceso como presidente del grupo V (Ingenierías del ámbito de Industriales, Informática y Telecomunicaciones) pude comprobar las enormes resistencias del mundo universitario en general y del sector de la ingeniería en particular a tal reforma. No es el momento para expresar mi opinión sobre el proceso que apenas acabado ya se quiere "contrareformar". Solo señalaré que en el caso de la Ingeniería de Telecomunicación fue relativamente fácil seguir las líneas de la reforma ya que ésta venía a recoger muchos de los principios y esquemas que ya se estaban aplicando en nuestros centros. Como conclusión, se puede afirmar, que en el proceso de innovación de las enseñanzas y de adecuación a la evolución de la tecnología y de las demandas sociales los centros universitarios de Ingeniería de Telecomunicación han dado muestras de anticipación, reflejos y modernización, sobre toso si se compara con otros centros de enseñanza universitaria. Nuevos caminos, nuevas actividades. En el proceso anteriormente descrito ha jugado un papel esencial la fuerte incidencia en las enseñanzas de la gran actividad realizada por los profesores de los centros en los que hoy se denominas IDT (Investigación y Desarrollo Tecnológico). Aquí también tuvo lugar un proceso de anticipación. Hacia el año 1976 se había producido en la Escuela de Madrid un relevo generacional de buena parte del profesorado y en Barcelona comenzaba la actividad con nuevos profesores. En buena medida, la mayor parte de este profesorado había pasado algunos años en centros y universidades extranjeras y llegaban imbuidos de espíritu de cambio y convencidos de la importancia de la dedicación completa a la Universidad y de la investigación como parte sustancial del quehacer universitario. En la década de los setenta comenzó a incluirse la I + D en los últimos planes de desarrollo y nació la CAICYT (Comisión Asesora de Investigación Científica y Técnica) y la sociedad empresarial comenzó a sensibilizarse de la importancia de realizar investigación en la universidad y de acercar ésta a la sociedad. Como botón de muestra señalaré que en el año 1973 se creó la Fundación Universidad - Empresa de Madrid y que en el año 1978 en su seno se creo el SICUE (Servicio de Información y Coordinación Universidad - Empresa). Los grupos de investigación de la Escuela de Madrid, primero, y luego de los de Barcelona, fueron pioneros destacados en la participación en convocatorias de la CAICYT, en la firma de contratos con empresas, en tiempos cuando este último tipo de actividades todavía no tenían un marco jurídico de relaciones claro. El reconocimiento legal de esta actividad en el artículo 11 de la Ley de Reforma Universitaria en el año 1983, el impulso a los planes nacionales de I + D, la participación en planes europeos a partir de la integración de España en la, entonces, Comunidad Europea en 1986 y el fuerte desarrollo industrial y de servicios en la década de los ochenta, propiciaron la destacada participación del profesorado y alumnado de doctorado becarios en proyectos de I + D y en contratos con empresas e instituciones. Este fenómeno no fue, ni mucho menos, exclusivo de las Escuelas de Ingenieros de Telecomunicación, pero debido, por un lado al talante o perfil del profesorado; por otro lado, a la anticipación; y finalmente a la gran cantidad de recursos puestos en juego en el sector de las tecnologías de la información, la cuota de participación ha sido de las más altas del sector universitario. Si alguien cree que exagero puede comprobar las memorias de la CICYT o de la Fundación Universidad - Empresa para comprobarlo. Puede afirmarse, por lo tanto, que en el período 1976-96 en el ámbito de la IDT la universidad en general y especialmente en el área de la Ingeniería de Telecomunicación se ha producido un crecimiento cuantitativo manifiesto y lo que es más importante se ha consolidado un cambio cualitaativo de modo que es impensable la Universidad - Academia anterior a los setenta donde la investigación no tenía cabida, salvo en la mente de algún esforzado. Luces, sombras y perspectivas futuras: volver a empezar. Indicaba al principio del artículo que el balance neto de los últimos veinte años en el terreno de la enseñanza de la Ingeniería de Telecomunicación ha sido positivo y ahora quizás comprenda el lector algunas de las razones. Añadiré una más: en 1976 el ingeniero de telecomunicación era poco conocido y apreciado en la sociedad; hoy la carrera es la más demandada dentro de las ingenierías y goza de un prestigio alto. Sin duda ha sido debido al tirón de las aplicaciones y del mercado de trabajo pero también ha influido, creo yo, la actividad de los centros de enseñanza. Aunque han predominado las luces también ha habido sombras. Una de ellas ha sido la precipitación en la creación de algunos centros y el modo en que se ha hecho, que han respondido más a intereses personales o gremiales que a una concreta planificación de la oferta educativa. El espejismo del mercado - que una vez más se ha demostrado que tiene mucho de coyuntural -, años de crecimiento económico fuerte y la descentralización de las competencias en materia universitaria en las Comunidades Autónomas han propiciado un crecimiento desordenado y demasiado rápido lo cual producirá a corto plazo una calidad mediocre en algunos centros, dado el sistema de reclutamiento y promoción del profesorado. En todo caso se acabó la época en que se hablaba de "La Escuela" refiriéndose a Madrid y hay que hablar de las escuelas, de los centros y de las carreras. Este fenómeno es positivo y lo será a la larga el que, igual que con las universidades, ya no se podrá hablar más de si la universidad española es buena o mala. Habrá de todo, como en botica y se debe promover que, al menos, la calidad mínima quede garantizada. El número de graduados en el año 1976 fue de cerca de 300 y en el año 1993 de 845, confirmando estos datos del Instituto Nacional de Estadística las predicciones que hice en Granada. De acuerdo con ellas es probable que este año 1996 se hayan graduado alrededor de 1.000 y acabaremos el siglo con unos 1.300 graduados por año. ¿Serán muchos o pocos para cubrir la demanda social.? ¿Responderán adecuadamente a las necesidades de las empresas? ¿Seguirán teniendo una formación y una capacitación adecuada?. El deterioro progresivo del sector industrial y de las actividades de I+D en el seno de las empresas hace que el perfil de las enseñanzas actuales quede menos adaptado a una sociedad de servicios. Quizás haya que seguir haciendo constantes esfuerzos de actualización pero nunca de adaptación ciega a una sociedad y a un mercado pues entonces perdería la universidad su base científica y su función de formar líderes que propicien el cambio. Los años actuales están siendo más difíciles que los pasados para el crecimiento y para el cambio. Ahora que se aproxima el 98 parece como si un pesimismo cíclico tendiera a resurgir en nuestra sociedad. Frente a él la universidad tiene entre sus funciones la de ser crítica de la sociedad y posee un arma poderosa: la eterna juventud de los estudiantes que se renueva año a año, generación a generación y que impregna también al profesorado. La mayor parte de los centros tienen menos de un década de vida y ganas de luchar por abrirse camino y los veteranos no pueden descansar a la sombra de pasados brillantes. Debemos esforzarnos por hacer el futuro optimista. REFERENCIAS. [1] "Formación de técnicos e investigadores en tecnologías de la información". Editado por FUNDESCO. Dirigido por V. Ortega, F. Ros y R. Valle. 1986. [2] V. Ortega, "Formación de los ingenieros de Telecomunicación en España y en Europa: situación actual y perspectivas". Actas del XXXI Congreso de FITCE. Granada 1992. [3] "Nuevas tecnologías, economía y sociedad en España". M. Castell y otros. Alianza Editorial. Madrid 1985. [4] V. Ortega, "La Universidad", BIT nº 50 p. 147. 1987. [5] Datos estadísticos obtenidos de la Estadística de la Enseñanza Superior en España. INE. INGENIERO DE TELECOMUNICACIÓN Curso Alumnos matriculados Profesorado Relación Alum./profesor Alum. finaliz. estudios Alumnos de doctorado 1976-77 5.080 306 16,60 286 1977-78 5.158 323 15,97 304 1978-79 4.826 344 14,03 264 1979-80 5.147 346 14,88 284 1980-81 4.190 325 12,89 312 1981-82 4.337 347 12,50 232 1982-83 4.241 343 12,36 288 83 1983-84 5.261 340 15,47 270 114 1984-85 5.507 357 15,43 276 169 1985-86 5.945 349 17,03 252 193 1986-87 6.465 372 17,38 275 171 1987-88 7.759 355 21,86 332 230 1988-89 8.370 447 18,72 366 245 1989-90 8.925 481 18,56 514 254 1990-91 10.172 591 17,21 460 395 1991-92 11.283 652 17,31 643 467 1992-93 12.388 768 16,13 845 475 1993-94 12.511 839 14,91 871 1994-95 13.987 1995-96 14.487 Fuente: Estadística de la Enseñanza Superior en España. INE INGENIERO DE TELECOMUNICACIÓN OFERTA DE PLAZAS EN LAS UNIVERSIDADES PÚBLICAS CURSO 1991-92 1992-93 1993-94 1994-95 1995-96 1996-97 UNIVERSIDADES Alcalá de Henares 50 Cantabria 80 80 Carlos III 150 150 Málaga 79 125 125 125 125 250 Las Palmas S.L. 100 País Vasco 126 140 120 120 120 120 Politécnica de Cataluña 477 477 477 477 477 477 Politécnica de Madrid 421 421 421 410 375 375 Politécnica de Valencia 260 260 260 260 260 260 Pública de Navarra 131 131 125 125 125 125 Sevilla 220 220 220 220 220 Valladolid 210 100 100 100 100 Vigo 335 325 300 265 200 200 Zaragoza 84 84 87 87 85 85 TOTAL 2.123 2.163 2.235 2.269 2.317 2.592 S.L.= Sin limite de plazas. Fuente: B.B.O.O.E.E
30 oct 2015
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EL PASADO DE LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN: Perspectiva personal de la reciente historia de los telecos
