El modelo del juglar: service rights
Es de resaltar que el cliente puede copiar la actuación, grabándola, en mala calidad, si lleva un casete. En el mundo, hay unas 80.000 personas que se consideran músicos full time1. La inmensa mayoría de los artistas cobran un porcentaje de los ingresos, es decir, proporcional al numero de oyentes, según una legislación asociada a la prestación de servicios. Puede tomar la forma de un porcentaje de las consumiciones.
Los artistas con “caché”, es decir, los consagrados, puede que cobren una cifra fija, menos los gastos, para las actuaciones masivas en estadios o grandes recintos. La oferta disponible en un determinado momento es pobre: en una gran ciudad, no mas de 100 opciones a escoger en una noche. Es una fórmula que se remonta a los juglares y antes. Escuchar la música es un acto social, en un entorno, la sala de conciertos, que va asociado a la música, y permite una identificación cultural.2
Hay canciones que cubren una función social similar a la de los actuales “tops”, es decir, hay música que conoce todo el mundo: hace casi un siglo, la gente acudía a la zarzuela, los locales de revista, el organillo, y las fiestas patronales, se aprende “la Violetera”, y luego la cantan por los corrales. El superventas: “Asturias patria querida”, canción sine quanon para participar en una excursión.
El modelo Gutemberg: copyrights
Un CD puede costar alrededor de 15 a 25 euros. El cliente tiene derecho a escuchar, junto con otras personas, por ese precio, entre 10 a 25 canciones grabadas en el CD, infinitas veces.
Es de resaltar que el cliente puede copiar el CD, grabándolo en muy buena calidad si el equipo de HiFi tiene casete, o recientemente al PC.
El artista cobra un porcentaje de los ingresos, no proporcional al numero de veces, ni al numero de personas (salvo uso en locales públicos), que lo escuchan, sino sólo proporcional al número de copias vendidas del CD, según la legislación asociada al copyright.
Como en el caso de las actuaciones en directo, esto tiene excepciones. Hay artistas consagrados que cobran un mínimo fijo muy alto, incluso sobre producciones no hechas: pueden contratar un numero de CDs a producir en un periodo de años, sobre una tarifa fija alta, a la que se añaden bonos.
La oferta disponible en un determinado momento es tremendamente rica: en una tienda de una gran ciudad, varios miles de títulos a escoger. Es una fórmula que se remonta a la era Gutemberg, la invención de la imprenta.
Con una pequeña perdida del valor añadido social de la escucha en la sala de conciertos, las ventajas de la fórmula (vinilo+CD)-copyright son evidentes. En efecto, en gran parte, la escucha del CD se hace de forma individual, pero como veremos, también se escucha socialmente, a una escala mucho
mayor.
El mecanismo desfragmentador
Hacer este milagro realidad es la labor de las compañías de discos. Se puede estimar que todas juntas, ponen en el mercado mas de varios miles de discos nuevos al año, repartidos en segmentos de mercado y zonas geográficas, hasta llegar, perfectamente clasificados, a las tiendas de discos. Todos los años, salen al mercado unos 31.000 albums en Estados Unidos, y unos 90.000 en todo el mundo3. En todo el mundo, se envian a la venta unos 2.500 millones de copias, a una media de 27.000 copias por titulo4. 5 grandes compañías, llamadas major, acaparan porcentajes superiores al 85% de las copias5. Además de esto, hay miles de pequeños sellos, que se reparten el resto. El mercado español es del orden de 725 millones de euros al año.
Da la impresión que el rol de las compañías de discos es de nuevo intermediador, es decir, desintemediando las antiguas salas de conciertos, como un canal de distribución nuevo de la música de autores e interpretes, pero esto no es cierto. Es un mercado en el que ni entran, ni compiten. El factor que está detrás de este negocio millonario es el papel de desfragmentador de la oferta de los artistas, que, como vemos, es un mercado muy fragmentado en todos los aspectos. Y lo hacen rascando un porcentaje pequeño de lo que ganan la poblacion general de artistas, que siguen basando su economía en las actuaciones en vivo.
