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(Basado en el artículo "Una visión regional de las telecomunicaciones en Galicia 1990-2000" del mismo autor)

La visión regional de las telecomunicaciones

De acuerdo con el artículo 149.1 de la Constitución Española, las competencias en materia de telecomunicaciones corresponden con carácter exclusivo al Estado Español. Este planteamiento, consagrado en la Ley de Ordenación de las Telecomunicaciones (LOT) y en la Ley General de Telecomunicaciones (LGT) atribuye a la Administración General del Estado las directrices y el desarrollo de lo política de telecomunicaciones en nuestro país.

El margen competencial que le corresponde a las Comunidades Autónomas se configura, en este contexto, como categoría residual que los ejecutivos autonómicos desarrollan conforme a la establecido en la LGT y en sus estatutos de autonomía.

En este escenario, podría parecer escaso el margen de maniobra que las regiones hemos tenido en esta última década. Sin embargo, el artículo 30 del Estatuto de Autonomía de Galicia recoge como competencia exclusiva de la Comunidad Autónoma el fomento y la planificación de la actividad económica. Mal podríamos haber dado cumplimiento a este punto, en definitiva, mal podría haberse planteado un modelo económico regional para nuestra región, si no hubiésemos tenido en cuenta las tecnologías de la información y la comunicación en esta estrategia regional. Y así lo hicimos.

Afortunadamente no nos hemos encontrado sólos en este camino y la Unión Europea comenzó a consolidar también a mediados de los 90 un enfoque regional en materia de Sociedad de la Información que no sólo legitimaba las actuaciones ya iniciadas, sino que impulsaba esta estrategia regional como elemento clave en la construcción de la misma. La Iniciativa Interregional para la Sociedad de la Información (IRISI), su continuación (RISI), y los propios Fondos Estructurales han permitido y fomentado esta visión regional.

La situación de una región periférica en 1990

La política afrontada en los primeros 90 no tenía otro objetivo que abordar las carencias históricas más importantes de la región, y de la propia Administración, en materia de comunicaciones.

La intrincada orografía, una climatología adversa y la dispersión de la población (diseminada en unos 30.000 núcleos de población, la mitad de los españoles y una cuarta parte de todos los europeos) configuran un entorno que explica bien a las claras por qué Galicia, con 23,4 líneas por cada 100 habitantes y más de 110.000 solicitudes telefónicas pendientes de atender en el rural en enero de 1991, concentraba en ese fecha el 50% de la problemática nacional de extensión del servicio telefónico.

Resultaba por tanto evidente que las primeras prioridades debían dirigirse a paliar las deficiencias básicas de comunicaciones de nuestra sociedad, entre las que la extensión telefónica, insuficientemente abordada desde mediados de los 80, y la extensión de la radio y televisión autonómicas, en base a redes propias, constituían sus principales exponentes.

Diez años después, podríamos cometer la imprudencia histórica de olvidar la situación de partida; situación que nada tenía tener que ver con la fibra en el lazo de abonado, las nuevas generaciones de móviles de tercera generación o Internet; tenía que ver simplemente con la incomunicación de aldeas enteras de Galicia, para las que el invento de Graham Bell todavía no había llegado a sus vidas.

También en estos primeros 90 se estaba consolidando el desarrollo y extensión de la Administración Regional, por lo que como un reto básico interno apareció dotarse de un sistema corporativo de comunicaciones e informática que facilitase este camino.

Por último mencionar que a la vez que estas prioridades básicas, se fraguaba ya una estrategia a medio y largo plazo, donde habría de darse el salto desde las infraestructuras a los servicios y aplicaciones, desde las redes y tecnologías básicas a aquellas más avanzadas.

Las realizaciones de una década

Cuando en una reciente reunión de la OIT se planteaban algunos calendarios sobre la implantación de UMTS, resultó tremendamente ilustrativo el recordatorio de un ilustre ponente de que la inmensa mayoría de este planeta no sabe ni sabrá en vida lo que es una comunicación telefónica básica de voz.

