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Especial.
Encuesta PESIT: formación y empleo.
Telecos en el ojo del huracán Qué huracán y qué Telecos A nadie se le escapa que estamos frente a una más
bien agresiva batida de la historia tecnológica. Desde
Bell, incluso desde Morse, las cosas estaban
razonablemente tranquilas. La convergencia de las
telecomunicaciones con la informática en los años
setenta no fue sino el desayuno de lo que vendría
después. La irrupción del PC, los increíbles aumentos
de potencias, los silenciosos pero impresionantes
desarrollos de las redes (LANs, WANs, intranets, y
¡cómo no!, internet) y el tratamiento de imágenes
trajeron consigo una nueva convergencia, esta vez con los
contenidos (algún autor europeo la ha bautizado como
mediamática, para seguir el criterio semántico de la
telemática), de tal modo que las actuales Tecnologías
de la Información son un evidente magma de tecnologías
y sectores industriales y de servicios. Y por si el plato
no fuera suficientemente suculento, irrumpen las
privatizaciones, las liberalizaciones, las regulaciones,
las fusiones, las alianzas (inter e intrasectoriales)...
por lo que la filosofía, la política, la economía, la
sociología y muchas más disciplinas se han colado en
los altares antaño reservados a los sacerdotes
tecnólogos. Todo es transfronterizo. Todo es efímero.
Todo es salvajemente rápido. Todo es multimillonario.
Todo es global. Y en definitiva, todo el sistema se ha
hecho blando, esto es, complejo. El milagro es que
funcione. Y en esta vorágine están los ingenieros de ¿De qué ingenieros vamos a hablar? Evidentemente, de los de nuestra tierra. El Colegio de Ingenieros de Telecomunicación, por cuarta vez consecutiva, y con periodicidad de cuatro años, sabiamente ha abordado el estudio de este colectivo, con objeto de conocer cómo piensan respecto a su formación, a su reciclaje, a su actividad profesional y al sector. Ningún colectivo español está tan bien estudiado, ni se tienen tantos datos diacrónicos para conocer su evolución en el tiempo. Así, durante los dos últimos meses del año pasado, se procedió a realizar una encuesta, la cuarta, en base a una muestra aleatoria simple del colectivo de colegiados (no de los asociados). La muestra resultante ha sido de 464. No es ortodoxo, desde el punto de vista de teoría probabilística y muestral, hablar de margen de error, ya que la muestra es voluntaria respecto a los 1.000 casos elegidos aleatoriamente del colectivo de colegiados, por lo que no vamos a hablar de él. Pero, ¿tiene validez la muestra? La teoría muestral dice que, cuando el tamaño de la muestra adquiere proporciones importantes (y éste es nuestro caso), a pesar de no ser aleatoriamente elaborada, produce de facto resultados que se pueden inferir al universo. Podemos, pues, estar tranquilos que, con la limitación inherente a todo proceso muestral, lo que hemos obtenido puede afirmarse del colectivo de los ingenieros de Telecomunicación colegiados en España, a diciembre de 1996. El presente artículo constituye una avanzadilla de carácter generalista y descriptivo. En próximas entregas del BIT se irá ahondando en aspectos particulares con objeto de recabar una información más precisa y analítica. Veamos, pues, cuál es este perfil general. Datos biográficos Como es bien sabido, es un colectivo joven. Tres de cada diez no pasan de 29 años, y las tres cuartas partes no pasa de 40. El gráfico nº 1 presenta su perfil general.
