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El futuro de la economía en Red: condiciones necesarias para su desarrollo

Ponemos aquí un punto y aparte, que no final, en nuestro análisis de la Economía en Red ocupándonos de las bases de su desarrollo.
Hasta pronto

No escampa. No era una tormenta pasajera. La capitalización bursátil de alguno de los buques-insignia de los nuevos tiempos a duras penas llega a la décima parte del valor de hace un año. Ahora parece claro que en su singladura están encontrando un oleaje mucho más fuerte del que anunciaban la mayoría de las previsiones. Y sin embargo pensamos que la dirección del viento no ha cambiado. Sólo que, aviso para navegantes, en algunos casos no hubiera estado de más pensar en comprar las velas antes de salir de puerto.
Muchos se hacen de cruces. Son gentes de secano reconvertidas en armadores pero también hay viejos lobos de mar. Llama la atención. Porque cualquier marino debería aceptar que cantos de sirena, tempestades y naufragios son parte ineludible del oficio y tanto más probables cuanto más lejanos y desconocidos sean los océanos que se surcan. Sobre todo, no olvidemos que la Economía en Red también avanza por otros mares más tranquilos. Admitiendo todo esto, ¿cuáles son las claves para enderezar el rumbo perdido?

El progreso tecnológico
No hay demasiadas dudas de que se podrá seguir contando con la evolución continuamente acelerada de las TIC. La microelectrónica seguirá “obedeciendo” a la ley de Moore, multiplicando capacidades y reduciendo tamaño, durante al menos una decena de años, a la espera de novedades “de concepto”. La capacidad de transmisión radioeléctrica o por hilos crecerá igualmente de forma regular, apoyada en nuevos métodos de tratamiento de la señal.
La encarnizada pugna que mantienen diferentes tecnologías por prevalecer en el mercado asegura no ya que no se baje la guardia sino que se intensifique, si cabe, el esfuerzo investigador.
Tales avances redundarán en aparatos cada vez más potentes y baratos por los que llegarán aplicaciones con enormes posibilidades pero, a la vez, atractivas y sencillas, al alcance del usuario menos avezado.

Los modelos de negocio
Una segunda condición es la aparición de modelos económicos estables para las empresas del sector. Con las peculiaridades que se quiera, es inevitable que se cumplan los cuatro requisitos siguientes: 
– beneficios en régimen de crucero en un horizonte temporal cercano: casi todo se puede virtualizar, casi todo... menos el beneficio
– respeto a los patrones de consumo: el comportamiento de los compradores puede variarse si se hace un esfuerzo de “reeducación” pero la difusión significativa del cambio requiere paciencia y perseverancia
– remuneraciones aceptables para todas las partes involucradas: asalariados, subcontratados, accionistas, propiedad intelectual...
– modos de funcionamiento socialmente aceptables
En el trienio 1998-2000 se han consentido muchos comportamientos aberrantes desde estos puntos de vista. Comportamientos que podían explicarse por la agresividad frecuente en las estrategias iniciales pero también por el entusiasmo contagiado por los creyentes en la nueva economía. Pero no podían durar. Se está comprobando que regularización o fracaso son las únicas opciones a medio plazo para estas empresas.
Determinados modelos de negocio han mostrado toda su fragilidad estructural. Muy en especial la financiación indirecta obtenida con la publicidad o con la venta de datos del usuario o cliente. No es fácil resolver el problema clásico de lograr la cobertura de costes elevados y esencialmente fijos con ingresos variables en entornos de riesgo. Dificultad que puede volverse insuperable si se yerra en la perspectiva del mercado o en el vaticinio sobre la actitud de los consumidores, lo que se antoja muy probable cuando se habla de mercados nuevos e inexplorados. No es el único modelo en entredicho: los abonos que permiten el consumo ilimitado no son una solución universalmente válida y su aplicación debe ser adaptada cuidadosamente a cada situación. 
Este estudio acerca de la viabilidad del modelo elegido (en los buenos tiempos retrasado hasta que la evidencia futura dictara sentencia) ahora se presenta con toda su crudeza desde el inicio, como en cualquier otra actividad económica. Ahora bien, superado el examen, los proyectos sólidos no deberían tener dificultades de financiación.

Las políticas públicas
Los poderes públicos también tienen su parcela de responsabilidad y de decisión en el progreso de la Economía en Red. Remitiéndonos al examen más exhaustivo ya realizado del papel del Estado, reiteramos que el margen de maniobra de los gobiernos no es pequeño. Y ello admitiendo que, desde luego, las acciones tomadas por cada gobierno no podrán ir más allá de su ámbito territorial mientras que la solución a ciertos problemas, como hemos mostrado en ocasiones anteriores, pasa necesariamente por compromisos globales o por acuerdos internacionales.
En primer lugar, deben vigilar las condiciones del mercado y regular equilibrando competencia y objetivos públicos.
La política fiscal es también importante, como lo demuestran los ejemplos que citamos a continuación de las pautas de actuación. Los gobiernos tendrían que:
– facilitar el crecimiento de este nuevo sector creador de empleo y de riqueza: considérese la imposición sobre el comercio electrónico o la legislación de los beneficios basados en acciones
– evitar ceder a la tentación de matar la “gallina de los huevos de oro”: véanse las consecuencias de la venta-concurso-subasta de espectro y licencias
– gestionar las contradicciones creadas por el desarrollo del sector: así, proteger a autores y editores llevaría a gravar los soportes de reproducción vírgenes mientras que desarrollar los usos recomienda no hacerlo
Un punto concreto de la nueva regulación es el de la seguridad: la firma electrónica y los medios de pago telemáticos necesitan un desarrollo técnico y el acuerdo de los actores pero también una conveniente cobertura legal.
Finalmente, otro aspecto decisivo de las políticas públicas es el de la promoción de usos, la “incitación” a acercarse al nuevo mundo. Planes de educación, deducciones fiscales en la compra de equipos, equipamiento en lugares comunes como colegios o bibliotecas son armas para esta batalla.