En efecto, una major no empieza a considerar que un CD es un éxito hasta las 200.000 copias. Por debajo, puede que esté debajo de break even en la mayoria de los lanzamientos6. En España, solo 169 discos alcanzaron la categoría de discos de oro (> 50.000 copias), y 215 la de platino (> 100.000 copias)7. En su gran mayoría, es decir, decenas de miles de artistas, aunque publiquen, basan sus ingresos en sus actuaciones casi al 100%. Los ingresos millonarios de los Rolling Stones por venta de CDS son una anécdota en este mercado. Por tanto, el papel intermediador de las discográficas es, estadísticamente, casi nulo8.
Una simulación aproximada de un año típico de ventas, resulta en una curva con una forma de tipo exponencial. El 20% de las ventas totales mundiales puede que se alcance alrededor de los primeros 75 titulos en el ranking, y luego la curva se hace extremadamente plana.
De lo cual resultan tres conclusiones importantes para el modelo general del negocio de la música en la Internet:
1. Para tener en cuenta los intereses de las discográficas major, basta con cubrir lo que pasa con los primeros 200 títulos en ventas.
2. Para tener en cuenta los intereses del resto de los sellos de alcance mundial y de los artistas con algún ingreso significativo, basta con cubrir lo que pasa con los primeros 300 titulos9.
3. Para ser casi totalmente puristas con los derechos de los interpretes y autores, basta con vigilar lo que pasa con unos 1.000 títulos.
Por debajo de estos niveles de audiencia, casi cualquier artista va a decir como uno de los miembros de Meteosat, Ignacio Escolar, a akimusica.com: “Por favor, pirateen mis canciones!”. Es decir, que el valor promocional de su música en la Internet es mucho más importante para ellos que el posible detrimento de ventas que puedan tener.
La sala de conciertos mundial
Los componentes principales de la formula de desintermediación son todos ellos componentes en los que la acumulación de capital es importante, generando la tendencia a la concentración en unas pocas major.
Antes de enumerar estos componentes, hay que entender la nueva fórmula social de escucha de música, la “gran sala mundial de conciertos”, a la que sirve esta máquina.
Lo que tiene un valor incalculable socialmente es el fenómeno de los top. En un mundo globalizado como el actual, los top son la música que se puede compartir de forma universal, por ejemplo al conocer gente nueva en un viaje. La música conocida por millones es la que permite buscar identidades en un mundo que también viaja y se comunica por millones. Un estudiante español que viaja a Suecia a un Erasmus puede compartir enseguida a Britney Spears. Además, se organizan otros subtops, por estilos y géneros, que a su vez representan mareas y flujos sociales, un fenómeno de segmentación de la música que va en auge.
La máquina está al servicio de esta función social, necesaria, imprescindible, de hacer estrellas, y tiene una serie de componentes que se refuerzan.
1. En primer lugar está el factor de capacidad de apuesta. Las decenas de A&R de una major que pueden apostar por decenas de artistas, y financiar los carisímos estudios de grabación de todos ellos, y por tanto tienen mas probabilidad de acertar con alguno de los top 200. Acertar con los 200 es importante, no hay reparto proporcional. Si estas dentro, ganas dinero, si estas fuera, pierdes. Deben vender muchos millones de copias de muy poquitos discos, los Enrique Iglesias, y al menos un poquito de miles de títulos.
2. En segundo lugar, hay que hacer gastos promocionales caros a los temas que suben audiencia para finalmente colarlos en el basquet.
3. En tercer lugar, hay que alimentar con una logística y un stock inmenso a toda una red de distribución formada por mayoristas y minoristas. Esta red se puede comer entre un 30% y un 40% de las ventas.
4. Finalmente otro factor, que le sale gratis a las discográficas, refuerza por un factor más la tendencia. En España10, por ejemplo, el presupuesto anual de compra de CDS, por persona, es del orden de 15 a 25 euros, el precio de un CD11. Aun diluyendo el efecto en una compra familiar de 4 CDS, esto no da para asignar porcentajes muy detallados de compra según preferencias. Si te gusta algún artista un poco, y otro un poco mas, compras todo, los 15 euros, al que mas te gusta, y nada al que menos, al que, en todo caso, lo escuchas en la radio o copias un casette a un amigo.
La malla que cambia las cosas
La Internet ha empezado a remover toda esta cadena. Sin embargo, por muy turbulentos que hayan sido los primeros terremotos, el cambio no ha hecho sino comenzar.
En realidad, el famoso Napster solo sacaba partido a la posibilidad de la red de sustituir la etapa final de la cadena, la distribución, en teoría una posibilidad de reducir costes, de un 30%, pero en la practica arramblando con la función de A&R, que repetimos, es necesaria, y que no puede suplir la red, de las discográficas. Legal o no legal, para beneficio de todos, el modelo Napster no puede mantenerse.