Todavía - y lo será aún por muchos años - es un colectivo predominantemente masculino (94%), si bien la proporción de mujeres aumenta sensiblemente en los años recientes. Hay una importante proporción también de doctores (9%) ; siete de cada diez viven en municipios de más de 500.000 habitantes, por lo que es un colectivo fundamentalmente urbano. Todavía el peso de los residentes en Madrid es grande (56%), pero avanzan otros, como Cataluña, con un 15%, sobre todo. Como es un colectivo joven, casi el 60% ha acabado la carrera y se ha insertado en el mundo del trabajo en los diez últimos años. Es evidente que la Telemática y el PC tienen que ver mucho en este súbito incremento tan reciente. La pasarela estudios-actividad profesional Uno de los datos más interesantes de esta última encuesta, y que la diferencia de las anteriores, es el tiempo que transcurre entre la finalización de los estudios y el comienzo de la vida profesional. Y es interesante, por cuanto el 18% de los encuestados ha comenzado a trabajar antes de acabar los estudios, o compaginando los estudios con la vida profesional para aquellos que han empezado más tarde en su vida (caso, por ejemplo, de más de un veterano empleado de Telefónica). En el extremo de los datos de la encuesta tenemos a casos que llevaban trabajando hasta 17 años antes de obtener el título. El 58% ha seguido el curso normal de acabar e iniciar la vida profesional, y un 42% ha tardado algo más: de ellos, una cuarta parte, un año; una octava parte, dos años; y cantidades residuales, un poco más. Lo que se está convirtiendo cada vez más en pauta normal, aunque todavía no sea mayoritario, es que a partir del último o de los dos últimos años de carrera el alumno se consiga su pequeño trabajo, su beca, generalmente a tiempo parcial, para acabar los estudios en modalidad casi de educación a distancia. Si muchos ya trabajan antes de acabar la carrera, ¿qué hay de la situación del paro? Los datos de la encuesta, hay que repetir, provienen del colectivo de colegiados, es decir, de los que ya han acabado el proyecto, por lo que el periodo crucial de aquellos que han acabado las asignaturas pero aún no tienen el título, por no haber acabado el proyecto, no está reflejado en los datos. Por ello habrá que tomar los resultados con la cautela y prudencia requeridas. Según éstos, un 83% trabaja como ingeniero y un 9% trabaja en otras actividades de no-ingeniero. Están en situación de jubilado o de estar realizando el servicio militar un 5%. En paro se define un 2% y en búsqueda del primer empleo un 1%. Se da una leve una correlación de los parados con la edad, puesto que van de 41 a 65 años especialmente. Sí, en cambio, es notorio observar en la correlación con edad cómo, entre los jubilados, aparece con bastante intensidad la conocida generación de los de 50-65 años, los pre-jubilados, fruto por un lado de la acción centrifugadora de las empresas, eufemísticamente etiquetada como downsizing, y, por otro, de la inexorable necesidad de reciclaje impuesto por el ritmo de cambio de las tecnologías de la información. Acabemos este apartado analizando la opinión que tienen de sus estudios. Véase, para ello, el gráfico nº 2.
Puede verse con toda nitidez lo que se viene repitiendo a lo largo de todos los sondeos, incluso los de los propios alumnos cuando están en periodo de cursar la carrera, que aprecian notablemente los aspectos teóricos recibidos en la carrera (Promedio = 7.45). Pero es una constante que las transformadas de Fourier y las leyes de Maxwell no les parecen suficientes, por lo que los aspectos prácticos son bastante peor evaluados (Promedio = 4.92), con mucha semejanza con la curva que expresa la opinión de la adecuación entre el plan de estudios y las exigencias profesionales (Promedio = 5.39). Este último dato es preocupante, por cuanto el modelo docente a todas luces no cuaja con las demandas del mercado. Complicadísimas, pero bien conocidas razones explican por qué los planes no se adaptan. Entre otras razones está la falta de unanimidad entre los docentes y entre los propios profesionales sobre cuál debería ser el modelo docente. Lo que es cierto es que la mitad de los encuestados llega, como máximo, a una calificación de 5 a la valoración de la adecuación entre el plan de estudios y las exigencias profesionales, mientras que la calificación de sobresaliente (el 10) sólo se lo otorga un 0.2% de los encuestados. El modelo de ingeniería que tienen los ingenieros nos puede aportar luz acerca de por qué una mayoría no ve la formación universitaria como verdaderamente adecuada a las exigencias profesionales. Véase el siguiente cuadro sobre estas opiniones:
