
Normalmente, el término innovación va asociado a mejora
tecnológica: más potencia, más rapidez, más servicios, más posibilidades de acceso
y casi siempre, a menos coste. La innovación es bastante más que una mejora
tecnológica; cuando su objeto es un cambio conceptual, su alcance suele ser más
profundo. En un país y un entorno sociocultural poco dado a ser generador de innovación
aunque sí, afortunadamente al menos, consumidor de ella, resulta realmente difícil
describir la naturaleza de las innovaciones sino no es en un entorno comercial enfocado
más a su consumo que a su posible asimilación. Hay que ser más comercial,
hay que intentar explicarlo sin tantos términos técnicos. Estas y otras
frases, además de su parte de razón, suelen denotar la propia falta de cultura
innovadora: una cosa es no saber nada a nivel técnico y otra es la falta de
un lenguaje común que describa los conceptos innovadores independientemente de su soporte
técnico.
En este sentido, el propósito de este artículo es doble: por una parte, intentar separar
las innovaciones conceptuales de las técnicas y, por otra, intentar describir un ejemplo
de cada una de ellas en el entorno que nos ocupa, esto es, las comunicaciones vía
satélite, con la ventaja, en este caso, de tener unos lectores cultos en la
materia como es nuestro colectivo.
Cuando una empresa se plantea innovar, la primera aproximación va encaminada
a la mejora tecnológica sobre conceptos existentes que afecte a una o más variables del
producto o servicio final: incrementar las prestaciones al mismo coste, bajar el coste con
las mismas prestaciones, incrementar la utilidad y el coste en la misma o mejor
proporción, etc. En nuestro sector, este camino requiere, entre otras cosas, inversiones
realmente cuantiosas por encima de todo, siendo la componente creadora menos
relevante salvo casos muy excepcionales. En definitiva, se trata de mejorar la
materialización física de un concepto ya consolidado, centrando la innovación en
materias exclusivamente tecnológicas. Por ejemplo, diseñar y fabricar un modem ADSL, un
sistema de radio para servicios ya existentes con las mejoras que se quiera, un nuevo tipo
de antena, una aplicación para comercio electrónico, un sistema multimedia para redes de
cable, etc, etc. La posición competitiva de las empresas españolas que, admirablemente y
con un mérito excepcional, compiten en los distintos campos, depende en gran medida, de
sus posibilidad de inversión y su propia capacidad para intuir los productos y servicios
más valorados en el futuro. Los resultados, cuando son positivos, tienen un problema
añadido a la hora de materializarlos completamente: todavía se requiere más capital
para su producción a escala, además de la necesaria credibilidad de la empresa en cuanto
a tamaño, red comercial, cobertura, etc.
Existe otra vía de innovación, difícil de concebir en nuestro entorno y, por tanto,
más difícil de llevar a cabo si ni siquiera se tiene conciencia de ella, que se centra
en la innovación conceptual: se trata de pensar en otros sistemas, en otra forma de
proporcionar los productos y servicios, que se materializará en ciertas tecnologías que
no solo mejoran sino que pueden llegar a romper con las anteriores. Las innovaciones
conceptuales son los auténticos motores de las revoluciones tecnológicas, las que
permiten el desarrollo de un entorno industrial centrado en la mejora permanente de gamas
completas de productos y servicios nacidos como consecuencia de las nuevas ideas y
conceptos.
Para que se produzcan este tipo de innovaciones hacen falta un entorno favorable en muchos
aspectos: entorno regulatorio motivador para los pioneros, mentalidad de liderazgo a todos
los niveles, disponibilidades de capital (quizás menos pero más arriesgado),
infraestructuras,
El satélite puede ser un elemento que ayude a eliminar las barreras decimonónicas para
la innovación, además de ser, en sí mismo, un objetivo de la propia innovación. Veamos
por qué.
Entorno de partida: la eclosión de las redes IP
La eclosión de las redes IP ha sido debida fundamentalmente a su carácter de red
multiservicio (una única red para todos los servicios), la propia normalización (TCP/IP
como protocolo universal, servicios universales Web, correo electrónico, transferencia de
ficheros, etc) y un curioso fenómeno de desregulación tecnológica
(imposibilidad de regular los servicios finales basados en redes IP), han llevado al
abaramiento de los servicios, la universalización del acceso y las economías de escala
en terminales, alimentando iterativamente el ciclo.
