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La regulación de la televisión. El eterno impedimento
EL PENÚLTIMO INTENTO DE REGULACIÓN AUDIOVISUAL Recientemente hemos asistido al último intento de regular la televisión de nuestro país. El intento habría sido loable si el proyecto hubiera sido de mejor calidad, hubiera tenido un apoyo no sólo del Ministro Piqué sino del Gobierno y se hubiera realizado no de tapadillo casi al final de una legislatura, sino con tiempo suficiente para debatir el proyecto y sacarlo en el Parlamento. Desgraciadamente, por cómo se ha impulsado y en el momento en que se ha hecho, creo que más que una propuesta seria de ordenación de un sector urgentemente necesitado parece más una iniciativa personal, que algunos querrán explicar en términos de voluntarismo ingenuo y otros más escépticos de posicionamiento pre-electoral. Sin embargo, tampoco conviene ser excepcionalmente crítico con la iniciativa porque la regulación del sector audiovisual (entiéndase televisión) es un hueso durísimo de roer con el que han topado éste y otros Gobiernos tanto nacionales como extranjeros. De hecho basta con haber asistido en Bruselas a las discusiones de las distintas normativas relacionadas con la televisión para comprender las dificultades, principalmente políticas, de la regulación audiovisual. ¿Y cuáles son esas dificultades?. Bien, no es necesario profundizar mucho para encadenar el siguiente razonamiento. La regulación es una actividad política. La televisión es, o al menos así lo ve la clase política, el medio de comunicación principal en la formación de la opinión pública. La opinión pública es la fuente de las mayorías electorales. La política sólo se materializa cuando detrás de ella hay una mayoría electoral. Corolario: La regulación audiovisual supone un ejercicio de autorregulación para cualquiera que detente el poder político, sea el que sea su color. LOS PROBLEMAS SECTORIALES. Para profundizar en las dificultades, conviene analizar las problemáticas actuales del sector. En primer lugar, debemos advertir que, aunque la normativa vigente del sector audiovisual no menciona las palabras “competencia o mercado”, los servicios de difusión sonora y de televisión hace tiempo que se desarrollan en un entorno de competencia muy dura por la captación de unos ingresos publicitarios que están limitados por el ciclo económico y por el gasto familiar en consumo de televisión de pago. Por el primer paquete de ingresos compiten las televisiones en abierto y por el segundo las plataformas de los operadores de cable (Aúna, Ono y los pequeños cableros), el grupo Sogecable a través de sus plataformas satelital y Canal Plus y puede que en un próximo futuro el grupo Telefónica mediante Imagenio. LA DOBLE FINANCIACIÓN DEL SECTOR PÚBLICO. En total, en el año 2.002 los ingresos del mercado audiovisual supusieron 2..276 MÛ por publicidad, 1.400 MÛ de cuotas y consumo de TV de pago y 284 MÛde ingresos varios. A esto hubo que añadir 1.469 MÛ de subvenciones a las televisiones públicas lo que supuso el 27% del total del mercado audiovisual y el 36% del mercado televisión en abierto. Para acabar de dar la pincelada, el año 2002 los ingresos publicitarios se redujeron un 2,1% mientras que las subvenciones aumentaron un 16,2%. Naturalmente las subvenciones anteriores son subvenciones directas que no incluyen el acceso a un nivel de endeudamiento garantizado por el Estado de cuyas condiciones no hay datos fiables, salvo que en el año 2.002 el endeudamiento autorizado acumulado de las entidades públicas de radiodifusión y televisión superó los 6.910 MÛ. En estas condiciones ¿quién puede exigirle a los agentes un desarrollo racional de la actividad económica?. ¿Cuántos nuevos agentes querrían entrar en un mercado de estas características, incrementando con su presencia no sólo la eficiencia sino también la pluralidad de la información?. Curiosamente, esta situación que eufemísticamente se ha venido refiriendo como el “problema de la doble financiación de las televisiones públicas”, no La regulación de la televisión. El eterno impedimento Reinaldo Rodríguez Illera Consejero de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones lu Opinión BIT 140 AGO.-SEP. 8 2003aparecía ni mencionado ni tratado en el proyecto de Ley del Gobierno. LAS OBLIGACIONES DE SERVICIO PÚBLICO. La tradicional justificación de la subvención con cargo a los presupuestos de las televisiones públicas es el de la financiación de las obligaciones de servicio público que recaen sobre estas operadoras y no sobre sus competidoras privadas. Sin embargo, en ningún texto legal ni en ningún contrato programa se concretan estas obligaciones y sus costes. Tampoco por lado alguno aparecen contabilidades analíticas ni criterios de imputación que permitan su cálculo, de hecho no se conoce ninguna cuantificación mínimamente seria de la que se puedan extraer dichos costes. De forma genérica se hace referencia a dichas obligaciones como “cobertura universal”, programas de “contenidos educativos, informativos y de valor cultural”, financiación de “emisiones de radiodifusión sonora y televisión sin publicidad”, “sostenimiento de instituciones culturales”, “sostenimiento de la industria cinematográfica nacional” y en el caso de las televisiones autonómicas la “defensa de sus peculiaridades culturales” y en su caso de sus lenguas autóctonas. Sin embargo, la mayor parte de dichas actividades se podrían hacer mejor, de forma más eficiente y más transparente por procedimientos y regulaciones que ya han sido experimentadas en el sector de las telecomunicaciones. Así, la garantía de cobertura universal de un determinado tipo de programas, se podría garantizar mediante la correspondiente subvención pública al operador de la red de difusión, una vez éste demostrase el coste neto de dicha cobertura en relación con una cobertura garantizada por el mercado. Las subvenciones a la industria cinematográfica serían más trasparentes si se dirigieran directamente a los productores, gestionadas por el Ministerio de Cultura o sus contrapartes autonómicas. Los programas educativos deberían ser definidos en sus contenidos por el Ministerio o las Consejerías de Educación y sacados a concurso para su transmisión por la cadena que los ofreciera en mejores condiciones. Por último, la defensa de la cultura y del idioma autóctono podrían ser subvencionados pero sobre la base de costes auditados y ofrecidos sin publicidad. Por lo que se refiere a los contenidos informativos, que de acuerdo con el Estatuto de RTVE (Art.4º) y la Ley del tercer canal (Art.5º) deben basarse en la objetividad, veracidad e imparcialidad, la separación entre informaciones y opiniones y un largo etcétera de condiciones, su característica común es su continuado incumplimiento por parte de los gestores de los operadores públicos bajo la permisiva aquiescencia de los reguladores supervisores de dichas operadoras que en un flagrante incumplimiento del principio de separación entre regulación y explotación, resulta que son los mismos. Pues bien, tampoco el anteproyecto de Ley Audiovisual presentado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología decía una palabra sobre las obligaciones de servicio público ni sobre su tratamiento y mecanismos de financiación, objetivos transparentes y no discriminatorios que permitiera por un lado salvaguardar los derechos de los ciudadanos y por otro el desarrollo de una competencia sana en el mercado. La consecuencia de lo anterior es que en el mercado de televisión y radio, los distintos agentes tienen distintas obligaciones, si bien curiosamente las obligaciones que afectan a los operadores públicos no se concretan ni cuantifican aunque sí se financian. Por su parte, las obligaciones que afectan a los operadores privados son mucho más concretas y no se financian sino que se sanciona su incumplimiento (aunque también hay que decirlo, de forma muy laxa). LOS REGULADORES AUDIOVISUALES Los garantes de dichas obligaciones, es decir, los reguladores, son distintos y no sólo no son independientes de los operadores sino que con frecuencia son juez y parte en la mayoría de los expedientes. Desde el punto de vista de garantizar una regulación homogénea e independiente, el anteproyecto también fracasaba, ya que por un lado invadía competencias de las CC.AA. y por otro mantenía como regulador principal al Gobierno que es juez y parte en el mercado. Sí aportaba como novedad la creación de un Consejo del Audiovisual en el seno de una remodelada CMT, pero con funciones limitadas al asesoramiento y a la instrucción. Un Consejo que además por su extracción Gubernamental, difícilmente podría ser neutral en la regulación de operadores cuyas políticas informati- BIT 140 AGO.