La aceptación social
La promoción de usos a que nos acabamos de referir es necesaria porque todo cambio de hábitos ha de vencer inercias y dudas. Para atraer al ciudadano remiso o desconfiado la primera premisa es que su acceso a los servicios cumpla unas mínimas condiciones de calidad. Luego habrá que ganar su confianza. Ello supone garantizar las transacciones y los intercambios de información pero también alejar las reticencias que despiertan los numerosos efectos “perversos”: citemos la protección de menores o la protección de datos personales 
Aun así la aceptación plena de las TIC (y por tanto de actividades como el comercio electrónico dirigido a particulares) no será un hecho. Son requisitos necesarios pero no suficientes. Hay que dar tiempo a los ciudadanos para que descubran las ventajas, se familiaricen y, más tarde, se aficionen. La Economía en Red es sólo una parte de un enorme cambio global que llamamos Sociedad de la Información. Y como tantas veces hemos repetido el que gane terreno velozmente significa que llegará antes, no que ya esté aquí.

La lucha contra las desigualdades
La bautizada “fractura digital” es mucho más que un problema de equidad o de solidaridad. Debemos decidir qué sociedad queremos para un futuro cuyos problemas todos, en mayor o menor medida pero sin excepción, padeceremos. Y es ahora cuando debe comenzarse la tarea. El transcurso del tiempo no hará más que ahondar las desigualdades que causa una difusión de las TIC que dista mucho de ser homogénea social y espacialmente.
Basta mirar al mapa. El despliegue de las redes transeuropeas de alto caudal refuerza las estructuras y dinámicas geográficas existentes. Siempre comienzan ligando las metrópolis europeas que forman lo que en Francia se conoce con el curioso nombre de la “banana azul”: Londres, París, Bruselas, Amsterdam, Francfort. En una segunda fase, Suiza y el Norte de Italia. Después, poco a poco, se trazan enlaces con otras regiones periféricas. El precio de las conexiones es por consiguiente muy diferente si nos mantenemos o no en el corazón de la Europa económica. No parece necesario explicar lo que eso supone en la Economía en Red.
A diferente escala, la situación se reproduce fielmente cuando descendemos al nivel nacional, de éste al regional, e incluso al local: los rascacielos de las zonas de negocio rebosantes de fibra esconden a veces la miseria de unos barrios colindantes en los que el teléfono aún es considerado un objeto casi de lujo. 
La división es también social. Las diferencias en el uso de la internet son abismales entre medios urbanos y rurales pero también, suena a perogrullada, entre ricos y pobres, entre mayorías y minorías étnicas.
Por eso nada sorprendente nos descubre el Journal du Net francés que señala que 9 de cada 10 nuevas empresas de la red del país están instaladas en la región parisiense y que sólo una ínfima minoría de sus dirigentes es autodidacta. Ni tampoco el informe de la National Telecommunications Information Administration estadounidense, que demuestra que la disparidad de los recursos financieros de los hogares explica lo esencial de la diferencias de acceso y que las capas de población de más edad son las más refractarias a las nuevas tecnologías.
La combinación de factores sociales y geográficos da en ocasiones resultados insólitos. Así, en ciertas zonas de California y en el momento álgido de la ola, el sobrecalentamiento económico provocado por salarios astronómicos y fortunas reales y virtuales del Nasdaq disparó los precios de tal modo que la situación de los menos ricos ha sido casi preocupante y en todo caso mucho peor que la media del país. 
¿Puede esto cambiar? Son razonados los temores de que el mercado no lleve a todos, a un precio razonable, un acceso de calidad. La competencia entre diferentes tecnologías no está mejorando la situación porque está claro que los operadores sólo se interesan por las zonas comercialmente prometedoras. Y la esperanza que representaban soluciones globales, como las constelaciones de satélites, se ha desvanecido.
La mirada se vuelve entonces a los poderes públicos. Los mecanismos de servicio universal aseguran el servicio telefónico básico que, de hecho, los operadores históricos habían extendido en su momento a la casi totalidad del territorio. Es evidente que no será suficiente en el futuro, que casi ya no es suficiente en el presente. Pero en el nuevo marco reglamentario cuya adopción propone la Comisión Europea, la cuestión no recibe respuesta.
La extensión del servicio universal a un acceso de banda ancha puede ser efectivamente muy costosa. Bueno, la pregunta es simple: ¿cuánto estamos dispuestos a pagar por ese futuro que nos hemos prometido? Que cada uno dé su respuesta.

Bit - Nº 126

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José Luis Gómez Barroso

La Economía en Red es sólo una parte de un enorme cambio global que llamamos Sociedad de la Información. Y el que gane terreno velozmente significa que llegará antes, no que ya esté aquí
 

 

 

Los mecanismos de servicio universal aseguran el servicio telefónico básico