El fenómeno IP lleva consigo cambios conceptuales importantes (Piénsese por ejemplo en
el servicio de telefonía). Algunos de ellos se relacionan a continuación:
Las arquitecturas de red son totalmente contrarias a
las convencionales: por ejemplo, tradicionalmente los servicios de red de transporte (WAN)
eran circuitos físicos (un E1 por ejemplo). Ahora los circuitos son virtuales con
interfaces Ethernet. Los circuitos tradicionales se proporcionan mediante conversores de
interfaz para poder enchufar los sistemas antiguos (centralitas, por ejemplo).
Las propias centrales telefónicas están siendo relegadas a una función de
interconexión o a funciones a nivel local, pasando la conmutación a nivel de los
Command Centers de VoIP (Voz sobre IP) que ofrecen, además de la propia
conmutación, servicios de red inteligente, soporte a tarjetas prepago, etc, etc. El
impacto de lo anterior (conmutación de paquetes IP en lugar de circuitos) en la industria
ha quedado patente en la reorganización de los principales agentes a la que estamos
asistiendo en los últimos cuatro años.
Se tiende a que todos los dispositivos dispongan de una
conexión IP: el ordenador (todos la tienen ya), el teléfono (teléfono
IP), una cámara, una pantalla, un altavoz,
conectados a la misma red en lugar
de una red física para cada uno de ellos.
El valor económico de los servicios se corresponde con la
disponibilidad y ancho de banda en lugar de por tiempo y
distancia. Este concepto puede ser auténticamente revolucionario: vale el bit
por segundo, no importa hacia dónde (distancia) y durante qué tiempo. Y aún más, vale
el bit por segundo garantizado durante cierto instante de tiempo (tiempo real, o la
llamada garantía de calidad de servicio QoS).
Al no asociar una red y unas infraestructuras a un servicio sino
a un conjunto de servicios, resulta muy difícil determinar el coste real de cada uno de
ellos y, por tanto, del posible precio de venta asociado.Como consecuencia de lo anterior,
aunque el valor de un determinado conjunto de servicios (paquete) no sea cero, sí pueden
serlo cada uno por separado en función del tipo de paquete que construya cada
operador: Telefonía+Internet, regalando el Internet, o TV+Telefonía+Internet regalando o
con tarifa plana la telefonía local, etc).
Todo lo anterior, más conceptual que puramente tecnológico proporciona un enorme campo a
la innovación, centrada en dos aspectos principales: las problemáticas técnicas
asociadas a las redes IP que son, principalmente, la garantía de calidad de servicio y el
soporte multicast, y la posible combinación de tecnologías para crear servicios nuevos.
Para que lo anterior pueda ser posible, hay dos necesidades básicas: infraestructuras e
inversión.
A continuación se desarrollan los puntos clave anteriores, tanto tecnológicos como no
tecnológicos.
Necesidad de calidad de servicio
Debido a que el principio de la revolución fue originado por la comunicación
de datos propiamente dicha (entre ordenadores) y éstos no requieren un ancho de banda
efectivo en tiempo real sino en media o estadístico (multiplexación
estadística), la propia naturaleza de TCP/IP (versión actual en uso) y las mayor parte
de las tecnologías desplegadas, a pesar de poder gestionar enormes anchos de banda, no
pueden garantizar ni siquiera 1 bit por segundo en un instante dado (aunque se disponga de
1 Gbps, por ejemplo) y, encima, garantizarlo para un determinado servicio extremo a
extremo. Las sucesivas mejoras tecnológicas en todos los ámbitos (mejoras no
conceptuales) van proporcionando soporte a la VoIP en redes de amplia cobertura y algunos
servicios en tiempo real, pero queda lejos la transmisión garantizada de vídeo (extremo
a extremo) y otros servicios de banda ancha.

Soporte multicast
IP soporta dos tipos fundamentales de sesión o conexión:
Servicios UNICAST (sesión TCP): la conexión se establece entre dos puntos (conexión
punto a punto) A y B. Por cada paquete de información que A envía a B, éste debe
responder con un reconocimiento (ACK) de su validez, obviando de esta manera todo el
viaje del paquete a través de la red. El proceso es el mismo cuando B envía
un paquete de información a A. Las características del servicio, consecuencia de lo
anterior, son:
La información aceptada por los sistemas extremos no tiene
errores. Se pedirán retransmisiones si éstos se producen pero los sistemas
(aplicaciones) no los ven. Algunos lectores que hayan utilizado las
antiguas BBS y sistemas parecidos recordarán que cuando había ruido en la
línea, la pantalla se llenaba de caracteres raros (errores de transmisión). En cambio,
si se conecta a una Web, podría ser lenta pero no hay errores.
La comunicación punto a multipunto (n) se realiza mediante
varias comunicaciones secuenciales (con el mismo ancho de banda y con n veces más tiempo)
o en paralelo punto a punto (con n veces el ancho de banda para el mismo tiempo).
