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Aquilino Morcillo

Mujeres tituladas en Telecomunicación

Sobre el artículo dedicado a conmemorar el centenario de esta revista, en el que evocábamos la época en que los entonces alumnos creamos la homónima precursora de BIT, sólo hemos recibido una recriminación: no se citaba que en esta XXXVIII promoción se titularon las tres primeras mujeres que han ejercido como Ingenieros de Telecomunicación (prometo escribir "ingenieras" cuando sea válido el palabro "periodistos"). Puesto que no le faltaba razón a nuestro crítico, mis compañeros me han delegado para remediar el entuerto. Adelina Álvarez Bartolomé y Mª Remedios Uriel Izaguirre, del Plan Viejo, en el que había que aprobar una oposición selectiva de cinco grupos de asignaturas, junto con Mª Teresa Vidal Marín, del Plan Nuevo (la mayor autoridad actual en radioenlaces de España), en el que tuvo que aprobar dos cursos selectivos, compartieron con 130 compañeros las aulas de la calle Conde de Peñalver hasta su graduación en 1965, para formar la punta de lanza de una carrera que llevaba casi medio siglo titulando varones en exclusividad. Treinta años después, las mujeres constituían el 5% de la profesión, en progresión ascendente, por lo que en la próxima década llegarán al 50%.

La admisión del primer curso 95-96 en Madrid contó con un 26,82% de población femenina, mientras que del último curso 94, el 97,22% de las mujeres tenían calificaciones iguales o superiores al sobresaliente en el Proyecto Fin de Carrera. En la puntuación de toda la carrera del último lustro, la única matrícula de honor la ha conseguido una mujer.

Una de las características, entre otras muchas, que distinguen a mi generación de la precedente, es que cuando en ella se hablaba de la mujer era invariablemente para el resalte lírico de las virtudes femeninas, por lo que obviamente no voy a caer en ese lugar común, sino en resaltar el significado social de esta presencia, que resultaba tan chocante hace más de treinta años. Hace algún tiempo pregunté a dos de mis compañeras (hoy casadas con sendos compañeros de promoción y en provechosa competencia profesional con ellos), sobre su situación de entonces, y ambas me respondieron que únicamente en los profesores notaron un indeseado trato de "deferencia" que en modo alguno era el de camaradería de sus compañeros. En cualquier caso, son ellas las que deberían contar sus experiencias de pioneras.

Mujeres ingenieros de Telecomunicación

Frente a un extraño feminismo militante que considera como "conquistas" lo que no es sino la secuencia normal de un proceso histórico, puede ser de utilidad recordar algunos hechos, no por evidentes suficientemente conocidos. La mujer, en casos muy específicos e individuales, ha entrado en la Historia alcanzando niveles de reconocimiento iguales o superiores al varón. La gran reina egipcia Hatshepsut en el año 1.490 a. de C. inicia la lista de personajes históricos femeninos, pero el problema no es el de la individualidad, sino el del reconocimiento cultural de la genérica "condición femenina" como equiparable al de la "condición masculina". Es un hecho que, aunque ya se ha llegado a admitir que la mujer no sólo tiene alma, sino que hasta es un ser humano sin embargo sus niveles de retribución promedios son inferiores a los del hombre, pues el histórico prejuicio aún subsiste.

Puesto que es difícil admitir que haya existido una conspiración mundial contra la mujer durante cinco milenios y medio (época histórica), y no existe un sólo argumento científico que establezca diferencia intelectual alguna por razón exclusiva de sexo, habrá buscar las razones de la histórica desigualdad en otros motivos el de la salud y la procreación. Hoy en día nos parece normal que la mujer tenga un promedio de vida de seis años superior a la del varón, alcanzando casi los 80 años. Pero esto es inédito en la historia de la humanidad. Lo normal, hasta que a partir del siglo XIX comenzaron a implantarse las medidas de higiene y alimentación prolongadoras de la vida, era que la esperanza de vida apenas superaba los 30 años, y en el caso de las mujeres, que jóvenes de parto, hasta el punto de que una "vieja" tuviera necesariamente que ser una "bruja" por su excepcionalidad. En estas circunstancias, la perpetuación de la especie era prioritaria a cualquier otra consideración, por lo que la mujer tenía como destino la maternidad... hasta su muerte. Su formación intelectual era un lujo, que sólo se podían permitir las reducidísimas clases privilegiadas (siempre que afrontaran epítetos despectivos tales como "latiniparla" o "bachillera").

Pero precisamente en 1965, la tasa anual de crecimiento poblacional del género humano (y también en España) alcanzó su cota máxima, empezando a disminuir desde entonces, según datos de la ONU, lo que significa que la curva logística de la población llegó a su punto matemático de inflexión. EL problema no es ya de "explosión poblacional", como estúpidamente aún repiten ciertos ignorantes, sino de despoblación de regiones enteras por falta de reposición, como es el caso de Europa. De esta forma, se produce el fenómeno de prolongación de la vida y tasa mínima de mortalidad infantil, lo que permite a la mujer tener hijos de reposición con garantía supervivencia como paréntesis a un período de formación y productivas el que aún dispone de otra media vida para su enriquecimiento espiritual. Como consecuencia, las culturales imposiciones machistas que habían prevalecido desde tiempos históricos al objeto de garantizar la supervivencia, en sólo un par de generaciones han dejado de tener sentido.

A nadie puede extrañar que un bastión masculino como la ETS de Ingenieros de Telecomunicación, pueda convertirse en mayoritariamente femenino en poco más de un lustro. Puesto que la fuerza de los hechos va siempre por delante de la de las ideas, el machismo cultural aún perdurará en muchas mentes como atavismo, pero no creo que esto les preocupe demasiado a nuestras compañeras. Como ejemplo de machismo, recuerdo una anécdota de la celebre la Bodas de Plata de nuestra promoción. Como innovadores natos, establecimos esta costumbre con un acto académico, comidas y viaje, en nuestro caso a Turquía. En un restaurante de Estambul, cenábamos seis matrimonios, y se acabó el vino. Mª Remedios Uriel, con 25 años de ejercicio profesional en cargos de alta responsabilidad, llamó al camarero requiriéndole que llenara las copas, pero éste no obedeció. Quedó observando un rato y se dirigió a su marido Arsenio, para que le confirmara que efectivamente podía traer el vino. Lo que nos abochornó de la situación fue admitir que un cuarto de siglo atrás, el hecho nos hubiera parecido normal. Pero ellas nunca nos hablaron entonces de nuestras actitudes mentales.

Por vosotras, que cimentáseis con naturalidad un futuro profesional conjunto para hombres y mujeres, nuestra admiración y respeto.

Aquilino Morcillo