Este artículo trata de la enseñanza impartida en la Escuela de Madrid
sobre materias de las áreas socioeconómicas y profesionales y en especial de la
intensificación Gestión de la Tecnología, de quinto curso del actual plan
de estudios. La redacción del artículo se inició con un propósito meramente
informativo, pero posteriormente hemos aprovechado la ocasión para exponer algunas
consideraciones de contexto, orientadas a sugerir cierta reflexión sobre la necesidad y
el futuro de la enseñanza en estas áreas. Al carecer de espacio suficiente, no se
describen los contenidos de las asignaturas enumeradas, por lo que invitamos al lector
interesado a que visite a tal efecto las páginas web de la Escuela. El texto ha sido
redactado en nombre de todos los profesores de las asignaturas que se mencionarán más
adelante. Lo han leído y manifestado su conformidad.
Un déficit educativo tradicional
Desde hace por lo menos quince años, se nos viene diciendo, y venimos diciendo y
escribiendo varios de nosotros mismos, que nuestros ingenieros reciben una buena
formación científico-técnica, pero que se presta poca atención en los planes de
estudio a la formación del ingeniero de Telecomunicación hacia el entorno empresarial y
el ejercicio de la profesión1. El último aviso nos lo da un editorial de la
revista del Colegio de Ingenieros de Telecomunicación 2, con el que estamos básicamente
de acuerdo, siempre que sus planteamientos se consideren extensibles a las empresas de
todos los sectores, donde operan habitualmente nuestros ingenieros, y no sólo a las
empresas del específico sector de nuestras tecnologías.
El texto recién entrecomillado resume bastante bien casi todas las cosas que se han dicho
a propósito de este asunto. No hace más que resaltar la necesidad cada día mayor de
facilitar a nuestros futuros ingenieros su adaptación a las estructuras socioeconómicas,
en las que de forma creciente las TIC juegan un papel transformador crucial, reconocido
por todos (a veces por los demás antes que por nosotros). Ampliaremos este asunto con
nuevas ideas en la segunda mitad del artículo.

Ahora vamos a describir la situación actual del plan de estudios a este
respecto, eliminando los detalles estructurales, demasiado complejos y engorrosos para
quien no esté metido en el ámbito universitario.
Estructura genérica del plan de estudios y docencia actual en gestión y tecnología
Muy grosso modo, las asignaturas de nuestro plan de estudios se pueden clasificar en
cuatro categorías: a) Científico- técnicas generales (Estructura de la materia,
Fundamentos matemáticos I, Programación, etc.); b) Técnicas específicas (Tratamiento
digital de la imagen, Comunicaciones ópticas, Redes de ordenadores, Sistemas de
Telecomunicación, Instrumentación electrónica, etc.); c) Generales no tecnológicas
(Economía, Organización. de Empresas, Dibujo con ordenador, etc.); d)
Mixtas/Sociotécnicas (Investigación de operaciones, Innovación tecnológica, Sistemas
de información de la empresa, Bioingeniería (considerada no esta asignatura concreta,
sino el grupo de asignaturas de la intensificación así llamada), Política y regulación
de las telecomunicaciones, etc.).
El diagrama expresa el sentido constructivo de las asignaturas. La relación completa de
las materias nos mostraría claramente que los fundamentos constructivos del currículo de
nuestros ingenieros son mayoritariamente técnicos, con la excepción del conjunto de
asignaturas generales no tecnológicas, que, además de jugar su papel
formativo tradicional, aquí dotarían de fundamentos específicos sobre economía y
empresas a las asignaturas del tipo d), entre las que podrían considerarse las que
constituyen precisamente la intensificación horizontal llamada Gestión de la
Tecnología. Situada ésta, como el resto de las intensificaciones, en 5º curso, la
catalogamos de horizontal porque está abierta a los alumnos de cualquiera de
las tres ramas de especialidad -Electrónica, Comunicaciones, Telemática- iniciadas en
cuarto curso, que la prefieran a otra de las varias intensificaciones específicas de esas
ramas 3, 4.
