Y en papel, con una cara
marrón y quijotesca que servía para las pipas, los pirulís y el cine...
Ay, qué saudades del tiempo ido y qué dudas de futuro tiempo en una España donde toda
va bien menos muchas cosas.
Aquí, en Galicia, Fin de Europa -nación del euro- donde las Américas se anuncian con
brutalidad marina, continúan los naufragios, las muertes de hombres que ya nacieron
para navegar, como decía una viuda de marino.
Todos los que vivimos y trabajamos mirando al mar sabemos de la fascinación de su furia,
compañera de los vientos, que llega a aniquilar la voluntad de huir de ella. El mar es
una prueba de caracteres, obliga a mostrar el temple de cuantos lo desafían y elige a los
que sobreviven para contar angustias pasadas.
Pero tampoco nos vamos a dejar arrastrar por la épica de la navegación. Tenemos que ser
racionales, fríos, ingenieros: ¿Cuándo se vio naufragar un barco de guerra sin daños
bélicos? Casi nunca, en tiempos modernos; mientras los mercantes se rompen por la mitad y
los pesqueros son engullidos por las olas todos los días.
Nuestros compañeros -ingenieros de telecomunicación- con uniforme azul han decidido
ocuparse de transferir su conocimiento de sistemas de seguridad para buques y tripulantes
desde la Armada al entorno civil.
Ellos saben mucho, y en su saber incluyen precios no asumibles por los armadores de barcos
que hoy capean temporales o que, desde hace tiempo, pueblan el inmenso cementerio de la
humanidad viajera.
Aquí, en esta región europea que suponen la mayor potencia pesquera de la Unión,
vivimos el reto profesional de ayudar a introducir dispositivos electrónicos inteligentes
conectados a sistemas de telecomunicación en plataformas de alto riesgo laboral,
móviles sobre un medio hostil.
Y todo ello por un precio adecuado al costo de dichas plataformas.
Los que nos imagináis siempre difuminados por la bruma comprenderéis que la situación
requiere urgencias porque Galicia sólo tiene sitio en los medios de comunicación de
allende Pedrafita cuando aparecen -o no aparecen- cadáveres flotando.
Y creemos que el asunto afecta a todos porque España es un país marítimo, a pesar de
que su capital sea Madrid, donde mar se asocia con vacaciones, pescado y
marisco...
Bien: los temporales no pudieron con la primavera, que se esfuerza por mostrarse en
bosques algodonosos, de un verde tierno, pálido, sin clorofila.
Así nos sorprendió la muerte de Claude Shannon, autor de nuestro tecnológico evangelio;
y discutimos quién fue más importante para el pasado siglo de los inventos, si Einstein
o él. Luis Castedo me dio la noticia con la aflicción de quien enseña teoría de la
señal, y prometió un obituario para BIT.
Miguel Merino organizó una vez más el MITE (Mercado de la Informática y las
Telecomunicaciones) en los espacios feriales de la Semana Verde de Galicia, donde público
curioso se juntó a oyentes especiales para las jornadas técnicas.
Allí pudimos conocer a otro compañero, Jesús Villasante, que desde Bruselas se dedica a
promover la sociedad de la información.
Quedamos amigos, después de oír su verbo fácil y ferviente, de convencido
defensor de la e-Europe, cacofónica y gratuitamente inglesa. Por tanto iremos allá, a
verlo en la ciudad descolorida de los mejillones insulsos y la cerveza rubia; y con él
trataremos de cómo uniformizar el continente en materia telemática.
También oímos en el MITE a Robert Cohen, vicepresidente de la Information Technology
Association of America, quien nos explicó los porqués de que los negocios yanquis se
muevan por la interred como en ningún otro mundo dentro del Mundo.
Dio un conjunto de claves que apunté según las oía y que reproduzco sin traducir, ya
que todos parecemos entender bien el inglés (por lo mucho que adornamos el castellano y
otros romances con perlas de la lengua de Shakespeare).
Cohen justificó las bases de la voluntad de hacer negocio con Internet por la
generalizada willingness to fail a cerca de quien se mete a los negocios y
porque, cuando se falla, se acepta bankrupt as a badge of honor.
Consideró que allá en los EEUU hay ya una critical mass de usuarios de la
red de redes que produce en los negocios un bounce effect amplificador.
De manera que muchas empresas entienden lo que se hace en modo web no como un market
disrupter sino como un complementary facilitator.
Sólo mostró su preocupación por el delicate balance entre el free
flow of information y los private interests que supone comunicarse por
datagramas globalmente.
Y terminó advirtiendo que el gran reto de la nueva manera de comerciar es -y más va a
ser- regular sobre él la taxation.
En resumen: pudimos aprender en el ferial de Silleda, y ya estamos pensando en visitar
Oporto, capital europea de la cultura, que en su ferial ofrece un magno encuentro sobre
tecnologías de nuestro ramo. Será en tiempo de jazmín florido y vino verde, cuando el
Norte portugués, esmeraldino, se hace más apetitoso...
Y, por la Asociación, ya sabréis: renovada la directiva -que repite-, continúa el
torrente de ideas, que Gil Bernárdez intenta encauzar.
Fluyen, presionan y obligan a seguir tocando en el tuétano de nuestra desgracia
periférica:
Siendo ubicuas las técnicas con que trabajamos, ¿por qué todo el trabajo está en
Madrid? ¿Por qué, en tiempo de teleenseñanza y teletrabajo, España no se homogeneiza?
Quizá en el Juicio Final tendremos la respuesta.
|