Perspectiva personal de la reciente historia de los telecos Félix Pérez Secretario del COIT/AEIT CUANDO el primer número de esta revista vio la luz, los españoles estábamos sometidos a un profundo proceso de transformación social. En aquel tren de la modernización de las estructuras de este país los ingenieros de telecomunicación íbamos en los primeros vagones. Constituíamos un colectivo que, por su edad y talante, discrepaba del resto de las ingenierías, nuestras organizaciones profesionales eran las que mantenían posiciones más avanzadas y modernas [BIT nº1]... Lo malo era que, como éramos tan pocos, sólo lo sabíamos nosotros. Desde entonces ha llovido mucho, quizás demasiado. En las siguientes líneas, desde una perspectiva personal y desenfadada, se pretende recordar algunos "chapuzones" y reflexionar brevemente sobre sus causas y consecuencias. Hace veinte años... los tele ¿qué? Con su habitual ingenio, nuestro compañero J.A. Martín-Pereda definió de esta manera a las promociones que nos incorporamos al mercado laboral a lo largo de los años setenta [BIT nº84]. Éramos una minoría de "chicos raros" que, en lugar de estudiar "Caminos" o "Industriales", nos dedicábamos a algo tan largo -tele ¿qué?- que con cierto esfuerzo se relacionaba con los teléfonos y los telegramas, artefactos que tampoco parecían tan complicados como para justificar cinco años de duros estudios. Habíamos accedido a la Escuela con el único esfuerzo de madrugar algo -por si acaso- el día en que repartían los 250 sobres de matrícula del primer curso. Recorriendo el proceloso camino de una escuela de ingeniería tradicional, los sobrevivientes -no muchos- nos encontrábamos con unas oportunidades laborales muy limitadas que casi se reducían a Telefónica y sus empresas suministradoras. Pero, como éramos tan pocos, con mayor o menor dificultad según la coyuntura, siempre encontrábamos un hueco. Sin embargo, algo estaba cambiando. En la Escuela, unos profesores jóvenes, que habían estado en EEUU, hablaban de unas tecnologías asociadas a la microelectrónica que cambiarían todo. En la calle, se recelaba de unos artefactos -¿computadores? ¿ordenadores?- que se tragaban los puestos de trabajo. Nuestra clase dirigente, ocupada en la transformación político-social del país, no se enteraba de gran cosa pero relacionaban nuestras áreas de actividad con la modernidad. Mientras tanto, los egresados de la Escuela éramos "otros ingenieros". No llevábamos traje ni corbata, nos quemábamos con los soldadores y leíamos con avidez las revistas técnicas americanas. Habíamos sucumbido a los encantos de unas tecnologías cuyo rápido desarrollo, como "El Dorado", las hacía inalcanzables. Nos convertimos en los expertos naturales de lo que se acabó denominando Tecnologías de la Información y de las Comunicaciones (TIC), adjetivadas como "Nuevas" por otros. Seguíamos siendo los tele¿qué? Pero éramos los depositarios de una nueva forma de brujería, cuyos secretos desvelaban los contenidos de los planes de estudios de dos Escuelas de calidad reconocida por todos. Los años ochenta... Los telecos Los ciclos de expansión económica de la pasada década coincidieron con la introducción masiva en España de las TIC. En una sociedad tan exagerada y pendular como la nuestra, se pasó de la nada al todo con la misma alegría con la que se pasaría del todo a la nada unos años después. En un país de sin apenas base industrial, ni tradición en I+D, nuestro sector se puso de moda. Con el apoyo decidido del Ejecutivo, se concentraron en él esfuerzos que, si bien en términos absolutos y comparados con iniciativas similares en otros países no eran gran cosa, suponían un crecimiento espectacular en términos relativos. Los tele¿qué? éramos los mejor preparados, casi los únicos, para hacer de "machacas" en este espejismo, y cumplimos nuestro papel a la perfección. El consiguiente desajuste de la demanda frente a la oferta alcanzó proporciones desmesuradas, lo que se tradujo en garantía de empleo y mejoras, más que significativas, en las condiciones laborales de los expertos las telecomunicaciones (el salario medio se dobló en seis años). Un porcentaje importante de jóvenes ingenieros de telecomunicación desarrollaron trayectorias profesionales rápidas y brillantes, la movilidad alcanzó niveles desconocidos y renunciamos a nichos laborales tradicionales (Telefónica, DGTel, incluso las Escuelas) para apostar por las empresas multinacionales y las privadas nacionales más dinámicas o que ofrecían salarios más elevados. Desaparecieron los tele¿qué? Y nos convertimos en telecos, en INGENIEROS con mayúsculas. Ser TELECO se puso de moda, equivalía a poder elegir en donde trabajar al acabar la carrera. Los periódicos y los políticos hablaban de nosotros, nos elogiaban, éramos denominación de origen que garantizaba el futuro. Todo querían ser telecos, aunque sólo los "elegidos para la gloria" -los que tenían las notas de acceso a la universidad más alta del país- lo conseguían. Las nuevas generaciones y una buena parte de las anteriores nos lo creímos [BIT nº50]. Abandonamos el jersey y descubrimos el traje y el maletín. Llegamos a pensar que éramos como "los de Caminos". Pero no era cierto: - Los planes de I+D derrocharon una buena parte del dinero dedicado en crear laboratorios I+D cuya finalidad fundamental era enseñarlos a las visitas y en los que sólo creían los telecos que enterraron en ellos sus mejores años de carrera profesional. - Se tenía que participar a toda costa en grandes programas internacionales sin que importaran los productos finales y lo que era peor, sin vocación de sus gestores -casi nunca eran telecos- de dotar a las empresas de una base tecnológica. - Se abandonaron segmentos del mercado en los que teníamos fortalezas para competir en otros que se creían de futuro, donde era más fácil especular. Se generaron nuevas actividades que a la postre debieron ser abandonadas también ante las dificultades de competir con otros países más eficaces. Naturalmente toda generalización es injusta. Hubo proyectos empresariales muy interesantes y algunos éxitos pero por diversas razones muy pocos cuajaron. Además, la sociedad reaccionó: - Las empresas optaron por contratar a otros titulados peor preparados para sus puestos de trabajo pero menos exigentes. - Se crearon, sin ningún control, nuevas escuelas hasta llegar a las 15 actuales. Nuevas y viejas titulaciones entraron en sectores que hasta entonces nos estaban reservados. - Se desarrollaron procesos de reconversión de otros titulados con innegable éxito en algunos segmentos, como el informático, y fracasos espectaculares en otros. Los años noventa... Los tele ¿de dónde? Con la llegada de la década se invirtió la tendencia. Con inusitada rapidez se pasó de un exceso de demanda a la aparición del desempleo. Un desempleo que, si bien en términos porcentuales no era exagerado, tuvo características nuevas y sorprendentes: - Los ingenieros en búsqueda de primer empleo, con muchas dificultades, conseguían acceder a puestos de trabajo de mucha peor calidad: contratos temporales, bajos salarios y mucha dedicación. - Aparece una nueva bolsa de desempleo entre compañeros mayores de 55 años de proporciones más que alarmantes y con el riesgo de convertirse en estructural. Son los prejubilados producto de la intensa reconversión del sector industrial. - Finalmente, surge un segmento de paro entre compañeros con varios años de experiencia, en la mejor edad de producir y que desempeñaban puestos de alta responsabilidad. Todo ello en un entorno sorprendente: con un sector de la Telecomunicación que no está en crisis, sino todo lo contrario [BIT nº85]. Afortunadamente la situación ha mejorado en los últimos años. A pesar de que las escuelas suministran actualmente al mercado el doble de ingenieros que a principios de los noventa, el desempleo no ha aumentado sino más bien todo lo contrario. Ello implica un significativo incremento neto del empleo de la profesión. De hecho, la característica del momento que vivimos es el elevado número de compañeros que se incorporan cada año al mercado laboral, unos 1300, y su heterogeneidad. Ahora se sabe lo que es un ingeniero de telecomunicación, pero se pregunta sobre su origen. Somos los tele¿de dónde?. No basta con el título, importa la escuela y las habilidades si se es joven o la experiencia previa en caso contrario. Ser Ingeniero de Telecomunicación no es garantía de empleo, aunque hay que reconocer que, frente a la mayor parte de las titulaciones, hay muchas más posibilidades de conseguirlo. La profesión se mueve en un entorno, ¿como no?, nuevo. Un entorno expansivo pero inseguro y, sobre todo, fuertemente competitivo. La nueva reglamentación laboral, la liberalización del sector, el riesgo de obsolescencia ante el imparable desarrollo de las tecnologías que manejamos y la presencia de generaciones jóvenes muy bien preparadas nos someten a una gran presión. Se trabaja mucho y se cobra lo justo. ¿Quién puede asegurar cual será el contenido de su actividad profesional dentro de diez años y en dónde y en qué condiciones la realizará?. Veinte años después... A pesar de todo, creo que hay motivos para ser optimistas [BIT nº80]. No coincido con los que, desde una visión cíclica, piensan que estamos como hace 20 años. Somos una profesión reconocida socialmente y con un potencial enorme. Tenemos fama de bien preparados y eficaces. Se nos sigue identificando con el futuro. Podemos convertirnos en los ingenieros potsindustriales del siglo XXI, pero no podemos cometer los errores del pasado. Es imprescindible convencer a nuestros dirigentes de la necesidad de disponer de una política estable para el sector de la telecomunicaciones, evitando parones y bandazos que facilitan la entrada de tecnologías foráneas y limitan la competitividad nacional. Debemos participar y promover actividades públicas a favor de nuestro sector, convenciendo a una sociedad que cada día demanda más y mejores servicios de la importancia de las tecnologías de la información, y de que estas requieren una base industrial que las soporte. Las escuelas deben actualizar su planes de estudio para adaptarlos a las nuevas necesidades del mercado laboral, garantizando que sigamos siendo los "expertos naturales en las TIC". Necesitamos algunas dosis de sano corporativismo del que tanto tienen otros a los que no les va nada mal. Tenemos que aglutinarnos en torno a nuestras instituciones, participando en sus actividades. Finalmente, debemos abrirnos a nuevos sectores a los que tradicionalmente hemos renunciado. El carácter horizontal de las tecnologías que manejamos lo permiten. Medioambiente, transporte, bioingeniería y seguridad son paradigmas de áreas de actividad en expansión, donde nuestra presencia es muy pequeña. La masificación de la profesión conlleva el riesgo de convertirnos en una más de las profesiones subempleadas que tanto abundan en el país, pero también es una gran oportunidad para asentarnos definitivamente. De lo que ocurra seremos responsable nosotros mismos. REFERENCIAS BIT nº 1. Ángel Luis Gonzalo. "EL FUTURO DEL INSTITUTO INGENIEROS CIVILES DE ESPAÑA". pp 2-3. BIT nº 50. Varios artículos del monográfico. "DIEZ AÑOS CON LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN" BIT nº 84. José Antonio Martín-Pereda. "TELE¿QUÉ?, TELECOS Y VUELTA A EMPEZAR". pp 7-8. BIT nº 85. Rafael Lamas. "LA PROFESIÓN DE INGENIERO Y LOS NUEVOS TIEMPOS". pp 13. BIT nº 80. Félix Pérez Martínez. "LA INGENIERÍA DE TELECOMUNICACIÓN. ¿DEL MONOPOLIO A LA PRECARIEDAD?". pp 4-7.
