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El pensamiento complejo en la ingeniería
Opinión -------------------------------------------------------------------------------- Uno de los graves problemas que deben encararse hoy en la toma de decisiones está relacionado con la drástica evolución que está sufriendo la sociedad, y por ende nuestra profesión, en el tránsito de una cultura lineal o dicotómica a una cultura compleja o sistémica. En una cultura simple o lineal, es más o menos fácil enfocar un problema como un asunto de elección entre alternativas excluyentes, en las que una causa, y sólo una, precede a un efecto; sólo hay que identificar y relacionar la causa con el efecto para actuar en consecuencia Si bien las precedentes culturas cazadora (paleolítica) o agrícola, eran complejas debido a que operaban con una naturaleza imprevisible, las crcencias religiosas, tanto chamánicas como politeístas o monoteístas, las convertían en lineales al introducir el factor de intervención activa del hombre en las fuerzas de la naturaleza por su relación directa (oración) con los espiritas o divinidades que las controlaban o con los que las identificaban. La época industrial, implantó el triunfo de la linealidad. La máquina es controlable en sus efectos si se le aplica la causa adecuada a su operatividad. Los paradigmas científicos reforzaron la idea de que el cosmos newtoniano y el hombre, junto con sus artefactos tecnológicos, no eran sino máquinas. La contestación de Laplace a Napoleón refleja este optimismo: "Dios es una hipótesis innnecesaria (ante el comportamiento del sistema solar). Es el triunfo de la Mecánica. Pero en el siglo XX este paradigma ha continuado más de lo que Henry Poincaré, la mecánica cuántica o el principio de incertidumbre hubieran permitido, debido a la simplificación dicotómica que impera en la programación de ordenadores, y que ha transcendido a los arboles de decisión. El célebre rombo interrogante nos obliga a definir una pregunta cuya respuesta sólo admite dos opciones contrapuestas, dirigiendo el proceso por un camino en el caso afirmativo, y por otro en el negativo. Al principio los resultados fueron óptimos, pero conforme ha ido aumentado la cantidad de elementos, se ha conducido al software a un callejón sin salida, habiendo sido ampliamente superado por el hardware. La lógica borrosa es el intento por revolucionar una tecnología en la que la mera dicotomía no es aceptable, pues la realidad responde a principios de complejidad, y no de simplicidad. La complejidad fue analizada teóricamente a final de la década de los 60 por Ludwing VOtl Bertalanffy, estableciendo la Teoría General de Sistemas, e inmediatamente por Ashby, Weinberg, Whyte, Wilson y otros, de forma que en la década de los 70 ya existía un paradigma matemático de la complejidad que luchaba contra el tradicional, máxime cuando Ilya Prigogine fundamentó la Termodinámica de los Procesos Irreversibles, N. Lorenz había formulado su "efecto mariposa", acabando con el determinismo lineal, y dando origen a la nueva disciplina del Caos. Aunque a nadie se le ocurrió enterarse del caos y de las tres ecuaciones de Lorenz en la página 130 del volumen 20 de Journal of the Atmospheric Sciences, un nuevo paradigma con claras aplicaciones a los procesos biológicos y sociales, acababa de nacer. La gran ventaja de escribir para ingenieros, es que no me veo obligado a explicar qué es un sistema y su inherente complejidad como conjunto de elementos interrelacionados, ni qué son sus grados de libertad, y mucho menos las ecuaciones de Lorenz o de la termodinámica de las estructuras disipativas pues si no formará una parte de su bagaje teórico. esta intelectualmente preparado para comprenderlo con sólo leer el original. El objeto es enunciar los fundamentos por los que el paradigma de la linealidad ha sido desbancado teóricamente para las estructuras complejas y las implicaciones que esta nueva realidad tiene en la toma de decisiones. Cuando como ingenieros tratamos con máquinas nada nos obliga a no considerarlas como simples sistemas lineales pues en caso contrario complicaríamos el problema con suposiciones innecesarias. En la nueva realidad. tratar a los sistemas como si fueran máquinas. garantiza el error. Si mi experiencia profesional de casi 35 años tiene algún valor éste es el convencimiento de que la mayoría de mis decisiones han tenido más que ver con sistemas que con máquinas. Crear empresas en el extranjero o implantar equipos de comunicaciones para las autopistas o empresas o celulares para diversos paises - entre ellos el mio - tiene una vertiente sencilla que es la técnica pues para eso nos han preparado, pero otra vertiente realmente complicada, que es la de las interrelaciones personales en el seno de atlas sociedades complejas. Las mismas causas pueden provocar diferentes resultados. en función de las interacciones de las fuerzas implicadas, y el éxito en la complejidad lo determina la formación humanística y el carácter al objeto de integrarse en el medio ampliando sus grados de libertad para conseguir con la mínima violencia el fin propuesto. si la obra se desea duradera. Uno de los casos prácticos actuales puede ser el de la centralización y la descentralización de un sistema. En el paradigma anterior. estos eran términos dicotómicos: si se optaba por la centralización el mecanicismo del paradigma imperante nos obligaba a no consentir la descentralización de decisiones y viceversa. Podemos observar que hasta este siglo el paradigma ha cumplido su función con eficacia: la independencia de las partes era imprescindible para colonizar y explotar los recursos de un mundo inexplorado. lo cual hubiera impedido la ingobernable burocracia de sistema centralizado. No es casual que la característica más destacada de este final de siglo en el que ya no hay territorios que explorar ni explotar exhaustivamente sin graves riesgos de aniquilación del medio (pues ya actúa la realimentación negativa del sistema). sea precisamente la globalización conjuntamente con el aumento de libertad. Europa se integra en la U.E. gracias a que los estados miembros se consideran más libres con esta unión. Delegan poder para aumentar su libertad en un mundo globalizado Esta fortaleza se consigue simultáneamente con la centralización y la descentralización algo inimaginable con el anterior paradigma. En una empresa conforme se van implantando los descentralizadores sistemas informáticos la jerarquización comienza a ser sustituida por las relaciones horizontales pero simultáneamente la politica de la misma se integra por encima de su ubicación en paises diferentes. Ello implica fuertes tensiones en aquellos mandos ávidos de poder o temerosos del ignoto futuro pero ello se considera mero atavismo. Es la hora de descentralizar pero considerando que tan propio del pasado es el deseo centralizador como el de secesión en reacciones propias de una sociedad agonizante que sólo mantienen los que desean permanecer con un paradigma obsoleto. Aquilino Morcillo Crovetto Ingeniero de Telecomunicación
30 oct 2015
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"Telecos del Tercer Milenio".
