La sociedad, con las Tecnologías de la Información Santiago Lorente Sociólogo, profesor titular de la ETSITM HABLAR sobre algo que roce las Tecnologías de la Información tiene hoy un riesgo importantísimo: el de que el lector crea que el autor ha incurrido en tópicos, pues el impacto de éstas ha sido, en verdad, fenomenal. Y es que en estos veinte últimos años han ocurrido cosas, en materia de Tecnologías de la Información, que no habían ocurrido en siglos. Hace dos siglos, la convulsión le tocó a la revolución industrial (la energía, la máquina y los transportes). Hace un siglo y medio, lo propio le tocó a la revolución médica y consecuentemente demográfica (la humanidad se ha multiplicado irresponsablemente por seis desde entonces). En este último cuarto de siglo, la convulsión ha tocado los cimientos de la sociedad en la forma en cómo captamos, transportamos, almacenamos, procesamos y difundimos datos (lo que más), información (bastante menos) y conocimiento (todavía rudimentariamente). Y tan ha tocado a la sociedad, que ha hecho una nueva sociedad, por más que algunos, muy pocos, se empeñen todavía en negarlo. La sociedad española, aunque en menor escala que otras sociedades más desarrolladas, también ha sido fuertemente impactada, modificada, afectada y estructurada por el advenimiento y aplicación masiva de unas tecnologías basadas en la convergencia de las telecomunicaciones con la informática, en las que cada vez más inyectamos nuevos contenidos y usos en las redes y en los ordenadores, y en la que también cada vez más un número creciente de personas entran en el club de usuarios. Es ciertamente una época bella, pues nada puede haber más bello que captar, transportar, almacenar, procesar y difundir información. La humanidad siempre lo ha hecho, pero en estos últimos cuatro o cinco lustros lo ha empezado a hacer con una intensidad inusitada. Insisto en que sólo se ha "empezado". Sólo los hados saben lo que el futuro nos deparará, para lo que será bueno no hacer mucho caso de los estudios de prospectiva... Fronteras estatales y reforzamiento de los pequeños nacionalismos Repasemos, aunque sea someramente y con el riesgo de incurrir en los tópicos, cuáles han sido los principales efectos que las Tecnologías de la Información han provocado en la sociedad, en general, y en particular, en la española. Se ha producido una dialéctica curiosa -y preocupante- entre abolición fáctica de fronteras estatales y reforzamiento de los pequeños nacionalismos, entre Estado, por un lado, y nación, por otro. Los Estados han ido perdiendo fuerza en la medida en que las comunicaciones abolían las fronteras -en una frontera es imposible controlar las ondas hertzianas y los contenidos de las líneas telefónicas internacionales-, con lo que se han producido importantes movimientos centrípetos entre los que cabe citar, quizá como el principal, el de la construcción europea como tal Unión. Es lo que vaticinó en 1962 Marshall McLuhan en su famoso libro Understanding Media: The Extensions of Man, donde por primera vez se acuña el hoy universalmente conocido concepto de la "Aldea Global". Pero simultáneamente se ha producido un movimiento centrífugo, en ocasiones virulento, en ocasiones civilizado, de los nacionalismos, de las regiones que se quieren erigir legítimamente en naciones y, en lo que es técnicamente más problemático, en estados. Son los casos conocidos de la antigua Yugoslavia, de la Bretaña o la Córcega francesas, de Escocia, del Ulster, de las dos partes belgas, y de Cataluña y el País Vasco, por citar algunos. Coexisten, pues, estas dos fuerzas: la centrípeta, la de la Aldea Global, fuertemente impulsada por las Tecnologías de la Información, y la centrífuga, de identificación nacionalista y de pretensiones estatalistas. Estado todopoderoso David Lyon ha escrito un libro ya famoso: The Electronic Eye. The Rise of Surveillance Society, que viene a ser una edición más serena y menos sesgada de la conocida novela 1984 de George Orwell. En ambos casos se trata de constatar que existe un "Big Brother" que Estado todopoderoso que nos vigila, siguiendo la vieja tradición del Leviatán que, ominosamente nos observa, de la que el principal exponente es Hobbes. Pues bien, hay consenso generalizado que tanto ese ser humano russoniano y feliz, en estado de naturaleza, como el ciudadano libre postulado por la Revolución Francesa se han hecho añicos debido a los potentes medios que las Tecnologías de la Información tienen para vigilarnos. Todos estamos girando locamente en los gigantescos ficheros informáticos de las distintas administraciones de los poderosos Estados y de los poderosos bancos, a merced de lo que quieran hacer de nosotros; cada acción de compra en grandes superficies se convierte automáticamente en un acto informacional -de marketing- en donde de sólo clientes pasamos también