-SEP. 9 2003vas se aparten de las tesis del Gobierno, y baste con recordar el triste papel de la CMT en los sucesos de la Guerra Digital hace seis años, para comprobar la inviabilidad del modelo. En ese sentido, tampoco el anteproyecto suponía mejoras sustantivas respecto a la situación actual. LA DISPERSIÓN COMPETENCIAL. La regulación y sobre todo el establecimiento de un regulador neutral e independiente en nuestro país que pueda cumplir con su papel plantea dificultades de toda índole, no siendo de ellas la menor el reparto competencia que sobre medios de comunicación establece la Constitución. En ese sentido los reguladores autonómicos apenas sí tienen campo de maniobra ya que los operadores más potentes escapan a su jurisdicción. Por otro lado, al regulador nacional se le escapan a su disciplina los radiodifusores de ámbito autonómico y local. Por último, a ambos se les escapan las cadenas públicas cuyos reguladores son, en teoría, sus Consejos de Administración en los que están representadas las fuerzas parlamentarias, pero dado el traslado proporcional de las cuotas parlamentarias a dichos consejos, al final las mayorías son del mismo color que los gestores y la capacidad de disciplinar a los regulados nula. Es indudable que la solución de un Consejo Audiovisual de extracción Parlamentaria y de duración mayor y no coincidente en el tiempo con los periodos legislativos es el tipo de solución más común a nivel internacional para regular el Audiovisual, sin embargo en el caso español no bastaría, ya que la distribución competencial exigiría la habilitación de procedimientos de consulta y coordinación entre el regulador nacional y los reguladores autonómicos, ello junto con la necesidad de someter a las televisiones públicas a una disciplina común con las privadas, exige no solamente otro tipo de Ley distinto al anteproyecto fallido, sino un consenso entre fuerzas políticas y administraciones autonómicas imposible de alcanzar sin mucho debate y mucha renuncia por parte de las distintas fuerzas políticas, algo que obviamente en el escaso tiempo disponible convertía el anteproyecto de Ley en lo que los castizos llamarían “un canto a Galicia”. EL PROBLEMA DE LA DIGITALIZACIÓN DE LA TV TERRESTRE. En un sector dependiente de la tecnología como es el audiovisual, la aparición de un cambio tecnológico de la magnitud del de la digitalización, supone un cambio de reglas y de modelo de negocio, es decir una revolución. Aspectos tales como la reducción de costes de producción (tanto de difusión como de producción), la posibilidad de difundir contenidos por multitud de medios de forma simultánea, la de distribuir la capacidad de transmisión entre diversos contenidos según sus exigencias de calidad, la introducción de interactividad, la posibilidad de ofrecer nuevas formas de publicidad, de segmentar la oferta en el espacio y en el tiempo e incluso la posibilidad de ofrecer nuevos servicios en determinados horarios de baja audiencia, tienen suficiente entidad como para transformar completamente el sector audiovisual haciéndolo converger con la informática y las telecomunicaciones. Pues bien; curiosamente, las telecomunicaciones y la informática están convergiendo hacia el audiovisual, sin embargo el sector audiovisual no converge. De momento, la batalla entre el televisor, el descodificador y el PC la gana el PC seguido a media distancia por el descodificador. El televisor de hecho, todavía no se ha enterado de que existe un carrera; a este paso, cuando se entere es muy posible que su lugar en el hogar haya sido sustituido por una pantalla TFT de grandes dimensiones conectada a un PC o a un descodificador (o quizá a un PC con una tarjeta de video y un software de descodificación). Ese día será ya tarde para el audiovisual español y para sus reguladores que ya no pintarán nada. En ese momento los ciudadanos elegiremos nuestros programas de TV no entre la oferta regulada que se transmite por ondas, sino entre la desregulada que se transmite por paquetes IP a través de Internet o del cable. El problema es que con el audiovisual radiodifundido se habrá ido una parte importante de nuestra industria audiovisual y su valor añadido se habrá ido a alimentar a productores de contenidos y de software foráneos. ¿Cuáles son los motivos de esta parálisis del audiovisual? En mi opinión hay dos: exceso de regulación y falta de flujos de caja. La cadena de difusión digital se inicia en los contenidos digitalizados y su empaquetamiento, continúa por las redes difusoras incluido sus canales de retorno y finaliza en las redes de antena colectiva y en los televisores digitales con todos sus aditamentos asociados para sacarle partido a una señal digital (desmodulación digital, acceso condicional, grabación y reproducción digital, sistemas de “teatro casero”, posibilidad de juegos on y offline y un largo etc.). Si la cadena no se completa aunque sea al nivel mínimo para arrancar la difusión en digital y en una proporción de la población suficiente, el sistema no será viable. Y ello pasa indefectiblemente por la digitalización del televisor. Tradicionalmente, los sectores de comunicaciones se han desarrollado en competencia o en monopolio pero siempre utilizando recursos que se obtenían a partir de los consumidores. En un entorno de mercado con expectativas de negocio habrá inversores dispuestos a asumir el riesgo de defender la tecnología digital si ello le supone una expectativa de beneficio. Sin embargo, si la regulación condiciona el modelo de negocio y las ayudas públicas establecen una situación de dumping legal, sólo un héroe o un loco se atrevería a poner su dinero en la aventura. La experiencia reciente nos ha demostrado que lu Opinión BIT 140 AGO.-SEP. 10 2003en televisión digital terrenal ya no hay agentes y los que había están muertos y, si no, que se lo pregunten a Quiero Televisión. En ausencia de iniciativa libre, la única solución que queda es la de las subvenciones públicas que parece es la política que se aborda ahora desde el Gobierno. Sin embargo, si tenemos en cuenta precedentes tecnológicos anteriores tales como la TV de alta definición (D2MAC y HDMAC), el plan cable francés de finales de los 80, la RDSI de banda ancha y las inversiones públicas gastadas en dicha tecnología etc. llegamos a la conclusión, que en un entorno de subvenciones públicas, las aventura suelen durar exactamente el mismo tiempo que lo que tarda en cansarse la autoridad que pone el dinero. Por otra parte, dichas subvenciones no se dirigen al usuario final, comunidades que modernicen sus antenas colectivas o usuarios que compren televisores digitales, sino que se dirigen a los operadores, lo que probablemente sea mas fácil desde un punto de vista administrativo pero menos eficaz. Sin embargo, mucho más sencillo habría sido impulsar en Bruselas medidas mas baratas y efectivas como la obligatoriedad de los televisores binorma ya adoptadas en los EE.UU. La digitalización de los televisores y de las antenas colectivas se podrá hacer a golpe de subvención. La emisión de programas digitales se podrá forzar con políticas de zanahoria (te doy espectro si tu emites programas nuevos), pero en nuestro mercado, tan rígido e intervenido, las probabilidades de fracaso son grandes y si al final se consigue digitalizar la TV, habrá que preguntarse si ha merecido la pena. Porque el resultado será un sector enfermo acostumbrado a vivir del dinero público que no podrá competir en el universo global en el que nos movemos y cuya pluralidad estará condicionada y a disposición del mejor postor. LA RAÍZ DE LOS PROBLEMAS. A pesar de la gravedad de los problemas citados, financiación mixta, indefinición del servicio público, dispersión regulatoria y parálisis digital, el problema de fondo no es ninguno de ellos, ya que estos son consecuencia de una causa subyacente que es la patrimonialización partidista de las televisiones públicas. Es ahí donde está la raíz de los problemas del sector. Cuando se habla del servicio público de televisión, para justificar unas televisiones públicas que aparte de desnaturalizar el mercado audiovisual, suponen un coste anual de 1.469 MÛ (sin contar con la enorme bola de nieve de 6.910 MÛdeendeudamiento garantizado por el Estado (que no es sino otra forma de subvención encubierta) cuya liquidación algún día deberemos asumir por vía presupuestaria, es preciso puntualizar que esos derechos de los ciudadanos que el sistema actual pretende garantizar suponen más de ocho veces el coste neto del servicio universal reconocido por la CMT a Telefónica en el año 2002, y entre tres y cinco veces lo que costaría con la tecnología actual universalizar el acceso en banda ancha a todo el territorio español. En realidad, dichas subvenciones es lo que nos cuesta a todos los españoles el sufragar la televisión personal del partido que gobierna en cada Municipio, Comunidad Autónoma y Estado. LA ÚNICA SOLUCIÓN ES POLÍTICA. Por todo lo anterior, tengo el convencimiento de que el desarrollo del sector audiovisual no será normal, hasta que por parte de las distintas fuerzas políticas se llegue al convencimiento de que un Estado moderno, no sólo no debe intentar influir directamente en la opinión pública mediante el control de los medios, sino que debe establecer una regulación neutra y un regulador independiente que ninguna fuerza política controle directamente, para que velen por que ningún operador de radio o televisión sea público, semipúblico o privado atente contra la pluralidad, la objetividad, la veracidad e imparcialidad y la separación entre informaciones y opiniones, así como el resto de los derechos protegibles que hoy por hoy, son sólo nominales pero no reales. Sólo después de tomar esa decisión tendría sentido el actual debate académico de si los reguladores deben ser convergentes o no, si los aspectos de competencia en el sector audiovisual deben ser tratados por la CMT (actualmente lo son aunque sin apoyo reglamentario por razones obvias de falta de modelo) o por un regulador audiovisual especializado o incluso si tiene sentido la presencia de capital público en el sector audiovisual. Ya que si se resuelve el primer problema, lo otro son distintas soluciones organizativas más o menos eficientes, pero que no varían excesivamente el resultado perseguido. BIT 140 AGO.-SEP. 11 2003
30 oct 2015
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Patentes: soluciones en busca de un problema
