Algunas consideraciones sobre el creciente protagonismo social de la telefonía móvil en sus dos facetas tanto positiva como negativa junto con otras reflexiones al respecto.
A lo largo de la historia la tecnología ha ido modelando y cambiando los hábitos de comportamiento de sociedades e individuos. Poco a poco, y de manera progresiva en los últimos tiempos, cualquier cambio tecnológico es absorbido de forma lenta pero contundente por la sociedad; formas de comportamiento y reglas de urbanidad son adaptadas para acomodar la llegada de las innovaciones; los individuos se ven rodeados de una serie de ventajas tecnológicas que generalmente suponen un aporte de bienestar en su estilo de vida y la sociedad en conjunto valida de forma consuetudinaria los nuevos hábitos de conducta.
Dentro de dicha tecnología las telecomunicaciones van teniendo, cada vez con mayor protagonismo, un papel de preponderancia en el liderazgo de las innovaciones. Bien sea por motivos profesionales como de ocio los hábitos van cambiando y las actividades diarias de los individuos están cada vez más impregnadas de aspectos relacionados con la telecomunicación: desde poner la radio nada más levantarse hasta enviar un correo electrónico a alguien que se encuentre al otro lado del mundo.
La tecnología de las comunicaciones móviles, junto con el desarrollo de internet, ha venido a marcar un punto de inflexión en la influencia de las telecomunicaciones en la sociedad. Considerada por muchos como una auténtica revolución tecnológica, la cuasi-ubicuidad de los servicios ha llevado a hábitos de conducta y comportamiento hasta ahora desconocidos por la sociedad. Desde observar un puñado de adolescentes ensimismados sentados en un banco enviando mensajes cortos de xtrñ lnguag q n s cmprnd1, hasta ver anuncios en las salas de cine recomendando apagar el teléfono móvil antes de que empiece la película. Una vez que la sociedad empieza a hacer suya la tecnología también comienzan a aparecer deformaciones de uso y disfrute que llegan a considerarse patológicas: como por ejemplo el uso excesivo o el uso indebido en lugares “inapropiados”.

Figura 2.- Porcentaje de ingresos por operaciones de los distintos servicios de telecomunicaciones en España, datos hasta junio de 2001 (Fuente CMT)
Recientemente hemos asistido a un debate que ha trascendido los, en teoría, cauces normales de discusión para saltar a los medios de comunicación de masas como son la radio, los periódicos o incluso primeras noticias en los informativos de máxima audiencia en televisión, a los que hasta hace poco nuestro colectivo no estaba acostumbrado. Debates por otra parte totalmente justificados cuando de lo que se trata es de la salud y el bienestar de las personas frente a intereses mercantiles. No es intención de este articulo dar conclusiones de valor en uno u otro sentido, para ello se han creado varios foros de expertos en distintos organismos y asociaciones que han estudiado con profundidad y rigor todos los aspectos en cuestión como por ejemplo el Informe sobre emisiones electromagnéticas de los sistemas de telefonía móvil y acceso fijo inalámbrico del COIT2 o el Informe técnico sobre campos electromagnéticos y salud pública del Ministerio de Sanidad y Consumo3, así como otros estudios que se están llevando a cabo a escala europea e internacional4. La sociedad, la comunidad científico-tecnológica y los distintos organismos reguladores llegarán a buen seguro a soluciones normativas o tecnológicas que permitan el desarrollo y disfrute de todos los agentes involucrados, o al menos de una gran mayoría objetiva y formalmente legitimizada, de las ventajas de la telefonía móvil.