Opinión -------------------------------------------------------------------------------- Cemento, hierro y cobre han forjado la infraestructura de la era industrial para que personas y mercancías puedan desplazarse con entera libertad por tierra, mar y aire, mediante una tupida red de estaciones, puertos y aeropuertos; el subsuelo de nuestras ciudades se ha llenado de cobre, facilitando así la intercomunicación telefónica. Desde el comienzo de la revolución industrial, y muy particularmente en la segunda mitad del siglo que ya termina, toda la actividad económica ha venido centrada en la fabricación y consumo de bienes materiales, de los que el automóvil ha sido siempre el rey. Todo este despliegue de materiales ha condicionado en gran medida, no sólo el tipo de nuestras instituciones sino, y lo que es más importante, el perfil de los líderes de estas organizaciones. Las ingenierías industriales y de obras públicas, o si se prefiere de caminos-canales-y-puertos, han aportado un gran número de dirigentes quienes, junto a economistas y hombres de leyes, han ido forjando empresas y partidos políticos. La Sociedad de la Información, o cualquier otro nombre que se le quien dar, va a requerir una infraestructura totalmente distinta a la que hemos venido empleando durante las últimas décadas. El silicio y la fibra óptica parece que serán los materiales con los que construir esas autopistas de la información a través de las cuales viajarán en perfecta armonía, voz, textos e imágenes. Internet es la primera realidad de ese nuevo entorno en el que va a desarrollarse nuestra existencia durante el próximo milenio. Si durante muchos años el nivel de desarrollo de cualquier país podía medirse por los kilómetros de sus autopistas y el número de aeropuertos, en un próximo futuro la conectividad (PCs, teléfonos fijos y móviles, ordenadores, servicios por cable y satélite, servidores, redes, internet, ...) será sin duda alguna el factor condicionante de una sociedad en la que el movimiento de lo inmaterial va a tener supremacía sobre el desplazamiento de lo material. De la era del automóvil vamos a pasar al milenio del infomóvil, en el que los artilugios inteligentes y portátiles serán nuestra conexión con el mundo exterior. Las telecomunicaciones son noticia de portada, inundan las páginas salmón de la prensa diaria y traen en jaque a las bolsas más importantes por las billonarias transacciones que hacen pasar de manos el control de las operadores globales. Y no sólo se trata de fusiones o adquisiciones dentro del sector, sino también de la entrada de empresas de gran relevancia en otros campos. Estas empresas, a pesar de la automatización, se han convertido en generadoras de empleos e impulsoras del crecimiento económico de los países occidentales. Hasta aquí una breve síntesis del telefuturo que nos aguarda, y con la que deberíamos poder dar respuesta a la pregunta clave ¿cuáles serán las profesiones que lideren el tránsito social a lo largo del tercer milenio?. Parecería lógico que los Teleco tuviéramos bastante que decir, pero mucho me temo que nuestro marcado espíritu ingenieril no nos deje pasar del tercer nivel en el organigrama de gobiernos o empresas privadas. A nadie le regalan nada, y es responsabilidad de todos nosotros hacer lo posible para que se nos permita asumir las responsabilidades que nos competen. De una vez por todas hemos de dejar claro que la tecnología tiene cuatro dimensiones, y no una sola, como se nos intenta hacer creer cuando se trata de ubicarnos en funciones técnicas. A esta dimensión hay que añadir las relativas a la aplicación, gestión e impactos. Desde esta nueva perspectiva las cosas cambian, pues no es lo mismo dimensionar, por poner un ejemplo, una red ATM en función del tráfico esperado, que hacerlo teniendo en cuenta las aplicaciones que se van a explotar, la gestión que se va a realizar, y los impactos sociales de todo tipo que su puesta en funcionamiento pudiera conllevar. No se trata de corporativismo, sino de una cuestión de pura solidaridad. Si vamos a vivir rodeados de silicio y fibras ópticas, y somos los profesionales más cualificados sobre ambas materias, justo es que se nos confíe un liderazgo social que hasta ahora se nos ha venido negando. La nueva infraestructura que emplearemos en el tercer milenio, va a exigir una reingeniería social en la que los Telecos tenemos (y debemos) mucho que aportar. El silicio y la fibra óptica ya están poniendo su granito de inteligencia, ahora toca a nuestra profesión poner el suyo. Luis Arroyo Galán Doctor Ingeniero de Telecomunicación
30 oct 2015
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De Román a Akio, unas ideas sobre la innovación tecnológica
Opinión De Román a Akio, unas ideas sobre la innovación tecnológica -------------------------------------------------------------------------------- ROMÁN.- Inventen, pues, ellos, y nosotros nos aprovecharemos de sus invenciones. Pues confío y espero en que estarás convencido, como yo lo estoy, de que la luz eléctrica alumbra aquí tan bien como allí donde se inventó. (Miguel de Unamuno. El pórtico del templo. Salamanca, julio de 1906). Los más de noventa años transcurridos desde que Román dijera por primera vez esta sentencia, tantas y tantas veces parcialmente repetida con las más diversas intenciones, han sido testigos de la dificultad con que los economistas y políticos han entendido, si es que ya lo han conseguido, las consecuencias económicas del conocimiento científico. No se sabrá nunca si esta frase de D. Miguel fue escrita desde un desprecio por el valor de la tecnología, que ciertamente lo colocaba muy por detrás del de la ciencia, o desde una admiración por las consecuencias de la aplicación de aquella, acompañada, eso sí, de la ignorancia de la dificultades que entraña el aprovechamiento del cambio tecnológico. Al aprovechamiento del cambio tecnológico se le llama hoy innovación tecnológica. Se trata del proceso que permite convertir en riqueza el conocimiento científico. Para ello este conocimiento debe ser utilizado para crear, comprender o mejorar las técnicas, es decir las maneras de utilizar recursos materiales o humanos para hacer cosas útiles. Una técnica entendida y conservada o mejorada gracias al conocimiento científico es una tecnología. Lo que con toda seguridad D. Miguel no preveía era que los años venideros del siglo verían como las tecnologías irían cambiando a un ritmo cada vez más creciente y que permitirían idear y materializar artefactos que serían más baratos o más útiles. Tampoco debió prever que las sociedades capaces de controlar este proceso serían las que mejores niveles de bienestar alcanzarían y, seguramente tampoco, que conseguir que la "la luz eléctrica" siguiera alumbrando igual de bien que en cualquier otra parte iba a ser, desde el punto de vista económico y social, mucho más difícil que inventarla. La dedicación de recursos a lo que hoy se denomina el sistema científico y tecnológico ha sido siempre una garantía de activación de la capacidad de creación de ciencia. Por su propia estructura social, el colectivo investigador premia la excelencia y reacciona con eficacia a la inyección de recursos. España es uno de los últimos ejemplos, pero no el único. Después de más de una década de que el país se aplicara con constancia a cuidar su sistema científico, la producción científica española ha alcanzado, por peseta gastada, una calidad y una cantidad homologable con la de los países más eficaces de nuestro entorno. Desgraciadamente, las consecuencias económicas de esta mejora científica son mucho menos evidentes para España. La mejora de la ciencia es necesaria pero no suficiente, y no se traduce automáticamente en innovación tecnológica, es decir en crecimiento económico. Para que exista innovación tecnológica es necesario que la sociedad tenga la habilidad de detectar y aprovechar las oportunidades que ofrece la tecnología continuamente cambiante, para conseguir productos u ofrecer servicios con mejores prestaciones o con menores costes, creadores por lo tanto de mayor valor. Si bien es la empresa la que debe asumir el mayor peso del proceso y, especialmente, de sus últimas etapas, su entorno debe implicarse en él. Cuando un país decide