Patentes: Soluciones en busca de un problema Javier Domínguez [email protected] El Registro de Patentes es el cementerio de las invenciones que no fueron capaces de convertirse en resultados prácticos apreciados por el mercado y la sociedad. Sin embargo, suele utilizarse el número de patentes registradas como un indicador de la capacidad innovadora de un país, de un sector industrial o de una empresa. Es cierto que la producción de patentes es una referencia del resultado de algunas actividades científicas y técnicas como la investigación y el desarrollo experimental, pero es insuficiente para valorar el potencial innovador. La invención, como proceso generador de conocimiento y de información, alimentará la actividad innovadora pero por si sola no es garantía de éxito económico. Recientemente, a la convencional I+D (Investigación y Desarrollo) se le añade un nuevo sumando -la I de Innovación- aunque algunos todavía no le conceden el rango de mayúscula como si le atribuyeran una importancia menor en comparación con la Investigación. Reconozcámosle, al menos, la misma categoría tanto más cuanto que la Innovación puede subsistir, si bien con menor índice de fertilidad, aunque no exista una I+D propia que la preceda. El rasgo inherente del proceso innovador es la obtención de resultados prácticos apreciados por el mercado y la sociedad, lo que implica su asociación con un problema, una necesidad o una expectativa; la consecuencia es una cifra de ventas y unos beneficios que facilitan el progreso y la creación de riqueza tangible. La I+D suele orientarse al enriquecimiento del conocimiento científico y al descubrimiento y dominio de las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías; sus resultados, medidos en número de publicaciones y de patentes registradas, son una reserva de información de la que se beneficiará la actividad innovadora. Pero reconozcamos que en muchas ocasiones el entusiasmo de la I+D conduce a aparentes soluciones que fallecen en el Registro de Patentes incapaces de encontrar un problema que las redima. Por el contrario, Innovar implica lograr una convivencia exitosa y duradera de una nueva posibilidad técnica con una oportunidad del mercado y, para ello, es determinante el correcto entendimiento de las necesidades y expectativas de los potenciales clientes y usuarios. A diferencia del proceso inventivo, que suele concretarse alrededor de un grupo determinado de personas, el proceso innovador tiene un carácter mucho más global y distribuido, con participación de todas las unidades de la empresa y, fuera de la misma, de los proveedores, de los clientes y de los usuarios finales. Hay que tener en cuenta que los nuevos conceptos surgen como combinación o deducción de otros preexistentes, y que un ambiente rico en ideas, es decir con una amplia cultura en I+D, es la mejor incubadora de iniciativas innovadoras. Pero, al igual que sucede en las reacciones nucleares, es primordial que exista una masa crítica que estimule y consolide el proceso innovador; y esta masa crítica debería ser el resultado de la colaboración entre el mundo académico, el gobierno, la industria y los operadores y prestadores de servicios. . Si analizamos los casos de innovación tecnológica más recientes, observaremos que la fase más relevante del proceso suele acontecer con posterioridad al momento en que se decide lanzar al mercado un nuevo producto o servicio; es en el periodo de difusión y de permanente contraste con el mercado cuando el producto o el servicio sufre pequeñas modificaciones y adaptaciones para adecuarlo realmente a las necesidades de los usuarios. Esta innovación incremental, consecuencia de las actividades diarias de mejora o lu Opinión BIT 141 OCT.-NOV. 6 2003 Habrá que crear algo que sea capaz de conjugar pautas de libre competencia, la dependencia de I+D ajena y los resultados de la propia.adaptación de productos, puede significar un efecto acumulativo con mayor relevancia económica que el obtenido con un gran cambio tecnológico que represente una ruptura radical en relación con el estatus existente. Entre el lanzamiento de la innovación y su difusión efectiva intervienen varios factores que aceleran o retardan su consolidación en el mercado; los elementos que determinan el éxito de la difusión son: el grado de apertura de la economía, la estrategia comercial, la capacidad para escuchar al cliente final, la acertada coordinación con otros desarrollos que complementen o enriquezcan la innovación, el soporte post venta y la colaboración de la industria proveedora para introducir las mejoras que reclama el mercado. En definitiva, para ser innovadores no basta con “saber hacer tecnología” ni “saber usar la tecnología”, si bien es cierto que cuanto mejores notas se obtengan en estas asignaturas mejor preparados estaremos para escalar al grupo de los países realmente innovadores. Para comparar las capacidades de innovación, considerada como un proceso cuyo objetivo es lograr resultados aceptados por los mercados y la sociedad, es preciso adoptar unos criterios que permitan medirlas de manera objetiva. Reconociendo la insuficiencia del número de publicaciones científicas, o el de las patentes registradas, o el de la inversión en I+D, o el del número de centros de investigación y de investigadores, habría que incorporar otros indicadores que tuvieran en cuenta la globalidad del proceso; un ejemplo podría ser la evolución del porcentaje de los ingresos correspondientes a los nuevos productos o servicios introducidos en el mercado durante los últimos cinco años. El sector de las telecomunicaciones en España ha demostrado su capacidad para dominar las nuevas tecnologías y lograr su consolidación por medio de fórmulas de innovación, materializadas en servicios y facilidades para los usuarios, que fueron capaces de captar el interés de la sociedad y de los mercados. La transición de lo analógico a lo digital, el desarrollo de las redes de datos con la proliferación de los puntos de venta con tarjetas de crédito y los cajeros automáticos, el sistema móvil GSM con sus diferentes opciones de servicios y de facturación, y, recientemente, el ADSL, son ejemplos contrastables de las habilidades para asimilar nuevos conceptos y tendencias y acertar plenamente en su adaptación y difusión. Nuestro país no desmerece, en comparación con los más desarrollados, en el conocimiento y dominio de los nuevos conceptos tecnológicos. El esfuerzo docente de la Universidad, la dedicación del sector industrial, el estímulo y, en algunos casos, liderazgo de los operadores y prestadores de servicios, y la participación en los proyectos de ámbito europeo, han generado una intensa inquietud por estar actualizados en las novedades tecnológicas y reducir, al mínimo posible, el retraso con respecto a los países realmente generadores de ideas y diseños nuevos. Inmersos en una crisis de dimensiones considerables, resulta esperanzador escuchar a los responsables de la industria de las telecomunicaciones manifestarse sensibles a las necesidades y expectativas de los usuarios finales, incorporando en su discurso la vocación de facilitadores e integradores de soluciones apreciadas por el mercado, así como su interés en asumir las tareas que deseen “externalizar” los operadores de redes y prestadores de servicios. Situándonos de nuevo en el contexto del proceso innovador, esta percepción del sector industrial nos permite confiar en que seremos capaces de mantener el dominio de las nuevas tecnologías, de reforzar la innovación incremental, de favorecer la divulgación y, en definitiva, de mejorar la sincronización del esfuerzo siempre insuficiente en I+D con las necesidades y expectativas de los usuarios. En cualquier caso, hay que pasar del discurso a la realidad práctica y concretar un modelo de competencia en el que todos los agentes colaboren para impulsar aquellas actividades que faciliten la innovación hacia el usuario final, tratando de compensar las carencias de la investigación científica y del desarrollo experimental que penalizan al sector de las telecomunicaciones en nuestro país. La tarea no es sencilla y para superar las susceptibilidades y desconfianzas que origina situar al usuario final en la referencia común, será preciso ponerse previamente de acuerdo en unas reglas de juego que eviten conflictos esterilizantes. Obviamente ya no sirven los modelos de cooperación del pasado siglo definidos en un ambiente monopolístico. Habrá que crear algo nuevo que sea capaz de conjugar las pautas de la libre competencia, la dependencia de la I+D ajena y los resultados de la propia, las fortalezas de nuestra red universitaria, las capacidades del sector industrial y el liderazgo de los operadores y prestadores de servicios, para estimular y facilitar el proceso innovador de manera que, entre todos, convirtamos el Registro de Patentes en un catálogo vivo y lleno de soluciones marcadas con el sello del éxito económico y social. BIT 141 OCT.-NOV. 7 2003 25 AÑOS
30 oct 2015
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Elogio y refutación de ciertos tópicos en boga en telecomunicaciones y sectores aledaños
