En lo que a estas aplicaciones prácticas se refiere, la ESA ha interpretado
su misión de manera particularmente flexible a lo largo de los años. Así, desde el
desarrollo de una capacidad europea, tanto industrial como operacional entre finales de
los 70 y la primera mitad de los 80, el énfasis se fue trasladando al
desarrollo y experimentación de nuevos servicios en cooperación con los operadores que
se constituyeron a caballo entre los 80 y los 90.
Actualmente, la ESA y la Unión Europea están decididas a reforzar su compromiso con el
espacio a través de una Estrategia definida conjuntamente y cuyos principios fueron
ratificados el 16 de noviembre de 200 por los Ministros europeos. Orientada a satisfacer
las necesidades de los ciudadanos europeos y a impulsar la participación del espacio en
la construcción europea, la ejecución de esta Estrategia en un momento en el que ambas
instituciones se esfuerzan en acercarse aún más a los ciudadanos, contribuirá a poner
definitivamente el espacio al alcance de toda la sociedad.
El objeto de este artículo es ilustrar la capacidad de adaptación de la ESA desde su
creación y su disposición para cooperar con todos los agentes del sector, desde la
industria a los operadores, los usuarios y las instituciones. Aún siendo esta perspectiva
histórica el hilo conductor de la exposición, este recorrido servirá también para
recordar la participación de España en los programas de telecomunicaciones y navegación
por satélite de la ESA.
Los pioneros: OTS, ECS y MARECS
En la misma líneas que otras potencias espaciales, en sus inicios la ESA centró su
actividad de telecomunicaciones en dotar a Europa de suficiente autonomía tecnológica e
industrial para diseñar y fabricar satélites capaces de soportar los servicios,
esencialmente públicos, que se propusieron en aquellos primeros años: desde los enlaces
para comunicaciones telefónicas y la distribución de programas de televisión a los
servicios especializados para usuarios móviles.
Si bien las primeras investigaciones en este área databan de finales de los ´60, los
desarrollos tecnológicos asociados al satélite OTS (Orbital Test Satellite), lanzado con
éxito en 1978 abrieron el camino a la implantación de sistemas operacionales en Europa.
Basado en un diseño flexible, integrado por un módulo de servicio (también llamado
plataforma) y un módulo de carga útil (o de pago) capaz de adaptarse a diferentes
misiones, OTS inspiró más de 30 satélites sólo en Europa, además de calificar
tecnologías que se han generalizado posteriormente como la estabilización en tres ejes y
la banda Ku.
Los satélites sucesores desarrollados por la ESA, cuatro ECS (European Communications
Satellite) lanzados entre 1983 y 1988, y dos MARECS (ECS para comunicaciones móviles,
inicialmente en entorno marítimo), lanzados entre 1981 y 1984, consolidaron la posición
industrial europea y contribuyeron a la creación de EUTELSAT e INMARSAT, las dos
organizaciones encargadas de su mantenimiento y operación. Asimismo, ECS y MARECS
demostraron nuevos servicios de negocios y de difusión de televisión y radio basados en
tecnologías digitales, paneles solares más potentes y otras innovaciones.
España participó de manera modesta en ECS (0,53 %), al concentrarse por entonces la
mayor parte de la contribución española a la ESA en los programas científicos. Sin
embargo, nuestro país apostó decididamente por los servicios móviles, aeronáuticos en
particular, a través del programa PROSAT asociado a MARECS (40,15 %) liderando el
desarrollo de terminales de usuario para datos y voz (PRODAT y MSBN), software de control
y operando las instalaciones que la ESA decidió ubicar en la estación de satélites de
Villafranca del Castillo.
Nuevas tecnologías y servicios: OLYMPUS y ARTEMIS
La creación de los operadores de satélites regionales y globales, junto a la
proliferación de sistemas domésticos al amparo de la Unión Internacional de
Telecomunicaciones (la Conferencia Mundial de Radiocomunicaciones de 1977, en particular,
que reguló el usó de la órbita geoestacionaria para servicios de radiodifusión por
satélite) condujeron a una primera renovación del papel de la ESA en el ecuador de los
´80.
