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Gran parte del desembarco de empresas españolas en Latinoamérica es debido a la facilidad que da el idioma.
Para debatir sobre el cuidado del español en su aspecto de soporte de las nuevas tecnologías, Bit ha contado con Juan José Alzugaray, ex presidente del Instituto de la Ingeniería de España (IIE) y presidente del Comité de Limpieza del Idioma del IIE; Andrés Elhazaz, director del Centro Virtual Cervantes; Belén Moreno de los Ríos (Fundación Antonio Nebrija); Xavier Alcalá, ingeniero y escritor habitual en nuestras páginas de Bit, y Manuel Mercader, también colaborador de Bit e ingeniero de Telecomunicación. Cesar Rico actuó como moderador, aunque quiso dejar muy abierto el debate para que la conversación fluyera libremente.
Desde cada ámbito hay diversidad de esfuerzos que pueden hacerse para proteger al idioma de ataques internos y externos. Por un lado, hay que procurar usar palabras técnicas correctas y traducir siempre que se pueda. Por otro, no todos los que escribimos conocemos la sintaxis suficientemente. Y hay un hecho cierto, que no enseñamos bien a leer ni a hablar a los jóvenes
Belén Moreno de los Ríos. Recientemente, desde la Universidad Nebrija hemos aportado, junto con la Fundación Airtel, nuestro Diccionario de Internet. Se recogen términos de uso cotidiano entre los habituales de la Red y se proponen traducciones cuando las hay. En la Universidad de Nebrija desde hace cuatro años asumimos el riesgo de recoger una serie de trabajos de investigación y darles cuerpo en forma de diccionarios. Primero fue un glosario de telefonía y comunicaciones móviles, inglés-español, español-inglés. Después pasamos a definir los términos, con un primer diccionario, luego vino un manual de estilo para profesionales y, por último, este Diccionario de Internet, que deja las generalidades de lado. Por tanto, es breve y ofrece unas 1.500 entradas que recogen las equivalencias de palabras desde el castellano, se define y se da la equivalencia en inglés. Pero este es un ámbito tan dinámico, que mientras lo hacíamos, cada quince días aparecía algo nuevo que introducir. Todo ello supeditado a críticas, rectificaciones y sugerencias.
Andrés Elhazaz. El Centro Virtual Cervantes tiene funciones de colaboración con la Real Academia de la Lengua, que es quien fija el español y lo contrasta. Nosotros somos como su brazo armado en todo el mundo. El Centro Virtual vive en Internet, aunque físicamente esté en Alcalá de Henares. Nuestras visitas son exclusivamente las virtuales y creamos espacios virtuales de arte, y literatura. En lo que se refiere a facilitar el uso de la terminología técnica nueva, colaboramos desde unos foros abiertos a todos, supervisados por un moderador. Los hay sobre el español, la didáctica de la lengua, el hispanismo y, sobre todo, un foro TIC sobre tecnologías de la información y las telecomunicaciones. Lo curioso es que de todos los foros es el menos visitado, y nos extraña por que es de uso cotidiano, donde realizar consultas. Palabras como streaming , outsourcing u otras, se plantea cómo traducirlas.
Juan José Alzugaray. Mi colaboración a la salvaguarda del castellano viene de lejos. Hay una labor personal e institucional y otra más personal. He tenido una gran sensibilidad hacia el idioma, soy ingeniero, soy vasco, y he trabajado siempre en empresas vascas. Hace años, estabamos fusionados con una empresa norteamericana y sufría cuando veía que muchas de las palabras inglesas que se empleaban tenían traducción perfecta en castellano. Esa sensibilidad me llevó a escribir cinco libros sobre el idioma.
Empecé con “Voces extranjeras en el lenguaje tecnológico” en el que censé más de 500 extranjerismos, palabras técnicas de informática, telecomunicación, siderurgia que se empleaban frecuentemente sin darles la traducción castellana. Alonso Zamora Vicente, secretario de la Academia de la Lengua se enteró y me animó a publicar otro, “Extranjerismos en el Deporte”, en dos años reuní otras 500 palabras; después siguió “Extranjerismos en los espectáculos” de la música moderna, clásica; luego vino “Gastronomía y Lenguaje”, con muchos galicismos. A continuación, Zamora Vicente me animó a unirlos en un único “Diccionario de Extranjerismos” y me lo prologó amablemente. Luego he escrito muchos artículos, recogidos en “Reflexiones de un ingeniero”, recién publicado.