30 oct 2015
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EL PASADO DE LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN: Desarrollo tecnológico y evolución social: una visión histórica
Desarrollo tecnológico y evolución social: una visión histórica Enrique Used Presidente de ESTRATEL PARA QUIENES hemos vivido, año a año, día a día, la peripecia de las telecomunicaciones españolas, no ya durante veinte sino durante más de treinta años, resulta difícil lograr una perspectiva correcta de la evolución de los servicios durante esos años. Máxime si tenemos en cuenta que hablar de la evolución de los servicios de telecomunicación es hablar de la evolución de la Sociedad y de la propia personal: hasta tal punto se influyen e interrelacionan unos y otras. El primer problema que plantea tan estrecha interrelación es el que se deriva de la difuminación de los límites temporales. Uno tiende a creer que lo ocurrido en los últimos veinte años coincide con lo que se ha vivido y se sorprende al comprobar que, como dice el tango "veinte años es nada" y que las vivencias profesionales alcanzan diez años más. Para añadir dificultad a la grata tarea de recordar lo que ha sucedido en nuestro país en los últimos veinte años en nuestro sector, no es sencillo situar en una coordenada temporal precisa la mayoría de los hechos relevantes; porque se constata cómo desde la aparición de una idea hasta su transformación en realidad, para seguir con su aparición en el mercado y acabar en su masificación, pasan años, vidas profesionales enteras entre las que quizá las más esforzadas, las más creativas, no logran disfrutar del éxito de su inteligencia y su trabajo. En todo caso, para abarcar, de un solo vistazo, los rasgos fundamentales de la evolución de los servicios de telecomunicación en España, quizá baste con ojear los Informes Anuales de Telefónica. Porque, para bien o para mal -el análisis objetivo de los datos permite asegurar que, con algún altibajo, para bien- las Telecomunicaciones y Telefónica se confunden en España desde la creación de la Compañía hasta fechas muy recientes. Esa casi identidad de evolución queda reflejada, no sólo en la del repertorio de servicios y sus cifras sino, incluso, por la de sus nombres (del oficial de Compañía Telefónica Nacional de España al de Telefónica de España y del de "guerra" de Teléfonos o CTNE al de Telefónica), por la de los colores de sus vehículos (austeros gris y azul marino de los comienzos a brillantes verde y azul) y, en definitiva por la de sus rasgos de imagen corporativa. No cabe ninguna duda que ha sido el Telefónico el núcleo de los servicios de telecomunicación en las dos últimas décadas. Por ello nada explica mejor la evolución que los datos referidos a este servicio. De 1975 a 1995 A finales de 1975, España contaba con 4.7 millones de líneas en servicio con una penetración próxima al 13% de la población. Veinte años después esas cifras se han transformado en 15.1 millones de líneas de telefonía básica (a las que hay que añadir 2 millones de móviles y casi 1 millón de IBERCOM) y la penetración de la telefonía básica alcanza casi el 40% de la población. En la Memoria de 1975 aparecen datos que si no tienen gran interés, han pasado a ser materia de curiosidad. Así, figura el número de teléfonos (que era de 7.8 millones), dato que ahora es irrelevante y que habría de estimarse porque ya pasó la época del teléfono de pared en el pasillo o la cocina de casa. Y podemos ver que las peticiones pendientes eran casi 600.000, cifra equivalente a las peticiones registradas en el año; afortunadamente, en el Informe Anual de 1995 ya no figuran datos de demanda insatisfecha. Podemos ver también, que en 1975 todavía quedaban un 10% de líneas manuales y que el 16% de las comunicaciones interurbanas y el 28% de las internacionales precisaban de operadoras. Aunque, eso sí, Telefónica ya había descubierto para entonces que había clientes especiales, para los que instaló sendas Centrales Automáticas Internacionales de Abonados, en Madrid y Barcelona, cuyos "abonados" podían acceder automáticamente a toda la red telefónica internacional. No está tan lejano en el tiempo el acontecimiento de la automatización integral celebrado en un precioso pueblo de Granada, Polopos, en un ambiente que recordaba alguna película de Berlanga. Finalmente y para completar la imagen de bien escaso que todavía era el teléfono, hay que recordar que sólo 13.402 comunidades (poblaciones) de las 65.000 existentes en esa fecha, disponían de servicio telefónico. Como puede comprobarse, lo que ahora nos parece inimaginable era una realidad, de la que, además, nos sentíamos orgullosos, hace nada más que veinte años. Hasta el punto de que constituye un hito a resaltar que, junto a la multiplicación de los enlaces directos con países lejanos, vía satélite y cable submarino, todavía en 1975 se inaugurase el enlace ¡por onda corta! con la Paz (Bolivia). No vale la pena insistir en el servicio telefónico. Sí que, en cambio, en este rápido repaso, hay que hablar de lo que se dio en llamar Transmisión de Datos primero y Telemática más tarde. Si, en Telefonía, España siguió la huella marcada por Europa y Estados Unidos, en comunicaciones de datos, rompimos el molde. Casi todavía podemos presumir de nuestra Red Especial de Transmisión de Datos que, a través de sus sucesivas generaciones, ha dado respuesta e incluso se ha adelantado, a las necesidades de las empresas. Fue, quizá, el inicio de un modo de hacer -innovar con el cliente- que ha impregnado desde los primeros 70"s hasta el momento actual, la respuesta, en términos de servicios, de Telefónica. Fruto de este peculiar modelo aparecieron la RETD, el TESIS, el servicio datafónico, IBERCOM, etc., hasta culminar en INFOVIA, la respuesta que mejor combina el mundo desestructurado de INTERNET con el formalismo de los operadores tradicionales. A caballo entre la telefonía y las comunicaciones de datos se sitúan las redes corporativas y los servicios de red inteligente, donde la respuesta española se situó en la vanguardia europea con soluciones como la ya citada de IBERCOM en un caso, y de la mano de AT&T en el otro. El conjunto de los servicios telemáticos y de los de empresa ha supuesto, sin duda, una revolución en las relaciones comerciales y en la vida de los españoles, revolución en la que la aportación de los servicios de telecomunicación ha sido decisiva. El primer sistema de telefonía móvil Con la telefonía y las comunicaciones de datos, los móviles forman la plataforma más significativa de los servicios. Y fue precisamente hace 20 años, a comienzos de 1976 cuando vio la luz el primer sistema de telefonía móvil (el TAV) en España. Naturalmente no era celular, operaba únicamente en Madrid y Barcelona y su capacidad se medía en pocos centenares. Desde entonces, tres generaciones tecnológicas más han satisfecho la demanda que ha explosionado en los últimos años, desde aquellos centenares a los dos millones actuales. Y con la última de ellas, la que corresponde al GSM, ha llegado la competencia. Estos años han visto también morir a un servicio incipiente en los 70: el mensafónico, que ha sido sustituido por el de radio-búsqueda, también en competencia y con una vida que la expansión de la telefonía móvil está haciendo muy difícil. Ya en 1975 tuvo lugar la primera experiencia de videoconferencia, llamada entonces tele-reunión y la instalación de salas permanentes para dar este servicio, así como de locutorios videotelefónicos en Madrid y Barcelona. También en este año se desplegó una red videotelefónica inter-empresarial en el Area Metropolitana de Madrid. Y también en este caso, como sucedió en los USA cuando, en 1956 los Bell Labs. inventaron el videoteléfono, el fracaso comercial fue absoluto. En los finales de los 70 y comienzos de los 80 la ilusión se llama Videotex y Fax. Alguien había descubierto la simbiosis entre los dos aparatos más ubícuos en los hogares: el teléfono y el televisor. Y allá nos lanzamos todos a tratar de hacer viable el intercambio de información gráfica con esos medios. ¡Qué entrañable ingenuidad!. Ni el ejemplo francés con su Minitel, ni los acuerdos con promotores del servicio, lograron la explosión que se había vaticinado. Y el videotex ha tenido una vida lánguida para quedar sepultado por el/la Multimedia. El fax y la televisión ¿Y el Fax? Los europeos, otra vez con los franceses a la cabeza, mareamos la perdiz con disquisiciones sobre Grupo II, III o IV, planificando y normalizando con altos niveles de perfección los distintos tipos. Y fueron los japoneses los que arrasaron en el mercado, alumbrando uno de los éxitos comerciales más impresionantes de los últimos años. Hasta el punto que, igual que se podría hablar de la cultura del PC, cabría, quizá con más propiedad, hablar de la cultura del fax. No quedaría completa esta revisión a nuestros últimos 20 años de servicios de telecomunicación sin unas notas sobre los de difusión. Efectivamente, los últimos años están viendo un importante desarrollo de