En consecuencia, OLYMPUS se diseñó como un satélite multimisión de demostración
tecnológica, para ensayar equipos y componentes necesarios en futuros satélites de
telecomunicación, desde antenas orientables a repetidores en banda Ka (20/30 GHz),
multiplexores conmutables y amplificadores de alta potencia basados en tubos de onda
progresiva (TWTA). Este carácter tecnológico explica que su vida útil no fuera ajena a
sobresaltos, cumpliendo no obstante la mayor parte de sus objetivos antes del final de su
vida útil en 1993.
Tras su lanzamiento en 1989 y como es habitual en satélites experimentales, la ESA puso
la capacidad de OLYMPUS a disposición de las organizaciones, operadores y usuarios
interesados. De este modo, sus cuatro cargas útiles permitieron un gran número de
demostraciones piloto: televisión directa en 11/14 GHz con antenas de recepción de 0,3 a
1 m; servicios especializados de negocios a 12/14 GHz con estaciones VSAT de 2,5 m; nuevos
servicios en 20/30 GHz con estaciones VSAT de 0,8 a 1,8 m. Asimismo se llevaron a cabo
intensivas campañas y estudios de propagación para la banda Ka.
Aprovechando estas oportunidades, España incrementó su contribución al 1% y
posibilitando el acceso del entonces incipiente sector espacial español a tecnologías
críticas que con el paso de los años se han traducido en productos suministrados
habitualmente para satélites comerciales. Tal es el caso, por ejemplo, de las antenas de
telecomando y telecontrol (TTC) o las estaciones de pruebas en órbita (IOT). Asimismo,
España apostó fuertemente por el desarrollo de terminales y aplicaciones basadas en
redes VSAT (DIANA y CODE) posteriormente adaptadas a INTELSAT e HISPASAT con los proyectos
MERCURE y ETSIT, impulsados respectivamente por la ONU y el COIT.
En paralelo con estas experiencias y otras actividades agrupadas desde 1992 en el programa
marco de telecomunicaciones de la ESA denominado ARTES (y en los que España ha asumido un
papel importante, OBP-SKYPLEX por ejemplo), se fueron ultimando los estudios para la
puesta en marcha de otro satélite multimisión de demostración, ARTEMIS, diseñado
particularmente para soportar servicios de retransmisión de datos entre artefactos
espaciales y tierra, tanto en frecuencias ópticas (proyecto SILEX) como en microondas
(bandas S y Ka). Tras su puesta en órbita en julio de este año, ARTEMIS apoyará
también la introducción extensiva de servicios móviles y de navegación satélite en
Europa. Por otra parte, dicho satélite incorpora innovaciones tecnológicas de gran
potencial como la propulsión iónica, susceptibles de aplicación en satélites
comerciales.
España incrementó sustancialmente su contribución a ARTEMIS con un 7,5 %, impulsando la
participación de la práctica totalidad de las empresas del sector que han demostrado y
consolidado su madurez con trabajos como la estructura de la plataforma, los reflectores
embarcados, equipos electrónicos, mecanismos y componentes de radiofrecuencia. Asimismo,
España ha asumido también un papel clave en el segmento terreno de control y pruebas en
órbita, que reutilizó gran parte de las instalaciones de OLYMPUS, e instalando una
estación óptica en las Islas Canarias (IAC) para la calificación de SILEX.
Espacio y sociedad: EGNOS-GALILEO
Como puede inducirse de la exposición precedente, la ESA ha cooperado de manera
ininterrumpida con operadores y usuarios en la concepción de sus programas. No obstante,
es quizá con el interés renovado de Europa por la navegación por satélite en la
segunda mitad de los 90 cuando asistimos a lo que podría llamarse la
democratización del espacio. Esto es así ya que, si bien los satélites de
comunicaciones constituyen hoy el mayor mercado para el sector espacial, la navegación
por satélite es un área con enorme potencial.
