
El desarrollo de las telecomunicaciones ha venido acompañado de un impacto estético en nuestros pueblos y ciudades por la proliferación de antenas en tejados y balcones así como de cables en fachadas.
Si uno tiene la oportunidad de subir a la azotea de un edificio con altura superior a los de su entorno puede comprobar como a las antenas para la recepción de la televisión terrenal y por satélite, se han sumado las de los operadores de telefonía móvil, bastante más espectaculares que aquellas y en ocasiones con estructuras soporte, dignas de un premio al mayor impacto estético.
El pensar que las pocas azoteas libres de estos mecanos se verá en un futuro próximo cubierto por las torres y antenas de los nuevos servicios de telefonía móvil, fija, LMDS y MMDS, dan que pensar que habremos cambiado por completo la estética de nuestras ciudades, convirtiendo los tejados en bosques de estructuras metálicas y antenas, y que el esmero del legislador, primero con la Ley 49/1996 de Antenas Colectivas y el actualmente Real Decreto Ley 1/1998, con su reglamento 279/1999, en el que se exigía una antena única y comunitaria para cada uno de los servicios de televisión terrestre o por satélite, se habrá visto desbordado por la falta de regulación para estos nuevos servicios.
Cuando bajamos de las alturas a la calzada nos encontramos que las ciudades han sido convertidas en una zanja continua y las fachadas agredidas estéticamente por el despliegue de cables y dispositivos de los operadores de cable.
Y sin embargo, y sin que sirva de justificación, todas estas incomodidades y agresiones estéticas son precisas para cubrir las necesidades de estaciones radioeléctricas que aseguren la cobertura de los equipos de telefonía móvil, de los operadores con titulo habilitante, facilitando la libre elección de los usuarios, acorde con las ofertas del mercado.
Por otra parte, si bien las infraestructuras comunes de telecomunicación en los edificios, facilitan la implementación de los nuevos servicios de telefonía y telecomunicaciones cable en el interior de los edificios, el tendido de las infraestructuras de las líneas de alimentación por los operadores, son la causa de que la mayoría de ciudades se encuentren en un estado intransitable por las obras que se llevan a cabo.
Lo anecdótico es que tanto en el caso de tejados y azoteas, como en el de fachadas y calles, el objetivo es único, satisfacer la demanda ocasionada por el fenómeno teléfono móvil e Internet.
Se desea estar comunicado en todo momento y ello se evidencia en la calle, al observar que la mayoría de personas sean jóvenes o mayores pasean su móvil, en la mano, cintura o manteniendo una conversación.
Por otra parte desean poder conectarse a Internet y sacar el máximo provecho de la red de redes y por ello se han disparado las solicitudes de ADSL, RDSI o cable modem que permitan al usuario disponer de vías rápidas para navegar por Internet.
Las últimas estadísticas demuestran que el crecimiento de adquisiciones de ordenadores para los hijos comprendidos en 10 y 14 años han sobrepasado las previsiones más optimistas y hay colas de espera para la instalación del ADSL, RDSI o cable modem.
Indudablemente la implantación de los sistemas de comunicación vía radio y los diferentes accesos a Internet, son fruto de una creciente demanda de los usuarios, que obliga a los operadores a desplegar cada vez, más medios materiales que permitan satisfacerla.
Sería de agradecer un esfuerzo por parte de las administraciones locales, autonómica y estatal para regular el tema exigiendo la compartición de infraestructuras de modo que no se frenase en ningún momento el desarrollo tecnológico y la implantación de la sociedad de la información, minimizando el impacto estético que está cambiando negativamente la fisonomía de nuestros pueblos y ciudades.
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Bernardo Balaguer Monterrubio Delegado AEIT en las Islas Baleares |