Cuéntanos tu lado institucional para ayudar al castellano.
Juan José Alzugaray. Desde el punto de vista institucional, entre el año 88 y el 92 fui presidente del Instituto de la Ingeniería de España (IIE), y en abril del 88 la primera decisión que tomé fue crear el comité de terminología, para proteger el uso del idioma en aquellos aspectos técnicos, en que nos invaden los anglicismos, algún término japonés, galicismos. Llamé a algunos especialistas, como. Antonio Colino, académico de la lengua, que lo presidió muchos años y ahora me ha tocado a mi. Sacamos unas cien palabras al año, de diversos ámbitos. La informática tiene nuevas voces, nuevas acepciones que es necesario analizar y mantenemos una relación continua con la Real Academia, porque el peligro es grave.
Los propios ingenieros, si hacemos examen de conciencia, deberíamos denunciar el mal uso del español ante nuestros propios compañeros. De cada tres palabras, una es extranjera.
¿Cuál es a vuestro juicio lo más preocupante, en el día a día: las prisas por nombrar y vender nuevos hallazgos técnicos, la necesidad de entenderse en un mundo globalizado?
Andrés Elhazaz. Hay un problema previo y es que hay mucho “palabro” artificial, que forma parte de la estrategia de ventas de una empresa. Son palabras innecesarias, que desaparecen con la moda que crean o con la estrategia de la empresa que en seis meses no le interesa esa palabra o ese concepto y lo cambia por otro. El Data Warehouse: almacenamiento de datos, por ejemplo. Este tipo de términos, que simplemente obedecen a una estrategia comercial, no van a durar mucho. Lo que hay que hacer es ignorarlas para no perder tiempo. A la vuelta del verano pasado me encontré en las revistas especializadas el B2B, B2C y cosas parecidas. ¿Vale la pena traducirlos? Creo que es mejor esperar a ver si se consolida. Si la palabra permanece y responde a algo nuevo y real, se estudia. Como dice García Márquez en Cien Años de Soledad, “las cosas eran tan nuevas que no tenían todavía nombre”. Pasa lo mismo hoy, pero un Data Warehouse es perfectamente traducible. Otros casos, como futbol, no se tradujeron, se españolizaron. Tenemos que absorber barbarismos, pero sólo en la medida en que es necesario.
¿Falta sensibilidad en las empresas, en las administraciones, en las escuelas para proteger al lenguaje?
Belén Moreno de los Ríos. Se debería fomentar de alguna manera el cuidado de la lengua desde los medios de comunicación, incrementar una cierta vigilancia porque se hacen verdaderas barbaridades innecesariamente, muchas veces las palabras técnicas tienen una traducción perfecta en español.
Andrés Elhazaz. El aspecto de la influencia nociva de la globalización es real. Muchas veces se concibe la idea publicitaria en un ámbito anglosajón y se ordena su aplicación en todas sus delegaciones, sin que puedan estas intervenir para modificar, traducir, ni mucho menos opinar sobre ello. Es un hecho real, con una solución complicada.
Juan José Alzugaray. Hay dos campos totalmente diferentes en los que convendría actuar: uno es el de la empresa y su publicidad y otro es el de los profesionales, que podrían hacer mucho en esa labor porque los extranjerismos y los barbarismos están continuamente presentes. La telecomunicación es la ingeniería del siglo XXI y debe estar muy sensibilizada en salvaguardar la lengua.
Pero hay falta de sensibilidad en los Medios, en general. Nos estamos dejando avasallar totalmente, como con nuestra eñe, dejamos que nos escriba espanol o en el futbol, dejamos que pongan Espanyol sin ningun tipo de protesta. Y cuando vamos al mapa meteorológico de la televisión española o a los carteles de las carreteras, vemos cosas como A Coruña, Lleida, Girona y demás, haciendo una dejación total en favor de otros idiomas. Si se expresa en una televisión española para una audiencia que es de habla española, se debe emplear el nombre en ese idioma.
