Su preocupación central en estos momentos consiste en mejorar las
enseñanza que imparten las universidades. Bajo su punto de vista, es necesario
incrementar el contacto con las empresas, con aquellas personalidades del sector de la SI
que tienen algo que decir a los alumnos. Actualmente, desde su cátedra intenta que el
concepto de reglamentación y, en definitiva, la política que la emite, tengan un lugar
en la formación de sus alumnos.
Antonio Alabau piensa en cómo abrir el espectro de posibilidades para los ingenieros del
mañana, para que tengan como posibilidades no sólo trabajar en las grandes empresas sino
de forma una propia y gestionarla cuando haga falta. Su experiencia en Estados Unidos y
con la Unión Europea, ponen la guinda a su análisis sobre el presente y el futuro de la
Sociedad de la Información en España, en un momento bastante crucial.
¿Cómo fue tu paso por la carrera, tus inicios profesionales?
Antonio Alabau. Inicié la carrera en la primera promoción del plan del 64. Cuando
acabé, en el 69, en lugar de buscar trabajo en una empresa me metí en la aventura de
pedir una beca. Me fui a un centro de investigación del CNRS en Toulouse para un año y
me quedé tres hasta terminar el doctorado. En aquel momento Ricardo Valle estaba aunando
voluntades y vocaciones para crear la Escuela de Barcelona y me apunté al equipo que la
puso en marcha. Allí estuve diez años, hasta el 82. En el 79, el año de la crisis de
Irán, hice un paréntesis de un curso y me fui a la Universidad de California - Los
Ángeles. A mi regreso a Barcelona comencé a poner en marcha las primeras enseñanzas de
telemática. Antonio Rodríguez, entonces Director de la División de Electrónica e
Informática del Instituto Nacional de Industria, me pidió que le ayudara a diseñar un
Centro de Investigación para las empresas de la División y al finalizar el anteproyecto
me propuso que me quedara para tratar de ponerlo en marcha. Así que dejé completamente
la docencia, me embarqué en la aventura del INI y me fui a Madrid. Allí estuve, primero
con Antonio y luego con Jesús Rodríguez Cortezo, como Director de Tecnología de la
División y más cosas. Allí viví los primeros Programas de Electrónica e Informática
del Ministerio de Industria y el momento apasionante de la adhesión de España a la
Comunidad Europea. Desde el INI tratamos también de poner nuestro granito de arena; uno
de los dos primeros proyectos que obtuvo España del entonces Programa Esprit, en el
Primer Programa Marco de I+D, me tocó gestionarlo a mi; del otro se encargó Juan Mulet
en Telefónica.
Estando allí se creó INISEL y tuve que dedicarme, entre otras cosas, a tratar de sacar
adelante una dirección de Automatización Industrial. En ese período tuve que formarme
en asuntos de la Comunidad Europea, en la Escuela Diplomática, que era el único centro
que los impartía. Además, en la EOI hice los curso de directivos del INI. En 1989 me
marche a Valencia a Equipo Drac, una pyme dedicada a la ingeniería y consultoría, y
comencé a trabajar como asesor de la Generalitat Valenciana en la definición de su
estrategia de telecomunicaciones. Estando ya en Valencia se creó la Escuela.
¿De quién fue la idea de crear la cátedra que llevas, tan interesante?
Antonio Alabau. Desde mi paso
por el INI había venido siguiendo el proceso de cambio reglamentario de las
telecomunicaciones en el marco de la Comunidad Europea, pero recuerdo, particularmente, a
Javier Nadal, entonces Director General de Telecomunicaciones, en la reunión de Santander
de 1990, refiriéndose a la aprobación de las dos directivas clave, la de Servicios y la
Marco de la ONP. En aquel momento me pareció ver claro que dado que el proceso de
liberalización de las telecomunicaciones era inminente se hacía necesario incorporar su
estudio a la Universidad. Por aquel entonces me habían propuesto incorporarme como
profesor en la recién creada Escuela de Valencia. Me ofrecieron la asignatura de
Normalización y lo que hice fue hacer una lectura generosa del concepto Norma para dar
cabida al estudio de la Política de Telecomunicaciones, y así empezamos en el curso
1991-92. A partir de ese momento fue un proceso consistente en aprender y enseñar, al
tiempo que continuaba trabajando como asesor de los sucesivos gobiernos de la Comunidad
Valenciana en estas mismas materias.