Piénsese un momento qué significa esto para usuarios del cable, por ejemplo, con
aplicaciones que utilicen sesiones Unicast.
Servicios MULTICAST (sesión UDP): en este caso no hay una conexión lógica extremo a
extremo sino que una fuente A envía paquetes de información a un grupo concreto de
destinos (N) sin esperar ningún tipo de confirmación sobre la validez de los datos
recibidos en cada caso. No hay que confundir este tipo de sesión IP con las transmisiones
BROADCAST: en este caso la información se transmite a toda la red sin
identificar la fuente ni el grupo destino. Las sesiones Multicast permiten realizar un
broadcast selectivo, identificando para cada fuente de información el grupo
de destinos que puede recibir dicha información. Por tanto:
No hay garantía de transmisión libre de errores. Aunque las
mejoras tecnológicas afinan cada vez más con correcciones basadas
principalmente en redundancias en la información transmitida, nadie puede garantizar que
cada destino tiene la información correcta dado que nadie contesta con ningún tipo de
confirmación. (¿Utilizaría un banco aplicaciones basadas en UDP para consolidar cuentas
aunque se le garantizará una probabilidad de error de 10e-10?. Desde luego sería una
gran temeridad.)
La comunicación es punto a multipunto, con las consiguientes
ventajas para los servicios de esta naturaleza.
Disponibilidad de banda ancha GARANTIZADA
La innovación requiere, al menos, infraestructuras para su desarrollo. Los países con
menos infraestructuras de telecomunicaciones tienen menos probabilidades de innovar dado
que se requieren para:
En primer lugar, para poder intuir las propias innovaciones, cosa
difícil si no se tiene algo físico que mejorar.
Son el laboratorio real de ensayos tecnológicos, viabilidad
comercial, adaptación a los requerimientos del usuario, etc. Realmente proporcionan una
ventaja competitiva de gran valor para cualquier posicionamiento innovador en equipos,
aplicaciones y servicios.
Representan un escaparate comercial para todo tipo de operadores,
donde pueden evaluar las posibilidades reales de nuevos productos y servicios.
En este apartado, nuestro país se caracteriza por acumular todo tipo de trabas al
despliegue de infraestructuras, incluso a nivel experimental, salvo muy raras excepciones:
barreras regulatorias, poca disponibilidad de capital, pocos acuerdos industriales entre
los agentes para infraestructuras comunes, falta de agilidad para el uso de
infraestructuras institucionales de centros de investigación (aunque cada vez menos en
este caso), etc. Los dos primeros aspectos, las barreras regulatorias y la poca
disponibilidad de capital, son los más relevantes y significativos: por una parte, no
existe la prioridad del pionero como en Estados Unidos en cuanto a licencias
especiales sobre recursos escasos o cierto tipo de infraestructuras. Los excepcionales
casos donde ha habido algo (por ejemplo, en algunas licencias experimentales concedidas
durante 1998 y 1999) han sido debidos más a la voluntad personal de algunos responsables
de la Administración que a acciones sistemáticas sostenidas por una regulación
específica. La falta de aplicaciones y servicios propios en sectores como el cable, LMDS
e incluso satélite es debido, fundamentalmente, a la indisponibilidad de dichas
infraestructuras a nivel experimental ANTES de la concesión de las licencias definitivas
y la escasa dedicación de infraestructuras desplegadas para este propósito. Por otra
parte, muy pocos inversores en nuestro país ven la utilidad de invertir en
dichas infraestructuras si no son para comercializar inmediatamente servicios. No ven, en
definitiva, la potencialidad de la innovación sino los resultados a corto plazo de la
implantación de servicios existentes. Eso sí, se espera un retorno parecido
al obtenido en una inversión destinada a infraestructuras soporte a innovaciones
exitosas.
El Satélite
El satélite representa un importante soporte para la innovación y, como consecuencia
directa, para el despliegue de nuevos productos y servicios, ya que puede permitir el
ensayo de mejoras conceptuales y tecnológicas muy relevantes, sin los inconvenientes
señalados.
Se analiza, en primer lugar, la disponibilidad de banda ancha, para terminar con los
factores tecnológicos (calidad de servicio y soporte multicast) que configuran una nueva
concepción de productos y servicios de banda ancha realmente innovadores.
Disponibilidad de banda ancha.
El satélite proporciona capacidad (en Mhz) transformable directamente en Mbps totalmente
garantizada (no hay nadie extremo a extremo) y bajo demanda, sin limite de
distancia en su zona de cobertura. Esta posibilidad lo convierte en un soporte ideal para
el desarrollo de soluciones innovadoras permitiendo el ensayo a todos los niveles:
tecnológico, comercial, operación, mantenimiento, etc, con un nivel de inversiones muy
razonable, en comparación a otros soportes. Por otra parte, no tiene barreras
regulatorias como otros sistemas vía radio.