recurrir a la innovación tecnológica como fuente significativa de creación de su riqueza, debe poder contar con la eficacia de lo que se ha denominado un sistema nacional de innovación. En este sistema interactúan muy diversos elementos, que deben alcanzar unas estructuras que les hagan aptos para este fin. Por esto los cambios estructurales son los que finalmente hacen posible la incorporación al club de los países innovadores, que coincide con el de los evolución económica más sana. El elemento fundamental del sistema de innovación es el tejido empresarial que debe tener un alto potencial tecnológico, recurrir a la tecnología como uno de los pilares de sus estrategias y dominar técnicas para la gestión de su tecnología. Entonces, el tejido productivo es capaz de traducir en términos de negocio las ventajas que le va ofreciendo el cambio tecnológico. La empresa española está haciendo frente con cierto éxito a este cambio estructural, que se puede medir en la excelente tasa de crecimiento de las exportaciones de productos de alta tecnología, pero está todavía lejos de una situación confortable. La calidad de nuestro sistema científico no se ve acompañada por la de sus trabajos de difusión de sus logros y conocimientos a las empresas. En este caso, el cambio estructural debe hacer más rentable para el investigador su dedicación a los problemas de las empresas, debe incorporar a su gestión técnicas que sean más fáciles de entender por el empresario, el cual debe alcanzar en esta nueva estructura la indiscutible condición de cliente. Un tercer elemento son las administraciones, en tanto que emisoras de normativa y canalizadoras de fondos a las actividades de indiscutible interés público. En ambos casos, es necesaria una nueva capacidad que permita evaluar el potencial y los diferentes caminos a través de los cuales la tecnología contribuye directa o indirectamente a la eficacia de las políticas. La dimensión tecnológica de políticas tan tradicionales como las de sanidad, defensa o educación o de otras más modernas, como las de medioambiente, de seguridad viaria, o de calidad de la alimentación tiene consecuencias no sólo para las propias políticas sino para el sano estímulo de la innovación tecnológica. Es un nuevo enfoque de la forma de hacer política, que demanda adaptaciones de fondo de nuestra estructura administrativa. Pero no menos necesario es adecuar el sistema financiero español a los instrumentos que se han demostrado aptos para compartir los riesgos, cualitativa y cuantitativamente altos, que caracterizan a los procesos empresariales de innovación. Pero esto tampoco se logrará sin un cambio en la cultura empresarial, que haga posible la presencia del capital riesgo en los fondos propios de las empresas, y sin una modificación del comportamiento del inversor, que le induzca a aportar este tipo de capital, que busca alta rentabilidad a cambio de aceptar importantes riesgos, y a participar en segundos mercados, que faciliten las desinversiones. El sistema educativo, que sin duda ha experimentado cambios importantes, no ha resuelto todavía la formación profesional y existen dudas razonables sobre la idoneidad de nuestras enseñanzas universitarias a las exigencias de la innovación. La mejora de los resultados de la investigación científica ha puesto de evidencia la distancia que nos separa todavía de los países que aprovechan el cambio tecnológico para mucho más que para aumentar su bienestar. Basar el crecimiento económico en él es la decisión más acertada que pueden tomar las sociedades avanzadas y seguramente la única que será sostenible en un próximo futuro. La verdadera modernización de España pasa por cambios estructurales que induzcan y faciliten la innovación tecnológica en todos los sectores productivos, pero especialmente en el de los servicios, que es en el que deberemos incrementar la competitividad para mantener el atractivo de nuestro mercado y la productividad para asegurar el nivel salarial que posibilita una economía desarrollada. Y en este particular aspecto juegan un transcendente papel las Tecnologías de la Información, capaces de repetir sobre el trabajo intelectual, lo que hicieron sobre el trabajo manual las tecnologías que sustentaron las dos revoluciones industriales. Es este sin duda un relevante reto al que nos enfrentamos los profesionales de estas tecnologías. Hemos sido testigos privilegiados, sino partícipes, de su creación y de su espectacular adopción por extensas capas de la sociedad, pero sabemos que su potencial está muy lejos de agotarse. Pero esta nueva fase de su extensión precisará de nuevos conceptos de aplicación, mas sutiles y más alejados de nuestro cuerpo de conocimiento. Deberemos vigilar aquellas actividades humanas que se nos acercan atraídas por el menor coste y la mayor robustez de las nuevas aplicaciones y ofrecerles soluciones a problemas que todavía no plantean, pero para ello será preciso dotarnos de metodologías que difícilmente crearemos sin una estrecha relación con los futuros usuarios. Akio Morita, al contrario de Román, advierte que se "puede tener una excelente tecnología y no saber cómo darle valor" (Akio Morita, Made in Japan, Tokio, 1986) Juan Mulet Meliá
30 oct 2015
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Información y evolución
Opinión Información y evolución -------------------------------------------------------------------------------- La información es el objeto de nuestra actividad como ingenieros de telecomunicación, que podíamos resumir como la habilidad para su manejo y transporte. ¿Qué otra cosa telecomunicamos sino información? Con la digitalización de la señal a todos los niveles, ya no hay duda alguna de que optimar el transporte de bits por los canales adecuados constituye nuestro núcleo profesional. En la pasada época industrial, los ingenieros de esa especialidad eran conscientes, como lo siguen siendo hoy, que la energía constituía su área de actividad, y con el término energía se engloban tanto los procesos industriales que transformaron la milenaria sociedad agrícola en industrial, como biológicos de equilibrio energético en ecología, de tan actualidad en el presente. No creo que los ingenieros de telecomunicación sean conscientes de la revolución de paradigma y el cambio cultural de época que se está produciendo alrededor de la información. He oído incluso decir, en nuestra Escuela, el craso error de que la teoría matemática de la información de Shannon ya no tiene nada nuevo que aportar, pues desde su formulación en 1948 se cerró en sí misma. Cuenta Myron Tribus, que al preguntarle a Shannon en 1961 sobre los orígenes de la denominación de la medida de la información, su mayor preocupación fue precisamente darle nombre. Si bien pensó primero en llamarla información, palabra demasiado generalizada, decidió denominarla incertidumbre, pero Von Neumann le dió una mejor idea. "Deberías llamarla entropía, por dos razones: es una función de incertidumbre, que como tal se usa en mecánica estadística, pero lo más importante es que nadie sabe lo que es la entropía, por lo que siempre llevarás ventaja en un debate". Realmente, la entropía de Clausius (definida en 1864) siempre ha estado rodeada por un halo de misterio, como de hecho ocurre con la entropía informativa, o diferencia entre dos incertidumbres tal que revela el grado de información sobre un hecho. Lo interesante es que entropía proviene de una palabra griega que significa evolución, en la que el tiempo representa el factor determinante, y los nuevos paradigmas científicos realzan el papel del tiempo y de la información en los acontecimientos evolutivos. La diferencia básica del cambio de paradigma está ligada a la dispar interpretación del concepto de entropía. Desde el punto de vista termodinámico, la energía se degrada aumentándose la entropía, según una dirección que determina el transcurso del tiempo. La nuaturaleza, según esta visión, sólo puede tender a su muerte térmica o desorden caótico, a no ser que se insuflen al sistema potentes flujos de energía. Esta visión generó teorías como el materialismo dialéctico, en las que los sistemas sociales necesitaban fuertes dosis de fuerza para mantenerse estables, ya que si se dejaban a su aire se volvían