Desde 1992 a 1994 fui profesor Asociado hasta que el Rector me propuso ocuparme de montar
una cátedra en estas materias, así que decidí dejar la empresa, regresar a la
Universidad, y dedicarme en exclusiva, a partir de 1995, a la Política de
Telecomunicaciones. Fue el año de la presidencia española de la Unión Europea. Una
parte importante del estudio de la Política de Telecomunicaciones se centra en el
análisis de las actuaciones de las Instituciones comunitarias, tiene una orientación
claramente europeísta y las enseñanzas se alinean con lo que la Comisión considera como
estudios de integración europea, que son los objetivos del programa Jean Monnet. Por ese
motivo decidimos proponer a la Comisión Europea la creación en Valencia de una cátedra
Jean Monnet de Política de Telecomunicaciones y Sociedad de la Información y la
Comisión nos dijo que sí. Esa es la historia de la cátedra de Política de
Telecomunicaciones en la Escuela de Valencia. En estos últimos años otras escuelas han
ido interesándose por esta experiencia y hemos colaborado con quien nos lo ha solicitado.
¿Qué otras escuelas de teleco lo tienen?
Antonio Alabau. Que yo conozca únicamente en la Escuela de la Politécnica Madrid y en la
de la Carlos III se imparten cursos de Política de Telecomunicaciones pero cátedra Jean
Monnet, de momento, solo existe en Valencia.
Pensando ahora en términos de liberalización, ¿la Revisión la ves como un paso
complementario, necesario?
Antonio Alabau. Los procesos de revisión de las directivas son habituales en la Unión
Europea, aunque en telecomunicaciones cada vez queda menos que revisar. Estaba pendiente
la situación del bucle de abonado, que ya está resuelta, al menos desde el punto de
vista reglamentario. El asunto de las licencias en de carácter marcadamente
administrativo con objeto de tratar de armonizar y simplificar los procedimientos
implantados en los diferentes Estados miembros. La ampliación del servicio universal a
Internet, a una velocidad razonable, es una cuestión de inversiones; algunos Estados
están a favor y la Comisión ha sido siempre reticente. Veremos en que queda.
El asunto de la protección de los datos personales es más profundo, en particular debido
a las relaciones con los Estados Unidos que tiene un sistema mucho más laxo para el
tratamiento de este tipo información. Aquí está apareciendo un problema ideológico
profundo y me temo que Europa lleva todas las de perder.
La regulación de las telecomunicaciones, por su naturaleza y por su trayectoria,
continuará precisando de la intervención del Estado en mayor grado que otros sectores de
la economía. El Regulador deberá continuar actuando con objeto de mantener un adecuado
equilibrio entre derechos y deberes, objetivos públicos e intereses privados. No me cabe
la menor duda.
Todo esto empezó para abrir un mercado común europeo. Se ha logrado a nivel estado,
pero no a nivel europeo. Algunas medidas son pasivas ¿no lo ves así?
Antonio Alabau. En relación a tu pregunta hay dos aspectos que merece la pena comentar:
el que se refiere a la concesión de licencias y el relacionado con la gestión del
espectro radioeléctrico. Actualmente ambas actuaciones son competencias de los Estados
miembros. En diferentes ocasiones la Comisión ha tratado de convencerles de que renuncien
a las mismas y nunca lo ha conseguido. Es difícil que se implante la licencia de operador
europeo y aun más difícil, por no decir imposible, que el espectro se asigne desde
Bruselas. La Unión Europea se está construyendo en un difícil equilibrio entre la
soberanía nacional y la supranacionalidad europea y los Estados saben bien lo que pueden
perder y lo que pueden dejar de ganar en cada operación de este tipo, en particular en
los asuntos que estamos comentando.
