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Relatos de ciencia ficción contemporáneos
La máquina del trabajo

En un país imaginario, desde luego, había una vez un sabio electrónico de los de la antigua escuela. Por su carácter retraído e investigador se había recluido en su laboratorio donde estudiaba las interacciones del ser humano con los sensores eléctricos y los campos electromagnéticos, que en aquellos tiempos estaban muy de moda.

Este sabio vivía al cuidado de una vieja aya que le profesaba un gran cariño ya que casi lo había visto nacer, crecer, esforzarse estudiando y trabajar en su laboratorio. Naturalmente el aya sabía de la valía de su sabio y le trataba con verdadero amor en sus cuidados, ya que el sabio era muy distraído y miraba poco por él. Como comprenderéis el aya era extremadamente humana y sabia de la vida mas que su “niño”, sobre todo por vieja, aunque por supuesto no sabia nada de los experimentos del sabio.
Un día que nuestro sabio había trabajado mucho, incluso sudando al trasladar algunos voluminosos aparatos de laboratorio, apoyó por casualidad su mano sobre una plancha especial de experimentación electromagnética con sensores de interacción y observó que el aparato de medida no daba la medida de otras veces cuando la movía por la mañana antes de empezar a trabajar.
No pasó el fenómeno desapercibido para el sabio y tras profundos experimentos y desarrollos, construyó una máquina, una maquina realmente excepcional, una maquina que media el trabajo realizado en su forma absoluta, por lo que cualquier persona, al terminar una tarea, podía poner la mano sobre el sensor de la maquina y esta daba de inmediato el trabajo absoluto realizado.
El resto para perfeccionar la maquina fue muy fácil, la combinó con los sueldos que figuraban en los Convenios Colectivos, con la Seguridad Social e incluso con Hacienda, vía Internet se podían hacer maravillas en tiempo real.
El resultado fue una soberbia Maquina Electrónica, infalible, neutral, que valoraba en Monedines (la moneda del país imaginario) , el trabajo que había realizado quien ponía la mano sobre el sensor. Al mismo tiempo, le descontaba la Seguridad Social y la retención de Hacienda que eran transferidas vía internet a las contabilidades del Estado, recibiendo el trabajador su autentica paga justa. 
Como es de esperar, el sabio entendió que había desarrollado un invento espectacular que transformaría el mundo, por lo que ofreció la maquina a una empresa que el conocía, que por cierto fabricaba televisores y que nunca fue muy bien en productividad.
La empresa de sus amigos, mas por quedar bien que otra cosa, instalaron la maquina como un divertimento pero ... que pasó?, al principio los trabajadores seguían igual hasta que un mes los de la línea de embalaje superaron en 500 Monedines a los Ingenieros al haber estado trabajando duro para embalar el nuevo pedido de televisores motivado por el famoso concurso “Operación Chungo”. Naturalmente los Ingenieros, que casi ninguno es tonto, cayeron en el valor de la maquina y al siguiente mes ganaron 1003,27 Monedines mas, al haber trabajado con tesón en una nueva pantalla de gran definición que demandaban los televidentes para ver mejor el exitoso programa “Gran Bosquimano”.
Como ya supondrá el lector, la fábrica comenzó un periodo de una gran actividad muy boyante en la que todos ganaban, la Empresa en sus beneficios, los trabajadores que sabían cobraban lo justo, ya que la maquina además era inmanipulable y además no había conflictos sociales que no era poco. Como es natural otras empresas afines se enteraron de lo que pasaba y rápidamente instalaron la maquina con iguales resultados.
La información fue pasando así de empresa en empresa e incluso a algún Centro Oficial, que no sin alguna oposición, comprobaron de inmediato la bondad de la maquina.
Naturalmente el Gobierno de la Nación no fue ajeno al fenómeno y ante lo que evidentemente era un gran progreso social y laboral, tras el correspondiente debate en el Congreso de los Diputados, decreto la obligatoriedad de la maquina en todos los centros de trabajo del país.