caóticos. El origen de la vida se convertía en un hecho tan excepcional que la teoría de la panspermia servía para situarla más allá de nuestro sistema solar, para justificar lo inexplicable. La evidencia, sin embargo, presentaba otra cara. Conforme se encontraban más fósiles, era incuestionable que los seres vivos adquirían cada vez más complejas estructuras con el transcurso del tiempo, y si el caos era el origen, se manifestaba como una potente fuerza creadora, y la naturaleza, dejada a su aire, tiende a la complejidad, lo que indica unas estructuras con cada vez mayor caudal informativo. Como ya expliqué en un anterior artículo, Shannon definiendo la información, Prigogine estableciendo la importancia de la flecha del tiempo en las estructuras lejos del equilibrio que determinaban la evolución en complejidad por la termodinámica de los procesos irreversibles, y Lorenz con su teoría del caos como elemento creador, han cambiado totalmente el viejo paradigma científico determinista. Aún queda el escollo de que la información, entendida como incertidumbre, requiere la existencia de la mente humana, y hay quien desea objetivar el proceso sin necesidad del observador (condición que no se aplica en la mecánica cuántica para definir el principio del indeterminismo de Heinsenberg). Pero el nuevo consenso parece próximo. Veamos en que nos afecta esta nueva visión. En los libros de Biología, ya es común definir el código genético de una especie en términos de bits, pues una cadena de pares de nucleótidos de ADN por célula haploide, tienen una secuencia que para desordenar totalmente sería necesario un número de decisiones expresables en bits de información. De hecho, Carl Sagan en su libro "Los Dragones del Edén" (premio Pulitzer en 1978), reproduce en un gráfico los datos de Britten y Davidson por los que se expresa en bits el aumento de información del ADN con el tiempo de estructuras vivas tales como virus, bacterias, algas unicelulares, protozoos, celentéreos, anfibios, reptiles y humanos. Acabada la evolución celular, comienza la cerebral, según se muestra en anfibios, reptiles, mamíferos y humanos. Teniendo en cuenta que el cerebro humano siguió creciendo hasta alcanzar una vía sin salida en el Neanderthal, y que el Homo sapiens sobrevivió gracias al uso del lenguaje, puede seguirse este proceso matemáticamente. Los centímetros cúbicos de capacidad del cráneo se obtienen por paleoantropología, y el número de palabras del lenguaje por extrapolación matemática de los datos existentes, según trabajos que he realizado. Es obvio que si en la actualidad existen 100.000 millones de neuronas en un cerebro de 1.500 c.c., su capacidad de sinapsis interneuronal puede medirse en bits. Se estima, que la apreciación de nuestra memoria puede oscilar entre 1012 a 1015 bits (una gran biblioteca pública puede tener almacenados libros con 1013 bits), aunque nuestra capacidad de asimilar información no sobrepasa los 25 bits/seg., lo que nos limita en una vida de 70 años a no poder almacenar más que unos 3x 109 bits. La naturaleza nos ha sobredimensionado, preparándonos para el futuro. En 1995 el planeta tenía 5.627 millones de habitantes, y teniendo en cuenta que la capacidad de almacenamiento de información de cada uno de ellos es de 1015 bits, el actual potencial de información de la humanidad es de 5,6 x 1024 bits. (Brillouin estimó que el límite es de 1038 bits por segundo). Sorprendentemente, esta información está alineada con la obtenida por la evolución genética y cerebral, según se puede observar en el Gráfico. Puesto que la población humana alcanzó su punto de inflexión hace ya dos décadas, la única posibilidad de que el potencial informativo siga creciendo nos lo ofrecen la masiva utilización de las máquinas informativas por la humanidad, que constituyen el fundamento de la nueva sociedad de la información o del conocimiento en la que estamos inmersos como protagonistas. De seguir la Ley de Moore, en el año 2018 se habrá superado la capacidad de almacenamiento de 1014 elementos por chip, lo que constituye la próxima barrera física a vencer, en los límites de la materia, pues la información es un recurso inacabable. Nuestra misión profesional es ponerlo a disposición de la humanidad. Aquilino Morcillo Crovetto Ingeniero de Telecomunicación
30 oct 2015
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La tecnología y su evolución, ante la demanda social
Opinión La tecnología y su evolución, ante la demanda social -------------------------------------------------------------------------------- Con motivo de haber tenido el honor de recibir la medalla de oro al Mérito de la Telecomunicación, he recordado mis comienzos en la profesión y dada mi afición a la historia, he seguido el paso del tiempo hasta llegar a comparar la situación de la telecomunicación ahora y entonces Y lo he llevado a cabo bajo la idea, que he planteado en mis trabajos históricos, de que el factor que siempre ha dado lugar a la evolución de las comunicaciones ha sido la existencia de una necesidad o exigencia en la sociedad. En los años cincuenta, la telegrafía era el sistema de comunicación de las empresas, especialmente en el servicio internacional. En el caso de España, desde hacía veinte años, competían en ese servicio, además de la Administración española a través de sus líneas terrestres con Portugal y Francia y del cable submarino de Vigo, las compañías Transradio Española y Compañía Internacional de Radio Española. La primera con los cables submarinos de Bilbao y los enlaces radioeléctricos en ondas decamétricas con los países europeos y americanos. En Europa los corresponsales eran los propios PTT y en América los asociados a RCA. Por su parte Ciresa disponía de enlaces radioeléctricos con las Compañías asociadas a Mackay Radio y All América, de ITT, en los países americanos. Ambas empresas competían también en el tráfico de telegramas con los barcos. Además participaba en el mercado del tráfico telegráfico internacional, la sociedad italiana Italcable, a través de sus amarres de cable submarino en Barcelona, Málaga y Las Palmas, por medio de los cuáles cursaba tráfico a Roma, Nueva York, Amberes y a los países sudamericanos. La competencia entre aquellas compañías era muy fuerte, si bien adaptada a la época y a su clientela empresarial, no se realizaban campañas de prensa ni de radio, sino que actuaban a través de agentes comerciales y existían campañas estacionales y localizadas, por ejemplo la zafra del aceite en Andalucía, la exportación de cítricos en Levante y la de frutos secos en Tarragona. Esos agentes comerciales ofrecían facilidades para aceptación y entrega por teléfono de los telegramas, atenciones a conserjes de hoteles y casinos etc. y en algún caso se garantizaba la entrega en un plazo de quince minutos. En el aspecto de las relaciones con los corresponsales en los países extranjeros, no todos los acuerdos de tráfico eran iguales, por lo que se establecían estrategias para distribuir el tráfico a lo largo del mes de la forma más conveniente, teniendo a la vez en cuenta de que operador era cliente el destinatario de los telegramas. En ese momento inicié yo mi actividad profesional y recuerdo como comentaba, que se estaban haciendo grandes inversiones en equipos, para recibir los telegramas en segundos desde Nueva York y que se los daban a un niño para que los llevara en el tranvía. No quiero decir que fuera yo el inductor, pero lo cierto es, que se adoptaron otros procedimientos de reparto, primero en bicicleta y después en motocicleta, así como la aceptación y entrega por teléfono y fax. La competencia llego a estar más en las facilidades y rapidez en la recogida y reparto de los telegramas, que en el curso del tráfico, que por otra parte desde la implantación de los teletipos no tenía problemas. Es muy parecida esta situación a la actual de los operadores de telefonía fija y móvil que basan su competencia no solo en los precios, sino también en la atención al cliente en los servicios de ventanilla única, en las facilidades de prepago, etc. Al finalizar la II Guerra Mundial existían en los "surplus" de los ejércitos aliados gran cantidad de teletipos, que en algunos países se comercializaron a bajo precio, especialmente