En este sentido, y aunque sin duda existen otros proyectos más punteros que luego mencionaremos, puede plantearse claramente como el mayor logro de estos últimos diez años en materia de telecomunicaciones, y aún diría que en nuestra reciente historia, la universalización del servicio telefónico básico, la comunicación de voz, en nuestra región.

Los cálculos realizados en el año 91 para llevar mediante los sistemas tradicionales de postes y cables el teléfono hasta el último rincón de nuestras aldeas, estimaban plazos cercanos a 15 años e inversiones superiores a 125.000 millones de pts. La introducción de la telefonía rural por acceso celular, que deberá ser sustituída con prontitud por otros sistemas radioeléctricos ya disponibles, permitió reducir las inversiones en un factor de 3 y los plazos de 15 a 2 años. De esta manera, Galicia se convertía en noviembre de 1994 en la primera región en universalizar el servicio telefónico; paradoja cuando apenas tres años antes concentraba el 50% de toda la problemática nacional. Desde una perspectiva meramente tecnológica tal vez no se alcance a comprender suficientemente lo que ha significado que cualquier pequeña explotación agropecuaria, cualquier ciudadano, cualquier establecimiento de turismo rural, pasase a disponer de comunicación básica de voz. Nuestra quinta provincia, esa que ha constituído nuestra emigración histórica, pasaba en apenas semanas a estar comunicada con su tierra madre: parecía que en los albores del siglo XXI no podía ser de otra forma.

En cuanto a las mejoras de las infraestructuras el trabajo no había hecho más que empezar. En 1994, el Gobierno Regional apostó también por la extensión de la Red Digital de Servicios Integrados en el medio rural, superando así los objetivos iniciales del operador de alcanzar los núcleos de más de 5.000 habitantes en el 98; objetivo que, simplemente, no se adaptaba a nuestro territorio. Con la aportación de fondos estructurales, se digitalizó la planta telefónica y en 1998 nuestra región se convirtió en un referente europeo en cuanto a extensión de esta tecnología. Y no sólo en cuanto a extensión, sino a utilización, ya que el Plan de Acción incluyó medidas de incentivación como el alta gratuita, el fomento a las empresas (más de 2.000 PYMEs acogidas a ayudas para equipos que utilizaban esta red), la utilización en el ámbito interno de la Administración (proyectos pioneros de telemedicina y utilización en la Red Corporativa) o el apoyo a empresas gallegas que diseñasen equipos y aplicaciones sobre RDSI, por citar sólo algunas medidas.

La liberalización de las telecomunicaciones, cuyo bandera de salida se levantó en diciembre de 1998, ha permitido también en nuestra comunidad modernizar y ampliar las redes del operador dominante, introducir un segundo operador de móviles que ha alcanzado importantes retos de cobertura y calidad, y lanzar una iniciativa gallega del cable que empieza a constituir la primera alternativa real en el bucle de abonado.

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No podría al menos mencionarse esta década sin el esfuerzo realizado también en el plano interno.

En 1985 se había comenzado la construcción de una red propia de radio y televisión que, progresivamente potenciada, ha alcanzado la cobertura prácticamente integral de todo el territorio. Aquella cierta alegalidad en la que nos aventuramos algunas de las comunidades históricas, ha ido permitiendo ir incorporando nuevos servicios, dotarse de unas instalaciones de la Compañía de Radio y Televisión de Galicia modélicas, y apoyándose en la misma construir una red de comunicaciones en grupo cerrado de usuarios antecesora de los operadores comerciales que aún estaban por llegar.

En 1998, y en base a la infraestructura propia existente, se desarrolló una red institucional de banda ancha, conocida como autopista gallega de la información (AGI), que constituye un hito diferencial en las comunicaciones gallegas. Esta red ATM, soportada sobre radioenlaces digitales y fibra óptica, ofrece un excepcional campo de futuro al mundo de la investigación y universitario de nuestra comunidad.