¿Que convendría hacer para favorecer el desarrollo de la Sociedad de la Información?
Antonio Alabau. Cuando Gore propuso el proyecto de las "autopistas de la
información" el presidente Delors vio claro que también tendría que ser una
solución para Europa y comenzó a hablarse de "sociedad de la información".
Con el fin de crear las condiciones adecuadas hubo que liberalizar las infraestructuras e
implantar la plena competencia en las telecomunicaciones y en este proceso la Comisión
Europea tuvo un papel preeminente. Por lo que se refiere a la participación del sector
público en la creación de la Sociedad de la Información en un principio asistimos a una
serie de propuestas contradictorias. En 1994, el grupo de expertos de Bangemann abogó por
una participación mínima y no fue hasta 1997 cuando un nuevo grupo de expertos en el que
participó Manuel Castells dijo claramente que era necesaria la presencia activa y urgente
del conjunto de las Administraciones Públicas en este proceso hasta que el sector privado
tomara el relevo. Es indudable que las Administraciones nacional, autonómicas y locales
tienen un papel importante en la introducción de la Sociedad de la Información en el
área de sus competencias, en particular en la educación, sanidad y servicios al
ciudadano, aunque no debe ser tan evidente a juzgar por la lentitud y falta de coherencia
con la que muchas están actuando, al menos en España.
¿Cómo ves España ante la SI?
Antonio Alabau. Desde el punto de vista de los operadores parece claro que está empezando
a funcionar la competencia en infraestructuras y servicios básicos. Las reducciones de
las tarifas ya comienzan a ser un hecho, quizás no a gusto de todos, y creo que se están
dando las condiciones adecuadas para permitir le desarrollo de la Sociedad de la
Información. Respecto a las Administraciones Públicas considero que sus actuaciones son
todavía insuficientes, en particular en el campo de la enseñanza obligatoria. En nuestro
país continúan deslumbrando las obras públicas y el cemento en detrimento del
desarrollo de la Sociedad de la Información.
¿Y el sector privado?
Antonio Alabau. La Sociedad de
la Información en el sector privado crecerá con el número de accesos a Internet.
Estamos aun por debajo de la media europea, como lo estamos por debajo en muchas otras
cosas. España va siguiendo el camino del resto de la Unión Europea un ritmo quizás más
lento del que se esperaba.
¿Y cómo está la
universidad española y la introducción de la SI en la enseñanza?
Antonio Alabau. La Universidad y en particular las Escuelas nuestras empiezan a estar bien
dotadas de medios. Todos los profesores y casi todos los alumnos tiene acceso a un
ordenador y a la red. Por lo que se refiere a los medios, las universidades han sabido
reaccionar. En cuanto a los contenidos, la utilización de la red como soporte
complementario de las enseñanzas y el desarrollo de materiales sigue un proceso mucho
más lento. La utilización de la red como complemento de los cursos presenciales es
todavía escasa y preocupa el alto porcentaje de enseñanzas que continúan impartiéndose
por los procedimientos tradicionales. No puede hablarse de un rechazo por parte del
profesorado pero tampoco de un enorme entusiasmo.
¿Como afectó la creación
múltiple de escuelas en la enseñanza de las telecomunicaciones?