Elogio y refutación de ciertos tópicos en boga en telecomunicaciones y sectores aledaños Alejandro Macarrón Larumbe Socio Director RingNet Corporate Consulting [email protected] Los seres humanos pasamos buena parte de nuestras vidas aprendiendo, inventando o utilizando modelos conceptuales que nos permiten gestionar mejor parcelas concretas del complejo mundo que nos rodea. Estos modelos son idealizaciones simplificadas de objetos o de fenómenos materiales o inmateriales, y su virtud es hacer más manejables esas realidades por nuestro intelecto, gracias a que son mucho más sencillos que aquello que representan y explican. Su defecto es justamente que, en aras de esa simplificación, tales modelos no dejan de ser una deformación de los objetos idealizados, cuya diferencia con una conceptualización perfecta de los objetos reales podría denominarse “error de modelado” (algo equivalente al “error de cuantificación” inherente a la digitalización de una señal). Entre los modelos más simples que manejamos están los manidos “tópicos”: que si los de tal nación europea son unos cabezas cuadradas pero fabrican productos de gran calidad, que si en aquel otro país la cocina es muy buena pero se creen el ombligo del mundo. Y como tales modelos muy sencillos, los tópicos tienen su punto de razón y de utilidad, y su contrapunto de grosera simplificación de aquello que con tal levedad de argumentos y razones califican. Pues bien, en nuestras queridas telecomunicaciones y negocios afines (electrónica, informática, medios de comunicación) se usa y se abusa de ciertos tópicos, sobre algunos de los cuales, en el espíritu del célebre ensayo de José Antonio Marina sobre el ingenio, vamos a efectuar una alabanza y una crítica. Y que decida el lector sobre qué platillo de la balanza recaen los argumentos de mayor peso. CONTENIDOS VERSUS TECNOLOGÍA. TÓPICOS HABITUALES: “LO IMPORTANTE SON LOS CONTENIDOS, NO LA TECNOLOGÍA”; “EL NEGOCIO ESTÁ EN LOS CONTENIDOS, NO EN LA TECNOLOGÍA” Elogio Claramente, el usuario es un consumidor de contenidos, no de tecnología. Y además, por compleja que parezca la tecnología, una vez bien desarrollada y estabilizada, es más fácil manejarla que producir contenidos “de calidad” y/o aceptación masiva. Crear contenidos es un arte, no una ciencia, y nada garantiza que el resultado de un determinado esfuerzo de producción guste al público. Además, los pocos contenidos audiovisuales de éxito casi garantizado (con la excepción del porno), esto es, deportes de masas y películas de gran éxito previo, suelen costar muy caros al proveedor de servicio al público. Y desde luego, en los servicios de provisión de contenidos -TV, radio, Web-, si éstos no resultan interesantes no habrá clientes, ni uso, ni ingresos. Ya dijo Negroponte algo así como “Si le preguntan al usuario sobre qué se debería mejorar en la televisión, pocos apuntarán a la definición de la imagen (es decir, no aprecian un defecto en la tecnología), pero casi todos se quejarán de la calidad del contenido de los programas (que consideran poco interesantes o divertidos)”. Refutación Ensalzar la importancia de los contenidos por encima de la tecno- lu Opinión BIT 141 OCT.-NOV. 8 2003logía es muy del agrado de los que se avergüenzan de ser ingenieros, o de no serlo. Pero es un lugar común que muchas veces hace aguas. Empresas como Microsoft, Intel, Cisco, Nokia (o Indra, claro está) son buena muestra de que el negocio puede estar mucho más en la tecnología que en los contenidos. Todo depende de qué sea un recurso más preciado y de qué permita generar mayores beneficios. Además, en muchas ocasiones lo importante son tanto los contenidos como la tecnología, como aspectos inseparables de un mismo negocio. De hecho, si la tecnología no funciona, los contenidos ni siquiera cuentan. En definitiva, en contra de Casto Méndez Núñez (“más vale honra sin barcos que barcos sin honra”) y en línea con la genial réplica de Perich (“más vale barcos con honra que ni honra ni barcos”), creo que para cualquier empresa de contenidos y de tecnología es mejor esmerarse tanto en una cosa como en otra, en vez de no ser eficaz “ni en tecnología ni en contenidos”. LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN. TÓPICOS HABITUALES: “HAY QUE IMPULSAR LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN”; “SI EL ESTADO NO GASTA MÁS EN TECNOLOGÍA VAMOS A QUEDAR RETRASADOS EN LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN. Elogio Si la agricultura dominó la actividad económica y social desde el neolítico hasta mediados del siglo XIX, si desde entonces hasta más que mediado el siglo XX la industria fue el eje de la sociedad productiva, y si desde finales del siglo XX la mayoría de las personas trabajan en el sector de servicios, también es cierto que un porcentaje cada vez mayor de individuos trabajan produciendo o procesando información, o tecnologías y sistemas que la producen o la procesan. Y es una tendencia que va a más. La información no es sólo la esencia de las telecomunicaciones, los medios de comunicación, la informática o la electrónica. También lo es de la Banca y las finanzas, de una gran parte de la actividad de las Administraciones Públicas, de la educación, o incluso de la medicina. Y hasta en el automóvil moderno, por ejemplo, cerca de un 25% del valor añadido procede de su electrónica y sus sistemas de información. Por tanto, el país que no maneje con eficacia (calidad) y eficiencia (en coste de recursos) la información en los múltiples campos en que se emplea, y que no disponga de un potente tejido industrial, de servicios y de innovación relacionado con la información, no irá bien. Refutación A menudo se abusa del tópico la “Sociedad de la Información” y de sus bondades, sobre todo en ciertos casos muy llamativos: Cuando no se diferencian los contenidos de calidad de excrecencias como la “telebasura”, o la información de la desinformación. Dudo mucho que tantos y tantos programas de la TV actual no produzcan una sustancial idiotización en muchos miembros de nuestra querida sociedad de la información. También la telebasura es información en sentido técnico, pero para ese viaje a muchos nos sobraban las alforjas y hasta el propio viaje. Y aunque no quiero pasarme de refractario al mundo moderno –ya que en líneas generales lo considero estupendo e inevitable- y de “refunfuñón”, muchos opinamos sobre ciertos aspectos de importancia de esta sociedad de la información lo que aquel Ortega y Gasset desilusionado: “no es eso, no es eso”. Cuando por “impulso a la sociedad de la información” lo que se está pidiendo es simplemente que se dedique dinero público a adquirir o subvencionar determinados productos o servicios (ordenadores personales, telecomunicaciones, etc.) en beneficio de sus empresas proveedoras. O cuando esta frase se utiliza como slogan político para ganar votos. En esas ocasiones, apelar a la sociedad de la información no deja de tener algo de “camelo”. DÉFICIT DE ORDENADORES PERSONALES EN ESPAÑA. TÓPICOS HABITUALES: “EN ESPAÑA VAMOS CON RETRASO EN LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN PORQUE HAY POCOS PCS. ESTO CONVIENE CORREGIRLO CON AYUDAS DEL SECTOR PÚBLICO” Elogio El número de PCs por cada 100 habitantes es ciertamente un guarismo muy indicativo del grado de desarrollo de la sociedad de la información. Y es un indicador en el que España se sitúa en el furgón de cola de los países más desarrollados, sin ambages. Y nos conviene converger con el resto de Europa y de la OCDE en esta materia, qué duda cabe, ya que el BIT 141 OCT.-NOV. 9 2003 25 AÑOS Ôordenador personal es uno de los instrumentos esenciales para la productividad en nuestro tiempo. Por otra parte, si el Estado invierte de forma habitual muchos miles de millones de euros al año en carreteras y otras infraestructuras físicas, ¿no sería sensato que destinase una pequeña fracción de esa cantidad a facilitar que muchos más españoles posean un PC, “infraestructura” clave para la sociedad de la información? Refutación Para saber si este déficit relativo es o no realmente preocupante, conviene discernir en qué medida los PCs se utilizan para fines de ocio y en qué medida para fines productivos. A este respecto, según la compañía Philips, un 58% de los PCs en Europa se emplean para actividades de entretenimiento. Y como está por ver que el ocio con PC sea mejor para la economía y para el individuo que el “Spanish ocio” (mucha vida en familia, en la calle, con los amigos, en los bares, etc.), creo que al menos una parte sustancial de nuestra distancia en este indicador respecto de los países más avanzados es poco relevante para la competitividad internacional y la prosperidad interna de España. En cuanto al campo empresarial, tengo la impresión de que casi todas las empresas españolas que realmente precisan de sistemas informáticos y PCs ya los tienen –al fin y al cabo, un PC no es precisamente un artículo de lujo para una empresa-. Seguramente, sólo empresas muy pequeñitas carecen de ellos en España, mientras que muchas otras compañías e instituciones públicas que sí los poseen simplemente son más conservadoras - o más eficientes en el gasto en tecnología- que sus homólogas de otros países en cuanto al número de usuarios por cada PC. Por tanto, si no hay más PCs en España es, sobre todo, porque muchos españoles no les ven tanta utilidad como los naturales de otras naciones, pero no es seguro que esto sea dramático para nuestro país, por más que a los que vivimos en el macrosector tecnológico y aledaños nos gustaría que España fuese menos “different” en esto. Debe ser que faltan aplicaciones de ocio que atraigan a más consumidores españoles, o aplicaciones profesionales de mayor utilidad para segmentos profesionales concretos. LAS PYMES. TÓPICOS HABITUALES: “ESPAÑA ES UN PAÍS DE PYMES”; “HAY QUE AYUDAR A LAS PYMES Y NO A LAS GRANDES EMPRESAS”; “LAS PYMES ESPAÑOLAS TIENEN UN IMPORTANTE DÉFICIT TECNOLÓGICO” Elogio Las pequeñas y medianas empresas constituyen, ciertamente, el grueso del tejido productivo español. También es correcto afirmar que su nivel tecnológico es, en promedio, inferior al de las grandes empresas. Por lo tanto, las PYMES son un área esencial de la economía española, y tienen un evidente potencial de crecimiento como consumidoras de tecnologías de la información y las comunicaciones. Refutación Esto de “las PYMES” es un magnífico comodín para cualquiera que desee intervenir en una conversación sobre la economía o la tecnología en España y no sepa qué decir sin que le contradigan. Y es muletilla indispensable en el arsenal de tópicos de cualquier político ducho en las (innobles) artes de la demagogia. En cuanto a que España es un país de PYMES, en realidad casi todas las naciones lo son. Por ejemplo, en Alemania las PYMES dan empleo al 70% de los trabajadores del país, y producen el 60% del PIB. Y en Estados Unidos, las PYMES realizan un 96% de las exportaciones de mercancías. Por otra parte, hay muchísimas PYMES que viven de suministrar productos o servicios a grandes empresas, ergo ayudar a las grandes corporaciones puede beneficiar indirectamente a las PYMES, especialmente en sectores productivos muy intensivos en capital –como las telecomunicaciones, o la gran industria-, en cuyo núcleo hay grandes empresas que proporcionan actividad a legiones de PYMES, que no sobrevivirían sin sus grandes clientes corporativos. Finalmente, en lo referente al supuesto déficit tecnológico de las PYMES españolas, conviene no meterlas a todas en un “totum revolutum”, ya que no forman un todo homogéneo, y muchas de ellas –en especial las medianas- tienen un nivel tecnológico más que aceptable. Por otra parte, con relación a aquellas que sí parecen llevar cierto retraso en este campo, convendría analizar en qué medida se debe a “incultura tecnológica” –que no ha desaparecido del todo en España, pero va disminuyendo a pasos de gigante-, y en qué medida a una percepción más o menos acertada de insuficiente utilidad de determinadas tecnologías, en sus versiones actualmente disponibles, sobre todo para numerosas miniempresas típicas de nuestra querida piel de toro –como sucede con esos pequeños bares tan abundantes en España, o con tantas microempresas agrícolas-. Y desde luego, también hay productos con indudable signo tecnológico y utilidad productiva, como los teléfonos móviles, en cuyo uso nuestras PYMES no van precisamente a la zaga del promedio europeo. lu Opinión BIT 141 OCT.-NOV. 10 2003