en comercios, que establecieron, con líneas alquiladas, servicios de comprobación de pago con tarjetas de crédito En los años cincuenta, las redes telefónicas no estaban aún automatizadas en los servicios interurbano e internacional y posiblemente como consecuencia de ese hábito de utilizar un medio barato, rápido y con la ventaja frente al teléfono de la constancia de los datos de la comunicación, surgió un servicio telegráfico automático paralelo al telefónico, denominado Telex. Para establecer la red correspondiente se instalaron centrales automáticas nacionales e internacionales, que en un principio se basaban en la misma tecnología que las telefónicas, hasta el punto de que se marcaba con disco, posteriormente se adaptaron para poder hacerlo mediante el teclado del propio teletipo. A nivel internacional las Compañías de Comunicaciones Internacionales, establecieron sus propios circuitos, con sistemas de multiplexación con corrección de errores, con objeto de evitar la necesidad de repetición, a costa del usuario, para corregir el error. También instalaron sus propias centrales de conmutación conectadas a las redes nacionales por sistemas manuales o semiautomáticos. No cabe duda de que la razón de ser del Telex fue la necesidad, en los medios empresariales, de una comunicación rápida, directa entre usuarios y con información en forma escrita. Las redes telefónicas, por su parte, siguieron evolucionando y en la década de los setenta empezaron a automatizarse, llegando a hacer posible la conexión automática directa entre cualesquiera dos abonados. Se había conseguido lo mismo que el Telex; pero sin información en forma escrita y para aprovechar esa facilidad de rapidez y accesibilidad mundial, se recurrió al Fax. El facsímil fue uno de los primeros intentos, en el siglo XIX, para lograr un telégrafo con impresión; intento que se abandono y que subsistió solamente para información meteorológica y fotografías de prensa. Pues bien, el Fax conectado a la línea telefónica, permitía enviar documentos a cualquier parte del mundo, y como lo que se perseguía era la rapidez, no se espera a escribir a máquina los documentos cortos, sobre todo las portadas, y se recurre al manuscrito. Es interesante estudiar a través de los datos de las Memorias de la Compañía Telefónica y de la Empresa Nacional de Telecomunicaciones, como el tráfico telefónico internacional de la primera aumenta prácticamente en la misma proporción en que disminuye el tráfico telegráfico internacional. Así hasta 1966 son semejantes las pendientes de las curvas de evolución de los productos por tráfico telefónico total, de los obtenidos por el tráfico telefónico internacional y de los procedentes de los telegramas internacionales. Sin embargo a partir de 1966, en que empiezan a descender los productos de los telegramas internacionales, la curva de productos por tráfico internacional telefónico experimenta un incremento en la pendiente equivalente al descenso del de tráfico telegráfico. Creo que aunque simplista es una comprobación del tránsito de la telegrafía hacia la telefonía Simultáneamente con el Fax, surgen también en la década de los setenta las primeras redes de transmisión de datos, como servicio más especializado hacia actividades empresariales, y sobre todo para conectar entre sí equipos informáticos de gran capacidad de proceso o de actuación automática, para los que ni el Telex ni el Fax eran adecuados. Pero no deja de ser interesante mencionar que, esa facilidad y aparente rapidez del Fax puede que halla retrasado el correo electrónico ya que era y es habitual, transmitir por él, documentos extraídos de la impresora del ordenador. Tanto la red telefónica conmutada, como las redes de datos, llegaron a ser de alcance mundial gracias a las recomendaciones de los Comités Consultivos Internacionales de la UIT, que especificaron las características técnicas de los enlaces para hacer posible esa conexión inmediata y automática. Actualmente la oferta de los operadores en competencia esta basada en una especialización de usuarios buscando nichos de mercado, en empresas de diferentes tamaños y en la publicidad hacia el gran público. En pocos casos se hace referencia a la tecnología que utilizan, ni siquiera a los servicios, que como en mis comienzos se negocian con los usuarios, ofreciendo ventajas y facilidades especiales. Actualmente se ha expandido el ámbito de utilización de las comunicaciones, es muy posible que como consecuencia de la de los móviles, que empezaron siendo de élite y en este momento puede que sean los más populares y por otra parte ha aparecido un nuevo tipo de información a transmitir, ya no de mensajes escritos o de conferencias verbales, sino de contenidos gráficos y documentales. En esta situación, se tiende nuevamente a una red universal en la que cualquier usuario pueda alcanzar a cualquier otro proveedor o usuario, como es Internet. Pero esta red ha surgido sola, sin especificaciones, ni acuerdos de tráfico ni regulación, sin embargo los usuarios han puesto de manifiesto su utilidad y la tecnología está desarrollando procedimientos como los protocolos de voz sobre IP que hagan posible también la telefonía a través de ella. Si esto llega a ser así tendremos que por primera vez se conseguirá una red única para todo tipo de información de voz, datos e imágenes; pero, sin embargo, diversa en cuanto a constitución y competitividad como aquellas compañías telegráficas internacionales. José María Romeo lópez Doctor Ingeniero de Telecomunicación
30 oct 2015
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El año de la reinvención de Microsoft
Opinión El año de la reinvención de Microsoft -------------------------------------------------------------------------------- El año 1999 ha sido apasionante para Microsoft, a lo largo del mismo se han sentado las bases de lo que han de ser las propuestas tecnológicas de la compañía para los próximos años. Con este fin Microsoft se ha reorganizado, ha definido las estrategias de negocio en áreas criticas como comercio electrónico y gestión del conocimiento, y ha concluido el desarrollo del sistema operativo empresarial mas avanzado: Windows 2000 La reorganización de Microsoft es la necesaria respuesta empresarial a los nuevos retos que se plantean. La nueva estructura se diseña con el doble propósito de adaptar aún más el diseño de los productos a las necesidades de los clientes y de hacer posible la nueva “visión” de Microsoft. La conocida aspiración de Microsoft de “un ordenador en cada puesto de trabajo y en cada hogar” se ha ampliado, y lo que se persigue ahora es “aumentar a través del software las posibilidades de usuarios y empresas de hacer lo que deseen, en todo momento, desde cualquier lugar y desde cualquier dispositivo” El desarrollo de las estrategias de Microsoft en áreas tales como gestión del conocimiento o comercio electrónico contribuyen a hacer realidad este objetivo. En el área de gestión de conocimiento, Bill Gates anuncio en Madrid una serie de iniciativas que simplificaban el acceso de los usuarios a la información y la toma de decisiones, y que permitirán: en primer lugar, acceder a la información que se necesite en cada momento; en segundo lugar, almacenar en mismo sitio toda la información relacionada con un tema, independientemente de su formato; en tercer lugar, incluir el soporte nativo estándar de HTML o XML en dispositivos no PCs, tales como teléfonos, hand-held PCs..., de forma que la información sea accesible en formatos adecuados para cada situación, persona y dispositivo; y, por último, el desarrollo de interfaces inteligentes que revolucionarán la forma de trabajar de las personas Otra área clave en el desarrollo de servicios en la red es la de Comercio Electrónico. La propuesta de Microsoft pasa por integrar una serie de productos y servicios y por establecer un lenguaje común para el comercio electrónico: Microsoft BizTalk, diseñado para facilitar a las compañías la realización de sus transacciones, la integración de aplicaciones y el intercambio de datos. Esta nueva tecnología acelerara la adopción del comercio electrónico dado que suministra un vocabulario común para las aplicaciones a través de cualquier plataforma o tecnología. BizTalk