la TV, desde la TVE hasta la suma de ésta, de las autonómicas, las privadas y, recientemente, las locales, y de la ya veteranísima radiodifusión. Una vez más, la competencia ha resultado el mejor ingrediente para el desarrollo. Hubiese sido deseable poder hablar ya en esta conmemoración de la TV por cable o, de modo más amplio, de la banda ancha, pero no ha sido posible por mor de vacilaciones, dudas, contradicciones y falta de voluntad política no ya para favorecer sino al menos permitir su desarrollo. Quede para las bodas de plata del BIT. En estos veinte años, se han producido en España multiplicidad de eventos que han requerido una cobertura de telecomunicaciones de primera magnitud: Mundial de Fútbol del 82, visitas de S.S. el Papa, Conferencia de Paz, J.J.O.O. de Barcelona, por citar los más destacados. Tal vez sea este tipo de acontecimientos el que obligue a una puesta en escena más completa de los servicios de telecomunicación. Sólo unos datos para ilustrar el despliegue que permitió éxitos muy notables, con resonancia internacional, de nuestras telecomunicaciones. Aunque no se puede evitar sonreír al poner en comparación las diferentes respuestas a hechos similares en diferentes momentos. Vale la pena reproducir un párrafo de la Memoria de Telefónica de 1975; dice así: "Los acontecimientos vividos durante el pasado mes de Noviembre tuvieron especial incidencia en el volumen de servicio prestado por la Compañía. En solo cinco días, del 20 al 23 y el 27 de Noviembre, se cursaron por nuestras estaciones de Buitrago 76 programas de televisión, recibidos simultáneamente por 11 países, que totalizaron 135 horas de transmisión. Las retransmisiones radiofónicas llegaron al centenar, con un total de 125 horas, recibidas por 16 países." En la Conferencia de Paz para Oriente Medio se habilitaron 15 canales permanentes de TV a los que hubo que añadir 327 programas ocasionales de TV con 20.000 minutos de transmisión y 20 circuitos de radiodifusión. Y en los J.J.O.O. de Barcelona se distribuyeron más de 130.000 horas de TV con hasta 166 señales terrestres y 46 vía satélite, repartidas en 34 canales permanentes y 529 programas ocasionales. A éstas hay que añadir las correspondientes a la red de contribución con 140 señales de TV desde 21 sedes al IBC y desde éste a las sedes. En cuanto a señales audio se transportaron 1754 canales.Para este esfuerzo se utilizaron las redes de satélites EUTELSAT e INTELSAT, sistemas de fibra óptica, cables submarinos y 3 centros de comunicaciones por satélite con 18 antenas y 4 estaciones transportables. Las razones del desarrollo Recapitulando, en estos años hemos visto el ocaso del telégrafo, la maduración del teléfono, el desarrollo de la TV, el boom de la movilidad, y la prometedora aparición del Multimedia. Y todo ello gracias a la irrupción de la digitalización, (en 1937 el Dr. Kao inventa el sistema de modulación por impulsos codificados), el desarrollo y aplicación de la electrónica (en 1957, los Bell Labs., que lo habían inventado, introducen el transistor en los sistemas de transmisión digitales), la constelación de satélites (en 1966 se lanza el INTELSAT I) y la consolidación de la fibra óptica tanto en redes terrestres como en cables submarinos (en 1977 comienzan las comunicaciones por este medio), así como a la convergencia de la informática y las comunicaciones, primero, y de la información con éstas más recientemente. Como podemos ver, los principios son casi inmutables: lo que ha cambiado es la realidad, realidad que viene definida por la aceptación social de las innovaciones expresadas en forma de servicios. Aceptación que es consecuencia de su asequibilidad, la cual es resultante de la disponibilidad de tecnologías que permitan economías suficientes en las redes y en los terminales. El desarrollo tecnológico y la aceptación social han permitido el desarrollo e integración de los servicios, la desaparición de la barrera de la distancia, su multiplicación y trivialización, la movilidad y personalización, la democratización de la información y, en definitiva, un desarrollo económico y social impensable hace unos años. Pero no ha sido la tecnología el único factor determinante de la evolución de los servicios de telecomunicación en España. También la estructura política con su influencia sobre la legislación y regulación, la estructura societaria de Telefónica, la Universidad y la sociedad civil con los Colegios profesionales y las Fundaciones a la cabeza, han influido, positiva o negativamente en ese desarrollo. Y es de justicia señalar que España disfrutó de una posición de privilegio en el entorno europeo tanto en cuanto a la estructura de operación (Telefónica, empresa privada trufada de capital e influencia pública frente a las PTT"s de otros países), como en la modernización de la regulación, con la aprobación de la LOT en 1987. Sin embargo, esta posición de ventaja en la regulación no sólo se ha perdido sino que nos hemos quedado rezagados respecto al conjunto de la Unión Europea. Las consecuencias de este retraso podrá relatarlas quien, dentro de unos años cumpla el papel que en esta ocasión me han asignado nuestros compañeros.
30 oct 2015
Artículo BIT
EL PASADO DE LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN: Crónica de veinte años: La Industria
Crónica de veinte años: La Industria Jesús Rodriguez Cortezo Ex Director General de Tecnología Industrial "QUE VEINTE años no es nada", dice la letra de un popular tango. Sin embargo, los casi veinte años que hoy conmemora BIT en este número 100 han sido intensos para la industria de las tecnologías de la información y de las telecomunicaciones en el mundo y, desde luego en nuestro país. Limitando el marco a éste, puede merecer la pena recordar algunos hitos que jalonan un camino desigual en el que se alternan tramos de exaltada ilusión (no siempre anclada en la realidad), con otros de extremada desesperanza (tampoco justificada, como tozudamente se encarga de subrayar el largo plazo). Ni estrella en el firmamento europeo, ni furgón de cola en ningún tren ha sido nuestra industria, que se ha beneficiado en ocasiones de coyunturas favorables, y en otras ha padecido los zarpazos de crisis generales, a veces más despiadadas que en otros contextos por las propias precariedades del tejido industrial y ¿por qué no decirlo de un juego institucional que no siempre ha estado a la altura de las circunstancias. Convendría, no obstante, no maximizar este último aspecto, que al fin y al cabo no es más que una consecuencia de la cultura social a la que nos debemos y de la que las instituciones (Administración Pública incluida) solo son una emanación. Han podido contemplarse a lo largo de estas dos décadas ejercicios de voluntarismo político con resultados solo a medias satisfactorios, que tan injusto es enfatizar como triunfos definitivos, como menospreciar demagógicamente. Al final, la realidad se impone, y es la mayor o menor vitalidad de una industria lo que queda. Y lo que queda es un sector que sin duda podría ser mejor, pero que, a pesar de ello, muestra a la salida de la crisis de los primeros años noventa una producción que representa alrededor del 2% del PIB, de la que se exporta mas de la mitad, y un esfuerzo tecnológico que representa casi el 20% del realizado por el conjunto de la industria española. El punto de partida: entre 1970 y 1976 El punto de partida hay que situarlo hace veinte años recordando algunos hechos sucedidos poco antes, entre 1970 y 1976: - Puesta en servicio por Telefónica en 1971 de la Red Especial de Transmisión de Datos, pionera en el mundo, que dió lugar, poco después, al lanzamiento del proyecto TESYS para españolizar su tecnología, una de las más ambiciosas iniciativas acometidas nunca por la electrónica española. En el mismo año, Telefónica crea la compañía de software y servicios informáticos ENTEL, orientada prioritaria, aunque no exclusivamente, hacia las telecomunicaciones. - Dos años después, creación por el INI, SERESCO y un grupo de bancos, de ERIA, en el mismo campo del software y los servicios. Ambas empresas, ENTEL y ERIA, son una respuesta a la política de facturación separada de los servicios, el software y el hardware implantada por IB~ y que es, en cierta medida, el pistoletazo de salida del subsector como actividad económica diferenciada de la producción de equipos. - En el mismo 1973 aparece ANIEL como plataforma empresarial de los fabricantes de electrónica en España, con una impronta nacionalista que no abandonará nunca. También en el setenta y tres entra en vigor el Decreto sobre transferencia de tecnología que pretende ordenar las relaciones exteriores en este terreno y someter a una mínima supervisión pública las importaciones de intangibles que, por una parte pueden ser un mecanismo de enmascaramiento de beneficios a través de los "precios de cesión", y, por otra, frenar el desarrollo autóctono. - En 1974 entra en funcionamiento la fábrica de IBM en Valencia, que es la primera planta de una multinacional informática en el país, y en el mismo año, en el marco del IV Plan de Desarrollo, se crea un Grupo Especial de Informática al que se convocan a titulo consultivo por primera vez, aunque con evidentes limitaciones, a profesionales y asociaciones del sector. Los traba]os de este Grupo darán lugar, en 1976, a la publicación del Libro Blanco "La Informática en España". Finalmente, en 1974 se promulga el Decreto en el que se declara a la electrónica industria de interés preferente. - Tras largas negociaciones con diversas corporaciones multinacionales, iniciadas por la Dirección de Estudios del INI dos años antes, en 1975 se constituye SECOINSA, con capital del INI, Telefónica y Fujitsu, para la fabricación de ordenadores. La histórica empresa catalana Telesincro, primera iniciativa española en el campo de la informática, es incorporada al grupo SECOINSA manteniendo su identidad tecnológica y productiva. No puede abordarse el punto inicial del ventenio que nos ocupa sin tomar en consideración los cuatro o cinco años anteriores, plenos de acontecimientos que van a tener mayor o menor influencia en la evolución futura. 