30 oct 2015
Artículo BIT
BANDA ANCHA EN ESPAÑA. Una distorsión evitable mediante una regulación eficiente
BANDA ANCHA EN ESPAÑA Una distorsión evitable mediante una regulación eficiente Pablo Sánchez-Biezma Sacristán y Andrés Garrido Martín Telefónica de España, Dirección de Regulación El pesimismo decimonónico que suele impregnar la visión que los españoles tenemos de nuestra situación, se extiende a ámbitos (nunca a la Champions League) en los que nuestra realidad es pareja a la de países tradicionalmente “admirados”. Tal es el caso de la banda ancha (BA). La voluntad política de no apurar la moratoria para la liberación del sector y la decidida apuesta de algunas empresas, permite rechazar un pesimismo injustificado. No obstante, existen motivos de preocupación, sobre todo cuando la mayor parte del riesgo e inversión se concentra desproporcionadamente en una empresa, Telefónica de España, sujeta además a una regulación que condiciona su oferta comercial. Es en gran medida responsabilidad del regulador fomentar políticas que rompan el riesgo de parasitismo que destila cualquier mercado sobrerregulado. EL ESCENARIO DE DESARROLLO DE LA BANDA ANCHA En los últimos seis años, el escenario europeo de las telecomunicaciones ha sufrido una transformación radical, impulsada por la liberalización y la innovación. La liberalización ha promovido que surjan gran diversidad de ofertas comerciales. La innovación del sector se manifiesta en: a) El desarrollo de las comunicaciones móviles, cuyo futuro no creemos este próximo a la saturación, pues el crecimiento vendrá de la mano de una oferta más rica de servicios y nuevas prestaciones de los terminales, convertidos en verdaderos dispositivos multimedia b) La progresiva convergencia fijomóvil, gracias a la convergencia tecnológica pero también a una “convergencia social”, que conlleva la recreación de condiciones de trabajo en nuevos entornos (hogar-teletrabajo, hoteles, convenciones, ...) así como por el desarrollo del Hogar Digital y tecnologías conexas (WiFi, UWB, ...). c) El despliegue de la BA, con tecnologías como xDSL, cable y radioeléctricas, junto con tecnologías complementarias, como WiFi, facilitador del acceso a BA, o PLC, de futuro aún incierto. 2004 BIT 143 FEB.-MAR. 6 EL ESFUERZO INVERSOR Telefónica de España y los operadores de cable han realizado desde el inicio del proceso de liberalización un gran esfuerzo de creación de infraestructura y de servicios de BA. Actualmente alrededor del 90% de la población tiene acceso a servicios de BA. Dicha cifra es superior a la de la mayoría de los países de nuestro entorno, a pesar de diferencias económicas globales existentes. El propio Ministro de Ciencia y Tecnología se ha hecho eco de la importancia que la BA ha adquirido en España: “...España es el cuarto país de la Unión Europea en líneas de banda ancha, con 2,2 millones de conexiones, por detrás de Alemania, Reino Unido y Francia.” (prensa, 4 de enero 2004). Tal como refleja el último Informe de situación del sector en la Unión Europea (9º Informe), nuestro país se sitúa así por encima de Italia (con mayor renta “per cápita" y 60 millones de habitantes), véase la Figura 1. El esfuerzo de empresas españolas que invierten en redes de acceso propias es aún más notable si se tiene en cuenta el grado de penetración de estos servicios. Véase en la Figura 3 las líneas con servicio de BA sobre planta de líneas fijas totales (9º Informe). Este parámetro es aún más objetivo que el número de líneas totales, al relativizar el tamaño del mercado de cada país. España está en el nivel medio de penetración del conjunto de la UE, por encima de Francia o Italia. Se desprende, pues, que los operadores han hecho un gran trabajo, reflejado en cifras que nos sitúan por encima de nuestro nivel económico. Sin duda, se ha anticipado la necesidad de modificar el perfil de ingresos ante la pérdida de valor del servicio telefónico. Sin embargo, un análisis minucioso puede ensombrecer este aparente optimismo, existiendo el riesgo que de perpetuarse determinadas características de nuestro mercado, se frene el desarrollo de servicios de BA. ¿Quien ha soportado el esfuerzo inversor para alcanzar dicha posición destacada?. Obviamente los operadores que compiten a través de sus propias redes de acceso (competencia en plataformas), es decir, tanto los operadores de cable como Telefónica de España, que han realizado inversiones muy importantes, la mayoría de ellas en una etapa de escasa confianza de los mercados financieros hacia el sector, del que recelaban en su conjunto. ALTERNATIVAS EMPRESARIALES Cuando una empresa planea ofrecer servicios de BA puede optar por: – infraestructuras de acceso propias, – acceso desagregado al bucle de abonado: alquiler a precio regulado a Telefónica de España del acceso al cliente, desde el punto de terminación de red (PTR) hasta la central, – acceso indirecto regulado: alquiler a precio regulado de acceso al cliente desde PTR hasta un punto de acceso en cada demarcación establecida al efecto (109), donde se recoge el tráfico de todos los clientes de dicha demarcación. La elección del operador depende del plan de negocio y de la valoración del riesgo asociado a cada nivel de inversión (riesgo e inversión disminuyen en el orden dado). Por su parte, la política regulatoria debe conjugar varios objetivos: – desarrollo de una competencia efectiva en cada mercado – crecimiento de los nuevos mercados – control de posibles abusos de posición de dominio Dicha política debe evolucionar junto con el mercado, coadyuvando al crecimiento de éste. Ésta es la razón subyacente que justifica el análisis de mercados a realizar por las Autoridades de Regulación Nacionales según el nuevo marco regulatorio europeo, el cual también propone mecanismos para una mayor homogeneización de los distintos mercados nacionales. BIT 143 FEB.-MAR. 7 2004 lu Opinión LA INFLUENCIA DEL REGULADOR SOBRE EL MERCADO Los reguladores han impulsado dichas alternativas con diferente énfasis en una u otra, tal como se desprende de la evolución de la adopción de las mismas en los mercados. Promover servicios que excluyan la coparticipación en el riesgo empresarial significa que los riesgos sólo sean asumidos por quienes soportan la inversión, lo que unido a políticas regulatorias sobre el operador que vende servicios mayoristas regulados para la orientación de sus precios a costes [incrementales a largo plazo] en un mercado emergente, como aún es la BA, produce un efecto desincentivador. Evidentemente, una política de esa naturaleza afecta también a operadores que hayan invertido en redes de acceso, ya que sus expectativas de beneficio disminuyen, aun cuando no tengan que abrir sus redes a otros operadores. Fomentar o facilitar excesivamente la opción más cómoda (menor riesgo) de participación en el mercado de BA puede conducir a un frenazo de la inversión por parte del resto de operadores, dado que pueden existir otras oportunidades de inversión más rentables. LA PECULIARIDAD DE ESPAÑA En este sentido, el mercado español sufre una grave distorsión con importantes repercusiones a futuro. Ya se señaló que el nivel de desarrollo que existe globalmente en España es internacionalmente homologable. Además, la participación de la competencia en el sector está también por encima de la media de la UE (9º Informe): Sin embargo, cuando se analiza el peso de alternativa de participación en el mercado de la BA de los operadores entrantes, nuestro país presenta la mencionada distorsión (véase el Cuadro 1). Aunque hay un cierto equilibrio entre España y la media de la UE en el % de clientes mediante infraestructura propia, hay un enorme desequilibrio en la distribución entre acceso desagregado y acceso indirecto (en España GigADSL). Es evidente que los operadores reaccionan a la política regulatoria eligiendo la opción de menor riesgo empresarial. 2004 BIT 143 FEB.-MAR. 8 El regulador debería crear las condiciones para que se comparta el riesgo de las inversiones [el proveedor mayorista y los operadores que contratan dicho servicio], pudiendo así mantenerse el ritmo inversor necesario. CONCLUSIÓN La regulación, además de fomentar la competencia, debe garantizar el desarrollo armónico del mercado. El servicio mayorista de Telefónica de España [GigADSL] permite a los operadores ofrecer servicios de BA sin riesgo, con una inversión mínima y en base a costes mayoritariamente variables. El modelo regulatorio trae consigo el germen de un nuevo monopolio, el del riesgo empresarial. De no ser así, se estaría asfixiando el estímulo a la innovación, piedra angular para el desarrollo de servicios más allá de la mera conectividad para BA, haciendo además un flaco favor a quienes despliegan red propia, verdadera competencia en un modelo de competencia eficiente a largo plazo.