El Plan de Reforma Administrativa iniciado en los 90 llevó también a consolidar una Red Privada Corporativa que ha sido punto clave en el proceso de informatización de los procesos administrativos de todas las unidades y del propio Plan de Reforma Administrativa. Gestionada con medios humanos propios, con soporte de redes públicas y privadas, se convirtió en un referente para otras Comunidades Autónomas. Da servicio a más de 20.000 usuarios, interconecta más de 1.500 centros y extiende su ámbito de actuación a nuevos campos administrativos: el judicial, el sanitario o el educativo hacen ya uso de esta red. Demostrábamos así una vez más que en el ámbito público también podían hacerse las cosas razonablemente bien.

Este esfuerzo de una década, imposible de consolidar en estas líneas, no ha pasado por alta la dotación de unidades de alto nivel para la gestión de las comunicaciones, la creación de instrumentos como el Consello Asesor de las Telecomunicaciones y el Audiovisual o la constitución de una empresa pública que apoyase algunas de estas realizaciones.

Mucho más allá de las redes, la apuesta de estos diez años ha hecho hincapié especial en la creación de servicios y aplicaciones, y en que los beneficiarios fuesen cada vez más. El Plan de Implantación de TIC en la empresa gallega, como ejemplo, diseñó numerosos instrumentos que incentivan el uso de estas tecnologías en la empresa, la formación, la auditoría, los proyectos piloto (probablemente el primer proyecto regional en España de comercio electrónico se realizó en galicia: Gacel); pero también la creación de empresas gallegas del sector, como el actual plan en desarrollo para la consolidación de un pujante sector del software en nuestra comunidad.

Sin duda quedaban muchas cosas por hacer, pero se había realizado un tremendo esfuerzo.

Oportunidades para Galicia. Una mirada al futuro

Un exceso de triunfalismo, o un exceso de derrotismo, algo esto último achacado en la historia a nuestro pueblo ("el gallego no se queja, emigra"), podría hacernos perder el vagón de cabeza que hemos alcanzado cayendo en una pasividad (¿reactividad?) que en ocasiones, no siempre con toda justicia, nos ha sido achacada.

Una primera reflexión debe hacer tomar conciencia de la necesidad de dar respaldo presupuestario a estas políticas. Muy a menudo se hacen depender políticas básicas de la financiación externa, comunitaria fundamentalmente. Tratándose de proyectos estratégicos, la apuesta de una región debe reflejarse más allá de los contextos presupuestarios. Por otra parte, es momento de convencer a los que toman las decisiones que las inversiones en este sector, mucho más reducidas que en otros sectores tradicionales de infraestructuras, exigen una toma de postura activa. Y que, además de políticamente oportunas, son absolutamente imprescindibles.

La segunda reflexión nos conduce a considerar la oportunidad - ¿necesidad?- de que las administraciones intervengan, y en qué grado, en un sector liberalizado como las telecomunicaciones. La propia Unión Europea ha mantenido una postura cambiante, pasando de postulados plenamente inhibidores a otros, en consonancia con la etapa de Jacques Delors, donde se justificaba su presencia para no perder la oportunidad europea del sector. En este sentido, cada vez más cobra fuerza la doctrina de que la intervención de la Administración, aparte de cómo ente regulador (también cuestionable en un entorno perfecto de mercado), no deberá ir más allá de cubrir, o más oportuno sería incentivar, los huecos que el sector privado no está dispuesto a abordar.

En este sentido, la promoción de las infraestructuras ha dejado ya paso a la promoción de la Sociedad de la Información, de tal manera que en tanto este objetivo sea alcanzado, la Administración probablemente deba ocuparse sólo de resolver, en materia de comunicaciones, sus necesidades internas; ese sería un objetivo deseable, por lo que ello significaría en tanto que la sociedad ha alcanzado su nivel de madurez en estas tecnologías; pero es un objetivo que se me antoja en este momento más lejos del corto plazo.