Xavier Alcalá. Por alusión a los toponímicos, quisiera aclarar que La Coruña es un galleguismo innecesario. En castellano, Coruña sería lo correcto. De hecho, ahí está el topónimo de Burgos: Coruña del Conde, no La Coruña del Conde. El artículo, y en minúscula, es lo propio del gallego: a Coruña. Pero yendo a lo que aquí nos reúne, más me preocupa el espíritu de la colonia de todos los españoles respecto del imperio anglosajón. Curiosamente, el inglés es un idioma muy presionado por el latín, el normando y el francés; hasta el punto de que la lengua de cultura superior en Inglaterra fue el latín durante mucho tiempo. Tanto que Shakespeare sólo estudió en latín. Y al latín recurren ingleses y americanos para sus cultismos, que nosotros copiamos. Un caso esperpéntico es el de multimedia: media (medios) es el plural de medium (medio). La incultura sobre el latín y los romances es tan grande que, sin darse cuenta, la gente hace andar nuestros idiomas naturales para atrás en la Hitoria. Y lo peor no es la modificación léxica, sino la sintáctica que se introduce con multimedia: se dice, por ejemplo, "equipamiento multimedia" (mal traducido de "multimedia equipment"). Multimedia es a la vez sustantivo y calificativo, al modo anglosajón. En este error caen los ingenieros y los periodistas. Algunos españoles de habla castellana se preocupan por la "inmersión lingüística" en Cataluña y no reparan en la inmersión paleta en inglés a que nos somete –también por ejemplo- Telefónica con Moviline, Movistar y otras palabrejas en mixtura.
Belén Moreno de los Ríos. El mea culpa no debe ser sólo para los ingenieros, son todas las profesiones las que utilizan mal el idioma: medios de comunicación, publicistas y comerciales, profesores y manuales. Se utilizan palabras ajenas, sin tener en cuenta las equivalencias en castellano. Hemos hecho encuestas orales con estudiantes de informática y no acaban de saber que muchos términos tienen traducción, como link que es enlace, por ejemplo. Parece que al decirlo en inglés tuviera más valor.
Manuel Mercader. Hay una profunda separación entre lo que son las normalizaciones y las reglas que deberían seguirse, que están escritas con un gran valor. Y sabemos que casi todos los periódicos tienen su manual de estilo, pero luego no siempre se le presta atención. Son las prisas, la urgencia por resolver un problema. La persona que lo está diciendo mal, a veces tiene la idea de ser muy moderno. A veces leemos cosas que son terribles, hay gente que no se siente motivada a cuidar el idioma, quizás la gran culpable sea la enseñanza elemental y media. Habría que llevarles a los niños la idea de que el idioma es un tesoro que hay que cuidar.
Xavier Alcalá. Apoyo plenamente lo que dices, el idioma es un código que sirve para entenderse con precisión. Me fastidia mucho el leísmo, por ejemplo, porque me lleva a pensar en dativo, no en acusativo. Hay una frase que se repite: “le han cesado”. Lo suyo es “lo han destituido” porque cesar no es transitivo. Es una demostración de que no se está usando el código de la lengua española. “He was asked” se traduce por “fue preguntado” en vez de “se le preguntó”. Acceder se deforma hasta convertirlo en accesar y se sustituye patrocinador por sponsor.
Andrés Elhazaz. Si no dominas correctamente tu propia lengua, difícilmente vas a dominar otra. Si oyes a los jóvenes expresarse, ves lo poco que les preocupa. En cuanto al Spanglish hay quien piensa que se está perjudicando al inglés porque la sintaxis se está estropeando. Hablan en inglés aderezado con palabras españolas. Y hay mucha invasión de palabras mal empleadas desde múltiples lenguas del orbe.
Manuel Mercader. En el Spanglish se perjudican los dos idiomas, tanto el español que se entremezcla, como el inglés que es maltratado por una mala traducción e invadido por términos también mal empleados. Nuestro idioma queda muy dañado, en cualquier caso. Se deberían hacer llamadas de atención con frecuencia desde todos los ámbitos
Xavier Alcalá. En Argentina escriben de una manera y hablan de otra, y luego viene el indígena –español– que piensa que todo lo que importa se produce en la lengua superior y renuncia a la suya. ¿Por qué decir chequear, o testar, sustituyendo a "revisar" o "comprobar"? ¿Y por qué chatear, cuando tenemos la charla que es tan nuestra y el chateo lleva a confusión por nuestra costumbre de ir a “tomar chatos”
Manuel Mercader. Falta quizás preocupación por defender el idioma, admitimos también ciertas imprecisiones: por ejemplo, el uso con excesiva normalidad de multimedia como adjetivo y nombre. Es cierto, admitimos con simpatía anglicismos, extranjerismos de todo corte, porque quedan elegantes, según parece.