1976, uno de los años más difíciles y hermosos de la reciente historia de España, contempla, desde el punto de vista sectorial, la constitución de SEDISI, asociación de las empresas de software y servicios informáticos que, en si misma, es un indicador del rápido despegue de este subsector. SEDISI y ANIEL van a ser, a lo largo de las dos décadas, los portavoces del empresariado, complementarios y de criterios no) siempre coincidentes, pero de una indudable eficacia en su diálogo con las instituciones públicas y con la sociedad. La evolución de ambas asociaciones debería ser objeto de un análisis que escapa totalmente de los modestos límites de este artículo. Nace el CDTI En medio de los avatares de la vida pública nacional,en 1977 ocurre un acontecimiento que aparentemente no tiene nada que ver con el sector, pero que va a influir grandemente en el desarrollo de éste: la creación del Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial, CDTI. Si bien los objetivos de este órgano de promoción tecnológica no están específicamente relacionados con la electrónica y la informática, lo cierto es que, por la fuerza de los hechos, un año con otro entre el treinta y el cuarenta por ciento de su actividad y sus recursos están orientados hacia ellas. A través de las variadas vicisitudes que marcan su historia, el CDTI es una palanca fundamental para el desarrollo de las tecnologías de la información y especialmente para facilitar el despegue de pequeñas y medianas empresas en este área. Mientras tanto va tomando cuerpo la reivindicación social de una política pública más comprometida con el desarrollo del sector, invocando no solo la evidente importancia económica de éste, sino también razones de estrategia y soberanía. Son protagonistas de este clamor no pocos empresarios y grupos de profesionales, entre los que es de justicia mencionar a la Asociación de Técnicos de Informática (ATI). Una primera respuesta, fallida, se produce con la creación de la Comisión para el Plan Informático Nacional (PIN), en 1978, que no llega a prosperar. No obstante, en las instancias de decisión pública van cuajando conceptos que darán lugar entre 1980 y 1981, a dos iniciativas importantes. La primera es la creación de la División de Electrónica e Informática del INI, en la que el holding público agrupa todos sus intereses industriales en el sector, dotándole de una capacidad de inversión que conduce en un corto período de tiempo a una amplia diversificación (considerada como excesiva por algunos). La segunda, la incorporación al organigrama del Ministerio de Industria de una Dirección General de Electrónica e Informática. En ambos casos se une por primera vez la decisión estratégica en los campos de la electrónica y la informática, como un eco a una realidad que se impone, aunque en aquellos momentos no sea entendida por todos. En diciembre de 1981 se constituye la que fue llamada "Real Comisión", para la elaboración de las bases de un plan electrónico e informático nacional. Es el intento más serio hecho hasta entonces y está compuesta por personalidades relevantes, no solo por su evidente peso propio, sino por las instituciones a las que representan: Administración Pública, INI, Telefónica, Universidades Politécnicas de Madrid y Barcelona, Gran Banca, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, etc...Cada uno de sus miembros moviliza amplias capas de colaboradores y puede decirse que no menos de un centenar de profesionales de primer nivel se involucran en los trabajos que se desarrollan durante todo el año ochenta y dos. Las elecciones generales de octubre y el cambio de poder político no interrumpen las tareas y los nuevos responsables de la Administración saben aprovechar sus resultados que alimentan parcialmente los contenidos del primer Plan Electrónico e Informático Nacional (PEIN), puesto en marcha por el Ministerio de Industria y Energía en 1984. El PEIN, movilizador del sector El primer PEIN, tan esperado, tiene un efecto movilizador indudable en el plano tecnológico y en el industrial. De sus resultados conviene resaltar tres aspectos que influyen fuertemente en la fisonomía sectorial. En primer lugar, la atracción de plantas productivas de multinacionales, que contribuyen a consolidar en el país un buen nivel de ingeniería de producción en términos de referencia internacionales. En segundo, la proliferación de pequeñas y medianas iniciativas empresariales, algunas, fortalecimiento de núcleos preexistentes, las más de nuevo cuño, que van a mostrar su vitalidad y su buenhacer tecnológico en la década siguiente. Finalmente, la decidida apuesta por crear una base en la tecnología clave de los circuitos integrados, que se materializa en la puesta en marcha del Centro Nacional de Microelectrónica y en la instalación de una planta de ATT en Madrid. Bastante más adelante, en 1990, de la mano de la Unión Europea, el programa GAME acercará a los usuarios la cultura de utilización de estos circuitos. Durante los años ochenta tiene una gran influencia en el sector el activo papel industrial jugado por Telefónica, que más tarde deberá ser revisado en función de las exigencias que a la estrategia del operador plantea el horizonte de la liberalización de las telecomunicaciones, consecuente con los postulados del Libro Verde sobre las telecomunicaciones presentado por la Comisión Europea en 1987. Al final, en este nuevo contexto y después de varios años de dificultades, la proyección como operador internacional de Telefónica será motor fundamental de la expansión exterior de la industria española. Son también los ochenta años de vitalidad en los que media docena de grupos en el campo de la llamada electrónica profesional van adquiriendo unas dimensiones nada desdeñables en relación con el país, aunque siempre insuficientes en términos internacionales. Toma cuerpo la conciencia de que la ausencia de un grupo líder, capaz de moverse con soltura en el concierto mundial, es una de las más graves carencias del sector, lo que dará lugar en la década siguiente al diferentes operaciones de alianzas y fusiones entre los grupos mas importantes de titularidad nacional. Mientras tanto, en el plano de las pequeñas empresas surge en 1989 la Asociación Española de Nuevas Tecnologías (AENTEC), valiosa iniciativa que agrupa al una docena de compañías que se consorcian para actuar mas eficazmente en el campo de las relaciones institucionales, de la financiación y de la proyección internacional. La ejecutoria de AENTEC da un positivo mentís al la supuesta incapacidad del empresario español para integrarse en la "cultura del consorcio". Las crisis y la recuperación Sin embargo, las optimistas expectativas con que acaba esta década van al verse ferozmente afectadas enseguida por el desencadenamiento de la crisis 1991-1993 que golpea muy especialmente al este sector. A la depresión económica general, se unen causas específicas coincidentes en el tiempo: la crisis del sector informático mundial, cuyas raíces han sido analizadas ampliamente en estos años; la caída de los presupuestos de Defensa, que afecta en todos los países especialmente al las inversiones tecnológicas más sofisticadas; la ya mencionada liberalización de las telecomunicaciones, que cambia radicalmente las reglas del juego de las relaciones entre los operadores y su industria suministradora...En suma, son tiempos muy duros, son un elevado coste, sobre todo en el empleo. La recuperación, iniciada en 1994, muestra un sector en el que las claves de la supervivencia han sido la tecnología y, más aún, la capacidad de internacionalización, sin olvidar, claro, la calidad y el rigor en la gestión; estas han sido las variables fundamentales que han diferenciado al unas empresas de otras en su travesía del desierto. No es banal esta evidencia, aunque a algunos les pueda parecer de Perogrullo. Para otros, entre los que me cuento, es un motivo de confianza en el futuro.
