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EDITORIAL

El coit ante las nuevas titulaciones

Hace dos años, en otro editorial y bajo el significativo titular "Títulos académicos / Títulos profesionales. ¡Regulación ya!", este colegio llamaba la atención sobre la problemática que generaría el nuevo catálogo de titulaciones académicas si no se establecía una regulación equivalente en el ámbito profesional. En otras palabras, si no se creaba un nuevo catálogo de colegios profesionales acorde a las nuevas titulaciones.

Desgraciadamente, todas las incertidumbres que entonces denunciábamos siguen abiertas. Como resultado, las universidades ya han egresado las primeras promociones de nuevos ingenieros que están ejerciendo sin ninguna atribución reconocida, ni colegio profesional que respalde su actividad profesional. Por otro lado, la reciente modificación de la Ley de Colegios Profesionales aprobada por el nuevo Gobierno obliga a modificar sus estatutos en el plazo de un año, lo que constituye una oportunidad para normalizar la situación.

El sentido común indica que deben ser el Ejecutivo y el Legislativo los que, una vez admitida la colegiación obligatoria y después de consultar con todos los agentes implicados, regulen la actividad profesional apostando por una solución de carácter general. Se debe crear un nuevo marco legislativo que permita la creación de nuevos colegios profesionales y la modificación consensuada de los estatutos de los actuales colegios para que estos puedan acoger, en su caso, a las nuevas titulaciones.

Desafortunadamente, si la Administración no aborda el problema urgentemente caminaremos hacia un caos cuyos resultados no serán otros que el perjuicio de los ciudadanos y la merma del prestigio de los colegios profesionales. Además, en este "mar revuelto" es inevitable que se produzcan movimientos de "pescadores" a la búsqueda de posibles "ganancias".

Según algunas informaciones los Colegios de Ingenieros Industriales ya han dado un paso que nos afecta directamente y nos obliga a posicionarnos ante esta problemática a muy corto plazo. Concretamente parece ser que están estudiando la modificación de sus estatutos para permitir la incorporación en sus colegios, no sólo de las nuevas titulaciones generadas a partir de su antigua titulación, sino también, y esto es muy grave, las de Ingeniero en Electrónica e Ingeniero Informático.

Es evidente que estos títulos habilitan para el ejercicio profesional en un porcentaje muy importante de lo que conocemos como sector de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones. También es notorio que la Ingeniería de Telecomunicación, tanto por los estudios académicos que la soportan, como por la realidad de su actividad profesional, tienen este ámbito de actuación. Además, no conviene olvidar que las dos titulaciones tuvieron su origen y fueron propuestas desde nuestras Escuelas de Telecomunicación.

Nuestra posición, de partida sería que, si estos colectivos lo desean, creasen sus propios colegios pero, ante la posibilidad, más que probable, de que no se creen colegios para estas dos titulaciones y que otros colegios menos afines pretendan asimilar a sus titulados. ¿Debemos abrir el colegio a estos colectivos, aumentando nuestra representatividad y fuerza en el sector? Por el contrario, ¿es mejor mantener un colegio más homogéneo y sin correr el riesgo de diluir nuestra propia personalidad?

Muy pronto el COIT cumplirá treinta años. Durante este tiempo nuestra profesión, con el esfuerzo de todos y recorriendo un camino no exento de dificultades, se ha ganado un sólido prestigio en el sector. Ahora nuestra institución podría tener que enfrentarse con una de las decisiones más importantes y difíciles de su historia.

Esta Junta de Gobierno propiciará en los próximos meses un debate abierto cuyo fruto nos permita apostar por una opción. Debemos actuar con rapidez y generosidad, pensando en el futuro y no en el corto plazo, haciendo los sacrificios necesarios sin dejarnos llevar por el miedo a lo desconocido, apostando por lo mejor y no por lo más cómodo.

Todos debemos participar en el debate y, una vez tomada la decisión, apoyarla sin fisuras. Hay mucho en juego.