Aún compartiendo esta convicción, Europa no dispone de un sistema propio de satélites
capaz de aportar todos los servicios y beneficios de la navegación por satélite y las
telecomunicaciones. El impulso inicial para resolver esta paradoja ha venido de la mano de
la comunidad aeronáutica, a través de la Organización de Aviación Civil Internacional
(OACI) que aprobó en 1991 un plan para el desarrollo de los sistemas futuros de
navegación aérea, figurando entre ellos, el Sistema Global de Navegación por Satélite
(GNSS). El sistema se apoyaba, en una primera etapa, en los satélites de posicionamiento
GPS estadounidense y GLONASS ruso, complementados con las instalaciones terrenas
necesarias para satisfacer las exigencias de la navegación aérea.
La importancia estratégica del sistema hizo que la Comisión Europea, la Agencia Europea
para la Seguridad de la Navegación Aérea (Eurocontrol) y la Agencia Espacial Europea
(ESA) decidieran coordinar sus actuaciones. En 1994, la ESA propuso a sus Estados miembros
el desarrollo de una contribución europea, proyecto que se denominó EGNOS. Los
beneficios derivados de EGNOS son numerosos: aparte de las muchas e importantes mejoras
que proporcionará al tráfico aéreo será de gran utilidad para otros medios de
transporte (marítimo, terrestre -tanto por carretera como por ferrocarril, etc.-) además
de tener multitud de aplicaciones de valor añadido.
Para coordinar e incrementar la participación española en EGNOS, el CDTI como
delegación oficial ante la ESA, ofreció a AENA la posibilidad de participar en la
iniciativa europea. Con la firma de un acuerdo de colaboración en enero de 1998 se
alcanzó un hito fundamental al consolidar una participación del 11 %, lo que coloca a
España en el quinto lugar y que permitió negociar un importante paquete de instalaciones
incluido uno de los cuatro centros de control o MCC, los cerebros del sistema -, en
cuyo desarrollo e integración intervendrán diversas empresas españolas con
responsabilidades de alto nivel.
La complementariedad de los intereses de AENA y el CDTI ha facilitado la coordinación. En
el caso del CDTI, su interés en el proyecto EGNOS deriva de que la iniciativa permitirá
movilizar inversiones tecnológicas en España y contrataciones con empresas españolas
con las que se reforzará la posición de la industria espacial. Por su parte, el de AENA
reside principalmente en que permitirá disponer de unas infraestructuras que le
asegurarán un papel activo en la introducción progresiva de GNSS a escala mundial.
Europa se dispone a abordar el desarrollo completo de un sistema GNSS de segunda
generación con satélites propios que le dotarán de autonomía técnica y operativa y
que se ha denominado GALILEO. Del mismo modo que en EGNOS, la ESA está dispuesta a jugar
su papel como agencia especializada de Europa para el desarrollo y aprovisionamiento de la
constelación de satélites GALILEO y su segmento terreno de control asociado. España,
que está muy bien posicionada en EGNOS, participa muy activamente en GALILEO.
Corolario
Cuando se prepara la próxima Conferencia Ministerial de la ESA, prevista para noviembre
de 2001, todo indica que las aplicaciones espaciales ocuparán un lugar importante en el
futuro de la ESA. En particular, se ultima ya un Plan que incluirá actividades para
móviles, navegación y multimedia por satélite, además de las tecnologías necesarias
para reforzar la posición de la industria europea en las grandes plataformas
geoestacionarias. Asimismo, la ESA se dispone a promover aún más la cooperación con
todos los agentes del sector y muy particularmente con los operadores de sistemas de
satélites, al objeto de incrementar no sólo las garantías de éxito técnico, sino
también las perspectivas de implantación de sus desarrollos. |