30 oct 2015
Artículo BIT
EL PASADO DE LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN: 100 BITS DE ELECTRÓNICA, TELECOMUNICACIONES E INFORMÁTICA
100 BITS DE ELECTRÓNICA, TELECOMUNICACIONES E INFORMÁTICA Luis Castejón Martín Jorge Pérez Martínez Vamos a realizar un análisis conjunto de las variables del sector electrónico referidas a producción, importación, exportación y consumo aparente o mercado (producción más importación menos exportaciones) desde la aparición de nuestra revista hasta nuestros días, a partir de los datos de la Asociación Nacional de Industrias Electrónicas (ANIEL) y ordenadas en tres áreas: Electrónica, Telecomunicacion e Informática. El Sector Electrónico Según se puede apreciar en la figura 1, la evolución mostrada indica que entre 1978 y 1995 se ha completado un ciclo, dentro de una tendencia a largo plazo de crecimiento del sector, en el que a grandes rasgos se puede hablar de dos "olas": la explosión de la demanda a finales de los ochenta y la recuperación que parece se está confirmando en 1995. No obstante, dentro de estas dos olas ha habido matices que son los que marcan el comportamiento plurianual de la industria electrónica que pasamos a comentar. Figura 1. Variables del sector electrónico (en Mpts corrientes). Fuente: ANIEL. Otro comportamiento importante que aparece reflejado en las tendencias es que la industria electrónica española ha evolucionado desde un entorno en que las necesidades se cubrían principalmente con la industria local, hasta la industria completamente globalizada de hoy en día, tanto en el intercambio de productos con el exterior, como en su estructura organizativa y la ubicación de los centros de decisión. ESTABILIZACIÓN (Finales de los 70-1984) En la industria de telecomunicaciones de finales de los 70 se daba la tradicional asociación entre operador y suministrador, en la que el suministrador prácticamente actuaba en monopolio y con autonomía de su casa matriz. La producción era local y dependiente de Telefónica, la cual era accionista de las distintas industrias y, por tanto, tenía control sobre su gestión y producción. Las principales industrias de telecomunicaciones eran Standar Eléctrica, S.A. e Intelsa (Ericsson) para conmutación, Telettra Española, S.A. para transmisión y Cables de Zaragoza, S.A. (General Cable) para cables. Hasta el año 1984 el sector electrónico se estabiliza, frenándose la caída espectacular del mercado a finales de los 70. El hecho más característico es el estancamiento de la producción y las exportaciones, frente a un creciente incremento de las importaciones sobre todo en 1984. Se vivían años de crisis económica y de importante cambios tecnológicos, en un país más preocupado por la transición política que por la modernización del país, que quedaba en segundo orden de prioridad. No obstante, a partir de 1982, la política se centró en modernizar el país mediante una política económica que favoreciese la entrada de capitales del extranjero como motor del cambio. Esto dificultaba las actividades de la industria nacional, al tener que financiar sus actividades con altos costes financieros. Es la época en que se crea la Dirección General de Electrónica e Informática, que presidió el debate en torno a la definición de la política industrial deseable para España; si debía estar basada en la consolidación de la industria nacional con creación de tecnología propia. DESPEGUE (1984-1987) En 1984, la Dirección General de Electrónica e Informática lanza el primer Plan Electrónico e Informático Nacional (PEIN I), fundado en la regulación de las compras públicas de electrónica e informática como elemento dinamizador del sector, ofreciendo a las multinacionales condiciones ventajosas para su instalación en España, junto a planes activos de exportaciones. Los hechos obligaban a decidirse entre dar más peso al sector industrial propio o a la modernización inmediata del país, mediante equipos informáticos y electrónicos. Esta última necesidad se impuso y el país recurrió a la importación como mecanismo para hacer frente a sus necesidades. La economía comienza a internacionalizarse y se extendió la tesis de que cualquier país podía acceder a la tecnología donde quisiera que ésta se encontrase, siempre que se dispusiera del capital y recursos humanos adecuados. Así, desde 1984 hasta 1987 se asiste a un periodo de crecimiento sostenido del mercado, lo que provocó que la producción y las importaciones crecieran a buen ritmo. Las exportaciones, tras un crecimiento importante en 1984, volvieron a estabilizarse. Telefónica diseñó una política dirigida a la participación en las distintas industrias para potenciar la I+D realizada por las multinacionales para obtener productos con tecnología nacional, a cambio de realizarles compras y, por otro lado, a apoyar las industrias nacionales en segmentos determinados, como los terminales con Amper. Pero finalmente, en 1985, Telefónica decidió desinvertir en la industria para convertirse en una empresa exclusivamente operadora de redes y servicios, si bien dio entrada a nuevos suministradores como AT&T, Pacific Telesis, Fujitsu y Corning Glass. El Ministerio de Defensa fue motor del desarrollo del sector de la electrónica profesional, con sus inversiones en compra de equipos y planes de I+D, si bien esta política expansiva tuvo su declive que condujo a un parón de la actividad. CRECIMIENTO (1987-1990) España entró en la Comunidad Europea en 1986 en un periodo de expansión de la economía, con una industria nacional poco representativa, lo que condujo al recurso de la importación. La integración en la CE trajo consigo la introducción de un elemento estratégico en la industria electrónica: el acceso a los proyectos de I+D financiados por la CE en colaboración con otras empresas europeas, con el consiguiente beneficio de intercambio de tecnología y de know-how que ello supone. El crecimiento de la economía permitió que entre 1987 y 1990 el mercado se desarrollase espectacularmente, aunque el fuerte tirón de la demanda hizo que la producción nacional no pudiera satisfacerla y se recurriera en gran medida a la importación. Tras años de indefinición y cambio de políticas, la industria nacional estaba debilitada como para poder asumir el liderazgo. En estos años la política industrial se dirige a defender la industria pública en sectores estratégicos para el país, pero apoyada en la búsqueda de tecnología en el exterior para satisfacer la demanda y buscar socios tecnológicos con los que acordar la fabricación parcial de productos, renunciando de este modo a la generación de producto nacional. No obstante, imperaba la política de estimular sólo aquellas industrias que tuvieran masa crítica, es decir aquellas que contasen con productos y recursos al nivel de sus competidores en el mundo. Se impuso la ingeniería de sistemas frente a la oferta de productos propios. El final de la década de los ochenta también fue una época de fusiones de empresas participadas por el Estado con el objetivo de hacerse fuertes para internacionalizarse, como Eritel resultante de la fusión de Eria y Entel, Ceselsa con Inisel, y de reestructuraciones como la cesión de los activos de telecomunicaciones de Inisel a Amper. Se puso en marcha el PEIN II, que pretendía ser más cercano a las necesidades de las empresas con acuerdos entre empresas, Administración y entidades públicas compradoras. En el sector industrial de las telecomunicaciones se intensifica la separación entre operador e industria, debido a la entrada en vigor de múltiples normas comunitarias para liberalizar los mercados y la Ronda de Uruguay del GATT. Telefónica apuesta por modernizar sus redes independientemente de la capacidad de la industria nacional para apoyarle. Entre 1987 y 1988, Telefónica se deshace de sus participaciones en Telettra y Ericsson y se produjo la entrada de su tercer suministrador de conmutación: AT&T Network Sytems. CRISIS (1990-1992) Entre 1990 y 1993 el sector electrónico asiste a un periodo de caída de todas sus variables, coincidiendo con la crisis económica de principios de los noventa. La caída brusca de la demanda interna arrastró a las importaciones y en menor medida a la producción, la cual como solución recurrió a la exportación. Así, la exportación fue la única variable que creció y, además, por encima de años anteriores. La política industrial se caracterizó por las ayudas horizontales que se otorgaban desde la Administración para mejorar la competitividad, mediante subvenciones de la I+D, la exportación y la calidad. No existían políticas activas que apoyasen industrias específicas. Las ayudas disminuyeron a partir de 1992, debido a los recortes presupuestarios. En estos años se lanzó el PEIN III, enmarcado dentro del más amplio Plan de Actuación Tecnológica Industrial, si bien confirmó la anterior política de concesión de ayudas horizontales. El año maldito fue 1993 en el que el mercado se redujo a niveles prácticamente de 1987, siendo los sectores de defensa y telemática los que acusaron más fuertemente esta caída. RECUPERACIÓN (1993-1995) En el periodo comprendido entre 1993 y 1995 y con la mejora del ciclo económico, el sector electrónico mejoró sensiblemente, con un aumento del consumo aparente que estimuló la producción a la vez que las importaciones. Las exportaciones crecieron a un buen ritmo, significando cada vez más una parte importante de la producción nacional. En este periodo se confirma que la globalización es una realidad. El sector electrónico español mantiene su capacidad productiva gracias a las exportaciones, a las que destina casi tres cuartas partes de su producción, frente a la cuarta parte que dedicaba en 1990. Las empresas verticalizan su producción y concentran en un país todas las decisiones sobre una línea de productos, operando sobre mercados globales. Comercio Exterior La balanza comercial exterior del sector electrónico evolucionó según aparece en la figura 2, en la que se representa el déficit comercial con el extranjero. La evolución del déficit viene caracterizada por tres etapas. Entre los años 78 y 90 nuestra dependencia del exterior fue en constante aumento, agravándose en el año 90 en que el crecimiento de la demanda fue tal que la industria nacional no pudo aumentar su régimen productivo y se recurrió en gran medida a las importaciones. A partir del año 90 y hasta finales de 1994, la caída del mercado interior y, en consecuencia de las importaciones, fue solventada por nuestra industria productora mediante al recurso a la exportación, con el fin de mantener sus niveles productivos. Esto ocasionó que en este periodo el déficit de la balanza comercial disminuyera de manera importante. No obstante, el año 95 ha supuesto un nuevo cambio de tendencia, debido al crecimiento importante de la demanda que ha obligado a recurrir a las importaciones de nuevo para satisfacerla, creciendo éstas más que las exportaciones las cuales han continuado con su crecimiento constante. Se puede concluir