30 oct 2015
Artículo BIT
“Una profesión para liderar la sociedad de la información”,
Una profesión para liderar la sociedad de la información Enrique Gutiérrez Bueno Decano-Presidente COIT/AEIT Hablar de la reciente crisis de nuestras telecomunicaciones, sus orígenes y sus consecuencias, resulta probablemente innecesario a estas alturas, sobre todo cuando estamos, por fin, saliendo de ella. Pero sí debemos reflexionar sobre lo que ha supuesto para los ingenieros que trabajamos en este sector. Creo, para empezar, que la crisis que hemos vivido y la pérdidas de empleo que ello ha supuesto, ha representado un fenómeno gravísimo que resulta muy difícil justificar. Sería, sin duda, mejor que esto no hubiera sucedido. Sin embargo, creo que hay aspectos positivos para los ingenieros de Telecomunicación y para los profesionales de las Tecnologías de la Información, si sabemos posicionarnos adecuadamente cara al futuro. Hasta hace bien poco, a quienes desde el Colegio, y de forma global, veíamos la situación desapasionadamente, nos preocupaba que nuestros profesionales encontraran empleo de forma tan fácil, y siempre en el que llamamos sector duro, es decir, en operadores y fabricantes de telecomunicaciones. No éramos, como profesión, capaces de tener presencia en otros sectores, a pesar de que nuestros conocimientos son de carácter horizontal y necesarios en cualquier área de actividad. Ni nos interesaba trabajar en la administración pública, ni podíamos matricularnos en postgrados de gestión, a pesar de ser esta una materia de la que nos sabíamos escasos, ni nos preocupaba ser emprendedores, pues el trabajo para terceros era inmediato y, encima estaba bien remunerado. Muchas cosas que ahora, gracias a la crisis, están cambiando para beneficio de nuestra profesión. Las estadísticas y las encuestas que desde nuestras instituciones hemos venido haciendo, demuestran que ahora ya hay más ingenieros que crean empresas y gabinetes de Telecomunicación, y que más compañeros se matriculan en postgrados de gestión, o se presentan a las oposiciones de las administraciones, tanto central como autonómicas o locales de forma que, por ejemplo, de las últimas oposiciones al cuerpo de TIC, de 52 plazas, 33 corresponden a ingenieros de Telecomunicación. O, finalmente, por fin empezamos a buscar en otros sectores trabajo, como la banca o el sector eléctrico o el financiero, poniendo nuestros conocimientos al servicio del conjunto de la sociedad y no solo de parte. Es cierto que la crisis ha significado el fin de una época de trabajo garantizado, para muchos incluso antes de acabar sus estudios. Ahora, cuando un nuevo ingeniero de Telecomunicación acaba sus estudios, se tiene que plantear qué hace con su futuro, hacia dónde quiere dirigir sus pasos, cómo orientar su objetivos profesionales. Para ello, tiene ante sí muchos caminos, todos buenos, de forma que, ahora sí, empezamos a hablar del ingeniero de Telecomunicación como del ingeniero de la Sociedad de la Información, de alguien que va a ser útil, con sus conocimientos, al conjunto de la sociedad, y no solo a parte. Estamos ahora , paradójicamente, y más que nunca, en el buen camino. “Ahora sí, empezamos a hablar del ingeniero de Telecomunicación como del ingeniero de la Sociedad de la Información”
30 oct 2015
Artículo BIT
“Futuros ingenieros híbridos”,
Futuros ingenieros híbridos Prof. Fernando Sáez Vacas Universidad Politécnica de Madrid - E.T.S.I. Telecomunicación Por si pueden servirnos de espejo, los resultados generales de la encuesta 2004 IEEE Engineer/Technology Professional Survey parecen mostrar que los ingenieros y estudiantes de ingeniería americanos de nuestro ramo forman un colectivo de personas muy orientadas a la ingeniería pura. Pero ahora quiero resaltar que casi las tres cuartas partes manifestaron estar motivados en su profesión por “inventar, construir o diseñar cosas” y por “resolver problemas del mundo real”, porque creo que actualmente ambas opciones pueden ser muy diferentes y requerir dos tipos diferenciados de profesionales. Aquí me ceñiré sólo a la segunda, que por sí misma abre la puerta a nuevas diferenciaciones. “RESOLVER PROBLEMAS DEL MUNDO REAL” En medio de un mundo real extremadamente interrelacionado, tecnificado y acelerado, en todas sus facetas económicas, políticas, sociales y vitales, el conjunto de los problemas relacionados con las ingenierías basadas en la infotecnología ha ampliado su repertorio, donde –aclarémoslo- al hablar de ´problemas´ lo hacemos en su amplio sentido, que incluye acciones, situaciones, desafíos, etc. Muy simplificadamente, podemos distinguir en él tres grandes categorías de problemas, ordenadas de menor a mayor complejidad y multidisciplinariedad, la primera, clásica, y las dos últimas, emergentes debido a la evolución, cada una de ellas destinada en hipótesis a ser manejada por una clase diferente de ingeniero: a) Problemas técnicos, atribuibles al ámbito de cualquiera de las tecnologías, antes de su convergencia, como ocurría hace 15 o 20 años, que se corresponden con ingenieros clásicos; b) Problemas politécnicos, sólo resolubles en el extenso ámbito creciente de la infotecnología, que reclaman ingenieros integradores; y c) Problemas sociotécnicos, en los que a las dimensiones técnicas propias de las categorías anteriores se suman (no linealmente) las múltiples y más complejas de factores humanos y sociales, que requieren ingenieros híbridos. Deberíamos reflexionar un poco más sobre nuestra ingeniería, filosofar sobre ella. Una de las acepciones del término ´filosofía´ dice así: “Intento del espíritu humano de establecer una concepción racional del universo mediante la autorreflexión sobre sus propias funciones valorativas, teóricas y prácticas”. No recuerdo que hayamos debatido un modelo del universo de nuestra ingeniería, de su evolución, de su sentido social, de sus funciones sistémicas, de sus puntos fuertes y de sus carencias, de sus valores, de su papel en la transformación del mundo. ¡Sí, del mundo, y no sólo coyunturalmente de nuestros cambiantes sectores económicos de actividad o de nuestras inmediatas salidas profesionales! El resultado es que carecemos de ese modelo, ahora que lo necesitamos más que nunca, puesto que se han multiplicado de forma abrupta las dimensiones transformadoras de la infotecnología. “No recuerdo que hayamos debatido un modelo del universo de nuestra ingeniería, de su evolución, de su sentido social” LOS “PESOS” DE NUESTRA PROFESIÓN La ley de la palanca de Arquímedes viene a decir que “cuanto más larga es una palanca menos esfuerzo cuesta levantar un peso”. Los pesos de nuestra profesión han ido creciendo muy deprisa y multiplicándose en su variedad, responsabilidad y complejidad, por la complejidad del mundo. Cualquiera de las titulaciones universitarias de nuestro ramo se ha quedado hoy en palanca corta –en riesgo inminente de acortarse aún más-, en una herramienta especializada para cubrir microscópicamente una parte de poco peso relativo, incrustada casi siempre en un problema poliédrico, y por eso generalmente mal comprendido por quienes tiene que resolverlo. Sin embargo, potencialmente, nuestras responsabilidades profesionales, que un día fueron de una índole técnica acotada (telecomunicaciones), exigirían hoy, por la expansión de sus contenidos propios y por su transversalidad operativa y alcance social, superar esos límites, para hacerse, primero, decididamente politécnicas, cubriendo la amplia área de la infotecnología y, después, más sistémicas, socioeconómicas y políticas. Al menos, las responsabilidades de una élite de telecos. Estos últimos tres años han sido muy duros para nuestros sectores habituales de actividad. Sin duda, se recuperarán -parcialmente, ya lo están haciendo-, después de drásticos reajustes, pero nadie puede asegurar que lo hagan hasta el punto de absorber la (probablemente excesiva) oferta de titulados en nuestras proliferantes Escuelas. No obstante, el mayor obstáculo para ellos, a mi juicio, es algo intangible, no cuantitativo, ni coyuntural: las necesidades sociales relativas a las profesiones relacionadas con la infotecnología, en un mundo hipercambiante, reticular y globalizado, no han sido implementadas en la actual formación de nuestros ingenieros. Ésa es nuestra auténtica asignatura pendiente y probablemente la raíz de nuestras limitaciones expansivas. Tal como lo veo, si nuestros ingenieros no están mínimamente preparados para aportar una visión integrada de las técnicas en el armazón social, se comportarán como piezas sueltas, a la postre fácilmente recambiables. Y más si se les recortan las alas, lo que aquí estoy llamando metafóricamente la longitud de la palanca. TÍTULOS DE 4 AÑOS SON “PALANCAS” CORTAS En efecto, el proceso de creación de un