Vinos para pasar una guerra
Realmente cualquier vino es bueno para pasar una guerra. O, por lo menos, cualquier vino es mejor que el palo seco. Cualquier vino conforta y, llegados al extremo, cualquier vino puede ayudar al olvido de matanzas y desastres.
Alrededor de cualquier vino se hace más fácil la fraternidad y el acuerdo, y aunque es verdad que también hay borrachos con mal vino, no son éstos sino sobrios y serenos quienes fríamente dibujan sus cruces sobre los mapas de campaña.
Líbrenos Baco del ascetismo vengativo de quienes no prueban gota para que no tiemble su pulso de guerreros. Bush resolvió su “problema del alcohol” y ya es un caudillo fiable para sus huestes de piadosos bebedores de refrescos. Abstemios hasta la muerte, como antes Hitler o Franco, sus amigos de ayer hoy enemigos, los mujaidines, jamás tuvieron tal “problema” y guardan toda su energía para el combate sin tregua ni clemencia.
Realmente el peor vino siempre valdrá más que la mejor guerra. Y cuanto más gusto dé, más nos hará guardar la vida para su disfrute, en lugar de entregarla ciegamente a una orden de mando ajena.
No creo que la guerra sea nunca un choque de civilizaciones, partiendo de que civilización no hay más que una, la que el conjunto de nuestra especie ha conseguido alcanzar en cada tiempo frente a la barbarie, movida por el deseo de vivir más y de sacarle más gusto a la vida. Es verdad que esto mismo se persigue a través de todo un mundo de formas culturales diversas, pero en cualquier guerra éstas sólo son abusadas como máscaras para ocultar otros miedos e intereses. ¿O es que alguien cree que el té puede convertir a sus bebedores en enemigos mortales de quienes apreciamos el vino, cuando además nada impide tener a la vez las dos aficiones? Leyendo al cristiano Bocaccio nos sentimos más cerca del musulmán Jayyam, buenos catadores ambos, que del fervor implacable de cruzados o de inquisidores.
Ojalá (quiera al-lah) que, para cuando este BIT esté en vuestras manos haya pasado ya el furor de esta guerra que ahora nos llena los telediarios y las conciencias. Esta guerra que hoy no me deja escribir de vinos más que como alivio para el horror. Pero aunque así fuera y pase, hay otras más olvidadas, y ninguna resuelve sin más los conflictos que alimentan aún más guerras, en una cadena inacabable mientras la estupidez y la crueldad sigan sueltas y con armas. Y éstas nunca han faltado.
Menos mal que aún nos queda vino. Bueno, malo o regular, en España hay excedentes. Y además va mejorando. A trancas y barrancas la civilización avanza. Seguiremos en ello. Salud. |