Ahora las cosas van quedando más claras de por qué los ingenieros, en unos porcentajes tan altos, se quejan de la falta de adecuación entre los estudios y la práctica profesional. La razón hay que buscarla en que el concepto que tienen de la ingeniería no casa bien con el modelo docente en una parte al menos importante. Efectivamente, afirman que el concepto de ingeniería, de facto, e imperante, es el de una actividad dura (primer nivel del cuadro), sobre la que sólo un 37% dice que debería ser así. Tampoco están mayoritariamente de acuerdo con una definición de ingeniería que incluya el beneficio industrial (lo que hasta la saciedad se llama ahora el negocio) manejando bien las variables humanas. ¿Dónde está el fundamental consenso entre los ingenieros? Lo puede ver el lector sin necesidad de intermediación del que esto escribe: en el tercer nivel, donde casi cuatro quintas partes de los encuestados afirman que el concepto de ingeniería debería ser el de una actividad científico-técnica que optimiza las decisiones en función del progreso tecnológico y minimizando los costes sociales. Esto es, un concepto mucho más sistémico, más holístico, más integrador de aspectos transfronterizos (progreso, estado de la sociedad) y, consecuentemente, más blando. ¿Es esto para lo que preparan los planes de estudios? Mucho nos tememos que no, aunque se barrunta ya en el horizonte preocupaciones reales de cambio entre las Escuelas de reciente creación. En este sentido, se podría colegir que los recientes cambios de Planes de Estudios no han cubierto las expectativas de una parte mayoritaria del sector. Para acabar con el capítulo de los estudios, digamos que dos tercios del colectivo han cursado sus estudios en la Escuela de la Politécnica de Madrid, y un 17% en la de Barcelona, pero ya se deja ver en los datos el incremento que supone la entrada en el colectivo de aquellos que estudiaron en nuevas, aunque ya antiguas, escuelas tales como Valencia, Vigo y Bilbao, y las más recientes de Las Palmas, Málaga, Valladolid, Sevilla, Santander...
Lo que hacen En este magma tecnológico del que hemos hablado en la introducción, ¿qué hacen los ingenieros de Telecomunicación? Clásicamente, como en las anteriores encuestas, se ha analizado su perfil en relación a la función que realizan, el área en donde trabajan, y el nivel de responsabilidad que ejercen. El gráfico nº 3 presenta la función realizada por los ingenieros de Telecomunicación.
Algo más de la cuarta parte (27%) se dedica a proyectos, el 13% a márketing y comercialización, el 11% a gestión y administración, y el 13% a I+D, sin olvidar a casi una décima parte que se dedica a la enseñanza. Agrupando, se observa una relación de casi 2 a 1 en cuanto a función técnica/no técnica. Pero el 23% aparece dedicado a funciones de dirección, de los que cabe colegir que lo hacen en entornos no estrictamente técnicos, o al menos alejados del día a día de la técnica, con lo que el ratio función no-técnica/función técnica podría casi alcanzar el 3 a 1. Esto en cuanto a la función. Pero en cuanto al área, la mitad de los ingenieros está en actividades de gestión, planificación y operación. Sobre todo de servicios de Telecomunicaciones (26%), y menos de servicios de Informática (10%). Un 14% se dedica a otros servicios en áreas no especificadas anteriormente (por ejemplo, Recursos Humanos, Dirección Financiera, Gestión empresarial...). Evidentemente, la competencia con titulaciones tales como ingeniería industrial y dirección de empresas es muy grande, y cabe lícitamente pensar que lo va a ser más en el futuro. Lean atentamente estos datos los profesores de las 18 Escuelas de Telecomunicación. Pero no hemos acabado con el área. Están los que trabajan en áreas de ingeniería propiamente, que es la otra mitad. Es asimismo muy interesante decir que el área más frecuentada es la ingeniería de software (17%), seguida de la ingeniería electrónica (14%), de Radiofrecuencia (10%) y de telemática (8%). A más de un lector le habrá sorprendido la jerarquía porcentual de estas áreas ingenieriles. El tercer indicador del perfil profesional es, como ha quedado dicho, el nivel de responsabilidad que el ingeniero desempeña en su organización. Quizá la forma de verlo mejor sea en forma de cuadro.
