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TORRES, HUMOS Y SEÑALES
Durante una parte de la Edad Media parece que se utilizaron esos mismos sistemas. Aún cuando no se menciona la separación a que se encontraban los puntos de repetición, se puede afirmar que estarían muy próximos para que, sin ninguna ayuda, el ojo humano pudiera diferenciar las distintas combinaciones.
La utilidad de estos sistemas que, efectivamente, podían transmitir mucha información y, sobre todo, no prevista, se justificaría por la velocidad que alcanzaban entonces los jinetes, cabalgando sin estribos ni herraduras. Al adoptarse estos elementos hacia los siglos IX y X se incrementa considerablemente la velocidad del caballo con lo que, sin duda, superaría a la de los sistemas de señales, por lo que los mensajes extensos e inéditos se transportarían a caballo y, solamente aquellos de carácter muy urgente y previamente convenidos, se transmitirían por procedimientos en los que, para lograr diferenciar a mayor distancia las señales, sería necesario disminuir el número de elementos de cada combinación y, por tanto, reducir la cantidad de información.
En Francia se estudió, en el siglo pasado, la existencia de restos de una "línea telegráfica", que se atribuye a los romanos, pero que bien pudiera ser posterior y en la que la separación entre puntos de repetición es de doce kilómetros. Hemos de admitir, por tanto, que existieron sistemas de comunicación mediante señales ópticas, y más necesarias aún en unas circunstancias como las de la Alta Edad Media, en la Península Ibérica, determinadas por la existencia de fronteras y ataques o razzias, en ambos sentidos, alrededor de ellas. Hasta ahora, no se sabía cómo se organizaban, en qué puntos se efectuaban las señales y qué codificación se empleaba
Efectivamente, son numerosos los artículos y referencias bibliográficas sobre "torres" de vigilancia, de aviso, etc., de tal forma que, al narrar la historia, se relaciona el concepto de vigilancia y aviso con el de torre, con una cierta idea de que, para favorecer la visibilidad, es necesaria la altura de la torre y que las señales de humo, como las de los indios en el Oeste americano, se efectuaban interceptando el humo con una manta, por asociación de ideas con el código Morse. Pero, diez siglos antes de Morse, en Castilla, y cien años antes, en el propio Oeste Americano, no era tan fácil ni tenía tan poca importancia hacer señales de humo.
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