Una tercera reflexión abunda en la necesidad de articular las actuaciones que desde las distintas Administraciones se han realizado o se van a realizar. A menudo hemos trabajado más guiados por un esfuerzo voluntarioso que por un auténtico Plan Director o Estratégico, donde se definiesen ex ante las líneas de acción y objetivos a alcanzar. Este mensaje lo entendió perfectamente la Unión Europea, con sus iniciativas de innovación regional para la Sociedad de la Información (proyectos RISI). Por tanto, y para aquellas regiones que no lo hubieran hecho ya, la realización de un Plan Estratégico amplio, integrador, fruto del consenso y la reflexión, podría ser en este momento un ejercicio tan necesario como la propia definición y ejecución de los proyectos posteriores.

En la mirada al futuro de nuestra región, entendemos que deben presidir nuestro trabajo dos grandes líneas de trabajo:

– La actuación externa, el papel impulsor de la Sociedad de la Información, con proyectos y actuaciones que muestren a la sociedad en general y a la empresa en particular, la potencialidad de la misma, con estricto respecto a las normas de competencia del mercado

– La actuación interna, en el que la Administración debe utilizar de manera ejemplarizante estas nuevas tecnologías, transformando su organización y convirtiéndola en un prestador de servicios al ciudadano virtualmente disponible las 24 horas de los 365 días del año

Entre las actuaciones externas se trabaja actualmente en la incorporación de estas tecnologías al mundo de la empresa, facilitando las condiciones humanas (profesionales), técnicas y financieras para la incorporación de las mismas. Resulta clave evitar los desequilibrios regionales e intrarregionales, por lo que nuevas iniciativas habrán de procurar un acceso universal, o un acceso lo más amplio posible, a nuevos servicios y redes, entre los que Internet puede ser actualmente un buen ejemplo. Dado el capital humano existente en la región, varias iniciativas continuarán potenciando la creación de un sector propio en Galicia, con subproyectos dinamizadores del sector de aplicaciones y software y del de contenidos, entre otros.

En el ámbito interno continuaremos con la extensión de las redes corporativas a todos los ámbitos, con herramientas y servicios (como el correo electrónico, la videoconferencia o la tarjeta inteligente) que permitan a la propia Administración como organización optimizar su funcionamiento. Una moderna administración electrónica, eAdministración, ha de convertirse en los próximos años en algo más que un objetivo deseable: en un objetivo real. Un sano clima de competencia entre las administraciones regionales ha comenzado en estos últimos meses a dinamizar estos aspectos, a la par que una llamada importante de la Comisión a través de la iniciativa Europea.

En el contexto de un seminario internacional de comunicaciones celebrado en Francia, tomé nota de una máxima que por su simplicidad recoge la visión que desde las organizaciones debe presidir su incorporación a la Sociedad de la Información:

"It is not cheap, it is not easy, but it is not optional"

(me permití discrepar sobre el coste de esta transformación)

En efecto, no se trata en esta ocasión de una decisión aplazable, dependiente del contexto presupuestario, político, coyuntural. Para las regiones periféricas, y Galicia es la periferia española de otra periferia, respecto de Europa, llamada España, jamás se nos ha ofrecido una oportunidad igual para competir con las regiones más avanzadas. Por eso entendemos que la responsabilidad de todos los actores, públicos y privados, para que la Sociedad de la Información sea el motor de desarrollo económico de nuestra región, es una responsabilidad que las siguientes generaciones no nos perdonarían haber deshechado, porque revoluciones de esta magnitud se producen pocas en la historia.

Esperemos que entre todos seamos capaces de crear las condiciones necesarias para el desarrollo del sector, de impulsar acciones proactivas en sectores sociales o productivos que por sí mismo no encuentren el dinamismo necesario, de actuar de factor de corrección de desequilibrios, de satisfacer la demanda interna de la propia Administración, y, por extensión, de la sociedad. Pero no esperemos que alguien nos lo resuelva, esperemos trabajando que es la única forma en que tradicionalmente los gallegos hemos intentado resolver nuestros problemas.

franco.jpg - 8908 Bytes Javier Franco Tubio
Director General de Organización y Sistemas Informáticos
Consellería da Presidencia e Administración Pública de la Xunta de Galicia

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