
Como es habitual, el ejemplar de BIT correspondiente a noviembre y diciembre ve la luz el 1 de enero. Nos ha parecido que una fecha tan "digital" como 01-01-01 que, además, abre el siglo XXI, teníamos que celebrarla haciendo algo especial. Hemos puesto interés e ilusión en ese empeño, para compensar los escasos medios, y el resultado es este número 124 que teneis en vuestras manos, A vosotros os toca ahora juzgar si valió la pena.
En el umbral del siglo XXI
Existian varias posibilidades para abordar el tema. Como no somos una Revista de ciencia-ficción rápidamente descartamos la aventura de prever el futuro, que a pesar de ser atractiva en sí misma, estábamos seguros de caer en una serie de tópicos y de equivocarnos si tras los correspondientes análisis prospectivos intentábamos extraer alguna conclusión.
Más fácil era un enfoque retrospectivo, pero para ser coherentes, habría que contemplar el pasado siglo XX, comenzando por la prehistoria de las telecomunicaciones, hace cien años, y parecía excesivo para una publicación breve que, además, pretende ser amena, por lo menos, a los técnicos. Podíamos limitar el alcance temporal, pero eso ya se hizo en el número 100 y nunca segundas partes fueron buenas.
Por exclusión, y con mentalidad de reporteros gráficos, decidimos hacer una foto fija de este momento de tránsito al nuevo siglo. Eso, al fin y al cabo, era comentar la actualidad, que es lo que pretendemos hacer habitualmente. ¿Dónde quedaba lo "especial" del enfoque? Sencillamente, abordando cuestiones que normalmente se tratan menos. Y así lo hemos hecho.
El umbral del siglo XXI es, por lo menos para España, el umbral de la Sociedad de la Información. Esa nueva sociedad no se caracteriza porque unos pocos utilicen las nuevas tecnologías; llegará cuando la mayoria de los ciudadanos las incorporen a su trabajo, a sus relaciones, a su ocio; en una palabra, a sus vidas. Llegará aunque no hagamos nada. Pero es muy importante estar preparados. A un tren que viene lo podemos esperar en la estación, con billete de primera y equipados para la estación de destino, o en medio de la vía, haciendo aspavientos y discutiendo si viene pronto o ha pasado. Evidentemente, el resultado es muy distinto.
¿Cómo nos estamos preparando? A eso hemos querido responder. Pero no como país, de forma global, porque España es variopinta, sino analizando la situación en cada una de las 17 Comunidades que conforman el Estado. Y en el análisis nos hemos centrado en los dos aspectos que consideramos clave: formación en estas tecnologías y políticas seguidas por los Gobiernos autonómicos para promover el uso de las tecnologías de la información y mejorar el nivel industrial y tecnológico de sus empresas. Y para "reporteros" hemos recurrido a los ingenieros de telecomunicación que presiden las Asociaciones o Delegaciones en las diversas CCAA, perfectos conocedores de la realidad de su "territorio".
El peligro del desequilibrio territorial
El llamado Libro Blanco de Delors sobre los desafios y caminos al futuro del siglo XXi, publicado en 1992, insistía en las repercusiones de las nuevas tecnologías sobre crecimiento, competitividad y empleo y sugería planes para maximizar los beneficios posibles y minimizar sus inconvenientes, sin descartar los retos que a todos los europeos, como colectivo, nos aguardan.
Crecimiento, competitividad y empleo son parámetros clave para definir el nivel de vida de una colectividad, y ese, precisamente, es el objetivo prioritario de cualquier Gobierno, ya sea local, autonómico, nacional o continental. Pero las sensibilidades, posibilidades y objetivos prioritarios de los diferentes Gobiernos son diferentes, y como consecuencia también lo serán sus resultados. Sería una fuente de problemas para el país, si, como consecuencia de los distintos enfoques, las diferencias de nivel de vida entre las regiones aumenta, en lugar de disminuir.
Estoy convencido de que, a nivel conceptual, todos estamos de acuerdo con lo anterior, pero no es una preocupación compartida. Hay un cierto fatalismo implícito. Existe mucha información socieconómica a nivel provincial, interesante y útil, y de la que nos hacemos eco en este número, realizada "a posteriori". Sin embargo, poca, sobre previsiones de evolución y acciones correctoras y absolutamente ninguna ,de análisis del resultado de estas acciones. Surgen ambiciosos planes estratégicos de tal o cual lugar, de los que nunca se vuelve a hablar, especialmente si poco después hay un cambio de Gobierno, aunque sea del mismo partido. Los resultados a medio y largo plazo de estos planteamientos estratégicos pueden no repercutir en un incremento de votos a corto plazo, y ese es el gran problema. No suscribrirlos es algo tan absurdo como pensar que las tecnologías tienen color político.