Las discográficas se han defendido echando mano al derecho, al papel, que regula una formula de pago asociada al numero de copias, el Copyright, cuando en la red, a la larga, no hacen falta copias, basta un original en una URL. En cuanto al papel legal, es papel relativamente humedecido, ya que no hay derecho que se sostenga en pie cuando las aguas económicas encuentran cauces más beneficiosos socialmente. El río que lleva dinero da siempre recursos para cambiar legislaciones. Por ello, si el tema la maraña de contratos que regula ahora el mercado enturbia la discusión, podemos visualizar como pueden ser las cosas hipotéticamente discutiendo únicamente modelos de negocio válidos para todas las partes, con independencia de si alguna legislación actual lo entorpece.
Las ventajas diferenciales y el enriquecimiento de la música en la red
Como hemos visto, la fórmula Gutemberg aportaba beneficios muy importantes para el usuario, sobre la fórmula del juglar. Ya empezamos a saber cuales son los beneficios que puede dar la red.
1. Para empezar, ahora, tenemos unas 100 ofertas de actuaciones en vivo en una ciudad, y quizás 5.000 títulos donde escoger en una tienda, pero cada español se lleva solo uno a casa cada año. La red puede llevar, a casa, de forma inmediata, la oferta de millones de títulos.
2. La posesión de la música es un inconveniente para este objetivo. La formula de compra o inversión debe disminuir su importancia a favor de una de gasto. El método que mejor ilustra esto es pinchar y escuchar, es música en stream, con todos los matices que quepan.
3. En segundo lugar, si el pago no se vincula a una inversión en música, sino a un gasto de la música, la oferta se puede fragmentar en algún tipo de átomos comerciales más pequeños. En realidad, podemos hacer que el usuario matice hasta el infinito donde invertir su dinero.
4. Otros valores añadidos de la red pueden ser las ayudas automatizadas, a encontrar la música adecuada para el momento o el servicio adecuado, en forma de playlists, radio stations, listas de compra, favoritos, selecciones, dedicatorias de San Valentín, etc, con todas las tarifas de servicios “plus” que a alguien se le ocurra inventar, así como la oferta de información contextual, agrupando en un solo servicio la estación de radio, al vendedor asesor de la tienda de CDS, la revista de música, el catálogo musical, etc.
5. Se generan comunidades virtuales músico culturales que convierten la sala de audición mundial en un continuo de salas de audición virtuales más segmentadas. Son comunidades participativas donde hay hueco para interactividad, la participación y el juego: desde mixers on line con las bandas originales de Jennifer López, o loops de Santana, karaokes online, audiochat para coros aficionados sobre playback comercial, etc, etc.
Aunque existan previsiones de todo tipo, se empiezan a barajar cifras para ventas a través de la red, sean de CD físicos por compra online, o de servicios de stream o download, para el año 2006, del orden del 25% de la venta actual de música en CD12.
Los gastos por la red del usuario de banda ancha, se asocian a un gasto familiar de acceso. Y las cifras aproximadamente cuadran. Una familia de 4 personas tiene un gasto anual en música, del orden de 100 euros. Para música en la red, 25 euros. Por tanto, la fórmula puede ser la siguiente:
El gasto familiar al año en música en la red debe estar, en promedio, entre 15 y 25 euros, 2 euros al mes. El cliente tiene derecho a escuchar por este orden de precios, infinitas veces, una oferta de infinitos temas13.
Es tan barato, que todo el mundo esta abonado. No hay familia sin teléfono, ni TV, ni radio, ni Internet, ni abono musical.
El cliente puede copiar la música, grabándola en el disco duro o en un player de bolsillo. La oferta disponible en un determinado momento es enorme. Es una fórmula que se remonta a la invención del Mosaic, el primer navegador de HTML, que permitió el paradigma de que cada original de información pudiera servir a todos los usuarios de la red.
Con las tarifas indicadas arriba, las discográficas venden al menos lo mismo que ahora, o incluso pueden aumentar las ventas por el nuevo atractivo, y los servicios premium con mayores tarificacioens, las sociedades de autor cobran lo mismo o más.