Como era de esperar, comenzó en este país imaginario un periodo de desarrollo y bienestar jamás alcanzado. Los trabajadores estaban todos contentos pues veían que realizando su trabajo tenían un pago que estaba de acuerdo con el mismo, los funcionarios igual, ya que si algún día vagaban un poco y ellos lo sabían, la maquina lo detectaba, por lo que aumentaron inconscientemente su productividad conociéndose un periodo increíble de eficiencia de la Administración.
También los políticos lo notaron ya que en el Parlamento y demás Foros, la maquina daba su justo sueldo. Comenzaron todos a asistir a los debates, incluso Elipe Hernández que no iba nunca y los Sres. Ministros no faltaban a una, incluso también Julián José Cucas que nadie sabía que hacía.
El país comenzó a adelantar como ningún otro y parecían todos felices. No habían conflictos sociales, no habían envidias, las obras publicas avanzaban sin parar y así todo, por supuesto nuestro sabio era inmensamente feliz. 
Pero, siempre hay un pero, las cosas iban tan bien que un día al salir el secretario del Parlamento, puso la mano en la Maquina y tras el proceso de rigor, le dio un sueldo de 723,48 Monedines. Era natural, aquel mes no había tenido prácticamente trabajo ya que todo funcionaba a la perfección, por lo que no dijo nada y pensó que el mes siguiente lo compensaría ya que tenía que escribir el discurso del Presidente para el día del Parlamento.
Todo siguió bien pero claro, el mes siguiente el Presidente del Parlamento cobró un sueldo de 538,13 Monedines al no haber hecho prácticamente nada, ya que todo se lo pasaron terminado.
Tampoco dijo nada por temor a que la oposición pidiese su baja.
Las cosas habrían seguido igual a no ser porque el Jefe de la Oposición sólo cobró aquel mes 204,03 Monedines, ya que no había, ni tenía porqué, opositado nada en ese mes, igual le paso al Diputante Sr. Verde, al que nunca le gustó la maquina ya que decía que los campos electromagnéticos le hacían caer el pelo, que sólo cobró 123,08 Monedines al haber estado varías semanas sin ir al Congreso por haberse ido a observar y arrullar al Petirrojo Cuernicorto.
Pero el desideratum llegó cuando nada menos que al Presidente del Gobierno la maquina le dio ese mes 7,55 Monedines. Era natural, realmente aquel mes no había tenido nada que hacer, correspondiendo los 7,55 Monedines al esfuerzo por firmar en la parte inferior una carta de felicitación que le habían escrito para el día de San Froilán.
Aquello no podía ser, de inmediato hubo reuniones secretas, fuera del Parlamento claro, se conspiró a términos increíbles y al final ...... lo que tenía que suceder, la Maquina fue declarada no sólo subversiva sino también Inconstitucional.
El país decayó de nuevo en su ritmo anterior a la maquina, de nuevo hubo conflictos sociales, paro, baja productividad, expedientes eternos, en fin, lo normal en cualquier país que se tilde de moderno.
¿ Y que pasó con nuestro querido sabio?, pues lo normal, cuando le informaron de lo que había pasado no daba crédito a lo que oía, no comprendía como el país era tan ciego si su maquina era perfecta y sobre todo justa.
Triste y abatido lo encontró su aya e inmediatamente intentó consolarlo preguntándole que le pasaba.
El sabio le contó entonces la historia y su tristeza por no comprender como podía haber sucedido lo que era tan maravilloso... entonces su aya acariciándole con cariño su pelo revuelto le dijo:
Hay niño mío, niño mío, si me hubieses consultado antes esto no te hubiese pasado. 
¿Por qué ¿ le pregunto el sabio a su aya ...
... Porque va a ser hijo mío, no sabes que al hombre lo que no le gusta es trabajar..