Algo más de la mitad se mantiene en funciones de nivel operativo, pero casi con una relación de 3 a 1 en funciones con responsabilidad y autoridad respecto a las subsidiarias. Una tercera parte se encuentra en un nivel técnico de responsabilidad, con una relación casi de 2 a 1 en cuanto a gestión sobre personas, capital y medios, o gestión más restringida. Finalmente, una sexta parte está instalado en el nivel de máxima responsabilidad, esto es, estratégica, en donde un 7% disfruta del máximo rango (nivel de decisión sobre el conjunto de los recursos de la empresa a largo plazo) y un 9% se localiza en el nivel de toma de decisión sobre todos los recursos de un área funcional solamente, a largo plazo.
En qué tipo de empresas están Se observa claramente un aumento, respecto a anteriores ediciones de estos estudios, de empresas de pequeño tamaño, a buen seguro por el incremento del ejercicio libre de la profesión, expresión de la libertad creadora que rodea al magma tecnológico en el que nos encontramos, por un lado, y al teletrabajo, al outsourcing y al downsizing que implacablemente están poniendo en práctica las empresas. El predominio de Telefónica, en cuanto a empleados, va en declive, y con la competencia, lo será más en el futuro: hoy sólo un 13% de los ingenieros trabajan para este holding, cuando hace cuatro años este porcentaje era del 20%. Todavía hay un 26% de ingenieros de Telecomunicación trabajando para empresas públicas, y un 54% en privadas. En cuanto al número de titulados superiores de la empresa, del total de los empleados, los resultados indican una cierta parquedad: la tercera parte de las empresas tienen un 30% o menos de titulados, mientras que sólo un 17% tienen más de un 70% de titulados superiores. Pero más que estos detalles, interesa quizá la actividad de la empresa y el sector donde están radicadas. En cuanto a lo primero, abundan sobre todo los porcentajes de las empresas dedicadas a suministrar equipos y sistemas de telecomunicación (18%), en paridad con los ingenieros dedicados a la docencia en las innumerables Escuelas que han proliferado como flores del campo. El siguiente grupo de actividad (en donde se nota todavía el peso específico de Telefónica) es el de empresa operadora de redes y servicios básicos de Telecomunicación (16%), y las empresas también suministradoras de equipos y sistemas de informática (13%). Otras empresas suministradoras son las de sistemas electrónicos e industriales. Las empresas suministradoras, pues, ascienden a un 42%, haciendo verdad aquello de que nuestro país es de carácter tecnológicamente intermedio, por lo que las actividades de intermediación (léase actividades comerciales tales como importación, publicidad, comercialización, distribución, mantenimiento...) tienen todavía un peso específico grande. Las empresas grandes usuarias de telecomunicaciones suponen el 12%, y las empresas suministradoras de servicios de valor añadido, un 10%. Es de notar que las empresas comercializadoras de componentes electrónicos suponen una exigua minoría (1%) entre el colectivo de encuestados. No obstante, éstas últimas habría que añadirlas al conjunto de empresas suministradoras, con lo que ascenderían al 43% de todas las empresas mencionadas, cifra notablemente importante. Por fin, en cuanto a la tipología de empresas donde trabajan los ingenieros de Telecomunicación está el sector. El gráfico nº 4 presenta los resultados globales de los sectores de las empresas.
Como se ve, las empresas del sector primario apenas suman el 2%, mientras que un tercio pertenece al sector industrial (al que hay que añadir, además, la actividad de comercialización de la actividad fabricadora) y dos tercios al terciario. Dentro del industrial cabe destacar, sobre todo, las empresas fabricantes de equipos de telecomunicaciones (12%) y de electrónica (11%) - menos las de fabricación de equipos de informática (4%)- . De las empresas del sector terciario hay que destacar las de servicios de telecomunicación (19%) y las de docencia universitaria (12%), debido, como se ha dicho repetidamente aquí, a la proliferación de Escuelas de Telecomunicación por todo el país.