Pero esto requiere que otros jugadores grandes han de presionar muy fuerte para ayudar a que se implanten las nuevas reglas del juego, incluso con el objetivo de que las discográficas sobrevivan. Al ritmo en que se están moviendo se corre el riesgo de que el mercado pirata genere una crisis irreversible en el sector. Quien tiene como objetivo claro de que la música online sea un producto de masas son las operadoras de red. ¿Para que comprar banda ancha, si entre otras cosas, no ofrece música?
La alianza de la industria de las telecomunicaciones y la del hard y soft, puede añadir una potencia más al proceso de desfragmentación y agregación, pero además, y esto es importante, recuperando en parte la posibilidad de ofrecer productos muy diferenciados.
Esto se puede lograr añadiendo mucha riqueza, tanto en contenidos, como en funcionalidad, como en el valor añadido social (comunidades), a la escucha de la música en la red.
– Audio, carátulas de los Cds, letras, fotos y biografias de los artistas, videoclips, videoentrevistas, foros, funcionalidades de gestión de la música (librería, playlists), etc
– Bonus packs muy flexibles, tracks de regalo, entradas a conciertos online, chat privado con el artista, mensaje dedicado, acceso a videos de ensayo, etc
– Graduación por calidad, calidad del audio, de las fotos, de los videos, etc
– Valor añadido online, asistencia de expertos musicales, etc.
Como circulará la música en la red
La tecnología cambia las cosas por si misma. La forma en que va a circular la música en la red va a cambiar también las cosas, y con ello, las reglas del mercado, los precios, los derechos, y el tipo de compañías necesarias.
El embudo del ancho de banda
El primer factor clave que implica un reposicionamiento es el ancho de banda. Si en el año 2.006, si hay 5 millones de abonados a ADSL en España, el 10% se ponen simultáneamente a escuchar música el domingo por la mañana pinchando una nueva playlist, y un 10% tienen en la playlist, simultáneamente, alguna canción que todavía no está en su disco duro, tenemos 50.000 usuarios que piden simultáneamente un download-stream de un nuevo tema a la red. Si la música es de calidad semi CD, 128 Kbps, están pidiendo, al proveedor del servicio, una capacidad de 6.400 Mbps de ancho de banda, es decir, 41 conexiones T1 a la red.
La única manera de manejar este tráfico es que el proveedor del servicio alimente la red con las renovaciones musicales, es decir, solo con la música nueva, y la red la vaya distribuyendo en stocks, almacenadores, caches o servidores de broadcast o multicast cada vez más cercanos al usuario, según la demanda. Se supone que la cabecera de Vigo tendrá un montón de muñeiras y música celta, y el cache de Sevilla, un montón de cante jondo.
El propio player del usuario, sea un PC, un set top box, un móvil de tercera generación o un Internet Music Appliance combinado con despertador en el dormitorio, deberá hacer una gestión dinámica de aquello que retiene en la memoria local, porque tiene más demanda, y lo que pide al escalón superior.
Para el usuario, la distinción entre stream y download debe desaparecer, es demasiado difícil de manejar. El usuario pide que suene una música y ya está. En todo caso, debe manejar parámetros muy globales, como cuanto quiere destinar del disco duro a almacenar música, y cuanta para pasarla al Walkman. El posicionamiento natural de las operadoras es ofrecer, como un alquiler, estos servicios de red a cualquier proveedor de servicio, con una tarifa igual y abierta a cualquiera, entre otras razones, para satisfacer al Tribunal de la Competencia.
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Quién agrega a quién
El segundo factor es la agregación en un servicio musical multifuncional. De hecho, lo que el usuario demandaría es una especie de equipo de HiFi en red, una especie de browser musical, que fuera a la vez, player, browser, portal de música, y enciclopedia musical. Algo muy parecido al Windows Media Player o al Real One. Solo que ni el WMP9 ni el RealOne se asocian al pago de una tarifa. Se quedan, y ya es bastante, en ofrecer un sistema de DRM (Digital Rights Management), para uso de terceros. Ni Microsoft, ni Real Networks, han estado en condiciones de agregar los contenidos de todo el mundo para ofrecer un player en el que, pagando 2 euros al mes, haces con toda la música, todo lo que quieres.