Si se hace un repaso al actual plan de estudios se concluye que las asignaturas que
responden aproximadamente a las dos últimas categorías, en su orientación de Gestión
(incluyendo cuestiones sociales y profesionales), son, s.e.u.o., las siguientes (se
señalan con * las asignaturas que se corresponden mejor con la categoría de
generales no técnicas):
Obligatorias:
Introducción a la Ingeniería (1º curso)
Economía (3º) (*)
Organización de Empresas (5º) (*)
Ingeniería y Sociedad (5º)
Elaboración de Proyectos de Ingeniería (5º)
Optativas o de intensificación, todas en 5º, pertenecientes a Gestión de la
Tecnología, salvo las dos últimas:
Investigación de Operaciones
Dirección y Administración de Empresas (*)
Laboratorio de Técnicas de Soporte a la Decisión
Sistemas de Información en la Empresa
Laboratorio de Sistemas de Información en la Empresa
Innovación Tecnológica
Política y Regulación de las Telecomunicaciones
Laboratorio de Sistemas de Información para la Gestión de
Proyectos
Planificación de Servicios Telemáticos (intensificación
Telemática)
Gestión de Redes de Telecomunicación (intensificación
Telemática)
La mera lectura de los objetivos y de los programas de estas asignaturas muestra de forma
incuestionable el esfuerzo que ha hecho la Escuela para reducir el déficit arriba
mencionado, aportando contenidos docentes sólidos y muy actualizados. Probablemente,
constituirán una sorpresa agradable para quienes en uno u otro momento nos han hecho
llegar sus consejos y por supuesto una sorpresa, sin más, para todos los ingenieros que
hayan terminado sus estudios hace más de tres años .
No obstante, conviene no perder el punto de vista autocrítico, con el que relativizar el
impacto real de ese esfuerzo. En primer lugar, la práctica totalidad de esta clase de
formación se concentra en quinto curso, en vez de distribuirse en los dos últimos
(segundo ciclo), o tal vez, en los tres últimos cursos.
Además, es indudable, que, en términos cuantitativos, los mayores impactos se producen
con las asignaturas obligatorias, que alcanzan, todas y cada una de ellas, de forma
promediada, a unos 350 alumnos, mientras que las asignaturas de intensificación u
optativas relacionadas anteriormente serán cursadas aproximadamente por unos 35 a 40
alumnos (por citar extremos, algunas asignaturas son cursadas por 25 y otras por 65
alumnos). En función de las distintas modalidades de navegación por el plan de estudios,
un estudiante puede cursar desde una de estas últimas asignaturas hasta cinco o seis,
incluyendo un máximo de tres asignaturas de laboratorio. A efectos de comparación, es
importante reseñar que, sin contar asignaturas de libre elección, el número total de
asignaturas del actual plan de estudios es de alrededor de 140.
Dadas las circunstancias actuales de profundísima imbricación de la tecnología en las
estructuras sociales ¿es suficiente este impacto educativo?
Un fenómeno nuevo: la turbo-secularización de la tecnología
La pregunta que se acaba de plantear tiene un cierto aire retórico. Podría generar toda
clase de respuestas, pero la realidad es que fueran cuáles fueran no cambiarían el hecho
de que la Escuela está seguramente haciendo a este respecto lo máximo que le permiten su
actual estructura de recursos y las normas de funcionamiento que la gobiernan. La
cuestión, entonces, es si eso es suficiente para las necesidades de la sociedad.
Estudios sobre la evolución profesional encargados por el Colegio de Ingenieros de
Telecomunicación muestran que sus primeros años de actividad los ocupa el ingeniero
mayoritariamente en tareas de I + D y en Proyectos y Diseño. Las tareas de Producción y
Ventas centraban su campana entre los 35 y los 55 años. Inexorablemente, el paso del
tiempo conduce al ingeniero a desempeñar tareas de Gestión y Administración. En
general, el ingeniero siempre utiliza técnicas, sólo que éstas van debilitándose en
cuanto a los contenidos tecnológicos propiamente dichos y haciéndose más densas en
contenidos y responsabilidades socioeconómicas, tales como toma de decisiones,
planificación, recursos humanos, riesgos, etc., por citar algunos.
Los resultados de un estudio sociológico se obtienen mediante una encuesta dirigida a un
colectivo humano. Tienen el valor de la fotografía histórica que recoge el acumulado de
las trayectorias de los encuestados, pero no puede reflejar los vectores de tendencia de
esos precisos momentos ni tampoco el acortamiento y aceleración progresivos de los ciclos
vitales y profesionales de los ingenieros. Por supuesto, tampoco tiene fácil registrar el
hecho del multiencadenamiento y diversificación de varios ciclos personales a lo largo de
una vida profesional más breve.
Pero, sobre todo, no tiene capacidad para registrar el trascendental cambio que supone la
imparable secularización de la alta tecnología, es decir, el traslado
inmediato y programado de ésta desde el santuario de los técnicos al ámbito decisorio,
funcional y operativo de otros sectores profesionales no técnicos. Subrayamos lo de
traslado, al menos conceptualmente, e inmediato, de ahí lo de
turbo. Probablemente sea más fácil percibir el cambio analizando los
perfiles de muchos de los nuevos puestos de trabajo publicados en cierta prensa
internacional y leyendo los excelentes surveys y suplementos técnicos y
científicos de The Economist, BusinessWeek, Financial Times y otros medios prestigiosos,
en papel o por Internet, que se han convertido en muy poco tiempo en referencias obligadas
para quien pretenda estar al día sobre los pasos y las orientaciones que siguen el I + D
y la industria tecnológica. Sin duda, este fenómeno, que hemos denominado muy
plásticamente como de secularización, merece un debate aparte y profundo.