espacio educativo europeo que ahora ocupa nuestros afanes planificadores se presta a una doble lectura, sin que una excluya necesariamente a la otra. Por un lado, parece potenciar una saludable homologación de titulos universitarios de un nivel de calidad aceptable en principio para la economía de la Unión Europea, y por tanto de la economía mundial. Por otro, puede verse como una medida para garantizar a las empresas que podrán encontrar en todo momento y lugar las piezas humanas de recambio compatibles que el imperio mercantil global (terminología de S. Naïr) vaya necesitando, cuando las necesite, para su “maquinaria” técnica. Títulos de grado de 4 años de duración, como se está proponiendo en estos precisos momentos, abonan cualquiera de las dos interpretaciones y constituyen, en mi opinión, una palanca corta y de poco recorrido personal y social. He llegado a una conclusión que probablemente será poco compartida: Que ese pensamiento único a gran escala del imperio mercantil inspira en el fondo las propuestas del acuerdo de Bolonia, que es el motor político de estos cambios educativos estructurales a los que estamos abocados. Y que el modelo de acortamiento sistemático de los ciclos de productos y procesos, genuino de la economía productiva basada en la tecnología, que en ciertos casos se ejecuta con prisas irreflexivas, estaría aplicándose aquí justamente en el punto erróneo, en el ciclo de aprendizaje humano. Estaríamos desobedeciendo la ley cibernética de la Variedad Requerida, que establece que lo que hay que hacer es precisamente lo contrario. Títulos de 4 años de duración constituyen una palanca corta y de poco recorrido personal y social. No creo que haya una sola palanca educativa, una bala de plata, más bien pienso en varias y suficientemente diferenciadas. Tampoco soy optimista, porque a la aparente indolencia colectiva para modelar profundamente nuestro universo profesional, se suman otras dos barreras que configuran nuestro particular universo educativo. Una es la honda pervivencia entre nosotros de métodos docentes ya claramente inadecuados, a la que me referí levemente en el BIT conmemorativo de sus primeros 25 años, en un editorial titulado Reingeniería educativa a la boloñesa. La otra es la subdivisión oficial del saber en compartimentos llamados Áreas de Conocimiento, verdadera fragmentación de la realidad en trozos pequeños, a la que todos los docentes españoles estamos obligados, por ley, en nuestro ejercicio en las instituciones universitarias. La verdad es que todos nosotros operamos y reflexionamos sobre fragmentos de la realidad. Los puntos de vista, las opiniones y las propuestas que muchos de nuestros compañeros y colegas desgranan en artículos, entrevistas, conferencias y reuniones nos enriquecen parcialmente, pero necesitarían ser procesados, completados y sintetizados en una teoría que, como se dijo antes, modele el universo de nuestra ingeniería, que nos explique, no sólo el cómo y el porqué de nuestras actividades, sino el qué y el para qué. Que nos diseñe una memoria del futuro. Hasta ahora, bajo un único título de Ingeniero de Telecomunicación de 5 años se ha programado un variado elenco de especialidades e intensificaciones, que ha proporcionado de forma razonable contenido y flexibilidad a nuestros titulados. Pero mirarse el ombligo con deleite es el modo más seguro de anquilosarse. Afrontamos el “reto futuro de las telecomunicaciones” (BIT, 25 años) con visiones fragmentarias y, para empezar, moviéndonos intelectualmente entre categorías confusas e inercias en cuanto a los conceptos, territorios y terminología. La realidad expansiva, la vitalidad, empuje y convergencia de las tecnologías, adueñándose de un am- plio territorio aplicativo único, cada vez con menos fronteras interiores, al que deberíamos llamar simple y llanamente infotecnología, han desbaratado las categorías parcelarias que manejamos, relativas a sectores de actividad, titulaciones académicas, perfiles profesionales y áreas de conocimiento. ¿Qué tenemos que entender que es un ingeniero de telecomunicación? ¿Qué, un ingeniero informático? Etcétera. Cubrir profesionalmente, a base de múltiples y diversos títulos, los conocimientos, técnicas, aplicaciones y consecuencias del vasto espacio de la infotecnología es un rompecabezas endiablado, aunque inevitable, si bien sabemos que, por desgracia, la suma de conocimientos exigidos por la realidad, que se nos presenta empíricamente siempre como un todo continuo, nunca como un catálogo explícito de especialidades, es abismalmente mayor que el conocimiento individual, que es lo mismo que decir que al especialista provisto de uno de esos títulos se le escapa casi toda la realidad. Este desequilibrio es irremediable, de forma que lo primero que tendríamos que hacer es, primero, no acentuarlo, cayendo en la trampa de reducir la cobertura de las titulaciones y, después, armar unas titulaciones más amplias dedicadas al conocimiento técnico transversal, interdisciplinar, integrador, sistémico, de banda ancha, incluso híbrido: O sea, a construir “palancas” más largas, élites preparadas en lo básico para ocuparse del diseño, la arquitectura y los problemas politécnicos y sociotécnicos de la sociedad de la información y del conocimiento. LA RED UNIVERSAL DIGITAL DEFINE UN NUEVO ENTORNO TECNOSOCIAL Hablaba antes del armazón social, en donde nuestras técnicas y tecnologías juegan un papel determinante, sin que estemos mínimamente preparados los ingenieros para participar en esa ingeniería social. Por ejemplificar lo que quiero decir, citaré el caso de las redes. El título de ingeniero de telecomunicación de la UPM, que es del que puedo hablar con experiencia, contiene en su plan de estudios, además de potentes asignaturas sobre Redes de Ordenadores, una intensificación especializada en Redes y Servicios de Comunicaciones, estrictamente técnica. Sin embargo, el concepto de red, con ser importantísimo en lo infotécnico, es multidimensional y se presenta asociado de formas muy diversas a numerosas y complejas situaciones del “mundo real”, que, vistas como un todo, no se corresponden con el área de conocimiento de nadie, al mismo tiempo que nos afectan a todos. F. Capra, en su ensayo Las conexiones ocultas, ha escrito que “la nueva economía consiste en una metarred global de complejas interacciones tecnológicas y humanas, la cual implica múltiples bucles de realimentación que operan lejos del equilibrio y producen una infinita variedad de fenómenos emergentes”. Aún más, “la red es un patrón común a todo lo vivo”: los organismos pueden comprenderse en términos de redes de células, órganos y sistemas de órganos y las células, como redes de moléculas, sigue diciendo Capra. El discurso sobre la interconexión entre todas las cosas vivas, avivado por el auge y potencia de las redes tecnológicas de comunicación, se está abriendo para afrontar intelectualmente la comprensión y manejo de innumerables situaciones sociales, que abarcan desde la propagación de virus (naturales y artificiales), la producción paritaria (P2P), el comercio electrónico, la dirección de empresas, la robustez de los ecosistemas o la sociedad-red (Castells) hasta la vulnerabilidad de las economías o el terrorismo, entre otros ejemplos. Vivimos en la era de la conectividad (connected age) y muchos científicos propugnan la necesidad de fundar una nueva ciencia de redes para sostener ese discurso. (Al respecto, véanse libros recientes, como los de D. J. Watts, Six degrees, the science of a connected age, Norton, N.Y. 2003 o de A.-L. Barabási, Linked, The new science of networks, Perseus, Cambridge, Mass., 2002). La noción amplia de red se está convirtiendo en un auténtico paradigma conceptual general. Los telecos no podemos quedarnos al margen de esta clase de discursos, del que el citado en los párrafos anteriores es sólo uno entre los posibles. Convencido de ello, llevo unos años elaborando ideas, propuestas y terminología útiles para los que llamé, al principio de este artículo, ingenieros integradores e ingenieros híbridos, sobre todo para estos últimos. Me he servido de esos instrumentos conceptuales para escribir un libro, a mi juicio imprescindible para todos nuestros ingenieros en activo, que, con la ayuda de innumerables ejemplos y datos, aporta una visión integrada de la infotecnología actual, con énfasis en mostrar su tendencia hacia una Red Universal Digital (título básico del libro, que aparece en mayo, publicado en una nueva colección de Editorial Ramón Areces), y presenta un modelo de las increíbles fuerzas de cambio que ésta genera, para crear lo que denomino un Nuevo Entorno Tecnosocial (ya no es pertinente llamarlo sólo ´social´). Creo que lo que se ve en ese libro abona lo que estoy diciendo en este artículo.