El factor que exige más esfuerzo es la red, que tiene un carácter geográfico: cada operadora geográfica usa sus propias tecnologías e infraestructuras. Podemos ver las fortalezas de cada candidato a jugar el rol de agregador. (cuadro 1)
El escenario más probable para un país es el de dos o tres agregadores de contenidos musicales, que tienen contratadas las redes de ese país, optimizadas para el mercado musical de ese país (entre 3.000 y 5.000 nuevos temas al mes para los mercados más exigentes), para un servicio asociado a un portal_musical_equipo_hifi, y que corre en todas las plataformas. Hacen de buffer entre los modelos de tarifas para usuario y las mil variantes de licencias de los mil caprichos de las mil discográficas.
El Modelo Darwin: stocking rights
Ya hemos visto como la digitalización de la compra en unidades de 15 euros contribuía a la maquina social de generación de tops.
Sin embargo, la atomización de la compra aplana la curva. Ahora bien, como el mercado muestra una segmentación creciente, este efecto puede que sea justo el deseado, si alguien mantiene los otros factores no lineales.
En efecto, con esta formula, si se repercute hacia atrás, de forma lineal, el pago proporcional de la música, y no se le añade algo más, las discográficas se duermen. Cualquier cosa que pongan en la red, vende y da ingresos. Se ha muerto el estimulo para generar tops. A la larga, un escenario de música gris, de baja calidad, desconocida, imposible de compartir, sin valor social. No hay “selección natural”.
El modelo de distribución de la música en la red parece indicar que el acto de mayor relevancia comercial es el de renovar la música del stock del nivel más bajo.
Sin embargo, en costes, es más caro el ancho de banda para bajar una música desde el nivel superior, sea para lanzarla en stream al nivel siguiente, sea para almacenarla, que la amortización de la memoria que consume cuando está en ese nivel. Un tema musical que suene mas de una vez a lo largo de cinco meses en un nivel, ya es rentable tenerlo almacenado en ese nivel.
Es decir, hay tráfico, caro en costes, de lo menos exitoso o nuevo, y hay almacenamiento, y ahorro en costes, de lo exitoso.
¿Cuantos son esos temas sobre una población de 5.000 a 10.000 abonados a un cache cabecera final? Nadie lo sabe, pero según algunas estimaciones basadas en el uso de la musica en portales, el orden de magnitud del numero de titulos que se asentarían en nivel final del disco duro de alguna de los terminales del usuario sería del mismo orden que los que las discograficas colocan entre las grandes ventas de mas de 10.000 copias, entre 200 y 500.
De alguna manera es similar a la red de distribución actual. Lo caro es la amortización del inventario de música que solo se vende de vez en cuando, porque los éxitos pasan visto y no visto. Aquí la música que solo se vende de vez en cuando genera costes de stream, no de amortización de inventario, pero el efecto es igual. Lo importante es que lo que genera costes es la música que se consume poco.
En definitiva, se trata de reintroducir una función tipo escalón, discriminatoria, de rectificación, que, por un lado refleje la nueva estructura de costes, y por otro, mantenga el reto a las discográficas, de forma similar al mercado actual. Una tabla nos puede ayudar a encontrar las similitudes entre procesos de las cadenas comerciales en ambos casos. (cuadro 2)
Los nuevos derechos se pueden perfilar alrededor de unas reglas internas de pago desde el agregador, o la cadena de agregadores, hacia atrás, no lineales, parecidas a estas, y que intentan conservar las virtudes del mercado actual. Las reglas básicas serían que el uso de toda la música debe ser transparente para el usuario, que no sabe si le viene por stream o desde el disco duro. Expresado de forma radical, el modelo de negocio se funda en que las discográficas solo ganan dinero por lo que logren meter en el básquet final del disco duro del usuario14. El resto debe ser contemplado básicamente como costes promocionales y de distribución, en todo caso compartidos o rebajados por ingresos complementarios del agregador del portal o del servicio musical.
Sobre esta idea principal, se deben trabajar todos los matices necesarios para hacerse cargo de los intereses de los pequeños sellos y de los artistas.
