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uerido
Enrique: Hojeo el numero de Septiembre-Diciembre de la revista BIT del COIT (especial nº 100) y me encuentro con un artículo de opinión de Moncho Alpuente (p. 99-100) titulado Virtualidades que trata sobre su particular visión de la relación sociedad-Internet. No comparto un punto de vista tan pesimista sobre el tipo de sociedad al que nos encaminamos (algunas frases extractadas: "La realidad es cada vez más virtual y menos realidad[...] El menú diario satisface a todos los gustos, ni los más selectos catadores podrían distinguir entre una guerra en Ruanda o en Nigeria, una hambruna en Burundi o en Somalia, entre un muerto afgano y uno checheno. En la cocina global y caníbal de los hipermercados de la información, las grandes agencias y los poderosos canales televisivos, se confecciona la dieta de los consumidores de noticias [..]. Los perdedores de guerras olvidadas que nunca aparecen en la carta, los sufridores de genocidios poco fotogénicos no tienen nada que hacer si no se subscriben a Internet o secuestran a un corresponsal de la CNN para que difunda sus batallas cotidianas."), pero es una opinion y como tal debe ser respetada. Lo que realmente me llama la atención es el último párrafo: "los responsables del menú virtual, los cocineros de las parrillas televisivas y los camareros de los medios de comunicación deberían hacer un esfuerzo por presentarnos un panorama más confortador, un mundo menos cruel, una alucinación mas optimista". Estoy de acuerdo con esto, pero bien pensado no creo que tengamos que esperar a que cambien algo los "responsables del menú virtual". Nosotros mismos somos quienes debemos empezar y, si bien los medios de comunicación más habituales (TV, radio y prensa escrita) están hasta ahora en manos de unos pocos poderosos, se puede ver el caso de Internet como algo significativamente distinto pues cualquiera de nosotros puede intentar "completar el puzzle con piezas más armónicas" sin necesidad de esperar que sus artículos cartas, etc. sean publicados por un medio de masas controlado por nadie. Más aún en el caso de personas conocidas como Moncho Alpuente que podrían hacer valer su nombre para conseguir una mayor atención sobre sus páginas, noticias. Tenemos la oportunidad de hacer posible que la audiencia (en este caso cibernautas) se enfrente "a los fantasmas de carne y hueso que viven en los resquicios de la realidad, en los ángulos muertos donde no llegan los ojos electrónicos" aunque M. A. no lo sepa o no se lo crea y se empeñe en "sentir y palpar la realidad sin recurrir a intermediarios telemáticos". Un saludo y feliz 1997 José M. Gómez Martín |