Andrés Elhazaz. La inclusión de nuevas tecnologías exigen que se llame a una cosa nueva. Hay que ver si es imprescindible aplicar una palabra extranjera o si existe ya en castellano una traducción. Lo que hay que hacer es buscar las equivalencias, las traducciones que ya existen y estudiar sus distintas aplicaciones. Qué ganas de inventar, cuando ya está inventado...
Xavier Alcalá. Y, si aceptamos el inglés como lengua franca, estudiémosla a fondo, enseñémosla a fondo. Pero que se sepa que renunciamos a nuestra lengua y se tomen las medidas oportunas. Y si no es así, defendamos el patrimonio que tenemos. Hay otra cosa importante y es que, dicen los que entienden, que la lengua condiciona el pensamiento.
Belén Moreno de los Ríos. A mi me interesa mucho lo que dijiste antes, Andrés, que hay que esperar a ver cómo y cuándo se asienta un término, antes de analizarlo. Si se tarda demasiado, ya está acuñado y cuesta mucho más sustituirlo. Es necesario buscar el momento propicio no muy lejos de su aparición. Hay que hacer una mínima selección, ver qué es lo que hay que aceptar, porque no existe traducción y qué es lo que no hay que aceptar por que es innecesario. Cada cierto tiempo se ponen de moda determinadas palabras en la lengua general que hay que revisar, pero es o es otro problema. Ante los tecnicismos, la gente cree que están fuera de su alcance y host parece algo mucho más importante de lo que es, si lo traduces.
Xavier Alcalá. A veces, el asunto se asienta sólo, en el caso de RDSI (Red Digital de Servicios Integrados), que usamos en España, en toda Hispanoamérica es ISDN, a la yanqui. ¿Por qué Telefónica no impuso as siglas en inglés? Tuvimos suerte de que no pudiese con el espíritu de la lengua.
He de decir que el mayor fracaso de la democracia es la mala enseñanza de la lengua y las matemáticas. Me declaro partidario de las revalidas y los exámenes de ingreso en las carreras. Los chavales no se saben expresar y no valoran nada la lengua, cuesta entender qué dicen en los examenes
Belén Moreno de los Ríos. Es que se está enseñando la lengua como hace cuarenta años, el alumno no tiene conciencia de la importancia del idioma para expresarse. No conocen el código, ni mucho menos. La toma de conciencia debe de poder transmitirse de forma que interese a todos. Cada uno debería conocer sus carencias y necesidades.
Manuel Mercader. Hay un peligro muy próximo también en el envío de correos electrónicos y por teléfonos móviles que se prestan a escribir de forma muy abreviada, utilizar palabras que no son las adecuadas. Hay que cuidar también el dominio del código en este aspecto porque es el género epistolar actual, cada vez más frecuente.
Andrés Elhazaz. Después de haber abandonado el género epistolar, la gente en el correo electrónico utiliza un lenguaje abreviado ¿Por qué? Se puede ser extenso.
Juan José Alzugaray. La gente responde cuando les expones estos temas del lenguaje y escriben a los autores que publican sobre la defensa de la lengua. En eso se ve que les importa.
Belén Moreno de los Ríos. Con el uso del correo electrónico se está perdiendo la línea que separa la lengua escrita y la oral. No se usa el mismo lenguaje en una carta de amor que en una conversación amorosa por teléfono. Esto puede conducir a confusiones, malos usos, vicios de la lengua que hay que vigilar.
Andrés Elhazaz. Hay quien pide una fórmula común para escribir correos, porque hay quien los escribe como si fuera una carta , con formulismos antiguos. Hoy sobran una serie de convenciones. Yo los equiparo a las postales, que son públicas, breves y directas. El cuerpo puede ser lo intenso que quieras, pero hay que huir de formalismos.
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