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Modelo Gutemberg |
Modelo Darwin |
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Temas que dan
beneficios: |
Temas que dan
beneficios: Los temas |
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Los CD top ventas |
que consiguen
instalarse en el terminal final |
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Temas que generan coste: Coste de
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Temas que generan coste: Tráfico
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temas |
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publicidad en los
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Apuesta comercial: Gastos |
Apuesta comercial: Gastos
promocionales |
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promocionales (principalmente TV) |
(en la Internet) |
Cómo implementarlo
De momento, la realidad es que a pesar los desarrollos en software y la codificación de la música, a pesar de la amplia oferta, la proliferación de los portales musicales, las cadenas de radio en la red, etc, el proceso de usar la música en la red es mucho más penoso de lo que debería ser. Los dos factores retardadores son por un lado, la lentitud de las líneas (por lo que no cabe esperar una explosión del mercado hasta un desarrollo de la población always connected), y por otro, y aún más importante, por la fragmentación, casi infinita, de la oferta. Las funcionalidades del usuario deseables serían:
– Buscar y clasificar:
– Buscar música individualizada (temas concretos), con toda la funcionalidad que le pueda dar el agregador: a traves del portal musical, a traves de las comunidades, de las noticias, por medio de un buscador avanzado, etc. El portal musical debe ser dual, dentro y fuera del player.
– Buscar radios, (playlists comerciales o profesionales), algunas de las cuales serán de pago y otras libres, pero no modificables (el copyright es sobre la banda musical)
– Buscar playlists, propias, u otras P2P no comerciales, con capacidad para modificarlas, añadir, borrar, cambiar
– Escuchar la banda musical, escogiendo calidad de audio, manejando el audio (ecualizar, volumen, etc), o escogiendo extras (videoclip, retransmisión actuación, fotos, etc)
– Hacer copias a otros medios (CDs, walkman, etc), que básicamente consiste en conseguir la licencia para hacerlo
Y eso es todo.
Dependiendo de si es un servicio de abono o un servicio de pay per view o variable, el sistema comprobará, o bien un permiso (un abono), o pondrá en marcha un contador, de forma que se pueda generar la factura. Lo mismo vale decir para las herramientas administrativas que hay que instalar para efectuar los pagos a los proveedores de licencias, según la modalidad.
Hay una capa alta de los usuarios que tiene una mayor capacidad de compra. El modelo genérico del ecommerce de la música debería ser un modelo unificado que sirviera para atender de forma homogénea todas estas demandas diferenciadas, aptas par un buen sobreprecio, y a la vez sirviera para atender, con una barrera de entrada muy baja, la demanda, mucho más indiferenciada, del conjunto de los usuarios.
Este modelo unificado deberia ser tan fácil de entender cómo precios de uso de funcionalidades del player o acceso a menús, y no tanto como precios de uso a catálogos distintos de música, que es la que debe venir homogéneamente agregada.
La función que hace realidad que por 2 euros al mes, el cliente tiene derecho a escuchar, infinitas veces, una oferta de infinitos temas, es el playlist. Es una fórmula de abono que sisgnifica una barrera de entrada mínima, pero que se puede graduar hacia servicios más caros. Puede haber cuotas de abono que dan acceso a librerias más amplias para el conocedor: el aficionado a clásica, el que quiere lo último que se ha pubicado en Londres, etc, de forma que se pague el trabajo de adquisición, catalogación y digitalización de esas bibliotecas más especiales. En esta función, ficheros y ancho de banda corren a cargo del agregador. Como hemos visto, el ancho de banda sirve para atender el ruido de fondo de los temas menos escuchados y el progreso hacia el download de los temas que suben en el éxito.
La adquisicion de licencias para hacer copias, parece que se presta a un cobro por uso. Esto es técnicamente posible, como una función separada del download, por el diseño actual del DRM, que separa la encriptación de las licencias que se otorgan al fichero. Un ficheros encriptado lo único solo hará lo que le permitan las licencias. Para los abonados a las playlists, se envian ficheros encriptados, con licencia para sonar, pero no para ser copiados al exterior. Si, una vez en el disco duro, ha de ser copiado, por ejemplo a un CD mediante una grabadora, basta otorgar esa licencia a ese fichero. Es además totalmente coherente con el mercado actual: el usuario obtiene un CD como el de la tienda. Los precios se pueden fijar del mismo orden.
Conclusiones
– Los conceptos de download o stream son irrelevantes para el modelo de negocio, y chocan con el uso adecuado de la tecnología. Deben usarse los conceptos (funciones) de banda sonora cerrada con valor añadido, playlist y licencia para copias.
– Asimismo, introduce el criterio de pago a partir de un umbral de uso, como método para preservar la competitividad de las discográficas.
Todas las opiniones son opiniones particulares y no reflejan las de ninguna institución con las que el autor pueda tener relación.
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