con que existe una relación inversa entre la demanda interior y las exportaciones. Entre 1983 y 1990 el mercado creció, manteniéndose las exportaciones. A partir de 1990, al caer el mercado interior, las exportaciones aumentaron. Figura 2. Déficit exterior del sector electrónico (en Mpts corrientes). Fuente: ANIEL. Ratios del Sector Electrónico Idealmente un país debe producir, al menos, tanto como es capaz de consumir, es decir pone todo su mercado a disposición de los mercados internacionales, vía importación, tanto como es capaz de vender a otros países, vía exportaciones. Como indicativo de la capacidad de producción del país es deseable mantener lo más alto posible el ratio producción/consumo aparente (P/CA). El mercado de finales de los setenta se abastecía principalmente de la producción nacional, presentando altos ratios P/CA, para caer a continuación y estabilizarse en los ochenta como consecuencia del recurso a la importación para satisfacer la demanda. En los últimos años el ratio P/CA mejora debido al incremento de la producción destinada a la exportación. El paso de industria local a global aparece reflejado en la evolución del ratio exportaciones/consumo aparente. Este ratio ha ido mejorando con los años, especialmente desde principios de los noventa, como indicativo de la internacionalización de nuestra industria. Otro indicativo de la globalización es el ratio de autoabastecimiento, [(producción - exportaciones) / consumo aparente], que se encuentra en descenso continuado, salvo el periodo estable entre 1984 y 1990, muestra que la producción destinada al mercado nacional es cada vez menor y en consecuencia crecen las importaciones; en 1995 se dedicó sólo un 20% de la producción al mercado nacional, indicando que la producción cada vez se dedica más a la exportación, haciéndose más robusta frente a variaciones de la demanda interna. Figura 3. Ratios del sector electrónio. Fuente: Elaboración propia. Empleo El empleo del sector electrónico ha seguido en líneas generales la misma evolución que su producción, aunque el sector no es ajeno a variables como la tecnología y la globalización que conforman la evolución de cualquier sector productivo y en especial la del sector electrónico (figura 4). El sector electrónico es intensivo en la aplicación de nuevas tecnologías de fabricación, con un aumento continuo de la productividad por empleado. Las empresas electrónicas son fundamentalmente internacionales y en consecuencia sus actividades tienden a verticalizarse, con la consiguiente desaparición de centros de producción. La cifra de empleo máximo se produjo en 1989 con 60.247 puestos de trabajo, coincidiendo con el periodo de explosión de la demanda, alcanzándose el mínimo en 1995, con 39.355 empleos, un 34% menos que su máximo histórico. Figura 4. Empleo en el sector electrónico. Fuente: ANIEL. El Sector de las Telecomunicaciones La presentación de los grandes números y de las tendencias de los distintos sectores son los objetivos principales de este artículo, por lo que dado el gran peso que históricamente han tenido Telefónica y el servicio telefónico, vamos a centrarnos específicamente en ellos. La estructura administrativa del Estado de finales de los setenta y principios de los ochenta se fundamenta en la Junta Nacional de Telecomunicaciones, hasta 1985 en que se crean la Secretaría General de Comunicaciones y la Dirección General de Telecomunicaciones. La política se concentró inicialmente en la elaboración de un marco regulador en torno a la Ley de Ordenación de las Telecomunicaciones (LOT), el contrato Estado-Telefónica y la discusión del Plan Nacional de las Telecomunicaciones (PNT). Desde el lado de la oferta de redes y servicios, la variable principal que explica la evolución del servicio básico de telefonía es el número de líneas instaladas (figura 5). De las 7.229.000 líneas en servicio de 1980, hemos pasado a 15.095.000 en 1995, más del doble en 15 años. Hasta 1987 el crecimiento fue constante, mientras que en 1988 se produjo un cambio de tendencia derivado de la mayor demanda de líneas, hasta bajar el ritmo de crecimiento en 1992. Figura 5. Número de líneas telefónicas en servicio (en miles). Fuente: Telefónica. Si analizamos la densidad telefónica mediante el número de líneas por cada 100 habitantes, el crecimiento entre 1980 y 1995 es ligeramente inferior que en números absolutos, al pasar de 19,3 a 38,5 líneas por cada 100 habitantes (figura 6). El cambio de ritmo entre 1988 y 1992, debido al incremento de la demanda, también se pone de manifiesto. Figura 6. Densidad de servicio telefónico (en líneas por cada 100 habitantes). Fuente Telefónica. Desde el punto de vista de la demanda, la serie histórica se inicia en 1980 con una lista de espera elevada (637.000 peticiones de líneas), descendiendo rápidamente en 1981, para estabilizarse en torno a las 400.000 líneas en el periodo 1981 a 1985 (figura 7) debido a la depresión de la demanda. A partir de ese año y coincidiendo con el periodo de crecimiento económico de finales de los ochenta, la lista de espera se desestabiliza y llega a alcanzar 539.000 peticiones en 1988, sin que puedan ser atendidas en este periodo por falta de previsión y de inversiones adecuadas. Figura 7. Demanda de líneas telefónicas (lista de espera). Fuente: Telefónica. A partir de 1989 se combatió el problema de la lista de espera, reduciéndose drásticamente en los últimos años. Si ponemos en relación la lista de espera con las inversiones no financieras de Telefónica (figura 8), vemos como en el periodo 1980-1986 las inversiones crecieron en torno al 9% anual, mientras que en el año 87 fue cuando se empezó a atender la elevada demanda originada en 1986. De esta manera, entre 1986 y 1990 las inversiones casi se cuadriplicaron para atender a la demanda. El máximo de las inversiones se produjo en 1990, dos años después de que se produjera el máximo de la lista de espera. Figura 8. Inversiones no financieras de Telefónica. Fuente: Telefónica. En el segundo lustro de los ochenta imperó en Telefónica una política eminentemente financiera, fundada en primar la rentabilización del capital y aumentar su presencia en las bolsas nacionales y extranjeras para consolidar económicamente la empresa, limitando para ello sus inversiones en infraestructuras. Esta situación llevó incluso al cambio del presidente de Telefónica por el impacto social que tuvo la lista de espera. Añadido al problema de la lista de espera, en 1986 Telefónica se vio abocada a tomar una decisión sobre que tecnología debía implantar para modernizar su planta y para atender la demanda; debía elegir entre las recién desarrolladas centrales digitales o las ya maduras analógicas. La tecnología digital se estaba introduciendo y no estaba suficientemente experimentada para su introducción masiva y aun tenía costes altos. Telefónica apostó por instalar las nuevas centrales digitales y a partir de 1987 dio un fuerte empuje a la digitalización de su líneas hasta el año 1991 (figura 9). Figura 9. Digitalización de líneas de abonado. Fuente: Telefónica. Asimismo, con el objetivo de modernizar sus infraestructuras, Telefónica procede a la instalación masiva de fibra óptica en el periodo 1987 y 1991 (figura 10). El esfuerzo en los últimos diez años ha sido importante, ya que a finales de 1995 Telefónica podría llegar con fibra óptica a 7.300.000 hogares. Figura 10. Instalación de fibra óptica. Fuente: Telefónica. Las inversiones de Telefónica se redujeron significativamente entre 1990 y 1993, consecuencia de la escasa demanda de líneas y coincidiendo con la crisis económica. Esta bajada de las inversiones se pone de manifiesto en la caída del crecimiento de las inversiones en líneas digitales y fibra óptica entre 1991 y 1993. En el inicio de la década de los noventa se dieron los primeros pasos para la liberalización de las telecomunicaciones, con la apertura a la competencia de los servicios de valor añadido. En 1991 se aprueba el nuevo contrato Estado-Telefónica y en 1992 se aprueba definitivamente el PNT. Entre 1993 y 1995 las inversiones de Telefónica crecieron un 14,4%, como reflejo de la actividad que se iba generando en los nuevos servicios en competencia a corto plazo, en especial la inversión en creación de infraestructuras que ha supuesto la telefonía móvil (figura 11). Figura 11. Abonados a telefonía móvil. Fuente: DGTel (Expansión para marzo y junio de 1996) Telefónica no es ajena a la tendencia de globalización de las grandes operadoras y en 1993 comienza a internacionalizarse mediante su filial Telefónica Internacional, suponiendo ya en 1995 el 16% de todos los ingresos del Grupo Telefónica (figura 12). Figura 12. Internacionalización de Telefónica (en Mpts corrientes). Fuente: Telefónica. En los años 1994 y 1995 se producen discusiones importantes en torno a la Ley de Telecomunicaciones por Cable, concebida en su primera fase como soporte de servicios interactivos y audiovisuales, siendo esencialmente el soporte regulatorio para la apertura total a la competencia en telefonía básica. La industria de equipos de telecomunicaciones no es ajena a las inversiones de Telefónica,, al ser esta la empresa compradora principal de sus productos. La evolución del sector industrial de las telecomunicaciones aparece representada junto a las inversiones de Telefónica para el periodo 1988-1995 en la figura 13, poniendo de manifiesto la clara causalidad existente. Figura 13. Inversiones y mercado de equipos de telecomunicación (en Mpts corrientes). Fuente: Telefónica y ANIEL. El empleo de Telefónica se mantuvo en torno a los 60.000 empleados en el periodo comprendido entre 1980 y 1987 (figura 14). La explosión de la demanda significó la creación de nuevos puestos de trabajo, alcanzándose en 1990 la cifra máxima de 75.500 puestos de trabajo, creándose cerca de 12.000 empleos en tres años desde 1987. A partir de 1990, Telefónica está reajustando su plantilla hasta situarla en 69.570, un 7,8% menos que en 1990. Figura 14. Empleo en Telefónica. Fuente: Telefónica. El Sector Informático La informática, el sector de mayor juventud de los tres analizados, ha experimentado cambios profundos, tanto en la tecnología como en su ámbito de aplicación. Dado el carácter estratégico que cada vez más ha ido teniendo su utilización en todas las operaciones de las empresas, la informática ha ido adaptándose a los distintos esquemas organizativos que aquellas adoptaban, desde la centralización a la descentralización de los recursos, y a las capacidades inversoras de las empresas. Esta adaptación ha sido posible desde luego por el mercado en creciente y plena competencia en que se desenvuelven sus actividades. El sector informático ha evolucionado desde los 104.000 Mpts de 1981, hasta los 683.606 Mpts de 1995, en un crecimiento continuado, excepto la recesión habida en los primeros años de los noventa (figura 15). Figura 15. Evolución del mercado informático. Fuente: MINER, SEDISI, CITEMA. En esta evolución se