En los referidos debates y en otros muchos foros e informes se ha venido utilizando un término profusamente usado por los sociólogos cuando se trata de avances tecnológicos y más en particular de la telefonía móvil, esto es: el de impacto, entendido como “el efecto producido en la opinión pública por un acontecimiento, una disposición de la autoridad, una noticia, una catástrofe, etc.”5, o también como impacto ambiental, entendido como el “conjunto de posibles efectos negativos sobre el medio ambiente de una modificación del entorno natural, como consecuencia de obras u otras actividades”. Nos encontramos en un estado en el que es más adecuado hablar de impregnación en el sentido de “influir profundamente”6, es decir, la influencia mutua que dos entidades o elementos se ejercen por el mero hecho de que para ambos las ventajas de la simbiosis son en conjunto mayores que las posibles desventajas que a ambas partes les suponga la impregnación por la otra. La intención de este articulo es la de dar una serie de pinceladas sobre el estado de esa impregnación, de esos tiras y aflojas necesarios, y de esas desventajas o errores que también se han cometido y que se han comenzado recientemente a subsanar.

Figura 3.- La telefonía móvil como mass-media en Japón (Fuente: NTT DoCoMo en
IEEE)
Para la mayoría de la sociedad española los primeros contactos con la telefonía móvil (recordemos que en los primeros años no había competencia y tampoco se realizaban grandes campañas publicitarias) vinieron de la mano de la política y de las tristemente intercepciones del móvil de un político que rajaba sobre su superior (number one) durante un desplazamiento en carretera. Eran tiempos de terminales y servicios con precios todavía muy alejados del gran público. Con la llegada de la competencia los precios al público han ido bajando y los servicios se han hecho asequibles a la gran mayoría de la sociedad, hasta llegar a estos días en los que la tasa de penetración de la telefonía móvil en España alcanza valores del 74% de la población y curiosamente sobrepasa el valor de penetración de países como Japón7, reciente paradigma a seguir para el despliegue de las redes 3G. En el camino los distintos organismos reguladores han visto como el valor de mercado del espectro radioeléctrico ha subido de una forma tan espectacular que hace necesaria una revisión continua al alza para contribuir al tan ansiado déficit cero. La industria de las comunicaciones móviles ha crecido de tal forma que, según los últimos datos disponibles de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT), el valor de las operaciones de los servicios de comunicaciones móviles supone más de un 40% del total de los servicios de operaciones de telecomunicaciones, valor y crecimiento espectaculares comparados por ejemplo con las operaciones de servicios telemáticos que ligeramente sobrepasan el 1%8. Ante tamaño numero de cifras es de esperar que haya habido un aumento en lo que podríamos llamar la vigilancia y control de los organismos reguladores en lo que respecta por ejemplo al control de las instalaciones o a la provisión del servicio. Han pasado más de 10 años desde la implantación de los sistemas 1G y casi 6 desde el comienzo de las implantaciones 2G para que en septiembre de 2001 haya aparecido una normativa de control con carácter retroactivo para las instalaciones ya en funcionamiento. Si tan importante ha sido el negocio, y lo es para el futuro, claramente no ha habido consideraciones equivalentes en cuanto al cuidado del mismo; la falta de información, de control y rumores han propiciado la aparición de una tecnofobia hacia las antenas; como colectivo debemos ser los primeros interesados en clarificar adecuadamente: bien sea con medios normativos o bien con soluciones tecnológicas.