Si alguna conclusión se desprende en lo que nos toca es que se requieren cada vez más
técnicos profesionales para construir buenos puentes entre la tecnología y la sociedad:
para dialogar responsablemente con la alta dirección y con otros profesionales cada vez
mejor informados; diseñar estrategias corporativas y definir productos y servicios
basados en las TICs; coordinar proyectos complejos; evaluar alternativas y decisiones
complejas de empresa que involucran tecnologías concretas; asesorar a la dirección y a
los poderes públicos en materia tecnológica; diseñar y conducir procesos de
transferencia tecnológica; innovar; realizar estudios de mercado; montar y dirigir
empresas; orientar fiablemente al gran público sobre cuestiones de tecnología, etc.
Respuesta: necesidad de una cultura tecnológica bivalente
La formación mixta, o híbrida, necesaria para desarrollar esta clase de tareas, no
existe, hoy por hoy, en los niveles de grado. Ahora ya no estamos hablando de
déficit educativo, concepto aplicable a insuficiencia de suministro de algo
que ya existe, sino que podríamos estar hablando más apropiadamente de vacío
educativo, por referirnos al suministro de un producto que en cierta manera hay que
inventar, para dar respuesta al citado fenómeno inédito de la turbo-secularización. Es
un fenómeno nuevo y perturbador (trastocador, dicho en buen castellano). Lo mismo que se
ha acuñado el concepto de tecnología trastocadora (en inglés, disruptive
technology) para señalar, por ejemplo, a aquellas tecnologías concretas que tienen el
poder de cambiar radicalmente las bases de un sector industrial, podríamos nosotros
reflexionar acerca de si nuestro sector educativo de la tecnología no se enfrenta acaso a
una disruptive technology secularization.
Si esta hipótesis fuera correcta, el impacto educativo de nuestras aportaciones en la
docencia sobre gestión y tecnología sería meritorio, pero a todas luces insuficiente,
porque lo que se plantea socialmente es otro género de respuesta más profunda,
instituciones nuevas, capaces de preparar técnicos de alto nivel, formados en una cultura
bivalente de la tecnología, que considera a ésta a la vez (léase subrayado a la
vez), y con la misma o parecida intensidad, en su dimensión de objeto y en su
dimensión de instrumento social. Instituciones nuevas para un entorno nuevo.
Fijémonos en lo que significa este concepto esencial de cultura bivalente (dual,
bidimensional, bimodal, mixta, híbrida, como cada uno prefiera). Hace unos años 5,
escribimos para el BIT un artículo titulado Gestión de la Tecnología: una
Asignatura Pendiente. En él se decía que hay un excedente de poder tecnológico y
un déficit de saber cómo aplicarlo a las estructuras económicas y sociales.
Esto último podría leerse como un déficit de conocimiento de la tecnología entendida
como instrumento social, déficit que es precisamente una de las señas distintivas de la
cultura monovalente de prácticamente todas las Escuelas de Ingenieros de orientación
tecnológica en el mundo.
Aunque resultaría difícil, debido a las extremas rigideces del sistema universitario
español, no sería descartable que nuestra Escuela en los próximos años pudiera reunir
recursos para mejorar y ampliar su oferta docente sobre gestión y tecnología. Podría,
por ejemplo, abrir una especialidad en segundo ciclo (4º y 5º cursos), con el mismo
rango teórico que las otras tres especialidades mencionadas, lo que resultaría en sí
mismo muy positivo, aún quedándose en los límites intelectuales de una cultura
tecnológicamente monovalente. Se llamaría como conviniese, eso ahora es lo de menos:
Gestión de la Tecnología, Dirección y Gestión, o de otra forma.
Una medida semejante convergería incluso con la maduración personal de la cerrada
estructura demográfica de los docentes de nuestra Escuela, disparada sin remedio ya en
una edad media actual (acercándose al punto central de la cuarentena6) muy por encima de
los niveles considerados compatibles con la creatividad científico-técnica y óptima,
por el contrario, en visión panorámica y experiencia organizativa. Pero lo
verdaderamente difícil sería hacer permeable todo el plan de estudios a los requisitos
de la cultura bivalente. Lamentable, porque, aunque pueda parecer dogmático, hoy sólo
una cultura tecnológica bivalente puede constituirse en referente social en materia de
tecnología.
Hay, por último, una observación de orden psicológico y cultural a tomar en cuenta: Si
pudiéramos imaginar nuestras tecnologías como un barco, podríamos decir que la mayoría
de nuestros profesores y estudiantes prefieren psicológicamente, por tradición, estar en
la sala de máquinas antes que en el puente, lo cual, mutatis mutandis, es bastante
sorprendente para un país netamente clasificado como adoptador, no creador, de
tecnología. |