pueden distinguir varias etapas (figura 16). Figura 16. Crecimiento interanual del mercado informático. Fuente: elaboración propia a partir de MINER, SEDISI y CITEMA. CRECIMIENTO (1981-1988) Entre 1981 y 1988 se produce un crecimiento sostenido del mercado, siempre por encima del 20% anual, hasta el año 1988 en que los crecimientos bajaron para rondar en torno al 13%. Incluso en épocas de recesión económica generalizada como principios de los ochenta, el crecimiento del sector fue importante, en relación con la necesidad de modernizar el país mediante la inversión en tecnologías de la información. Los primeros años de los ochenta son todavía años de dominio de la informática centralizada, iniciándose la comercialización del ordenador personal (PC) dominada por su promotor IBM. El sector se desenvolvía con alegría a la luz de las múltiples inversiones de las empresas, de los elevados márgenes de los pocos suministradores y de la escasez de los recursos humanos. ENFRIAMIENTO (1988-1991) Entre 1988 y 1991 se desata la competencia entre las múltiples empresas recién creadas que hacen frente a las grandes y tradicionales, en torno al mercado del PC. El PC se convierte en el producto informático estrella, dado su coste, fácil manejo y amplia disponibilidad de software, siendo más adecuado que los grandes ordenadores para realizar las tareas cotidianas de las empresas. En este periodo se produjo un enfriamiento de la actividad del sector, más relacionada con la reducción de los márgenes que con la disminución de las unidades vendidas. No obstante, los crecimientos fueron importantes, cercanos al 13%. RECESIÓN En 1992 y 1993 el sector informático sufrió una importante recesión con caídas del mercado, superiores al 5% en ambos años. La agresiva política comercial de los suministradores de equipos y la excesiva atomización en un sector que había atraído a capital especulador sin una buena base tecnológica, trajeron consigo la reestructuración y desaparición de muchas empresas. El mercado se encargó de colocar a cada cuál en su sitio, a los gigantes les supuso ajustes de plantilla y a los pequeños la desaparición. A todo esto se le añadía la crisis económica. RECUPERACIÓN En 1994 y 1995 el mercado informático se recuperó, alcanzando en 1995 una cifra de crecimiento del 9,5%, aún lejos de los años dorados del sector, pero más acorde con lo que se espera de un sector maduro. Las empresas que habían sufrido la recesión del 92, se encontraron al inicio del ciclo con una dimensión adecuada para aprovechar las condiciones macroeconómicas favorables. Estos años supone el definitivo triunfo del PC frente a los ordenadores centrales y el uso masivo de redes corporativas de PC"s. Para explicar los factores que diferencian a cada fase, vamos a analizar cada uno de los subsectores del sector informático (figura 17). Así, vemos que el subsector del hardware ha sido el que más recesiones ha sufrido, con una importante caída entre 1991 y 1993. Por el contrario, el sector servicios a partir de 1985 inició un crecimiento continuado, sin que sus cifras de mercado se vieran afectadas por la crisis económica. El subsector del software presenta una evolución muy estable, sin grandes sobresaltos a lo largo de su historia. Figura 17. Evolución de los subsectores del sector informático. Fuente: MINER, SEDISI y CITEMA En cuanto a participación en el mercado informático de cada uno de los subsectores (figura 18), lo más significativo es la pérdida de peso específico del hardware desde el 78% de 1981 al 50% de 1995, frente a los servicios que cada vez más concentran mayor mercado en sus manos, hasta alcanzar el 42% del mercado en 1994. Esta situación refleja el hecho de que los primeros sistemas informáticos que se vendían, normalmente mainframes y minis, llevaban asociado dentro de la venta, el servicio o desarrollo necesario, mientras que con la aparición del ordenador personal, mucho más sencillo y barato, aparecieron numerosas empresas de servicios, tanto para el desarrollo como para el mantenimiento. Por su parte, el software va abriendo brecha en el mercado, si bien su evolución es lenta. La evolución de las cuotas del mercado ponen de manifiesto la tendencia del sector hacia actividades de gran valor añadido como son los servicios, frente a otras actividades como la comercialización y fabricación de hardware, con escasos márgenes debido a la enorme competencia y a la rapidez en la reducción de los costes unitarios de los productos, al existir importantes economías de escala. Figura 18. Evolución de las cuotas de mercado del sector informático. Fuente: Elaboración propia. Parque Instalado La introducción del ordenador personal desde su aparición en 1982 no ha sido inmediata en España (figura 19), pues tuvieron que pasar seis años hasta que en 1988 se consiguió un crecimiento importante en número de unidades, sin cesar hasta el año 1992, en que se estabilizaron las ventas de PCs. En 1995 el parque volvió a crecimientos de años anteriores. El hecho más significativo de la evolución del parque de ordenadores personales es que su aparición trajo consigo la pérdida de peso específico en el mercado de los sistemas informático tipo mainframe y minis. La creciente potencia de los PCs a un precio cada vez menor y asequible a cualquier comprador, impone nuevas arquitecturas de proceso de información, desde entornos centralizados y propietarios, con altos costes y personal muy especializado, a entornos distribuidos y abiertos, con bajos costes y personal con perfil de usuario final. No obstante, el incesante número de PCs vendidos no se vio transformado en un incremento del mercado, debido a la enorme competencia existente en este mercado, con reducciones de precios en torno al 25% anual según SEDISI. Figura 19. Parque instalado de ordenadores personales. Fuente: UIEE, Preice Waterhouse, Dataquest, EMI y SEDISI Empleo El empleo en el sector informático creció continuamente desde 1985 a 1990, con crecimientos del 30% anual (figura 20). En 1990 debido a la recesión económica y a la enorme competencia en precios, se produjo una destrucción de puestos de trabajo. No obstante, las cifras de crecimiento de los últimos años de la década de los ochenta serán difíciles de alcanzar, pues se lograron en un entorno de creación de empresas y de expansión de las tradicionales, en torno al nuevo mercado que supuso la informática personal. Figura 20. Empleo en el sector informático. Fuente: SEDISI y MINER
30 oct 2015
Artículo BIT
EL MOMENTO ACTUAL DE LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN: Hacia una competencia regulada
Hacia una competencia regulada Juan Abelló Presidente de Airtel Móviles DURANTE muchos años las telecomunicaciones fueron consideradas como un monopolio natural, y explotadas por una sola empresa, o por agencias gubernamentales. La liberalización comenzó en Estados Unidos, y fué seguida posteriormente por países como Reino Unido, Japón, Australia, Nueva Zelanda, etc... En la Unión Europea la liberalización de las telecomunicaciones está ciertamente aceptada y planificada, pero todavía hay un largo camino por recorrer. El avance de la tecnología ha provocado la evolución y transformación de las telecomunicaciones, y la aparición de cantidad de nuevos servicios. Este avance ha traído consigo el hacer de las telecomunicaciones un sector explotable bajo el sistema de libre mercado en el que la competencia entre las empresas tendrá un papel destacadísimo. Las Telecomunicaciones españolas, se habían estancado, sin evolucionar como lo estaban haciendo otros países, hasta que con el 2 operador de móviles se ha puesto en marcha una dinámica de liberalizaciones, que serán el futuro del sector: creación de un segundo operador de servicios básicos, creación de un órgano regulador, activación de la Ley del Cable, privatización de Telefónica y otras medidas liberalizadoras. Se avecinan grandes cambios y vemos el futuro con gran esperanza y optimismo, pero también con preocupación. La liberalización es necesaria, pero debe hacerse con orden y concierto y sabiendo bien cuál es el posible escenario de actuación, que podemos delimitar en los siguientes puntos: * En primer lugar la tecnología, con gran evolución de las redes, más sofisticadas, más avanzadas, con redes inteligentes y centrales de conmutación más potentes y flexibles. * En segundo lugar será muy importante la economía, ya que se producirá una gran actividad inversora y fuerte interés de diversos grupos ante las oportunidades potenciales que el sector ofrece, pero serán las economías de escala las que marcarán el tamaño de las empresas que al final consignan entrar en el bucle. * En tercer lugar la estrategia de las telecomunicaciones, vendrá marcada a corto plazo por la aparición de compañías privadas que se aprovecharán de los nichos del mercado, produciéndose a plazo medio competencias limitadas. * En cuarto lugar un Marco regulador, con mayor actividad que procederá de la Unión Europea. Las directivas emitidas estarán destinadas a establecer un panorama de las Telecomunicaciones más liberalizado y privatizado tendente a ser homogéneo en toda la Comunidad. El objetivo de esta regulación será la introducción de la competencia en el sector. Competencia regulada, con estructuras y el funcionamiento de las Leyes de mercado, en el que los servicios estén asegurados sin precariedad. Por otro lado la demanda vendrá marcada por más productos y servicios de información y comunicación. Para que nuestro país pueda desenvolverse bien en un entorno tan diferente del tradicional como el que se ha expuesto, y para que saquemos el máximo partido de los grados de libertad que nos proporciona la tecnología, la regulación impuesta desde La Unión Europea, las nuevas realidades económicas y la estrategia de los actores, lo mejor es disponer de un órgano regulador adecuadamente constituido, es decir, con los poderes, el presupuesto y la estructura organizativa convenientes para ejercer una labor inteligente y enérgica. Su papel será el de hacer que en nuestro país se desarrolle un mercado de las telecomunicaciones en equilibrio sostenible. Es decir, un mercado en el que junto a la necesaria mejora continua de los precios, la calidad y la cantidad y diversidad de los servicios, se consiga una imprescindible solidez de las empresas operadoras. Un mercado en el que las empresas puedan planificar y desarrollar sus actividades con esfuerzos pero sin sobresaltos ni incertidumbres, en el que los clientes tengan la confianza de que no se les engaña y explota; un mercado, en definitiva, que se acerque a las condiciones de competencia perfecta en el que las imperfecciones se reduzcan al mínimo imprescindible. Construir tal situación de equilibrio no es fácil y hay peligros evidentes por lo que se está observando en otros países. Solamente a través de una organización que garantice la implantación de una "competencia regulada" en la que estemos implicados todos, será posible tener éxito.
30 oct 2015