Por el propio concepto de telefonía móvil celular la prestación del servicio obliga a distribuir las estaciones base de forma similar a la iluminación que proporcionan las farolas instaladas a lo largo de las calles de las ciudades9. Estas ciudades y por tanto la sociedad necesitan ceder parte de sus cubiertas de edificios a los operadores móviles para que instalen sus estaciones base, nos encontramos aquí ante la cesión de parte de derechos y el afronte de desventajas por parte de la sociedad en post de la simbiosis de la que hablábamos anteriormente. Sin esta colaboración, sin azoteas, los operadores móviles no son tristemente nada en los grandes núcleos de población que es donde se concentra, a grandes rasgos, el 75% de la población española10. Con todo el debate social generado no es extraño encontrarse con titulares periodísticos como el siguiente: “Las operadoras no consiguen licencias para instalar antenas” y en el contenido se lee que “en lo que va de año, las empresas operadoras de telefonía y las compañías instaladoras no han obtenido prácticamente ninguna licencia nueva para colocar sus antenas en las zonas pobladas”11. O también “Las 30.000 antenas que nos miran, la falta de información y de una legislación precisa provocan una histeria social en España”12. Las cifras de negocio antes referidas y las expectativas futuras hacen que sean necesarias una reglamentación y unas buenas prácticas mercantiles que permitan a nuestro colectivo poder justificar honestamente nuestro trabajo y que nadie nos pueda tachar de hacer negocios fraudulentos evitando errores cometidos en el pasado, errores por otra parte públicamente reconocidos: “Mientras, el ministerio presionaba para que hubiera cobertura y ayuntamientos y comunidades de vecinos recibían suculentas ofertas para ceder espacio a las estaciones base (......) en ese contexto, y con la presión de dar servicio cuanto antes, las compañías tomamos muchos riesgos. Pedíamos permiso y poníamos la antena antes de tener la contestación. Ahora habrá que ver donde se podía haber hecho mejor”13.
Por otro lado vemos que la CEE considera la telefonía móvil como elemento clave para la satisfactoria implantación de la Sociedad de la Información al mismo tiempo que nos enteramos de que más de la mitad de las llamadas recibidas en los centros de urgencia 112 tienen su origen en teléfonos móviles14, y a su vez se modifica el código de la circulación haciendo que esté prohibido conducir y hablar por teléfono si no se utiliza un dispositivo de manos libres. Nos encontramos ante una de las muchas paradojas que esta impregnación necesaria genera: algo que puede matar por su uso indebido al volante y que puede salvar vidas a la vez. Podríamos preguntarnos si el salvar una vida no merecería la pena que al menos se generaran mecanismos de control por parte de las autoridades competentes para que de forma objetiva se comprobara la disponibilidad del servicio de una forma universal: ¿De la misma forma que se van a realizar controles sobre las instalaciones no se deberían realizar controles sobre la prestación del servicio? ¿La alta penetración de la telefonía móvil en la sociedad española no justifica este esfuerzo? ¿No sería en definitiva una buena forma de aportar valores positivos a la telefonía móvil? En estos días en los que se está hablando de cobertura y de justificación o no del servicio telefónico universal ¿No se ha demostrado que la telefonía móvil es necesaria universalmente en esta sociedad que se caracteriza por un elevado grado de nomadismo?
La telefonía móvil ya no es de nuestro colectivo, es algo que pertenece a la sociedad y es ésta la que nos exige dar respuestas a sus temores; la explosión de la demanda se nos ha escapado de las manos y ahora se requiere de nosotros y de todas las instituciones involucradas: organismos reguladores, operadores, suministradores y proveedores de servicio, que podamos dar una respuesta eficaz, convincente tanto tecnológica como normativamente a todas las expectativas que en uno u otro sentido han suscitado la relación amor-odio de la impregnación social de la telefonía móvil en la sociedad española. Sociedad que seguirá hablando de algo que es ya suyo y asimila: “el móvil es mucho más que una adicción, es una lapa”, dice un reportaje recientemente aparecido y titulado “Vivir sin cobertura”15. Ya desde el año 1996 las aventuras de Mortadelo y Filemón cuentan con un monográfico especial titulado “El Trastomóvil”, mucho antes de que apareciera una reglamentación al respecto16. O que el mismo semanario “El jueves” le dedicara recientemente un monográfico que como siempre es fiel reflejo humorístico de las inquietudes socio-políticas españolas, o al menos de los más jóvenes17 que ha sido uno de los colectivos sociales en los que la telefonía móvil ha calado más hondo. Y para acabar con la última pincelada de esta impregnación tenemos que hablar cómo no del fenómeno Operación Triunfo, el programa de más audiencia en los últimos diez años de la televisión española, cuya final celebrada el once de febrero de 2001 batió records y en la cual se utilizó profusamente el servicio de mensajes cortos para votar por los candidatos; curiosamente dos días después la CMT abría una consulta pública “para clarificar los servicios móviles ofrecidos mediante números cortos a través de mensajes de texto”18, cuando se cumple en estos días el décimo aniversario del envío del primer mensaje corto a través de una red GSM en el mundo: ¿es la tecnología la que impregna a la sociedad o es la sociedad la que impregna a la tecnología?