es un entorno de trabajo basado sobre esquemas XML y los estándares de la industria, que permitirá a las empresas integrar sus sistemas al margen de la plataforma, el sistema operativo o la tecnología en los que estén basados. BizTalk ayudará a que las empresas intercambien mas fácilmente sus datos de negocios, como órdenes de compra y catálogos de productos, y a dirigir sus campañas promocionales de comercio en línea. Microsoft trabajara en colaboración con clientes, socios y consorcios de la industria para definir los esquemas de BizTalk y acelerar la adopción de los estándares de la industria. No es casualidad que en ambos escenarios –gestión del conocimiento comercio electrónico– se mencione el soporte de XML como parte de la estrategia de Microsoft. XML abre enormes posibilidades para personalizar la Web, para hacerla más ágil y programable, trasladando el centro de Internet desde los servidores a los usuarios. Por esta razón, Microsoft esta impulsando activamente la adopción del nuevo lenguaje e incorporando el soporte XML a sus productos y aplicaciones. Por último, el año 1999 coincidió con el envío a fábrica del código de Windows 2000, el nuevo sistema operativo de Microsoft para las empresas, que refleja los profundos cambios de gestión y organización que Internet y las nuevas tecnologías han triado a las empresas. En la actualidad, los sistemas de información de una compañía deben ir mas allá de sus límites físicos, e integrarse e interoperar con los sistemas de información de proveedores y clientes. Por otra parte, los sistemas de información deben tener en cuenta el creciente numero de usuarios móviles y la complejidad que los nuevos entornos plantean desde el punto de vista de la seguridad. Windows 2000 recoge esta nueva realidad empresarial y permite una mejor utilización de Internet para el desarrollo de la actividad de la compañía, y lo hace sobre una base de servicios estándares de seguridad Windows 2000 es, sin duda, el elemento central de la nueva estrategia de Microsoft orientada alrededor del concepto de “software como servicio”. Un cambio tecnológico de proporciones similares a lo que significó en su momento el Interfaz Gráfico de Usuario o la aparición de Internet. Detrás de este cambio está la necesidad de simplificar a empresas y usuarios la personalización y el almacenamiento de datos; ampliando, a su vez, las posibilidades de compartir la información. Y hacerlo, de acuerdo con la nueva propuesta de Microsoft, que todo ello sea posible en cualquier momento, desde cualquier lugar y desde cualquier dispositivo. Francisco Román Director General de Microsoft España
30 oct 2015
Artículo BIT
La formación universitaria para la Sociedad de la Información
Opinión La formación universitaria para la Sociedad de la Información -------------------------------------------------------------------------------- ¿Está la Universidad en condiciones de dar una respuesta adecuada a las exigencias de formación que se derivan del proceso de implantación de la Sociedad de la Información en España?. En un momento en el que se está planteando el porvenir de la Universidad al tiempo que asistimos al inicio del desarrollo de la Sociedad de la Información quizás sea una pregunta pertinente. Estas notas pretenden abordar, para su discusión, algunos aspectos que pueden ayudar a encontrar una contestación a la pregunta planteada. Centraremos nuestros comentarios en el análisis de dos aspectos que consideramos relevantes y definitorios de la Sociedad de la Información: el primero se refiere al incremento de la tecnificación de la sociedad y el segundo guarda relación con la velocidad de cambio de las cosas y su incidencia en los perfiles profesionales de la enseñanza superior. Solo después podremos abordar algunos aspectos que pueden reflejar la situación de la Universidad, en el proceso de creación de la Sociedad de la Información y presentar al lector algunas ideas para su consideración y, como no, para su discusión. Este debate no es específico de las Escuelas de Ingenieros de Telecomunicación2 pero creemos que puede serles de utilidad abordarlo. Sería bueno si, al menos, intentaran llevarlo a cabo. La tecnificación creciente de la sociedad en la Sociedad de la Información Si la Sociedad de la Información es aquella en la que una parte cada vez más importante del bienestar y la riqueza generada dependen de la producción, la transformación, la difusión y el consumo de la información mediante la utilización de dispositivos informáticos y redes de telecomunicaciones, el desarrollo de la Sociedad de la Información implicará una necesidad de un nivel cada vez mayor de conocimientos tecnológicos por parte de las personas que produzcan, transformen, difundan y utilicen dichas informaciones. El crecimiento progresivo de la Sociedad de la Información nos está conduciendo a una sociedad cada vez más necesitada de conocimientos relacionados con las tecnologías de la Información y las Telecomunicaciones. Esta necesidad afectará directamente al ciudadano, en su calidad de usuario de la información, bien sea a través de su ordenador, de su televisor, de su teléfono móvil o de quien sabe qué en un futuro. En este sentido, los estrategas, pensadores y responsables de los poderes públicos coinciden en la urgencia de introducir, sin dilación, el uso de Internet como instrumento de trabajo en todos los niveles de la educación: primaria, secundaria, profesional, vocacional y, por supuesto, universitaria. Igualmente, esta situación va a afectar cada vez más al ciudadano en su actividad laboral como consecuencia de la introducción de equipos informáticos y de telecomunicaciones en su puesto de trabajo. Quizás aquí la sensibilidad hacia la necesidad de una formación preventiva sea menor, pero seguro que aquellas organizaciones que decidan seguir por ese camino van a tener que reaccionar con celeridad, bien para formar a su personal, bien para substituirlo; pero eso es otra cuestión que no vamos a abordar aquí. Y, por último, esta nueva situación afectará, también a los profesionales que tengan que participar directamente en los procesos de desarrollo, implantación y gestión de todos aquellos productos y procesos específicos de la Sociedad de la Información. Una buena parte de estos profesionales serán titulados universitarios y la formación que reciban será decisiva en el proceso de desarrollo, implantación y gestión de la Sociedad de la Información. Velocidad de cambio y nuevos perfiles profesionales Por si no fuera suficiente lo anterior, hay que constatar que, en el entorno de la Sociedad de la Información la tecnología está evolucionando a una velocidad inusitada hasta el extremo de que los cambios resultantes se hacen cada vez más difíciles de asimilar. En estas circunstancias la sensación de la importancia de lo nuevo se hace cada vez más patente hasta el extremo de pasar a formar parte del lenguaje diario: nuevas tecnologías, nueva economía, nuevas profesiones, nuevo marco reglamentario. Aunque, normalmente, lo nuevo suele resultar casi siempre de una evolución gradual de lo anterior, que, de pronto, pasa a ser considerado como viejo. En el entorno de la Sociedad de la Información la velocidad a la que se están produciendo los cambios es tan elevada que puede dar la sensación de que todo lo que aparece es tan distinto de lo que le precedió que nada tiene que ver con su propio pasado. Un análisis simplista de este fenómeno podría conducirnos al error de que nada de lo anterior vale. Vamos a considerar este fenómeno en lo relativo a la formación. Es cierto que la creación de la Sociedad de la Información conllevará la creación de nuevos puestos de trabajo, pero abusar del termino de nuevas profesiones como la solución del problema laboral en la Sociedad de la Información puede conducir a consecuencias negativas y, quizás, dar lugar a actitudes oportunista. En lugar de hablar de nuevas profesiones consideramos, quizás, más correcto utilizar el término de nuevos perfiles profesionales, que a nuestro juicio refleja mejor la necesidad de adaptar las actuales titulaciones a las necesidades de la Sociedad de la Información. Esta situación también está afectando directamente a la actividad de la Universidad. La Universidad en el