La satisfacción profesional de nuestros ingenieros La satisfacción en el ejercicio de la profesión es un gran indicador donde se puede medir el estado de salud de un grupo profesional. El cuadro adjunto nos presenta los resultados:
Los resultados muestran bien a las claras que hay una satisfacción sustancial respecto al contenido del trabajo, emergiendo sólo una quinta parte de insatisfechos. Por el contrario, la remuneración y la posibilidad de promoción no son motivo de alegría en el colectivo estudiado, especialmente la última: un 55% se muestra insatisfecho. Estos resultados se repiten como constante a lo largo de los años. Para confirmar el resultado sobre la satisfacción acerca del contenido del trabajo, en otro indicador se les pidió a los encuestados que dijeran, con la evolución tecnológica, cómo había evolucionado su interés por los contenidos del trabajo. El resultado es que el 60% de los ingenieros afirma que los contenidos son más interesantes y mucho más interesantes ahora que antes. A este indicador hay que añadir el del sentimiento de subempleo, donde se ve que algo más de una quinta parte de los encuestados perciben esta situación. Esta percepción no es nada de extrañar por cuanto en nuestro país existen más titulados superiores que medios, y más medios que de formación profesional, cuando el mercado requiere justamente el orden inverso. De esta anómala situación de pirámide invertida, debida a complejas causas sociales que premian el prestigio y el estatus socio-económico de los ingenieros superiores, y que tienen difícil solución a corto y medio plazo,. no se escapa tampoco la ingeniería de Telecomunicación. Entra dentro de la lógica del mercado de trabajo contratar a ingenieros superiores para hacer labores de ingenieros técnicos y de formación profesional. Es más, cuanto más sea la oferta universitaria de titulados superiores al mercado de trabajo, más se agudizará el sentimiento -¡y la realidad!- del desempleo por un número crecientemente más grande de profesionales. No obstante, el INE advierte que se va a dar la contra-tendencia debida a los bajísimos índices de natalidad actuales en España (posiblemente los más bajos del mundo), los cuales, en el plazo de 15-25 años, van a provocar una escasísima oferta de población activa, por lo que muchos contemplan incluso la posibilidad de incentivar la inmigración foránea para cubrir los puestos de trabajo que no va a ser posible cubrir con nacionales.
El necesario reciclaje La Tecnología, como se dijo en la introducción, se ha convertido en tan fenomenalmente cambiante, que obliga a una constante actualización en sus actores. Además, las propias Tecnologías de la Información han generado una implacable dinámica dual de quitar empleo a corto plazo (provocando la aparición de los desgraciadamente inocupables) y de exigir empleo mucho más cualificado a medio y largo plazo. La principal variable que modula el empleo ha resultado ser la formación, mucho más que otras variables macro-económicas, con las cuales tercamente se ha negado a correlacionarse, como bien se sabe. Dentro de ella, destaca por su rabiosa importancia la formación continua. El Foro de Expertos de la Unión Europea lo ha llamado gráficamente a este modelo de sociedad la life-long learning society. Consecuentemente, el tema del reciclaje es de importancia especialmente crucial. El cuadro adjunto presenta los resultados sobre cómo los ingenieros de Telecomunicación resuelven su problema de formación continua:
El cuadro expresa bien a las claras que las fuentes de la actualización de conocimientos vienen, sobre todo, por la lectura de publicaciones técnicas especializadas (95% de los casos), por la formación a cargo de la empresa (75%), y por los cursos impartidos por instituciones privadas (60%). Las Escuelas de Telecomunicación, el COIT/AEIT y las instancias públicas suponen un factor menor, y este resultado podría bien suponer un serio arranque de reflexión sobre el papel que, en el mundo cambiante de la tecnología, debe jugar, ante todo y sobre todo, la instancia universitaria. ¿Hay que continuar asociando universidad únicamente con alumnado joven, pre-laboral? ¿Debe la Universidad preparar sólo para la inserción en el trabajo, o también para la formación continua ? ¿Tienen las instancias universitarias capacidad de reacción frente a los nuevos retos de formación permanente? Preguntas todas ellas de hondo calado para el desarrollo integral de las sociedades modernas, y que no se debaten suficientemente.
El salario No se puede acabar el repaso generalista sobre los ingenieros de Telecomunicación sin hacer una mención, siquiera somera, sobre sus ingresos. En contra de lo que alguno pudiera pensar, en este tipo de encuestas se sabe que las respuestas son razonablemente fiables. Los resultados pueden verse en el gráfico nº 5.