Un vistazo a mucha de la documentación que en la década de los ochenta y principios de los noventa se generó sobre el futuro papel de las modernas tecnologías de información muestra que raramente supieron prever el papel importante de las comunicaciones móviles. Estudios más recientes19 ya lo consideran pero en muchos casos se centran puramente en la perspectiva sociológica y la perspectiva numérica de las encuestas, sin entrar con profundidad en una posible predicción de los aportes tecnológicos y los beneficios de la telefonía móvil a la sociedad y a la sociedad de la información.
En general la explosión de la demanda ha pillado por sorpresa tanto a operadores como a organismos reguladores y suministradores13. La telefonía móvil ha pasado de ser un servicio prácticamente elitista a poder comprar comunicación en el kiosco de la esquina. De ser uno de los negocios con mayores expectativas de crecimiento a por primera vez en el colectivo de los ingenieros de telecomunicación en España sufrir una gran regulación de empleo. Muestras al fin y al cabo de errores y prisas que se están empezando a pagar y que es necesario superar con todo el esfuerzo y dedicación posibles, puesto que este sector y todos los agentes involucrados tienen todavía mucho que decir a favor de la sociedad. Como muestra, en la Figura 3 se representa la influencia comparada de la telefonía móvil con otros medios de comunicación de masas como son la televisión y los periódicos, según el operador japonés NTT DoCoMo20; puede que en España la convivencia de la telefonía móvil y los abonados sea en estos momentos menor pero a buen seguro que se llegarán a cifras similares, la pregunta es ¿Estamos preparados para ello?.
1 xtrñ lngag q n s cmprnd: extraño lenguaje que no se comprende.
2 http://www.iies.es/teleco/emision/ index.html
3 http://www.msc.es/salud/ ambiental/home.htm
4 http://www.iies.es/teleco/asesoria/ tecnica/tecnotas/radio_salud.htm
5 De la quinta acepción del diccionario de la RAE para “impacto”:
http://www.rae.es
6 De la tercera acepción de “impregnar” en el diccionario de la
RAE: http://www.rae.es
7 Con unos datos de una penetración para febrero de 2002 de un 74%
para España (29 millones de abonados) y del 53% para Japón (68
millones de abonados). Fuente EMC Cellular Database: http://www.emc-database.com
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8 El Mercado de las Telecomunicaciones en primer semestre del año
2001, Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones, http://www.cmt.es/cmt/
centro_info/publicaciones/index.htm9 Folleto informativo sobre estaciones base de telefonía móvil, Ministerios de Ciencia y Tecnología, Secretaría de Estado para las Telecomunicaciones y la Sociedad de la Información, http://www.setsi.mcyt.es/sgcinfor/estac_base.htm
10 Informe sobre la consulta pública sobre la competencia en el Mercado de los servicios de telefonía móvil, página 27, CMT. http://www.cmt.es/cmt/ centro_info/publicaciones/pdf/moviles.pdf
11 http://www.elmundo.es/2002/02/06/sociedad/1103287.html
12 http://www.elpais.es/articulo.html?anchor=elpepisoc&xref=20020113elpepisoc_1&type=Tes&date=
13 http://www.elpais.es/articulo.html?anchor=elpepisoc&xref=20020113elpepisoc_1&type=Tes&date
14 Folleto informativo sobre estaciones base de telefonía móvil, Ministerios de Ciencia y Tecnología, Secretaría de Estado para las Telecomunicaciones y la Sociedad de la Información, http://www.setsi.mcyt.es/sgcinfor/estac_base.htm
Antonio Toscano
antonio.toscano@motorola.como
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