proceso de creación de la Sociedad de la Información De acuerdo con todo lo anterior, para responder a la pregunta que nos formulábamos al principio deberíamos contestas previamente a otras dos cuestiones. La primera sería: ¿Está la Universidad española realmente en condiciones de formar, de manera adecuada, al personal responsable del proceso de desarrollo, implantación y gestión de la Sociedad de la Información?. Y la segunda es: ¿Cómo debería procederse para adecuar las actuales titulaciones universitarias a los nuevos perfiles profesionales exigidos en la Sociedad de la Información?. Por lo que se refiere a la primera cuestión habrá que convenir que lo que la Universidad pueda enseñar dependerá de los conocimientos de sus profesores. La clave está, pues, en saber donde y como aprenden los profesores universitarios y si eso es suficiente de acuerdo con las exigencias de la Sociedad de la Información. En una Universidad con mayoría de su personal docente en dedicación exclusiva, un profesor aprende: bien en los libros, bien como consecuencia de sus actividades de investigación y en, menor medida, como resultado de la todavía escasa colaboración con la Empresa. Es un hecho que la permeabilidad entre Universidad y Empresa en lo que se refiere a intercambio de personal de sus plantillas es prácticamente inexistente. Está claro que en las materias más básicas de un Plan de Estudios continua siendo válido el procedimiento habitual de aprendizaje del profesorado, pero lo que también es cierto es que en aquellas otras de carácter más aplicado y en contínua evolución los procedimientos tradicionales de aprendizaje del profesorado son absolutamente inadecuados. Difícilmente puede enseñarse bien lo que no se conoce ni se practica. En el entorno de la formación de los aspectos más aplicados de la Sociedad de la Información este riesgo es cada vez mayor. Una solución a este problema pasa, en nuestra opinión, por romper la situación actual de estanqueidad del profesorado universitario, de manera que sea posible fomentar, sin traumas, la permeabilidad entre el personal de dentro y de fuera de la Universidad. Pero esta solución choca de plano, entre otras cosas, con la actual estructura de plantillas, acceso a los cuerpos docentes, plazas vitalicias y procedimiento de excedencias. Lo que está claro es que mientras la Universidad continúe blindándose de su entorno empresarial y social, en particular en las carreras técnicas, habrá que continuar preguntándose si el profesorado universitario sabe lo suficiente, y lo conoce suficientemente bien, como para formar adecuadamente a los profesionales que dicho entorno empresarial y social precisa. Y esto es especialmente importante en el marco de la Sociedad de la Información. Por lo que se refiere a la segunda de las cuestiones que nos formulábamos más arriba en relación con el problema de la elaboración de los nuevos perfiles profesionales, será necesario recordar que cualquier enseñanza universitaria se rige por un Plan de Estudios publicado en el BOE. En condiciones normales, y en el mejor de los casos, el periodo de desarrollo de un nuevo Plan de Estudios de una carrera de cinco cursos suele tener una duración mínima de siete años: uno para su confección, otro para su aprobación y cinco para su implantación. De acuerdo con lo anterior, la primera promoción de estudiantes llegará al mercado laboral ocho años después que se planteara el Plan de Estudios por el que se ha formado, así hasta que se apruebe el siguiente. Esta claro que, desde cualquier punto de vista, ocho años son demasiados en el proceso de desarrollo de la Sociedad de la Información. Pánico da pensar que al socaire de la novedad se destape la fiebre de las Universidades españolas por la implantación de nuevas titulaciones en relación con la Sociedad de la Información, que no verán la luz hasta dentro de una eternidad. La solución tendrá que pasar por flexibilizar el proceso de introducción dinámica de nuevos conocimientos en los actuales Planes de Estudios de acuerdo con las necesidades del entorno. Pero esta solución que podría parecer sencilla choca de lleno con los modos habituales de proceder de la Universidad, veámoslo. La introducción de nuevos conocimientos puede conllevar la introducción de nuevas asignaturas y, como consecuencia, la desaparición de otras antiguas. Tal pretensión corre el riesgo de incidir de pleno con el carácter patrimonial de las asignaturas que históricamente ha venido asumiendo el profesorado y provocar su rechazo furibundo. Difícilmente desde dentro de la propia Universidad pueda llevarse a cabo, con eficacia, un proceso de estas características. Conclusiones En nuestra opinión el camino para que la Universidad española acabe, de verdad, estando en condiciones de dar una respuesta válida a las exigencias de formación del proceso de implantación de la Sociedad de la Información deberá pasar, entre otras cosas, por fomentar la permeabilidad de su personal docente con el de la empresa y por flexibilizar el procedimiento para la fijación de los contenidos de los Planes de Estudios. Esto supone la necesidad urgente de vencer las inercias tradicionales de la Universidad y de su profesorado, que si la propia Universidad no es capaz de llevar a cabo desde dentro parece evidente que a la Sociedad no le va a quedar más remedio que imponer desde fuera o, lo que es peor, buscar soluciones alternativas. Vaya por delante que, siempre en nuestra opinión, ni la incuestionable autonomía universitaria ni la necesaria libertad de cátedra van a ser excusas válidas para impedirlo. Esta ha sido nuestra opinión. La discusión queda, pues, abierta. Por cierto, en el Informe Universidad 2000, de casi 500 páginas, encargado por la Conferencia de Rectores y publicado el pasado mes de marzo, únicamente hemos encontrado tres menciones al término Sociedad de la Información: una en la página 6 para referirse al Libro Verde de 1995, de la Comisión Europea sobre la Educación y Formación, otra en la pagina 455 al hablar de un informe australiano sobre las nuevas tecnologías en la educación universitaria y, finalmente, una última, en la página 97, en el apartado dedicado a analizar los cambios estructurales a que está sometida la Universidad y en la que se hace referencia a la necesidad de modernización de sus estructuras y a las inversiones que se precisan para llevarlas a cabo. ¡Qué se le va a hacer! Antonio Alabau Catedrático Universidad Politécnica de Valencia [email protected]
30 oct 2015
Artículo BIT
Telefónica y las telecomunicaciones
Opinión Telefónica y las telecomunicaciones [El Espacio de Investigación Europeo y sus implicaciones en España] -------------------------------------------------------------------------------- Resulta obvio destacar la permanente actualidad de Telefónica en los medios de comunicación de España, pues por algo ostenta el número uno en el rango empresarial, pero esta presencia tiene generalmente muy poca relación con lo que en BIT nos interesa como ingenieros, y que es el objeto preferente de nuestra actividad y de la de la empresa: las telecomunicaciones, de las cuales o bien no se habla, u ocupan una atención indirecta a las informaciones económicas, políticas o empresariales que centran la noticia Los ciudadanos españoles han debido de verse sorprendidos por las dos etapas recientes que han centrado esta información: al comienzo del primer gobierno del PP, la atención a Telefónica se centró en un despiadado ataque a Telefónica y a su presidente, a quien los medios del Grupo PRISA designaban como "el amigo de Aznar", blanco de los ataques al gobierno en lo que se denominó "la guerra digital", en la que se enfrentaron los periodistas en dos bandos irreconciliables de amigos y enemigos del gobierno. El origen de la "guerra" fue el establecimiento de una empresa que rompió el monopolio de la TV de pago ostentado por el Grupo PRISA, y la compra por Telefónica de diversos medios de comunicación audiovisual (Antena 3, Onda Cero, etc.), que se interpretó nada menos que como un ataque a la libertad de prensa. De una forma mágica, y un mes antes de las elecciones, cuando más fuertes eran los ataques a Telefónica por el asunto del próximo cobro por 100 directivos de las opciones sobre