Antonio Alabau. Los que llevamos ya algunos años en el sector sabemos que el
"boom" de la creación de las Escuelas de Telecomunicación en España arranca
de la segunda mitad de los años 80 como consecuencia de la escasez de Ingenieros de
Telecomunicación puesta de manifiesto por el incremento de las compras de Telefónica de
aquella época. Recordemos que fueron los años "del millón de líneas". Los
sueldos que comenzaron a pagarse a los ingenieros de telecomunicación dieron lugar a un
sin fin de nuevas vocaciones y a un inusitado interés de las Universidades por crear
Escuelas. Los informes que publicaba por aquel entonces el Colegio también hicieron su
papel. Gracias a aquella situación singular, que quizás nunca hubiera tenido que
producirse, en España ha habido suficientes Ingenieros de Telecomunicación cuando ha
llegado la Sociedad de la Información. No quiero ni pensar en que situación estaríamos
si el entonces presidente de Telefónica hubiera sido menos disciplinado con las
directrices del gobierno y hubiera realizado las inversiones de una forma más regular a
lo largo del período desde el 82 al 86. Afortunadamente ni las Universidades ni los
estudiantes se enteraron de la crisis del sector desde el 91 al 93 y continuaron
creándose escuelas de telecomunicación. Lo que acabo de comentar no es una simple
anécdota, sino, en mi opinión, un drama porque pone de manifiesto la más absoluta
ausencia de planificación. Estamos como estamos por pura casualidad.
Debido a esa circunstancia, los Planes de Estudios de la inmensa mayoría de las Escuelas
arrancan de aquella época en la que la tónica era el monopolio y la importancia
exclusiva de la tecnología. La definición de las exigencias de enseñanzas obligatorias
para la obtención de la titulación vienen también de aquellos años. Y como el
profesorado de la Universidad no es, desgraciadamente, el mejor conocedor de la realidad
de su entorno, las cosas corren el riesgo de continuar así por mucho tiempo. El carácter
acomodaticio del entorno universitario tampoco favorece el cambio.
Es indudable que la situación del sector en el año 2001 comienza a ser radicalmente
diferente de la de finales de los 80. En España, en este período mientras que la
producción de equipos apenas se ha multiplicado por dos, la facturación del sector
servicios se ha multiplicado por cinco y eso que la Sociedad de la Información no ha
hecho más que empezar. Hay que asumir que si bien la situación del mercado de equipos de
telecomunicaciones es brillante en cuanto al volumen de ventas, en 1999 el porcentaje
cubierto por importaciones superó el 70%. Y nuestras Escuelas continúan formando
fundamentalmente tecnólogos. No hay más que analizar sus Planes de Estudios.
En mi opinión en los actuales estudios de Ingeniero de Telecomunicación sobra casi un 20
por ciento de las enseñanzas tecnológicas que se imparten en detrimento de otros
aspectos de la formación, en particular en el ámbito gerencial y empresarial, que
precisará el ingeniero del futuro. Mientras los Planes de Estudios los continúen
definiendo los propios profesores universitarios y en la implantación de nuevas
asignaturas continúe prevaleciendo el criterio de creación de huecos para la
contratación de más profesorado que engorde y perpetúe los actuales grupos de
investigación, la situación difícilmente cambiará.
Puede decírseme que a pesar de todo los ingenieros se colocan. ¿Como no iban a colocarse
con el tirón que está dando nuevamente el sector?. Además, medido en unidades de nota
final de bachillerato, en nuestras Escuelas tenemos casi lo mejor de cada casa.
¿Cómo piensas que evolucionará la profesión?
Antonio Alabau. La vida técnica de un ingeniero de telecomunicación se acorta cada vez
más, porque la evolución en este sector es terriblemente rápida y sabemos que al cabo
de cada vez menos tiempo es necesario reciclar los conocimientos y no siempre es posible o
no siempre se está dispuesto a hacerlo. Las nuevos profesionales van a tener que adoptar
una vertiente gerencial mucho antes de lo que venía siendo habitual en este oficio. Por
otra parte no todo en la profesión es tecnología. El Ingeniero de Telecomunicación
tendrá que decidirse a ser cada vez más un ingeniero de la Sociedad de la Información.
Pero nuestras Escuelas continúan formando buenos ingenieros
especialista en electrónica, comunicaciones y algunas hasta en telemática. No se si eso
será suficiente en el futuro.
Creo que se está haciendo necesaria una profunda reflexión acerca del perfil de los
profesionales de ingeniería de telecomunicación que serán necesarios en el futuro.
Aquí en Colegio, la Asociación y las empresas tienen un importante papel que jugar. Si
es que las Universidades están dispuestas a dejar que lo jugaran, claro.
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