El hecho de que las telecomunicaciones sean una materia reservada al Estado, que es quién legisla, no quiere decir que las CCAA tengan que adoptar una actitud pasiva frente a ellas. Todo lo contrario; constituyen un soporte imprescindible para el resto de las políticas y por eso en casi todas ellas existe una Consejeria o Dirección General responsable de gestionar, coordinar y promover todas las acciones relativas a telecomunicaciones y, en general, tecnologías de la información. La excepción es Madrid, dónde la situación es difusa, y por tanto, también confusa.
Esta situación nos ha permitido ofrecer nuestras páginas a dichos responsables, para que expongan sus planes y sus preocupaciones, pensando que disponer de forma conjunta de esos planteamientos tiene el valor añadido de que cada uno puede relativizar su situación. Nosotros hemos evitado cualquier juicio de valor; sólo aspiramos a informar.
Lo mismo hemos hecho con los Directores de las Escuelas de Ingenieros. Es clave su papel en la formación de titulados superiores para configurar ese futuro que todos queremos mejor. Pero también queremos llamar la atención sobre que en un mundo tan cambiante, con aparición constante de nuevas tecnologías, la formación profesional especializada es imprescindible, siendo necesario que la sociedad sea consciente de este hecho y valore de forma justa los estudios de ciclo corto.
Información comercialmente sensible
Con las infraestructuras de telecomunicación liberalizadas y más de doscientos operadores ofreciendo servicios en España, nos hubiese encantado desglosar, por Comunidades, las actividades de cada uno de ellos. No ha sido posible. A cada empresa le encantaría saber lo que hacen los demás, pero no está dispuesta a que éstos conozcan sus puntos débiles. Consideramos que es una situación transitoria, que desaparecerá cuando realmente exista competencia. Además, hay otro problema: los nuevos operadores presentan, al solicitar la licencia, sus planes de despliegue y cobertura. Hay retrasos, y en muchas ocasiones no imputables a ellos. Por eso no hemos insistido en esta ocasión.
Nuestra benevolencia con el enfoque comercial, cambia de signo si lo juzgamos desde el prisma de la responsabilidad política. En coherencia con lo que señalábamos en un párrafo anterior, esta información es un "input" necesario para que las correspondientes Consejerias definan sus planes y sus objetivos. Necesitan conocer su situación relativa de partida, así como la evolución de su posición. ¿A quién corresponde elaborar esos datos? Parece que la Menoria anual de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones, magnífico referente del sector desde hace dos años, es el lugar adecuado. Y aunque el desglose solicitado signifique un importante incremento en la carga de trabajo, el talante de sus responsables me permite ser optimista en este aspecto.
El título del artículo
Poner simplemente "Presentación" habría sido suficiente. pero preferí buscar una palabra que sintetizase las imágenes que vienen a mi mente asociadas con la idea de siglo XXI, la cual, además, serviría de justificación al grafismo utilizado en la portada y en el artículo. Esa palabra es "vértigo". He aquí las razones:
La velocidad, aunque sea muy elevada, no produce vértigo; tampoco la aceleración, si es constante. El vértigo lo producen los cambios bruscos en la aceleración. Esos cambios bruscos de ritmo existen en las telecomunicaciones, aunque, formalmente, no se reconozcan. Por ejemplo, entre la declaración de Lisboa, con un compromiso solemne para que Europa se incorpore rápidamente a la sociedad de la información , y la actitud pasiva, pocos meses después, ante un enfoque depredador de algunos Gobiernos con ocasión de las licencias UMTS, hay un cambio "vertiginoso". Y hay muchos más, y más cercanos.
El vértigo también aparece cuando se mezcla con el miedo y las dudas. Miedo al comprobar cómo está afectando a la sociedad, la cantidad de información que recibe, algo radicalmente diferente a lo que, con un planteamiento excesivamente optimista, pensábamos mientras estudíamos la carrera y comprobámos las posibilidades técnicas. Hoy la sociedad, a fuerza de recibir mensajes, no tiene opinión propia. Además, todos nos hemos convertido en cómplices de situaciones injustas, o ¿cómo llamar a la naturalidad con la que aceptamos las imágenes habituales de hambrunas en medio mundo, junto con las políticas de los paises desarrollados para eliminar excedentes agrícolas?.
¿Quiénes son los responsables de estas situaciones? ¿son los Estados? o, en un mundo globalizado, ya no tienen capacidad de reacción. Sigue siendo válida la pregunta que allá por los años treinta se hacía Ortega: ¿quién manda en el mundo?.
No saber contestar a ésto, en los umbrales del siglo XXI, y por tanto, ignorar si sólo podemos aspirar a estar bien informados, me produce vértigo.
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César Rico Director de BIT |