acciones (por un importe de casi 80.000 millones de pesetas), que se constituyó nada menos que en la base de la campaña electoral, la situación cambió radicalmente, y el Grupo PRISA cesó en sus ataques a Telefónica, y tras las elecciones, los otrora opositores se convierten en los partidarios del presidente de Telefónica (que ha pasado de ser "el amigo de Aznar" al "perseguido por Aznar"), que es atacado por sus antiguos defensores, en lo que en sí se presenta como otra guerra a cara de perro entre periodistas enfrentados por la gestión de Telefónica. En esta batalla han sido muy pocas las intervenciones de los ingenieros de telecomunicación, y tal parece que el asunto no nos concierne, cuando la realidad es que el hecho de que la telecomunicación no aparezca en la lucha dialéctica, la misma está subyacente y muy directamente relacionada con la misma, como se expondrá a continuación. Empezaré diciendo que la "guerra digital" se ha terminado porque Telefónica y el Grupo PRISA han llegado a un acuerdo por el que se establecerá un maridaje entre la red Internet de Telefónica (su portal Terra) y los contenidos del Grupo de comunicación, para su difusión en un mercado potencial Iberoamericano que supeera los 400 millones de personas. Es sabido que la red móvil igualará en número de terminales a la red fija en los próximos años (en España ya se produjo el sobrepaso a mediados del año 2000), que los terminales de Internet igualarán a los de la red móvil pocos años después, y que el tráfico será preferentemente de datos en una red mundializada a finales de la década. Puesto que la integración de redes y servicios es una realidad imparable, debida a la digitalización, aquél operador que no prevea un sistema integrado telecomunicaciones-multimedia-audiovisual (Nueva Era, según la U.I.T.), está condenado a ser absorbido por la competencia. Puesto que en esta nueva realidad los contenidos de la red poseen más valor añadido que los de mera infraestructura, los operadores de tráfico necesitan reconvertirse en operadores de valor, lo que se convierte en cuestión de supervivencia adquisiciones como las tan antes criticadas de Telefónica (Vía Digital, Antena 3, etc.), y pactos como los previstos para darle contenido a los portales de Internet. Sería absurdo que la primera multinacional española en telecomunicaciones no se aliara con la primera multinacional española en contenidos para competir conjuntamente en el mercado exterior en español (2º mundial en Internet, con más del 9%, según la UIT). El que estas empresas sean amigas del gobierno de turno, o dejen de serlo, es totalmente irrelevante para el interés nacional. La importancia de los portales nos la da un dato, que se ofrece en la publicación Millenium (1999) de la UIT: en un mundo globalizado por la información, el comercio representa el 70,2% del valor económico; la electrónica el 11,2%; las telecomunicaciones el 8,7%; la industria editorial el 5,7% y el entretenimiento electrónico el 4,2%. Puesto que en un mundo intercomunicado con equipos móviles personales las transacciones comerciales serán electrónicas por la red, introducidas a través de los portales, que cobrarán una comisión por ello, el coste de la telecomunicación tiende a ser subsidiario, por lo que quien base su negocio exclusivamente en la explotación de la red irá a la quiebra, por la prevalencia de los contenidos, pero quien descuide la calidad y prestaciones de la red será desplazado del negocio, pues la misma se convierte en el soporte estructural de la economía de la sociedad del conocimiento. Podemos hablar de Telefónica como ingenieros tanto desde el punto de vista empresarial y de los contenidos (empresas, alianzas, valor de las acciones de bolsa, etc.) como desde el punto de vista de las tecnologías y de calidad de la red, pues ambos nos competen, pero puesto que a esta segunda faceta no se le dedica excesiva atención, me centraré en ella por ser la más conflictiva, aunque relacionándola con la anterior. El hecho de que las acciones suban o bajen tiene su importancia, máxime cuando más de dos millones de españoles han confiado sus ahorros al valor de la empresa, pero este es sólo un indicativo de la gestión, ya que la empresa también se gestiona a largo plazo. La realidad es que en 1996 el valor de la acción apenas alcanzaba los 5 ¤, y el 6 de marzo de 2000 valía seis veces más, si bien el 16 de junio este valor había caído un 34,11%, lo que representó una pérdida de capital de 687.000 millones de pesetas en un solo día. Es tan elogiable aumentar la capitalización bursátil como criticable su desvalorización, pero un análisis empresarial debe ir más a las causas que a los efectos. Las causas de que suba el valor bursátil de una empresa operadora dominante de telecomunicación son muy diversas, pero es muy difícil que baje cuando todas las del entorno están subiendo. A efectos comparativos, y según datos de la propia Telefónica, entre el 30-06-96 y el 14-01-00 la rentabilidad del accionista de Telecom Italia fue del 478% mientras que la del de Telefónica fue del 482%, lo que las hace prácticamente equivalentes. Mientras que la expansión exterior de Telefónica tuvo éxitos como su introducción en Brasil y la consolidación de su política en Hispanoamérica, se produjeron dos hechos que empañan esta brillante actuación en el solar patrio: la destecnificación por pre-jubilaciones y la consecuente pérdida de inmovilizado material por falta de inversión, que influyen muy directamente en la falta de calidad y competitividad de la red española de cara al futuro. El 1-01-96 Telefónica tenía una plantilla, en España, de 69.543 personas, mientras que el 1-01-99 había bajado a 58.127 personas, ya que en el convenio de 1997 se acordó la rebajar la jubilación de 57 a 55 años (y posteriormente a 52), al objeto de dejar la plantilla por debajo de las 50.000 personas el 1-01-01. Esto tiene un coste técnico, la destecnificación por pre-jubilaciones (los especialistas de mayor experiencia rondan los 52 años), y un coste económico, que la prensa informó era de 459.500 millones de pesetas por indemnizaciones para 13.967 empleados entre los años 1999 y 2000. ¿De dónde sale este dinero?. La solución de Telefónica para el problema ha sido simple: disminuyendo la inversión y contabilizando el coste con cargo a reservas, y no a la cuenta de resultados, por lo que se falsea el beneficio según el Plan General de Contabilidad y el artículo 192 de la Ley de Sociedades Anónimas; en consecuencia, el inmovilizado material neto, que era de 2.992.254 millones de Pta. en el ejercicio de 1996, ha pasado a ser de 2.659.560 millones de Pta. en 1998, lo que indica una descapitalización de planta del 11,11% en dos años (los datos de 1999 ya no figuran en la Memoria Anual de accionistas, lo que hace temer lo peor). De hecho, la inversión en España en 1998 fue inferior en un 42,37% a la del ejercicio anterior. Es un hecho que gracias a esta política de disminución de personal y de no repartir beneficios, una empresa consigue aumentar artificialmente el valor de la acción bursátil, pero si ello es a costa de su destecnificación y descapitalización, esta política se convierte en especulativa, máxime en una empresa que ya era líder en Europa en el índice de líneas por empleado con el que se determina su productividad. La situación de la red es por tanto precaria, por falta de calidad, lo que justifica la actitud de Telefónica de impedir la tarifa plana de Internet, pues con el equipamiento actual no se podría soportar. Y el problema es que es ahora precisamente cuando sería necesario disponer de una red acorde con las necesidades de una sociedad desarrollada que exige una moderna y actualizada infraestructura de telecomunicaciones de la que España carece. Posiblemente el interés del presidente de Telefónica de radicarse en Miami no es sino una pública confesión de que España carece de la infraestructura necesaria para gestionar desde Madrid una empresa multinacional de la magnitud de Telefónica. Y mientras tanto, la prensa sigue empeñada en temas tales como la amistad o enemistad entre el presidente de Telefónica y el de la Nación. Realmente curioso. Aquilino Morcillo Crovetto Ingeniero de Telecomunicación [email protected]
30 oct 2015