La normalización del encapsulado de paquetes IP sobre el estándar de transporte MPEG-DVB
permite la utilización de plataformas con amplia base (TV Digital) para la transmisión
de datos IP, con el beneficio del abaratamiento de los terminales debido a la
popularización del servicio de TV Digital. Es decir, utilizando el sistema de transporte
de un servicio muy extendido para establecer una red IP multiservicio con un amplio
alcance.
Calidad de Servicio y soporte Multicast.
La calidad de servicio extremo a extremo puede ser evaluada en toda su extensión para
cada uno se los servicios al no existir ningún elemento extremo a extremo. Esta
disponibilidad es fundamental de cara al estudio de la viabilidad comercial de dichos
servicios. Por otra parte, por la misma razón anterior, el soporte Multicast está
garantizado si las cabeceras de servicio y los terminales están diseñados para ello,
aspecto muy recomendable en este y en otros casos.
Una nueva concepción de las
arquitecturas.
Resulta bastante obvio que si el tráfico observado en una autopista en un sentido es
permanentemente cuatro o más veces mayor que en el otro, no se diseñe la autopista
simétrica, es decir, con el mismo número de carriles en los dos sentidos. El
acceso ADSL es una autopista asimétrica y el satélite también. Si eso se entiende, no
debe resultar tan difícil entender que, además, los carriles (sentidos) no tienen por
qué pasar por el mismo soporte físico, es decir, uno puede ser proporcionado por el
satélite (sentido hacia el usuario) y el otro (desde el usuario)
por accesos convencionales. En resumidas cuentas, se combinan dos redes IP
físicamente distintas para proporcionan un camino de ida y vuelta utilizando para cada
uno de ellos lo mejor en cada caso. Si el satélite proporciona banda ancha,
con amplia cobertura y bajo demanda parece razonable que se utilice para
soportar el tráfico hacia el usuario mientras que el bucle de abonado
convencional de banda estrecha, con cobertura también universal, se utilice para el otro.
Lógicamente, esta arquitectura sólo será válida para los servicios cuyo tráfico se
asemeje a la naturaleza física de la red utilizada, esto es, servicios de acceso de sedes
o usuarios remotos a redes IP centralizadas, acceso a Internet y todo tipo de servicios
multimedia de banda ancha: teleenseñanza, telemedicina, distribución masiva de
información, telepublicidad, etc.
Dada la limitación de capacidad disponible, será necesario evaluar muy bien en qué se
emplea dicha banda ancha finita: su valor es su disponibilidad mientras que su peligro es
que por el exceso de oferta en todo tipo de servicios a todos los usuarios se
mate su calidad de servicio.

Una nueva concepción de las aplicaciones.
Siguiendo con el intento de ruptura del piñón fijo de la innovación
exclusivamente tecnológica, pensemos en aplicaciones con soporte mixto unicast y
multicast. Dado que uno garantiza la entrega de la información punto a punto y el otro su
distribución multipunto, ¿sería posible realizar aplicaciones para el soporte de
servicios con todas las ventajas sin los inconvenientes?. Si se piensa solo en la
naturaleza del protocolo TCP/IP la respuesta es NO. Si se trasciende un poco más, sin
llegar a romper el protocolo a nivel de red, pero sí a nivel de arquitectura, la
respuesta es SI.
Es posible realizar sistemas con soporte unicast-multicast
totalmente dinámicos, que permiten soportes multimedia de calidad (por ejemplo, imágenes
con calidad TV para teleenseñanza, telepublicidad, transmisión de eventos) sin perder
las características unicast de sesiones interactivas basadas en páginas Web.
Es posible realizar sistemas de envío masivo de información con
técnicas multicast garantizando la recepción SIN ERRORES como si fuera una sesión
unicast (Obsérvese que no es una mejora reduciendo la probabilidad de error
mediante técnicas de corrección, sino que es un cambio a CERO errores
garantizados).
Lo anterior requiere soporte multicast, aspecto que no todas las redes ofrecen (la propia
red Internet no lo soporta).
Como conclusión, las nuevas concepciones de productos y servicios están originando un
salto cualitativo en el propio desarrollo tecnológico asociado a ellos. El despliegue de
nuevas redes IP tiene (o debería de tener en cuenta) estos conceptos dado que los
servicios de nueva generación son realmente impensables en redes convencionales. El
satélite proporciona un entorno ideal para su desarrollo y, en ciertos casos, para su
propio despliegue comercial.
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