30 oct 2015
Artículo BIT
AMENAZAS INTERNAS Y NORMATIVAS DE PRIVACIDAD
Nuevos retos para la seguridad de red La frecuencia con la que se producen incidentes de seguridad se incrementado rápidamente en los últimos con un crecimiento exponencial 1998. Estos incidentes están parte causados por los nuevos gusanos, que se propagan utilizando propias redes a velocidades vertiginosas. Por poner un ejemplo, un virus actual, sofisticado, y que se aprovecha de capacidades de las redes para infectar máquinas, es capaz de replicarse velocidad muy superior a sólo un año. La capacidad inicial del virus “Slamer” en una hora, frente a los alcanzaban virus como “Code capaz de duplicar el número máquinas infectadas en sólo 8 pérdidas causadas a empresas el mundo por virus y gusanos cifran en 180.000 millones de dólares. Esto ha traído como consecuencia fundamental que la mayor parte de las iniciativas de seguridad puestas en marcha por las empresas hayan estado destinadas a combatir las amenazas externas. Sin embargo, las organizaciones de hoy día se enfrentan a dos nuevos retos: protegerse de las amenazas internas y cumplir con los requisitos de confidencialidad de datos que incluyen la mayoría de los países en sus ordenamientos AMENAZAS INTERNAS Las organizaciones de la actualidad tienen poco que ver con las empresas de hace unos años. El perfil de empleado con 20 años de trayectoria profesional dentro de la compañía prácticamente ha desaparecido. La realidad empresarial actual hace que hoy día tengan acceso a los sistemas de información de las compañías un abanico de usuarios mucho más diverso: empleados, socios, clientes, proveedores, trabajadores de terceras compañías en outsourcing, etc. Cuando la empresa interactúa con cualquiera de estos nuevos usuarios, es casi obligado que les dote de algún tipo de conectividad, para que puedan realizar sus tareas. Este nuevo conglomerado de usuarios representa una amenaza potencial para los sistemas de la empresa, incluso en el caso de que ninguno de ellos realice acciones malintencionadas. Simplemente el acceso o utilización inadecuada a determinados recursos puede causar un perjuicio considerable. Por tanto es preciso contar con los mecanismos que permitan, de una manera automatizada y dinámica aislar a los diferentes grupos de usuarios, dotándoles de capacidades de acceso y utilización de los recursos de red en función de su relación con la compañía. Se trata de evitar que puedan acceder a determinados recursos de la empresa, pero que tengan acceso a los suficientes como para poder desarrollar con éxito su trabajo. REGULACIÓN EN MATERIA DE DATOS SENSIBLES La regulación en materia de protección de datos de ciudadanos es cada vez más estricta en la mayoría de los países de nuestro entorno. Cada vez más compañías, sobre todo de determinados sectores (Administración Pública, Sanidad, Educación, Seguridad, etc.) Las empresas se están concienciando de los problemas legales que puede ocasionarles una filtración o pérdida de datos personales de clientes o ciudadanos, en un momento en que la sociedad está especialmente sensibilizada con este tema. En este punto volvemos a lo anterior. Es una falacia pensar que “los malos” están fuera del perímetro de nuestros sistemas de información y “los buenos” dentro. Estudios realizados en Universidades demuestran que un alto porcentaje de las amenazas de seguridad provenían de profesores, alumnos y empleados poco sospechosos. Se trata de proteger la información sensible no sólo de los ataques de “hackers”, sino también del uso inadecuado por parte de usuarios internos a la organización.
30 oct 2015
Artículo BIT
“Las empresas y las nuevas tecnologías",
Las empresas y las nuevas tecnologías Hace sólo unos meses, en una prestigiosa escuela de negocios de Madrid, el conferenciante lo dijo muy claro ante una audiencia de directivos que asistían a un curso sobre las nuevas formas de dirigir la empresa: “Antes se valoraba sobre todo el conocimiento. Hace unos años, a la hora de contratar a una persona, su nivel de conocimientos pesaba el 80% en la elección. Eso ya es historia, ahora se han invertido los porcentajes y el conocimiento es sólo el 20% de lo que una empresa busca en un candidato a un puesto de trabajo. Lo importante ahora son las habilidades sociales, la capacidad de adaptación, la facilidad para trabajar en grupo, la flexibilidad”. Y lo que podría ser sólo una opinión, es en realidad sólo una muestra más de un fenómeno que se constata a diario. Es habitual que las grandes empresas contraten para su primer trabajo a jóvenes ingenieros en tareas de marketing o de gestión. Es habitual que en los anuncios de ofertas de cursos, seminarios y demás medios de formación para titulados superiores, se relacione la posibilidad de encontrar trabajo al dominio casi exclusivo de estas habilidades digamos sociales. Todo esto se contradice con el objetivo que oficialmente se proclama sobre la necesidad de ir a una sociedad del conocimiento. ¿Cómo se van a poner en marcha proyectos basados en las Tecnologías de la Información (TI), si no hay personas conocedoras de estas tecnologías y, lo que es más importante, no las hay con capacidad para saber cómo se desarrollan, cómo se implantan y cómo se integran en el entramado productivo de la empresa para que ésta mejore su eficiencia? ¿Cómo se van a desarrollar unas tecnologías si los que han adquirido los últimos conocimientos en ese campo se dedican a otras cosas que no necesitan esa formación? El problema no es que no se necesiten personas preparadas, sino que, en el fondo, la empresa no ve una prioridad en invertir en ese campo y sobre todo en un momento de reducción brusca de las inversiones. Pero hay más, las expectativas de crecimiento de estas tecnologías han hecho que haya mucha gente muy bien preparada y cuando algo abunda, aunque sea bueno, no se aprecia y tampoco se paga. Esas son, a mi modo de ver, las razones para que en una escuela prestigiosa de negocios se hagan esas afirmaciones, que reflejan además el comportamiento cotidiano de las empresas. Hace unos años, en plena burbuja tecnológica, los estudios económicos decían de la escasez de técnicos en España y la necesidad de fomentar este tipo de estudios entre los jóvenes para no ver frenado el crecimiento por falta de profesionales. Ahora podemos ver que muchos de ellos están en la calle. Otro dato que viene a confirmar el poco aprecio que se tiene al conocimiento, al conocimiento técnico en particular, es observar que las empresas, cuando tienen que desprenderse de su personal, lo hacen por criterios de coste. No intervienen, en la generalidad de los casos, el nivel tecnológico de los trabajadores, sino su sustitución por otros que sean más baratos. Este es un dato más que avala la hipótesis de que ahora el conocimiento técnico no se valora. ¿Qué está pasando para que las empresas no aprecien, ni potencien lo que les va a hacer crecer y competir en el futuro? Es cierto que no se puede generalizar con los fenómenos que ocurren en épocas de crisis, pero con los conocimientos no se puede im- provisar. Exigen años de continuidad y esfuerzo y si, deslumbrados por la coyuntura, no tenemos una visión de más largo plazo, nos estamos jugando el futuro porque insisto, la excelencia en la formación técnica no se improvisa. Sospecho que con las nuevas necesidades de gestión y de marketing, pasa como hace unos años con el conocimiento de inglés. Era tal la carencia de personas que hablaran inglés con fluidez, que en muchas empresas, a la hora de contratar a alguien, lo que más valoraban era su conocimiento del inglés por encima de la especialidad que había estudiado y de sus resultados académicos. Sin embargo, un buen ingeniero, si es inteligente y capaz, puede aprender las nuevas técnicas y habilidades gerenciales sin ningún problema, pero es evidente que no se puede dar el caso contrario. Todo lo dicho hasta aquí no es más que una parte del problema. Hay otro aspecto que influye de manera importante en el atraso en la incorporación al entramado productivo de las nuevas tecnologías. Muchos empresarios y gerentes no conocen qué les pueden aportar estas tecnologías a la mejora de los resultados de sus empresas. Están anclados en poco más que en la utilización de procesadores de texto o de hojas de cálculo y las TI no van más allá de la automatización en la elaboración de unos informes periódicos. Como no saben lo que se puede hacer, no saben lo que necesitan. Si en la empresa no hay un experto en nuevas tecnologías (telecomunicaciones, desarrollo software,...) no tienen a nadie que desde dentro de su negocio les indique qué se puede hacer y a qué coste. De la misma manera que cualquier gerente recurre a los servicios de los especialistas en temas fiscales, contables o del derecho para suplir su falta de especialidad en estos asuntos, debería ser común la figura del asesor o gestor de tecnología. La Administración, que está avanzando en tantos aspectos en este campo, tiene todavía carencias inconcebibles. Este vacío se da no sólo en pequeños ayuntamientos, sino en los de grandes ciudades, que entre toda su plantilla cuentan, en el mejor de los casos, con sólo un especialista telecomunicaciones o en tecnologías de la información. Pongamos un ejemplo muy simple. En el área del transporte, donde existen excelentes especialistas que son ingenieros de caminos, los ingenieros de Telecomunicación aportarían la tecnología ya existente, a un coste razonable, para aumentar la seguridad y el control, requerimientos cada vez más pedidos por las empresas de explotación y por los usuarios. 2004 CONCLUSIONES Hay un doble lenguaje público que afecta al conocimiento en general y al de las TI en particular. Se proclaman unas necesidades y unos intereses que no se plasman en el día a día de la contratación y del tipo de trabajo de los profesionales que tienen que llevarlas a cabo. Hay unos intereses a muy corto plazo de los gerentes empresariales que no necesariamente coinciden con los que a medio y largo plazo tienen las grandes empresas y el país. Se tiene que decidir qué modelo económico se quiere seguir. Y si éste es el que se proclama en los distintos programas de gobierno, hay que hacer políticas activas para conseguirlo porque la realidad demuestra que sin la ayuda de la Administración no se consigue. La formación es la mejor inversión para mejorar la productividad. No puede basarse la competitividad de las empresas españolas sólo en el bajo coste de la mano de obra. Por ese camino nos quedamos sin futuro (bajo nivel de vida o deslocalizaciones de empresas). Es imprescindible que se fomente desde la Administración la formación/información a gerentes y directivos de las PYME de las posibilidades de las TI. Son necesarias políticas fiscales que incentiven no sólo la inversión en equipamiento hardware y software, sino en la incorporación de las nuevas tecnologías en el tejido productivo de las empresas. Esto puede lograrse ofreciendo incentivos a las empresas que incorporen sistemas que mejoren su competitividad o aumenten su eficiencia. También se debe incentivar económicamente el hecho de que se dé a conocer a otras empresas cómo esa implantación tecnológica ha mejorado los aspectos de la producción. Se necesitan profesionales conocedores de las últimas tecnologías, con capacidad para “ver” las necesidades de los distintos sectores productivos y de servicios y que puedan proponer soluciones. Consultores/gestores tecnológicos. “Lo importante ahora son las habilidades sociales, la capacidad de adaptación, la flexibilidad”
30 oct 2015