La distribución, como es habitual en estos casos, no responde a la gaussiana, pues tiene un fuerte sesgo hacia los valores más altos, lo que hace no recomendable usar el estadístico de la media. El valor modal está en los cuatro millones/año, percibidos por casi la quinta parte del colectivo. La mediana está en el entorno de los 5 millones/año, y hay un 10% que perciben salarios superiores a los 10 millones/año. Sin embargo, es preciso también decir que la quinta parte con salario inferior no supera los tres millones. La correlación con edad (y paralelamente con los años de ejercicio profesional) es clave. Pero es clave con ciertas matizaciones. Tradicionalmente se decía que el salario era función con la edad y los años de profesión. Hoy esta afirmación hay que matizarla. Se sigue observando en el gráfico que los jóvenes entrantes en el mercado del trabajo (24-26 años) tienen sueldos muy reducidos : una quinta parte no pasa de dos millones, y la mitad no pasa de 3 millones. Pero lo que no es cierto es que el salario sea simplemente una función lineal de la edad, por cuanto el tramo que más gana es el de 41-50 años, más que el de 51-60 y que (aunque no aparezca en el gráfico) el de 61 en adelante. Se confirma así el proceso centrifugador que la tecnología, en su loca velocidad de avance, está produciendo sobre las personas que no han podido o no han sabido reciclarse.
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A modo de conclusiones El breve y, por necesidad, superficial repaso que hemos hecho al colectivo de ingenieros de Telecomunicación a partir de los datos de la encuesta pone de manifiesto algunos asuntos cruciales sobre los que, a modo de conclusiones, se exponen las siguientes reflexiones finales. La primera reflexión tiene que ver con lo que repetidamente hemos llamado el magma tecnológico. El ejemplo más claro es el de la Televisión digital, en donde se mezclan como en ningún sitio telecomunicaciones, informática y multimedia. Hemos visto el incremento de ingenieros en áreas de ingeniería de software, en empresas proveedoras de servicios de valor añadido y en empresas suministradoras (léase comercializadoras). En otras palabras : sector terciario frente a secundario. El primer corolario es la creciente competencia (¿no es cierto que la competencia es buena ?) que nuestros ingenieros habrán de soportar con los profesionales de la informática y con los de márketing. El magma tiene también su segunda derivada en el incremento de los ingenieros dedicados a la gestión, administración y dirección de empresas. El outsourcing y el ejercicio libre como paradigmas de futuro. También esto encontrará, sin duda, una creciente competencia con los titulados en empresariales como expertos en la gestión de empresas. Una segunda reflexión tiene que ver con la velocidad de crucero que están tomando las Tecnologías de la Información. Las consecuencias de ello se están viendo en la fuerza centrifugadora que ejercen las empresas (el downsizing) sobre las generaciones de más de 50 años. Se ha roto la correlación lineal con el salario. Se prima más el conocimiento actualizado, pero no especializado, sino generalista (esto es, la gestión del magma) que la experiencia (como era la regla antes), y surge la necesidad imperiosa del reciclaje, que no todos ni saben ni pueden realizar. Un joven actualizado y barato vale más que un viejo experimentado y caro. ¡La ley del negocio! Finalmente, una palabra sobre lo que hemos llamado la pasarela de los estudios a la actividad profesional : la universidad. Pobre universidad, todavía disociada del sector real. Los ingenieros hablan de magma, mientras los profesores hablan de Maxwell y Fourier. El dilema sigue porque el modelo no está consensuado : o la Escuela Politécnica, modelo francés del siglo XVIII, obediente al gran paradigma tecnológico que todo lo explicaba y en el que se segregaba a los estudiantes a escuelas apartadas de las universidades, o la Universidad interdisciplinar medieval (los famosos Trivium y Quadrivium), que dio paso al Renacimiento, a la necesidad de muchos saberes. Paradójicamente, parecería coherente afirmar que el magma tecnológico actual hiciera más necesario y connatural el modelo de universidad medieval que el dieciochesco. |
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