a ser personajes de estudio, y las telecomunicaciones se convierten en potenciales -y reales, véase CESID- elementos de invasión en la vida privada de los individuos. España comprendió este problema y en su Constitución (art. 18.4) se establecen salvaguardias frente a los abusos de la informática y las telecomunicaciones (LORTAD, 1992, por ejemplo), y emplaza al legislador a limitar el uso de la informática para garantizar el honor, la intimidad personal y familiar de los ciudadanos y el legítimo uso de sus derechos. Modelos de empleo y de trabajo Otro de los grandes cambios efectuados en todas las sociedades desarrolladas -de las que España en este caso no sólo no es excepción sino claro exponente- es el efecto que las Tecnologías de la Información están teniendo en los modelos de empleo y de trabajo. Los sindicatos en la era industrial habían logrado unas conquistas sin precedentes en cuanto a estabilidad laboral, salarios y beneficios sociales de los trabajadores, frente a los iniciales e inequívocos abusos de la revolución industrial. Y lo habían hecho tanto desde la filosofía netamente capitalista (como es el caso de EE.UU.) como marxista (como es el caso de Europa). Las Tecnologías de la Información han hecho inocupables (en frase de Schaaf) a muchos, debido al ritmo vertiginoso de conocimientos que ellas obligan a tener. Generaron una feroz fuerza centrífuga por la que expelieron del mercado de trabajo a los no especialmente aptos, a la par que generaron una demanda, no resuelta, de individuos cualificados, mientras los sistemas educativos, sobre todo los universitarios, especialmente en Europa, se miraban al ombligo y acudían una vez más al fácil recurso de la tradición que a las necesidades reales del mercado. Así, el desempleo se ha convertido en el problema prioritario de los países desarrollados mientras las Tecnologías de la Información siguen tenazmente avanzando a ritmos que socialmente no son seguidos por el mercado de trabajo. En verdad, todo esto no es nada nuevo. No hay más que pensar en los millones de esclavos que desplazaría en su día la rueda, y en los miles de proveedores de paja para los caballos de las diligencias con la aparición del automóvil y de todo el sector de servicios que le apoya (distribuidores, vendedores, gasolineras...). Pero parece evidente que la humanidad es más diligente en inventar que en solucionar los problemas derivados de sus propios inventos. El caso del modelo de trabajo es tan paradigmático como el de la fuerte supresión de la mortalidad por la medicina y el subsiguiente crecimiento demográfico más que exponencial. Actividad económica El ajuste vendrá, como siempre, tarde. Pero no se puede acabar la mención al mundo del trabajo sin una alusión, por breve que sea, al "teletrabajo". Es un fenómeno viejo en algunos sectores (calzado y juguetes en el Levante español, por ejemplo) y muy reciente si se le entiende como haciendo uso de las Tecnologías de la Información. Retrospectivamente sólo cabe hablar de experiencias casi piloto que por el momento no han modificado sustantivamente el mundo laboral, pero todo hace pensar que, para ciertos sectores de servicios y ciertos perfiles psicológicos de personas, el teletrabajo pueda ser un modelo a tener en cuenta. La forma de ejercer socialmente la actividad económica ha sufrido un vuelco sorprendente en los últimos cuatro lustros. Las entidades financieras han cambiado drásticamente su modo de operar: las sucursales bancarias se han convertido en extensiones nerviosas de los grandes ordenadores, los cajeros y las tarjetas han alterado sustancialmente los hábitos de la clientela, las transacciones se han acelerado, y el dinero va camino de convertirse en una instancia inmaterial (bits, en vez de átomos, para seguir la jerga de Negroponte) independiente de lo que antes constituía el respaldo del dinero: los soportes de oro en los Bancos de reserva, e incluso de la fuerza de sus parámetros tradicionales (PIB, exportaciones...) de las economías nacionales. "En la era electrónica, el dinero sólo será información sobre la riqueza que posees", ha dicho Hans van der Veide, Presidente de Visa Europa. Pero, posiblemente, lo más problemático sea el fenómeno de la especulación. Manuel Castells lo ha llamado acertadamente el "Casino Global", en donde un puñado corto de especuladores, merced a las telecomunicaciones y a la informática, compran y venden inmaterialmente, independientemente del lugar desde donde lo hacen, gigantescos objetos de especulación. Si la economía de mercado, en su versión dura como es la especulación, se ha visto apoyada y amplificada por algo, es por las Tecnologías de la Información. La Ofensa y la Defensa militares La medicina, que ya había visto crecer sus potencialidades con la invención de las sulfamidas a principios del siglo XIX y de los antibióticos (Fleming) en la mitad del siglo XX, ha encontrado en las Tecnologías de la Información otro gran aliado, preferentemente en el área de la detección más que en el de la curación. El matrimonio Curie fue pionero con los rayos X, pero hoy no se concibe la medicina sin electrónica (scanner, ecografía, resonancia magnética y otros sistemas aún más modernos), y ya se empieza a practicar la detección añadiéndole el prefijo "tele" (la teledetección) en donde se están haciendo grandes avances. Los sistemas de monitorización, el procesado de señales biológicas, la instrumentación biomédica, el modelado y simulación de sistemas biológicos, las imágenes médicas, y la rehabilitación y ayuda a discapacitados son algunas de las grandes conquistas de las Tecnologías de la Información en el área de la salud de los últimos años. Finalmente, está la Ofensa y la Defensa militares. Desde la invención del RADAR, en la segunda guerra mundial, las Tecnologías de la Información han sido el sustrato de las nuevas guerras. Haciendo excepción de las guerras aún tribales en Africa y Asia, y desgraciadamente la europea de Bosnia, el ataque y la defensa militares se basan en las posibilidades de captación, transporte, almacenamiento y procesamiento de información estratégica, como lo puso de manifiesto la Operación Tormenta del Desierto, en Irak, y sólo hace unas semanas la segunda ofensiva norteamericana también en Irak. También es verdad que la "Guerra de las Galaxias" ha sido un rotundo fracaso, quizá porque ha pretendido ir demasiado lejos y demasido prematuramente. Empresa, hogar y sistema educativo Sectorialmente, las Tecnologías de la Información han entrado a saco en el mundo de la empresa, de la grande y multinacional, sobre todo, y de la mediana y pequeña, en menor grado, con lo que la gestión empresarial ha sufrido un notable vuelco hacia la efectividad y la rapidez en la toma de decisiones, incluso las de carácter estratégico, en un mundo de competencia colosal y creciente, y ha colaborado en hacer posible la producción por "nichos" en vez de la producción en cadena. Sin embargo, el hogar no ha visto introducir las Tecnologías de la Información al ritmo que inicialmente se esperaba, a excepción de la radio y la televisión que están ya en todos los hogares del mundo desarrollado, cambiando las pautas de ocio, sobre todo, y de relación entre los miembros de la comunidad familiar. En España, hace veinte años, sólo el 40% de los hogares tenían teléfono, cifra que se mantiene prácticamente igual hasta 1982 (hoy, más del 80% de los hogares lo tienen, aunque es una de las cifras más bajas del mundo desarrollado). Tampoco el sistema educativo, salvo aisladas experiencias piloto, se ha visto globalmente ni mejorado ni siquiera alterado por las Tecnologías de la Información, lo cual constituye posiblemente una de las mayores y más dañinas contradicciones de nuestra sociedad de los últimos años. Parece como si las redes de Telecomunicaciones, operativas desde 1844 con el telégrafo y desde 1976 con el teléfono, y los ordenadores, en explotación desde 1946, se fusionaran para realizar una fenomenal cerebración de los procesos humanos, una especie de "mentefactura" añadida a la vieja "manufactura" en donde casi todo es realizado ya con ayuda de la inteligencia humana que, a su vez, se ayuda de la inteligencia informática, y en donde el factor distancia ha quedado virtualmente anulado por las Telecomunicaciones. Actitudes y opiniones Finalmente, dos palabras acerca de las actitudes y opiniones de los españoles frente a las Tecnologías de la Información. La sociedad española identifica estas tecnologías con progreso, con paro, con deshumanización, con eficacia... y hay total consenso, a partir de las encuestas, de la magnitud, de la amplitud y de la rapidez del cambio social que están comportando. Según los últimos datos disponibles (Encuesta CIRES, 1992), los valores asociados a las Tecnologías de la Información son negativos para un 3% de la población, positivos para un 35%, y neutros para un 63%. Cabe concluir que la convulsión informo-tecnológica de los últimos veinte años, al menos en nuestro país, se ha producido en sectores puntuales de forma muy intensa, pero que la población, como instancia general, sigue viviendo fundamentalmente al margen de las mismas, a excepción de tecnologías tan asequibles, tan "user friendly" y tan convivenciales como la radio, la televisión y el vídeo doméstico. Ocio, sobre todo. Según las encuestas disponibles, los españoles desprecian visceralmente las Tecnologías de la Información aplicadas a lo militar, y aman las dedicadas a la salud. Pero, en todo caso, existe una creciente "domesticación" (en frase de Silverstone), esto es, una creciente apropiación y uso de estas Tecnologías por parte de la sociedad española, a pesar de su conocido retraso respecto a otros países.